En su época ya la OMLE había realizado llamamientos a buscar las armas y aprender su manejo («Comentario abierto a la Declaración de Arias Navarro», en Bandera Roja, nº 63, 15 de marzo de 1975), pero en el futuro ese tipo de declaraciones se reproducirán más a menudo, y no solamente como un llamamiento abstracto, sino que serán bastante los militantes, y desde luego algunos de los más cualificados, que emprenderán ese camino: Nosotros, comunistas, no queremos la violencia. Pero la violencia nos es impuesta como le es impuesta a todo el pueblo. Si trabajamos por la realización de nuestros elevados y nobles ideales y si el pueblo pide pan, somos reprimidos. Nosotros no hacemos más que defendernos. Pero, al decir de los fascistas, de los monopolistas y de sus lacayos revisionistas, eso es 'terrorismo'. A los fascistas les está permitido explotarnos, estafarnos, privarnos de derecho y libertad, asesinarnos y sacarnos la piel a tiras, en cuanto nos rebelamos. En cambio, eso no nos está permitido, es pecado, está prohibido por las leyes, no tenemos ningún derecho a sublevarnos contra la explotación y la tiranía, a emplear las formas de lucha y las armas de que disponemos. Esta lucha justa es 'terrorismo', 'no es política'. En cambio, el terrorismo del fascismo es una causa santa, la apoyan y la encubren como pueden. Sólo cuando eso no es ya posible levantan las voces para 'condenar toda violencia', poniendo el acento en el ataque y la calumnia contra la lucha del pueblo.
Pero fue un artículo de nuestro Secretario General publicado el 1 de noviembre de 1975 en el número 5 de Bandera Roja el que comenzó a prestar una atención particular a la lucha armada. El artículo se titulaba El punto de viraje y en él ratificaba la línea de actuación seguida por el Partido, al tiempo que exponía las líneas maestras ante la etapa que se abría: Del boicot sistemático al régimen, a sus instituciones y mascaradas 'electorales', las masas obreras y populares están pasando a acciones políticas cada vez más resueltas. Las huelgas y otras formas de solidaridad crecen de día en día, pese a estar prohibidas y penadas duramente por las leyes terroristas del fascismo. El pueblo no se conforma, con la situación que sufre y se rebela en todas partes. El boicot hecho al régimen combinado con las luchas resueltas han provocado la bancarrota revisionista y el llamado 'vacío de poder' que no saben como llenar. De la demagogia pasan al terror abierto, del terror van a la demagogia. Así sucesivamente, hasta que el pueblo, encabezado por la clase obrera, acabe con ellos. No podemos cerrar los ojos ante esta realidad. ¿Cómo encauzar, dirigir y encabezar las luchas? ¿Haciendo llamamientos a salir a la 'legalidad', preconizando la 'participación' y el 'pacifismo'? ¿O haciendo lo posible para que esas formas de lucha revolucionarias que practican las masas, en gran parte de manera espontánea, se transformen en vasto movimiento consciente y organizado? Para nosotros no hay ninguna duda en la elección. Cierto que no es un camino fácil el que hemos elegido. Pero sí el único que conduce a la libertad y a la emancipación. A eso llamamos 'impulsar la resistencia activa': ir contra la 'participación' aislar al régimen, defendernos de sus zarpazos criminales, golpearlo por todas partes hasta derribarlo. Convertir esto en un movimiento de masas verdaderamente popular, consciente y organizado, es nuestro principal objetivo.
