Selección de poemas
Este gran poeta y guerrillero guatemalteco nació en Quetzaltenango en 1936. Desde muy joven comenzó a militar en el Partido Comunista de su país, el Partido Guatemalteco del Trabajo y en 1953 fue nombrado presidente de la Asociación de Estudiantes de Postprimaria.
Ya al año siguiente tuvo que exiliarse a El Salvador por su oposición al golpe de estado contra Jacobo Arbenz perpetrado por la CIA y tropas mercenarias. Allí continuó la lucha revolucionaria dentro del Partido Comunista salvadoreño y trabajó en los más variados oficios para sobrevivir.
Estuvo exiliado en el país vecino durante tres años, aunque cruzaba clandestinamente la frontera para impulsar la lucha revolucionaria. En El Salvador desempeñó un incansablñe trabajo de organización entre los intelectuales progresistas, aprovechando el gran éxito literario que obtuvo. Fue un íntimo amigo del también poeta y guerrillero Roque Dalton, que a su muerte escribió una encendida y vibrante semblanza política y literaria de su camarada.
Regresó a Guatemala en 1958 para ingresar en la Universidad de San Carlos donde comienza a estudiar Derecho y Ciencias Sociales.
Ese mismo año obtuvo una beca para cursar estudios en la desaparecida República Democrática de Alemania y en 1959 inició sus estudios de Letras en Leipzig, abandonándolos 3 años después para ingresar a la Brigada Joris Ivens, un grupo de cineastas, que trataba de filmar cortometrajes sobre la lucha armada de liberación de los pueblos latinoamericanos.
Regresó a Guatemala en 1964, compartiendo la lucha armada revolucionaria con las actividades culturales, en particular la dirección del Teatro de la Municipalidad de Guatemala.
Cuando fue detenido en 1965, estaba a punto de subir a la montaña para hacer un reportaje cinematográfico de las Fuerzas Armadas Rebeldes a los destacamentos guerrilleros. El régimen militar lo envía de nuevo al exilio, pero las organizaciones revolucionarias lo nombran representante de Guatemala en el Comité Organizador del Festival Mundial de la Juventud en Argelia. Así, recorre Alemania, Austria, Hungría, Chipre, Argelia y Cuba, donde permanece algunos meses.
En 1966 regresa clandestinamente a su país para incorporarse a la organización guerrillera Fuerzas Armadas Rebeldes comandadas por César Montes, donde ocupa la responsabilidad de propaganda y educación del Frente Edgar Ibarra.
En marzo de 1967 fue herido en un combate y detenido nuevamente por las tropas mercenarias del gobierno de Méndez Montenegro, junto con su compañera Nora Páiz, también guerrillera, en la Sierra de las Minas. De aquel combate, según se cuenta, sólo salvó la vida el legendario Pablo Monsanto.
El poeta fue trasladado a la base militar de Zacapa donde se le torturó y mutiló brutalmente, hasta que le quemaron vivo entre el 19 al 23 del mismo mes. Roque Dalton describió así los últimos momentos de su camarada:
Sólo contaba con 31 años de edad: indudablemente nos lo arrebataron antes de llevar su poesía a la más alta depuración estilística. Generosamente dio a su pueblo su canto y su vida. ¿Qué más puede dar un poeta?Sus propios verdugos han testimoniado su entereza y su coraje ante el enemigo, el tormento y la muerte: murió como un indoblegable luchador revolucionario, sin ceder un ápice en el interrogatorio, reafirmando sus principios basados en el marxismo-leninismo, en su ferviente patriotismo guatemalteco e internacional, en su convencimiento de estar siguiendo -por sobre todos los riesgos y derrotas temporales- el único camino verdaderamente liberador para nuestros pueblos, el camino de la lucha armada popular.
Otto René dejó tras de sí una excelente obra poética reconocida en su país y en el extranjero. Entre los premios de poesía que obtuvo podemos mencionar el del Torneo Estudiantil Centroamericano de poesía en 1955, con su poema Llama viva, un canto a San Salvador que le acogía en su destierro. Al año siguiente volvió a ganar el Torneo Estudiantil Centroamericano con un trabajo conjunto con su camarada y amigo Roque Dalton, por el poema Dos puños por la tierra. Aquel mismo año fue galardonado con el premio Autónomo en 1956, patrocinado por la AEU, por su poema Pequeño canto a la patria. En 1957 logró el premio Internacional de Poesía en Budapest otorgado por la Federación Mundial de Juventudes Democráticas por su poema Distante de tu rostro. En 1958 ganó premio Filadelfio Salazar, de la Universidad de San Carlos de Guatemala.
