El 1 de mayo de 1907, Antonio Machado toma posesión de su cátedra de Lengua Francesa en Soria. Con treinta y un años se traslada en septiembre a orillas del Duero. Seguramente allí aprendió a amar la naturaleza, a fuerza de penetrarla con su mirada.
Soria era entonces un pequeño pueblo castellano de siete mil habitantes con la historia petrificada en los veladores de un casino que concentraba la escasa conversación de la ciudad.
Pero el paisaje es exuberante. En un viejo tren de marcha lenta, descubriendo campos y hombres que han de alimentar su poesía. La imagen física se le dibuja, ya en su primera impresión, con pelados cerros, pueblecitos terrestres, muros de piedra en vez de sábanas de cemento y diminutos huecos por ojos-ventanas contemplándole desde su desnuda miseria. El tren -queda atrás la ostentación del castillo y catedral de Sigüenza en la mancha gris batida de lluvia-, entra en Soria atravesando tierras pardas, pueblos con casas de adobe; secos campos minifundistas, pastores de rostro barbado, costroso y oscuro, cielos bajos con plomo fundido en sus densas nubes desaparecido a golpe de vista al alzarse en la claridad de un remansado azul, y caminos infantiles y parpadeantes, terrosos, culebras holladas por pies sucedidos siempre en la tierra calcárea y estremecida de vejez. Hasta el páramo: la extensa llanura de cerros afeitados a navaja donde a veces milagrosamente brilla un regato de agua, las tejas de una casa o el puñado de matas que sólo el espejismo puede trasmutar en árboles. Pequeñas manadas de vacas buscan el verde por el ocre de la tierra. Pasado Almazán, los pinos oscuros y tozudos, trepadores, rientes por sus mil oídos abiertos al paso trotón y sonoro del tren en que viaja Machado. Casi es lunar el paisaje que encajona la estación.
El poeta profesor de francés, comienza sus clases en el Instituto General y Técnico. Las clases son plácidas: queda mucho tiempo para pasear. Se alberga primero en una fonda; luego en una casa de huéspedes cuyos patrones tienen tres hijos; la mayor, Leonor, cuenta solamente trece años y será la futura esposa del poeta.
Escribe algunas colaboraciones en la prensa de Soria. A diario sus vecinos cruzan cuando desciende por la calle Mayor, en busca del río, su tranquilo discurrir hacia el Paseo de los Chopos que hace la paralela al Duero, sentándose a la orilla de éste, observando la petrificada atracción del castillo o del monte de las ánimas. Y quizá haya más inscripciones en las rocas conducentes a la gruta de San Saturio. Pero queda, fantasmal, en la otra orilla, la tierra abierta en franjas rojizas con ocres caminos de arena estrecha y serpenteante. Cantan río y viento.
En Soria vivirá Machado cinco años en los que escribe, lee y medita. Pero el paisaje todavía absorbe una parte muy importante de sus preocupaciones. Reconocerá en él que el amor a la naturaleza es mayor que el amor al arte. Así es la ciudad para el poeta:
Sobre un paisaje mineral, planetario, telúrico, Soria, la del viento redondo, con nieve menuda, que siempre nos da en la cara, junto al Duero adolescente, casi niño, es pura y nada más.El poeta aparece aún ensimismado por el paisaje, atrapado por su búsqueda interior. Sus poemas son todavía distantes y se reflejan en el Españolito, que expresa la ideología de la Institución Libre de Enseñanza:Soria es una ciudad para poetas, porque allí la lengua de Castilla, la lengua imperial de todas las Españas, perece tener su más propio y más limpio manantial.
Soria es, acaso, la más espiritual de esa espiritual Castilla, espíritu a su vez de España entera. Nada hay en ella que asombre, o que brille y truene; todo es allí sencillo, modesto y llano.
Es Soria maestra de castellanía, que siempre nos invita a ser lo que somos y nada más.
Cinco años en la tierra de Soria, hoy para mí sagrada, orientaron mis ojos y mi corazón hacia lo esencial castellano.
Españolito que vienesEn Soria se enamoró Machado de Leonor, apenas una niña, deslumbrada por la inteligencia y la humanidad de aquel forastero. El 30 de julio de 1909 ambos contrajeron matrimonio. Diecinueve años de diferencia fueron acallados por caricias.
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas,
ha de helarte el corazón.
Los novios partieron de viaje a Barcelona, pero les sorprendió la Semana Trágica y, cambiando de planes, se encaminaron hacia Fuenterrabía. En España se iniciaba una profunda crisis que dejará su huella en el poeta.
En 1911 Machado, que disfruta París junto a Leonor, asiste en el colegio de Francia a un curso impartido por el filósofo vitalista Henri Bergson. Fue el 14 de julio. La sangre de Leonor comprime el corazón de Antonio Machado, arroja su angustia hacia una calle vuelta de espaldas a su dolor, envejecen su alma hasta límites de momento insospechados. La hemoptisis, entonces, era difícilmente curable. Y ningún médico aparecía para calmar la sed de milagro gritada por el poeta. Al fin la niña hecha mujer a fuerza de miradas y caricias, reposará en una clínica. Hasta septiembre que regresan a Soria. El invierno es frío, más el aire sienta bien a la espiritual y empalidecida enferma.
