Esa influencia hizo que Vallejo se dedicara a la prosa más que a la poesía en aquellos años 1930-1931. Escribía ensayos teóricos, estudios políticos, novelas, y también unas obras teatrales. Se dedicó a la novela y al teatro más que a la poesía, quizá por el carácter subjetivo y personal de ésta.
Las dos novelas que Vallejo escribió en aquel entonces, Paco Yunque y El Tungsteno encajan bien con los criterios literarios de la RAPP. Paco Yunque es un cuento para niños cuya publicación fue rechazada por los editores en enero de 1931, por ser demasiado triste. Narra la biografía de un joven maltratado continuamente en la escuela por un compañero de colegio y que acaba sometiéndose a su voluntad porque su madre es la criada que trabaja en la casa de sus padres. La opresión de una clase social por otra se ve, por eso, funcionando dentro de todos los estratos de la sociedad, incluso en el mundo aparentemente inocente de los niños.
El hecho de que este cuento recurra al género realista y que su contenido trate de la lucha de clases de una forma abierta y simple, hace que sea un ejemplo perfecto, aunque prematuro, de la fórmula realismo en la forma y socialismo en el contenido que promovía la RAPP. Por tratar el tema político desde la óptica de las relaciones humanas y por no subrayar demasiado las implicaciones de éstas, la novela se puede considerar un ejemplo logrado de novela comprometida.
El Tungsteno, novela publicada por la editorial española Cénit en mayo de 1930, es también un ejemplo prematuro de realismo socialista. En aquella época, la RAPP, a consecuencia del Primer Plan Quinquenal, aconsejaba a los escritores soviéticos a que visitasen fábricas y granjas colectivas, para que pudiesen basar sus obras literarias en ellas. Vallejo no lo necesitaba porque recordaba su propia experiencia de cómo se explotaba a los peones indígenas en la sierra del Perú. En 1910 Vallejo había trabajado en 1as oficinas mineras norteamericanas de Quiruvilca, y dos años más tarde había sido ayudante de cajero en la hacienda Roma, de manera que conocía a fondo la situación laboral en que se encontraban los serranos en aquel entonces. La forma en que Vallejo trata el tema de la granja colectiva es, por eso, radicalmente distinta de la forma en que, por lo general, el escritor soviético trataba este mismo tema. Mientras que los escritores soviéticos tendían a expreser el optimismo que animaba la industrialización en un país socialista, Vallejo mostraba la brutalidad de la vida industrial en la sociedad capitalista. A diferencia de la obra de los escritores soviéticos, el tono prevalente en El tungsteno es de ataque violento.
Podría calificarse como una obra indigenista de protesta social. La trama de la novela se centre en varios personajes muy claramente esbozados. Mr. Weigg y Mr. Taik son unos crueles y golosos hombres de negocios norteamericanos. Apoyan a los hermanos Marino, unos arribístas burgueses que son capaces de traicíonar a sus compatriotas por dinero. Tanto los dos norteamericanos como los hermanos Marino explotan sin compasión a los indios que viven en el valle. Si exceptuamos a Servando Huanca, las masas indias no son conscientes de esta represión tanto económica como política a que están sometidas. La trama se ve desde la perspectiva de Leónidas Benites, un intelectual cuyo temperamento religioso se transforma poco a poco en conciencia política. La última escena de la novela nos muestra a Huanca persuadiendo a Benites para que luche contra la opresión social mediante la revolución:
Hay una sola manera de que ustedes, los intelectuales, hagan algo por los pobres peones, si es que quieren, en verdad, probarnos que no son ya nuestros enemigos, sino nuestros compañeros. Lo único que pueden hacer ustedes por nosotros es hacer lo que nosotros les digamos y oirnos ponerse a nuestras órdenes y al servicio de nuestros intereses.Si consideramos la época en que fueron escritas estas palabras -durante el período más comprometido políticamente de su vida- es probable que Vallejo hubiera estado de acuerdo con la validez de tal exigencia dirigida al intelectual. Leonides Benites actúa como una suerte de barómetro emocional a lo largo de la novela. Al comienzo del relato se le presenta como un hombre con tendencias místicas. En efecto, en una escena basada en otra semejante del cuento Sabiduría, Benites tiene una visión del Sagrado Corazón y de la Hora del Juicio. Esta religiosidad, sin embargo, se convierte poco a poco en un deseo de ayudar a su prójimo, específicamente a los indios explotados, mediante un compromiso político. Al final de la novela, Benites acepta las doctrinas marxistas de Huanca.
Quizá Vallejo esté proyectando en esta novela los motivos de su propia decisión de rechazar el cristianismo a favor de una militancia política. El tungsteno es una obra comprometida políticamente en el sentido de que la solución que ofrece a los problemas que afronta la sociedad es la revolución. En efecto, tanto Paco Yunque como El tungsteno pueden clasificarse como ejemplos del arte revolucionario según el modelo planteado por la RAPP.
