Luis Rodríguez Martínez

Murió en la cárcel de Segovia el 10 de noviembre de 1983 a causa de las penosas condiciones de encarcelamiento.

Luis era militante de nuestro Partido en Catalunya y posteriormente se integró en los GRAPO.

Detenido en 1979, fue encerrado en el centro de exterminio de Herrera de la Mancha, entonces recién inaugurada. Los carceleros se cebaron con él para intentar apartarle de la organización. Lograron que abandonara su militancia en los GRAPO, pero jamás renunció a su dignidad humana y de preso político. Fue separado de los demás presos políticos y trasladado a la cárcel de Segovia, donde fue empujado al suicidio por las condiciones de encarcelamiento padecidas durante su estancia en la cárcel de exterminio de Herrera de la Mancha, de la que no logró recuperarse nunca.

Un camarada escribió en la cárcel de Herrera de la Mancha el siguiente texto en su memoria:

Que nadie os busque en las frías páginas de un libro porque sois encendida esencia de pueblo y sois sustancia de ardiente batir de alas que perdurarán para siempre en los jóvenes combatientes que toman vuestro relevo.

Eres nuestro camarada oscuro, nuestro anónimo hermano que homicidas garras nos arrancaron de los brazos tan temprano, que no nos llegó el tiempo de tenerte para conocer en qué cascada tus labios batían la espuma de los sueños.

Luis, catalán, militante de los GRAPO, detenido, torturado y encarcelado en Herrera de la Mancha, cárcel diseñada para cegar la lámpara cuya llama prenderá un mundo nuevo preñado de futuro y esperanza. Tan joven, tan aún naciendo y ya el cerco atroz de la hora crepuscular, el cerco de la honda soledad de la celda cubriendo de niebla la madrugada de sus sueños, el cerco de alambradas que ponían en su pecho el tiritar de un gélido invierno y el cerco de una luna acribillada sobre el ángulo oscuro de la ventana.

Eran tiempos de delimitar fronteras entre el campo reformista y el revolucionario. A una parte, la izquierda domesticada y servil y los sindicalistas de despacho, todos firmes y a las órdenes del Estado, aprobando las Leyes Antiterroristas, legalizando la tortura, la guerra sucia, las cárceles de exterminio. Enfrente, tan sólo el PCE(r), ETA y los GRAPO Y todos los demás bailando al son de la oligarquía para exterminarlos. El anarquista Agustín Rueda, asesinado a golpes en la cárcel de Carabanchel, el militante de ETA, Joseba Arregi y nuestro camarada, España Vivas, muertos bajo tortura en la GS de Madrid, Crespo Galende, muerto en huelga de hambre y Luis Rodríguez, empujado al suicidio en la cárcel de Segovia. Nadie fue juzgado y nadie fue encarcelado.

Luis sufriendo cárcel, caminando cada tramo y cada recoveco de aquel infierno, sintiendo que, bajo las dentadas ruedas de las rejas bramaba un ronco grito de desesperanza, que en el gemir de la rosa había una oscuridad que tapiaba todo asomo de luz en la mirada, que su frente se helaba y se ponía pálida allí donde la sonrisa se perdía en el ciego ir y venir del polvo a la ceniza, de la ceniza a la nada.

Luis, que todo noche, que negra cueva todo, que todo oscuridad y tiniebla, que tan bárbaro el apretar de la soga que se fue a buscar una briznita de aire para poder seguir respirando. No supo encontrar otra forma de romper el cerco que yéndose de nuestro lado. Y en la cárcel de Segovia, a donde fue trasladado, su no traicionar, su no venderse, la intransigente defensa de su dignidad de revolucionario, atrajo sobre él la más cobarde y abyecta de las venganzas, que ni tregua ni respiro, que tan sólo: ¡O te arrepientes o te aniquilo!

Con el nudo de la sábana que ciño sobre su garganta y con él que se ahorcó, dejó Luis escrito: ¡Antes muerto que convertirme en un despojo humano!

Que nadie salga al encuentro de Luis por las rutas del carbón, que su verdad y su vida no están en su sangre derramada, que su verdad y su vida cuelgan sus banderas en los puños que se alzan contra la injusticia.

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