Por el contrario, también en este aspecto, los oportunistas se unían al régimen en la condena de la lucha popular y, por supuesto, de la lucha guerrillera. La posición de nuestro Partido siempre ha sido diferente:
Nosotros estamos en desacuerdo con los actos anarquistas y aventureros, que perjudican principalmente a quienes los realizan. Pero no podemos condenar todo tipo de violencia, sino sólo la violencia fascista, contrarrevolucionaria. Nosotros no somos anarquistas. Tampoco somos pacifistas y tenernos que considerar que el 'pacifismo', cuando se están cometiendo los crímenes más horrendos contra las masas, hace cien veces más daño al movimiento popular que los actos anarquistas. Esto debe quedar bien sentado.Para continuar el combate contra el fascismo, desmontar sus maniobras demagógicas y, sobre todo, defender las conquistas alcanzadas por la lucha de masas e impulsar su organización, no había más camino que el emprendido, por más que ya entonces éramos plenamente conscientes de su dificultad. No obstante el Partido advertía claramente ya entonces: Eso no quiere decir que renunciemos a la utilización de cualquier posibilidad de trabajo legal, o que vayamos a dejar en manos de los oportunistas la bandera de la lucha por la consecución de mejoras. Pero eso era una cosa y otra, muy distinta, engañar a las masas colaborando en el cambio de imagen que estaba diseñando el fascismo: Una cortina de humo se está levantando para justificar los crímenes fascistas con las más variadas formas de condena del 'terrorismo'. Los criminales fascistas, los vaticanistas, los socialdemócratas, los revisionistas y demás ralea oportunista se han unido en santa alianza para condenar el 'terrorismo', pedir clemencia a los verdaderos terroristas y verdugos del pueblo y desprestigiar la lucha resuelta, revolucionaria, del pueblo. Han comprobado que, tanto el crimen abierto como las súplicas y palabrería conciliadora no les sirven, son incapaces de contener la ira y la lucha popular, y por eso ahora, con el mayor cinismo del mundo, a la vez que tratan de beneficiarse de esa lucha, montando a caballo de las masas, procuran desprestigiarla tachándola de 'terrorista'. Está claro que no buscan otra cosa más que perpetuar la opresión y la explotación bajo otras formas. Tal es el sentido de sus cantos a la 'nueva aurora' (una aurora teñida de la sangre de los mejores hijos del pueblo) y de sus condenas al 'terrorismo' y a 'todo tipo de violencia'. Pero nosotros sabemos bien que se cubra como se cubra, el Estado que toda esa gentuza quiere salvar, no es otra cosa más que la violencia organizada de la burguesía contra la clase obrera y otros sectores populares.Por otra parte, somos de la opinión de que, si al avance obrero y popular, la reacción opone la violencia criminal, no se debe dudar en recurrir a la violencia organizada y ligada al movimiento de masas para defender las conquistas. Para esto se ha de estar preparado, no improvisar, pasar con agilidad de una forma de lucha pacífica a otra no pacífica, o combinarlas. Esto es lo que nos enseña el marxismo-leninismo, y siempre seremos fieles a esta enseñanza. ¿Cómo, si no, defenderse del terror y los crímenes fascistas? ¿haciendo llamadas al 'buen sentido' y a la conciliación?
Mas, ¿cuándo han atendido los fascistas a esas cosas ni a los llamamientos 'humanitarios'? ¿No fueron acaso ellos quienes proclamaron la 'dialéctica de las pistolas', aún cuando gozaban de más privilegios y libertad que nadie? El terror y los crímenes fascistas no están dirigidos solamente contra los llamados 'terroristas'. Con la excusa de la lucha contra la 'minoría terrorista' la oligarquía financiera pretende apretar aún más el dogal de la explotación que han echado al cuello de las masas. Por este motivo, superado el temor lógico de los primeros momentos, no es nada extraño que las masas presten un apoyo cada vez más activo y participen en la lucha de quienes de verdad las defienden.
El único recurso que dejaba el terror abierto del régimen del capitalismo financiero, la única política posible para hacerle frente, es la lucha resuelta empleando todas las armas al alcance y combinándolas. Sólo esto era lo que había arrinconado al régimen, y no los montajes de la oposición: ¿Cómo se atreven los cobardes y calumniadores a atribuirse la victoria popular?, se preguntaba aquel artículo.