En 1964 había publicado en Guatemala Tecún Umán, y la obra poética de sus últimos años de vida fue recogida en el poemario Vámonos Patria a caminar, cuyos originales había corregido el autor en la cárcel en 1965, reeditado póstumamente en 1968, en México, con un prólogo de César Montes.
Posteriormente un familiar del poeta en Alemania hizo llegar a Roque Dalton una extensa colección de su obra inédita, en la que aún trabajaba hasta poco antes de su muerte. En la confección de la Antología de su obra que publicó Casa de las Américas en La Habana bajo el título de Poemas, se han utilizado principalmente materiales incluidos en Vámonos Patria a Caminar y en las colecciones inéditas.
Sus poemas abordan tanto la temática amorosa como la político-ideológica. En el primer caso, dice Roque Dalton, es evidente que el amor en la poesía de Otto René Castillo es algo más que la simple exaltación de la relación hombre-mujer: es la reafirmación constante del sentimiento de la vida contrapuesto en todo momento a la injusticia, a la tristeza y a la muerte. En el segundo caso, la expresión poética toda pasa a ser un instrumento de la convocatoria a la lucha revolucionaria, para la cual se usa tanto la incitación directa nerudiana como algunos conscientes distanciamientos de corte brechtiano.
Como escribió Dalton, la obra de Otto Réné Castillo quedará como un espléndido testimonio de pasión, confeccionado en el lenguaje necesario para conmover a los hombres de este tiempo en que él, como los precursores y los adelantados de siempre, pasó como una ráfaga de fuerza y de autenticidad.
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Libertad
Nuestra voz
Vámonos patria a caminar
Arte poética
Viudo del mundo
Los amantes
Distante de tu rostro
De los de siempre
Libertad
Tenemos
por ti
tantos golpes
acumulados
en la piel,
que ya ni de pie
cabemos en la muerte.
En mi país,
la libertad no es sólo
un delicado viento del alma,
sino también un coraje de piel.
En cada milímetro
de su llanura infinita
está tu nombre escrito:
libertad.
En las manos torturadas.
En los ojos,
abiertos al asombro
del luto.
En la frente,
cuando ella aletea dignidad.
En el pecho,
donde un aguante varón
nos crece en grande.
En la espalda y los pies
que sufren tanto.
En los testículos,
orgullecidos de sí.
Ahí tu nombre,
tu suave y tierno nombre,
cantando en esperanza y coraje.
Hemos sufrido
en tantas partes
los golpes del verdugo
y escrito en tan poca piel
tantas veces su nombre,
que ya no podemos morir,
porque la libertad
no tiene muerte.
Nos pueden
seguir golpeando,
que conste, si pueden.
Tú siempre serás la victoriosa,
libertad.
Y cuando nosotros
disparemos
el último cartucho,
tú serás la primera
que cante en la garganta
de mis compatriotas,
libertad.
Porque
nada hay más bello
sobre la anchura
de la tierra,
que un pueblo libre,
gallardo pie,
sobre un sistema
que concluye.
La libertad,
entonces,
vigila y sueña
cuando nosotros
entramos a la noche
o llegamos al día,
suavemente enamorados
de su nombre tan bello:
libertad.
Nuestra voz
Para que los pasos no me lloren,
canto.
Para tu rostro fronterizo del alma
que me ha nacido entre las manos:
canto.
Para decir que me has crecido clara
en los huesos amargos de la voz:
canto.
Para que nadie diga: ¡tierra mía!,
con toda la decisión de la nostalgia:
canto.
Por lo que no debe morir, tu pueblo:
canto.
Me lanzo a caminar sobre mi voz para decirte:
tú, interrogación de frutas y mariposas silvestres,
no perderás el paso en los andamios de mi grito,
porque hay un maya alfarero en su corazón,
que bajo el mar, adentro de la estrella,
humeando en las raíces, palpitando mundo,
enreda tu nombre en mis palabras.