Lo mismo cabe decir de las dos obras de teatro que escribe por aquellas fechas, Lock Out y Entre las dos orillas, claramente políticas y de denuncia social.
Fue nombrado corresponsal para seguir de cerca la Guerra Civil española e informar a los lectores peruanos. Además, en 1937 fue delegado por Perú en el II Congreso de Escritores Antifascistas en Madrid. Salío de nuevo para España el 2 de julio formando parte de los delegados extranjeros y visitando los frentes de batalla. El 17 de julio regresó a París y participó en la reación del boletín Nuestra España.
Vallejo, pues, no sólo escribió sobre nuestra Guerra Civil sino que participó activamente en la lucha contra el fascismo. Al poco de estallar la guerra, en octubre de 1936 le escribía a Juan Larrea que no era suficiente la literatura ni el apoyo a distancia a las fuerzas republicanas: Nada de esto nos satisface y querríamos volar al mismo frente de batalla. Nunca medí tanto mi pequeñez humana como ahora. Nunca me di cuenta de lo poco que puede un hombre individualmente. Como dice en esa misma carta, los nuestros habían entrado en su carne. En otra crónica escribió: Por primera vez la razón de una guerra cesa de ser una razón de Estado, para ser la expresión, directa e inmediata, del interés del pueblo y de su instinto histórico, manifestados al aire libre y como a boca de jarro. Por primera vez se hace una guerra por voluntad espontánea del pueblo y, por primera vez, en fin es el pueblo mismo, son los transeúntes y no ya los soldados quienes sin coerción del Estado, sin capitanes, sin espíritu ni organización militar, sin armas ni kepis, corren al encuentro del enemigo y mueren por una causa clara, definida, despojada de nieblas oficiales más o menos inconfesables. Puesto así el pueblo a cargo de su propia lucha, se comprende de suyo que se sientan en esta lucha latidos humanos de una autenticidad popular y de un alcance germinal extraordinarios, sin precedentes.
La guerra le impactó profundamente hasta el punto de que no se limitó a la crónica periodística, sino que el fragor del combate le inspiró todo un gran poemario épico: España, aparta de mí este cáliz, que apareció en 1939 impreso por los soldados del ejército republicano. Entre sus versos destaca el Himno a los voluntarios de la República que abre el poemario:
Voluntario de España, milicianoTodo él está salpicado de versos crudos, brutales, como éstos:
de huesos fidedignos, cuando marcha a morir tu corazón
cuando marcha a matar con su agonía
mundial, no sé verdaderamente
qué hacer dónde ponerme; corro, escribo, aplaudo.
En España, en Madrid, están llamandoDesde París sus crónicas periodísticas sobre la guerra contienen también párrafos impresionantes en los que Vallejo se interesa principalmente por remarcar la heroica gesta del pueblo español al enfrentarse a un ejército bien preparado como el fascista, de una manera espontánea, sin preparación y sin medios militares, disponiendo sólo de su coraje y de su ímpetu liberador. En su crónica de marzo de 1937 afirma: La epopeya popular española es única en la historia. Ella revela de cuánto es capaz un pueblo lanzado, por exclusiva propulsión de sus propios medios e inspiraciones cívicas, a la defensa de sus derechos.
a matar, voluntarios de la vida!
...
¡Voluntarios
por la vida, por los buenos, matad
a la muerte, matad a los malos!
¡Hacedlo por la libertad de todos,
del explotado y del explotador!
La contienda española es para él de alcance planetario: en ella se juega la humanidad su destino. Para ello recuerda el proyecto fascista de crear un imperio hispano-americano, de extender los tentáculos más allá del Atlántico. Denuncia la complicidad del gobierno francés con los fascistas españoles, dictada por las oligarquías financieras imperantes
Regresa a París y el 24 de marzo de 1938 ingresa en la clínica Arago de la capital francesa aquejado de fiebres y agudos dolores intestinales. Tras varios días de agonía muere el 15 de abril de 1938 y su cadáver fue incinerado en el cementerio de Montrouge, aunque posteriormente sus restos fueron trasladados al de Montparnasse. Se diría que vivió tan cerca de la muerte que ésta pasó a ser -quién sabe en medio de la resaca de alguna madrugada parisina, cuando el dolor se junta con las ganas de abandonarlo todo, hasta la vida- su confidente. Tal vez fue ella quien le dictó este poema, inexplicablemente premonitorio:
Me moriré en París con aguaceroVallejo, tan humanamente cercano en su poesía y tan desaprensivo con los seres que lo amaron, murió en una lluviosa tarde parisina. Pero no era jueves; era Viernes Santo. Sobre ese momento había dejado escrito: En suma, no poseo para expresar mi vida sino mi muerte. Los que le rodeaban oyeron que deliraba: España, me voy a España.
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.