En el primer Consejo de Ministros presidido por el Bobón fue aprobado un decreto de congelación salarial; al día siguiente, el 16 de noviembre de 1975, 11.000 trabajadores de Standard fueron a la huelga contra esta medida gubernamental. Es el inicio de esa oleada de huelgas a que hemos hecho referencia. A partir del 4 de diciembre comienzan las huelgas en CASA, en Intelsa, John Deere, Electromecánica, Siemens, Kelvinator y muchas otras empresas por reivindicaciones económicas y políticas. Los obreros, además de los aumentos salariales, exigen en todas partes la amnistía. En los días sucesivos se sumarían a esta huelga más de 400.000 obreros; todo Getafe y el cinturón industrial de Madrid se hallan en huelga. En la mayoría de las empresas los obreros son desalojados de forma violenta por la policía. Proliferan las asambleas en las plazas de los pueblos y en los barrios obreros para continuar el combate. El 18 de diciembre las calles de Getafe son ocupadas por los trabajadores y la policía carga salvajemente contra ellos. Esta situación se prolongaría durante todo el mes de enero. Las huelgas se extienden por toda la periferia de Madrid: Torrejón, Alcalá de Henares, Coslada, Alcobendas, San Fernando, etc. El 25 de enero de 1976 se convoca en Madrid una concentración en petición de amnistía. Pese al gran despliegue policial realizado para impedirla, lograron concentrarse más de 40.000 personas.
En febrero de ese mismo año comenzó en Elda las huelgas de los trabajadores del calzado, que movilizaron prácticamente a toda la población. El 13 del mismo mes el Gobierno desplegó una vasta tropa policial por la ciudad y ordenó cargar contra los trabajadores, que se defendieron montando barricadas. Al día siguiente el pueblo fue convocado a una manifestación contra la actuación policial. La manifestación fue aún más salvajemente reprimida que el día anterior. La policía disparó sus armas contra los manifestantes y asesinó a un trabajador de 20 años. A partir de este asesinato se declaró la huelga general en la comarca. Elda y Petrel quedaron totalmente paralizados, incorporándose a la lucha los transportes, el comercio, etc.
El 25 de febrero los maestros de EGB llevaron a cabo una huelga que se extendió a 21 provincias y que afectó a más de 30.000 profesores. Poco después irían a la huelga los transportistas a causa de la subida de los impuestos de circulación y por otros motivos, huelga que afectó a casi toda España. Los conductores y pequeños propietarios de camiones paralizaron el transporte por carretera y formaron piquetes para pinchar las ruedas de los camiones de las grandes empresas y castigar a los esquiroles, que tuvieron que recurrir a la protección de la guardia civil.
En el mes de marzo de 1976, en Sabadell estalla también la huelga general, tras la carga realizada por la policía contra una manifestación de mujeres y niños, hiriendo a varios de ellos. Durante cuatro días, se produjeron choques y enfrentamientos entre los obreros y la policía, la ciudad quedó paralizada y llena de barricadas. Cada día los obreros celebran asambleas masivas para proseguir el combate.
En este mismo mes de marzo, el día 25, tras 63 días de huelga, se vio el juicio por el despido de 450 obreros de la empresa Terpel, de Madrid. Este juicio se convirtió en un escándalo cuando el juez suspendió la causa al comprobar que ésta iba a ser ganada por los trabajadores. La indignación de los asistentes al juicio fue tal que destrozaron la sala y allí mismo la emprendieron a golpes contra los representantes de la empresa. Era la primera vez que los obreros destrozaban una sala de los juzgados fascistas.
En esta situación se produjo la masacre de Gasteiz (Vitoria), el acontecimiento más significativo de la situación de entonces: el 3 de marzo de 1976 cayeron asesinados cuatro obreros al disparar la policía contra los obreros concentrados en la iglesia de San Francisco.
El conflicto se había iniciado dos meses antes por la negativa de la empresa de Álava a negociar el convenio con las comisiones de delegados elegidos por los obreros en asamblea de fábrica al margen de la organización sindical. El balance de la represión policial del día 3 fue de cuatro muertos y más de 70 heridos de bala, muchos de ellos de gravedad, de los cuales uno moriría días después. Al funeral de los obreros asesinados acudieron más de 100.000 personas, prácticamente toda la Vitoria obrera y antifascista. La ciudad quedó paralizada y fue tomada militarmente por la guardia civil y la policía armada. Inmediatamente de la masacre paró en solidaridad todo el cinturón industrial de Bilbao, saliendo los obreros en manifestación para mostrar su protesta e indignación contra los crímenes del gobierno. En una de estas manifestaciones, el día 8 de marzo, cayó asesinado por la guardia civil el joven Vicente Antonio Ferrer.