Canto tu nombre, alegre como un violín de surcos,
porque viene al encuentro de mi dolor humano.
Me busca del abrazo del mar hasta el abrazo del viento
para ordenarme que no tolere el crepúsculo en mi boca.
Me acompaña emocionado el sacrificio de ser hombre,
para que nunca baje al lugar donde nació la traición
del vil que ató su corazón a la tiniebla ¡negándote!
Vámonos patria a caminar
Vámonos patria a caminar, yo te acompaño
Yo bajaré los abismos que me digas.
Yo beberé tus cálices amargos.
Yo me quedaré ciego para que tengas ojos.
Yo me quedaré sin voz para que tú cantes.
Yo he de morir para que tu no mueras,
para que emerja tu rostro flameando al horizonte
de cada flor que nazca de mis huesos.
Tiene que ser así, indiscutiblemente.
Ya me canse de llevar tus lagrimas conmigo.
Ahora quiero caminar contigo, relampagueante.
Acompañante en tu jornada, porque soy un hombre
del pueblo, nacido en octubre para la faz del mundo.
Ay, patria.
A los coroneles que orinan tus muros
tenemos que arrancarlos de raíces,
colgarlos de un árbol de rocío agudo,
violento de cóleras de pueblo.
Por ello pido que caminemos juntos. Siempre
con los campesinos agrarios
y los obreros sindicales,
con el que tenga un corazón para quererte.
Vámonos patria a caminar, yo te acompaño.
Distante de tu rostro
Pequeña patria mía, dulce tormenta,
un litoral de amor elevan mis pupilas
y la garganta se me llena de silvestre alegría
cuando digo patria, obrero, golondrina.
Es que tengo mil años de amanecer agonizando
y acostarme cadáver sobre tu nombre inmenso,
flotante sobreo todos los alientos libertarios,
Guatemala, diciendo patria mía, pequeña campesina.
Ay, Guatemala,
cuando digo tu nombre retorno a la vida.
Me levanto del llanto a buscar tu sonrisa.
Subo las letras del alfabeto hasta la A
que desemboca al viento llena de alegría
y vuelvo a contemplarte como eres,
una raíz creciendo hacia la luz humana
con toda la presión del pueblo en las espaldas.
¡Desgraciados los traidores, madre patria, desgraciados!
¡Ellos conocerán la muerte de la muerte hasta la muerte!
¿Por qué nacieron hijos tan viles de madre cariñosa?
Así es la vida de los pueblo, amarga y dulce,
pero su lucha lo resuelve todo humanamente.
Por ello patria, van a nacerte madrugadas,
cuando el hombre revise luminosamente su pasado.
Por ello patria,
cuando digo tu nombre se rebela mi grito
y el viento se escapa de ser viento.
Los ríos se salen de su curso meditando
y vienen en manifestación para abrazarte.
Los mares conjugan en sus olas y horizontes
tu nombre herido de palabras azules, limpio,
para lavarte hasta el grito acantilado del pueblo,
donde nadan los peces con aletas de auroras.
La lucha del hombre te redime en la vida.
Patria, pequeña, hombre y tierra y libertad
cargando la esperanza por los caminos del alba.
Eres la antigua madre del dolor y el sufrimiento.
La que marcha con un niño de maíz entre los brazos.
La que inventa huracanes de amor y cerezales
y se da redonda sobre la faz del mundo
para que todos amen un poco de su nombre:
un pedazo brutal de sus montañas
o la heroica mano de sus hijos guerrilleros.
Pequeña patria, dulce tormenta mía,
canto ubicado en mi garganta
desde los siglos del maíz rebelde:
tengo mil años de llevar tu nombre
como un pequeño corazón futuro
cuyas alas comienzan a abrirse a la mañana.
Arte poética
Hermosa encuentra la vida
quien la construye hermosa.
Por eso amo en tí
lo que tú amas en mí:
La lucha por la construcción
hermosa de nuestro planeta.
Viudo del mundo
Compañeros míos
yo cumplo mi papel
luchando
con lo mejor que tengo.