Al año siguiente de su muerte se editaron de manera póstuma sus Poemas humanos, donde se recopiló la obra poética escrita en París, y que Vallejo publicó parcamente en diversas revistas.
César Vallejo es el poeta peruano más grande de todos los tiempos, una figura capital de la poesía hispanoamericana del siglo XX y una de las voces más originales de la lengua española. Su complejo mundo poético se distingue por un profundo arraigo al ámbito familiar; las experiencias del dolor cotidiano y la muerte; la visión del mundo como un lugar penitencial sin certeza de salvación; la solidaridad con los represaliados por el sistema capitalista; y la confianza en la revolución. En diversas etapas de su obra se notan los influjos del modernismo, la vanguardia, el indigenismo, la poesía social y el impacto de acontecimientos históricos, como la Guerra Civil española.
La infancia andina de Vallejo marcó su carácter y el trasfondo de su obra. Criado en un ambiente católico, en medio de expresiones culturales encontradas, donde la oralidad y el sincretismo sobreviven al oleaje de la modernidad, el alma del cholo se nutrió de experiencias que constituyen el trasfondo íntimo de su obra poética, narrativa y ensayística. La reflexión inicial sobre sus orígenes, la vida y el mundo, se sustentan en esta matriz cultural múltiple de la sociedad de su tiempo.
En un autor que hizo -y hará luego también- un amplio uso de la simbología cristiana, asombran sus acerbas críticas a la asimilación del comunismo con el cristianismo. Parece un tanto paradójico que Vallejo rechazara en 1930-31 el uso de los términos y los conceptos católicos cuando se trataba del comunismo, si consideramos el uso que hizo precisamente de los símbolos cristianos en su poesía posterior, y sobre todo en España, aparta de mi este cáliz.
Como consecuencia de sus estudios y de la experiencia concreta de sus viajes, el poeta peruano insiste en la dicotomía entre la teoría y la práctica. Escribe sobre el clima político de Francia, y titula su artículo Las grandes crisis económicas del día. El caso teórico y práctico de Francia (El Comercio, 14 de diciembre de 1930). En un poema más o menos contemporáneo, Telúrica y magnética, se refiere al ¡Suelo teórico y práctico! En el cuaderno de 1932, se nota otra vez la yuxtaposición de estos dos adjetivos: Hace un frío teórico y práctico, dice el poeta peruano. Años más tarde, Vallejo canta el caos teórico y práctico del proletario en España, aparta de mí este cáliz. Esta frase llega a ser casi omnipresente.
A pesar de una existencia cercada constantemente por la muerte -la de su hermano, sus padres, sus amores y sus amigos- la poesía de Vallejo lleva en sí misma un hálito de vida; ese mismo que lo sostuvo en sus momentos más críticos, cuando el dolor humano y por extensión el propio le pusieron al borde del suicidio. Antes que el arte, la vida.
La poética de Vallejo brota de un espíritu profundamente crítico. El hombre y la realidad son los principales motivos de su obra, temas estos nutridos de su propia experiencia de encarcelamiento, de injusticia y de desesperación ante el dolor de los demás.
Hay un vacíoLa fuerza ancestral de sus orígenes ganan e integran la actitud vital de Vallejo en el camino de la construcción de una nueva cultura. Esta búsqueda encuentra su cumbre en Trilce.
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
César Vallejo, el más grande poeta peruano de todos los tiempos, es de esos que reclaman imperiosamente el recuerdo, la admiración y pleitesía de las generaciones posteriores,.
Llevó su grito hasta el último confín del Universo, cantando el dolor de todos los hombres en la hora de la verdad y sin freno de ningún género y con un supremo esfuerzo de sinceridad.
Quiero escribir pero me sale espuma,La magia de su poesía ha quedado convertida en grito universal de protesta y de dolor. Su palabra estuvo siempre colmada de un profundo dolor de humanidad. La sencillez prístina de su poesía rompe a cada paso con el verbalismo y la retórica. Sus poemas brotan vitalizados con el máximo humanismo o, lo que es lo mismo, con una excelsa expresión estética.
no hay cifra hablada que no sea suma;
quiero decir muchísimo y me atollo,
ni hay pirámide escrita sin cogollo.
Fue el gran buceador de la vida, que afanosamente luchó por encontrar una dimensión de humanidad que cubriera, en armonía universal, a todos aquellos que nacieron un día en que Dios estuvo enfermo. Su expresión es siempre profunda, tierna y reverente. No se detiene ante la sintaxis y rompe la tapadera armónica que cubre las palabras, penetró hasta el fondo para arrancarles su máxima expresión y proyectarlas al compás de su amor y su dolor hacia todos sus hermanos de la tierra.
Mestizo nacido en aquel apartado rincón de Perú, en donde la dominación española había casi liquidado a su estirpe, deviene en máxima expresión del indígena que se alza para cumplir un designio impuesto por palpitantes manifestaciones de verdad.