Sin embargo, Leonor muere el 1 de agosto de 1912 tras un verano cuyos reflejos de angustia para el ser que la viera día a día extinguirse, no pueden ser reproducidos.
En junio de 1912 aparece Campos de Castilla uno de los libros de poemas más importantes publicado por Machado. Aparte de una indagación sobre sí mismo, bulle en ellos una consideración poética sobre un paisaje castellano humanizado de la España que bosteza junto con la emoción del amor perdido, y constituye uno de sus libros más conocidos y populares.
Años más tarde, al prologar la segunda edición en 1917, escribirá:
Pensé que la misión del poeta era inventar nuevos poemas de lo eterno humano, historias animadas que, siendo suyas, viviesen, no obstante, por sí mismas. Me pareció el romance la suprema expresión de la poesía y quise escribir un nuevo Romancero. A este propósito responde La tierra de Alvargonzález... Mis romances no arrancan de las gestas heroicas, sino del pueblo que las compuso, de la tierra donde se cantaron; mis romances miran lo elemental humano, Castllla y el Libro Primero de Moisés, llamado Génesis.Amor a la naturaleza, contemplación, meditación interna sobre el hombre y su entorno: serán constantes en la poemática machadiana.El amor a la Naturaleza en mí supera infinitamente al del Arte... Algunas escenas revelan las muchas horas de mi vida gastadas -alguien dirá perdidas- en meditar sobre los enigmas del hombre y del mundo.
La muerte de Leonor abre otro de los capítulos temáticos de la poesía machadiana, meramente continuador de su otra reflexión: el tiempo. Ya está la muerte de compañera, llenando noches y días, espacios y tiempos mensurables. Ya es presente la realidad de Leonor, desaparecida, marcando así el paso de la juventud mística a la madurez atormentada por el recuerdo:
¿No ves, Leonor, los álamos del ríoCuenta sólo treinta y siete años, y ya cree no esperar nada de la vida, haber agotado su ciclo de posibilidades.
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.
Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo.
Una semana más tarde de la muerte de Leonor, Machado parte hacia Madrid, donde le esperaba su madre.
Baeza despierta el interés de Machado por la sociedad que le rodea. El poeta de Castilla, sin dejar de serlo, inicia el camino conducente al filósofo de los apócrifos, al ensayista preocupado, en profunda humanidad y agudo sentido popular. Por la España que revienta en crecida problemática ante sus ojos.
Lee tarde y remotamente que una sangrienta revolución del proletariado ha derrocado a los zares de Rusia, instaurando en el poder a los soviets. Conoce con más precisión detalles de las huelgas en España, y las Juntas Militares de Defensa creadas, a consecuencia de ellas. Se manifiesta, al fin, 1918, por la libertad de los presos políticos encarcelados en Cartagena.
En la segunda edición de Soledades, Galerías y otros poemas, Machado escribe:
Amo mucho más la edad que se avecina y a los poetas que han de surgir, cuando una tarea común apasione las almas. Cierto que la guerra no ha creado ideas nuevas -no pueden las ideas brotar de los puños- pero ¿quién duda de que el árbol humano comienza a renovarse por la raíz, y de que una nueva oleada camina hacia la luz, hacia la conciencia?La guerra mundial ejemplifica las contradicciones a que el capitalismo, en su afán de dominar los mercados, llega. Y al tiempo, la traición de múltiples partidos socialdemócratas que envían a los obreros a la muerte para engrosar los beneficios del capital. Unamuno, que había publicado un año antes "Del sentimiento trágico de la vida", es destituido del rectorado de la Universidad de Salamanca.
Los campos de Baeza son mares de olivos devorantes de blancos cortijos y lomas achaparradas. Cuando en la noche regresa a su casa, le espera el amor, comprensión y sufrimiento compartido de su madre, compañía que sólo la muerte, y en el exilio, podrá un día cortar.
En 1913 escribe Machado a Unamuno una carta que refleja en breves líneas los contrastes de Andalucía, que definen una tierra sedienta de tierra:
Esta Baeza, que llaman Salamanca andaluza, tiene un Instituto, un Seminario, una Escuela de Arte, varios colegios de segunda enseñanza, y apenas sabe leer un 30 por 100 de la población. No hay más que una librería donde se venden tarjetas postales, devocionarios y periódicos clericales y pornográficos. Es la comarca más rica de Jaén y la ciudad está poblada de mendigos y de señoritos arruinados en la ruleta...Nuevas canciones, de 1914, continúa la línea sentenciosa y filosófica donde cada vez destaca más la crítica social, sin que desaparezca la resonancia lírica.Una población rural, encanallada por la Iglesia y completamente huera. Por lo demás, el hombre del campo trabaja y sufre resignado o emigra en condiciones tan lamentables que equivalen al suicidio.
En escribe en 1915 una poema y articulo en homenaje al maestro Francisco Giner de los Ríos, recién desaparecido. Obtiene en 1916 la licenciatura en Filosofía y Letras.
En 1917 se publicaron Páginas escogidas, y la primera edición de Poesías completas. De esa época queda una importante obra en prosa, de tipo filosófico, Los complementarios, publicada póstumamente, que constituye un conjunto de impresiones, reflexiones acerca de lo cotidiano.