Nacido en Madrid, Pedro Tabanera fue uno de tantos jóvenes que unieron sus energías revolucionarias a la lucha del conjunto del pueblo contra la dictadura del régimen fascista y, posteriormente, contra la maniobra reformista iniciada tras la muerte del verdugo Franco para camuflar la dictadura con una fachada supuestamente democrática.
Desde sus tiempos como estudiante ya despuntó como un férreo militante antifascista. Trabajó como delineante en la constructora Dragados y Construcciones hasta que por necesidades de la lucha pasó a la clandestinidad.
Formó parte desde su fundación, de la Unión de Juventudes Antifascistas, desarrollando un importante trabajo político y organizativo, combatiendo el apoliticismo, la primera remesa de drogas introducidas por el Estado y esa pasividad que la burguesía fomenta para frenar o desmovilizar el inmenso potencial revolucionario de la juventud. Y él conocía bien esos problemas, que habían acabado con las ilusiones y también con la vida de varios de sus amigos en su barrio, el popular y castigado San Blas madrileño. Desde su militancia en nuestro Partido animó a otros varios jóvenes a ingresar en la lucha, el único camino para alcanzar las verdaderas libertades.
A mediados de 1978 decidió incorporarse en la organización guerrillera GRAPO. El 18 de julio de aquel año tuvo un enfrentamiento armado con más de una treintena de militantes fascistas de Fuerza Nueva y policías, a causa del cual recibió un disparo en la espalda, aunque logró romper el cerco lanzado una ráfaga con su ametralladora.
Después, tomó parte en varias de las acciones y dispositivos guerrilleros más arriesgados de la transición política, como las ejecuciones de un brigada de la Guardia Civil en León, varios policías y guardias civiles en Madrid y contra el antiguo Director General de la Seguridad del Estado Emilio Rodríguez Román.
Fue declarado terrorista a abatir y en varias ocasiones logró escaparse del acoso policial, que en aquellos meses pusieron a todo el Estado patas arriba, a la caza y muerte de los GRAPO, como dijeron los mandos policiales de aquel entonces. Un millón de carteles fueron editados por el Ministerio del Interior con las fotos de varios militantes antifascistas. Tras un enorme cerco realizado en la estación ferroviaria de El Escorial (Madrid), fue acribillado a balazos y dejado desangrar el 14 de agosto de 1979. Tenía 20 años de edad.