Que lástima que tuviera
vida tan pequeña,
para tragedia tan grande
y para tanto trabajo
No me apena dejaros.
Con vosotros queda mi esperanza.
Sabéis,
me hubiera gustado
llegar hasta el final
de todos estos ajetreos
con vosotros,
en medio de júbilo
tan alto. Lo imagino
y no quisiera marcharme.
Pero lo sé, oscuramente
me lo dice la sangre
con su tímida voz,
que muy pronto
quedaré viudo del mundo.
Los amantes
Se habían
encontrado hace poco.
Y hace pronto
se habían separado,
llevándose
cada uno consigo
su nunca o su jamás
su afirmación de olvido,
su golpeador dolor.
Pero el último beso
que volara de sus bocas,
era un planeta azul.
Girando
en torno a su ausencia.
Y ellos
vivían de su luz
igual que de su recuerdo.
Distante de tu rostro
Pequeña patria mía, dulce tormenta,
un litoral de amor elevan mis pupilas
y la garganta se me llena de silvestre alegría
cuando digo patria, obrero, golondrina.
Es que tengo mil años de amanecer agonizando
y acostarme cadáver sobre tu nombre inmenso,
flotante sobre todos los alientos libertarios
Guatemala, diciendo patria mía, pequeña campesina.
Ay, Guatemala,
cuando digo tu nombre retorno a la vida.
Me levanto del llanto a buscar tu sonrisa.
Subo las letras del alfabeto hasta la A
que desemboca al viento llena de alegría
y vuelvo a contemplarte como eres,
una raíz creciendo hacia la luz humana
con toda la presión del pueblo en las espaldas.
Desgraciados los traidores, madre patria, desgraciados.
¿Ellos conocerán la muerte de la muerte hasta la muerte!
¿Por qué nacieron hijos tan viles de madre cariñosa?
Así es la vida de los pueblos, amarga y dulce,
pero su lucha lo resuelve todo humanamente.
Por ello patria, van a nacerte madrugadas,
cuando el hombre revise luminosamente su pasado.
Por ello patria,
cuando digo tu nombre se rebela mi grito
y el viento se escapa de ser viento.
Los ríos se salen de su curso meditado
y vienen en manifestación para abrazarte.
Los mares conjugan en sus olas y horizontes
tu nombre herido de palabras azules, limpio,
para llevarte hasta el grito acantilado del pueblo,
donde nacen los peces con aletas de auroras.
La lucha del hombre te redime en la vida.
Patria, pequeña, hombre y tierra y libertad
cargando la esperanza por los caminos del alba.
Eres la antigua madre del dolor y el sufrimiento.
La que marcha con un niño de maíz entre los brazos.
La que inventa huracanes de amor y cerezales
y se da redonda sobre la paz del mundo,
para que todos amen un poco de su nombre:
un pedazo brutal de sus montañas
o la heroica mano de sus hijos guerrilleros.
Pequeña patria, dulce tormenta mía,
canto ubicado en mi garaganta
desde los siglos del maíz rebelde:
tengo mil años de llevar tu nombre
como un pequeño corazón futuro,
cuyas alas comienzan a abrirse a la mañana.
De los de siempre
Usted,
compañero
es de los de siempre.
De los que nunca
se rajaron,
¡carajo!
De los que nunca
incrustaron su cobardía
en la carne del pueblo.
De los que se aguantaron
contra palo y cárcel,
exilio y sombra.
Usted,
compañero,
es de los de siempre.
Y yo lo quiero mucho,
por su actitud honrada,
milenaria,
por su resistencia
de mole sensitiva,
por su fe,
más grande y más heróica
que los gólgotas
juntos
de todas las religiones.
Pero, ¿sabe?
los siglos
venideros
se pararán de puntillas
sobre los hombros del planeta,
para intentar
tocar
su dignidad,
que arderá
de coraje,
todavía.
Usted,
compañero,
que no traicionó
a su clase,
ni con torturas,
ni con cárceles,
ni con puercos billetes,
Usted,
astro de ternura,
tendrá edad de orgullo,
para las multitudes
delirantes
que saldrán
del fondo de la historia
a glorificarlo,
a usted,
al humano y modesto,
al sencillo proletario,
al de los de siempre,
al inquebrantable
acero del pueblo.