Con motivo de esta masacre, la Comisión Política de nuestro Partido difundió una extensa declaración el 10 de marzo de 1976 en un número extraordinario de Bandera Roja titulado El proceso revolucionario está abierto en el que se reafirmaba que la crisis del régimen fascista no había tocado fondo, que la reforma se había desenmascarado ante los ojos de los obreros y que, a todo ello, había que sumar la crisis de los grupos reformistas, que habían agotado la escasa credibilidad que tenían. Con la reforma el régimen pretendía ocultar los retrocesos que se había visto obligado a realizar ante las oleadas de luchas. El régimen había quedado aún más aislado que antes, por el boicot a su política y el desarrollo de la lucha independiente del proletariado: Esto les ha conducido a emprender continuas pruebas de fuerza para atemorizar a las masas a fin de tomar la iniciativa política. Por el contrario el movimiento de masas se ha extendido y radicalizado hasta ponerles contra las cuerdas. El fascismo retrocede dando zarpazos criminales, y va a retroceder aún más. Pero la experiencia demuestra que no suelta nada sin lucha, que no abandona ni una sola pulgada de terreno sin oponer una fiera resistencia. El comunicado preconiza avanzar sobre la base de los métodos de lucha cuyo éxito se ha comprobado: el boicot a las elecciones e instituciones fascistas, la organización independiente de los obreros. Las luchas desatadas no son incidentales ni aisladas, sino la señal para el comienzo de un amplio y prolongado movimiento insurreccional latente desde hace algún tiempo en todo el país, y viene a demostrar que las condiciones para la revolución han madurado mucho en los últimos dos años. Las masas están muy por delante de quienes dicen ser sus dirigentes y señalan claramente el camino: Ya no son suficientes las consignas de asambleas, comisiones, solidaridad, manifestaciones, etc. Ahora hay que llamar a buscar armas y aprender a manejarlas. Se está demostrando una vez más que las huelgas generales revolucionarias conducen a los enfrentamientos armados con las fuerzas represivas y a la insurrección. Nuestro deber de comunistas consiste en preparar esa insurrección y alentar a las masas en sus luchas a seguir el camino de la victoria y no el de la claudicación que predican los conciliadores traidores a la clase obrera y a la causa del pueblo [...] Sólo la insurrección armada popular a las que se llegará mediante la combinación de las huelgas generales políticas con la lucha armada de masas, y la formación sobre esa base de un gobierno provisional democrático revolucionario, sólo eso, como ha quedado sobradamente demostrado, permitirá reconquistar su perdida libertad y todos los derechos y bienes que les han sido arrebatados por los monopolistas.
La transición se abría con el más amplio movimiento huelguístico de toda la sangrienta historia del régimen. Tan solo en los meses de enero, febrero y marzo de 1976 se produjeron en todo el Estado 17.734 huelgas, o sea, 14.678 más que en el año precedente, y el número de horas perdidas pasó de 14 millones en 1975 a 150 millones en e 1976. La situación social era explosiva, con huelgas por todas partes; España estaba paralizada. Las zonas más afectadas por el movimiento de masas eran Barcelona, Madrid, Bilbao y Asturias. En 1977 en España el número de jornadas perdidas por huelga por trabajador empleado fue casi nueve veces superior al de Francia y al año siguiente, más de diez veces superior: Este importantísimo nivel de conflictividad laboral contrasta con el alto nivel de consenso político alcanzado en dicho periodo (1).
Por tanto, si algo caracterizaba nítidamente toda la etapa de transición política era ese auge del movimiento de masas, hasta el punto de que hubo momentos en que llegó a amenazar con derribar todo el podrido régimen explotador. Es evidente que, en ese marco, las contradicciones entre los distintos figurones de la transición eran muy secundarias porque aludían al cómo y no al fondo mismo de la reforma. Pero no son ellos los protagonistas, ni mucho menos, de la transición, por más que nos traten de hacer creer lo contrario. No hubo más protagonista que las masas con sus luchas que, además, estaban a la ofensiva.
Uno de esos figurones, que con el tiempo eclipsaría a todos los demás, es el rey; usurpador de los atributos de la Corona, impuesto por Franco, el rey jugó fielmente el papel que la oligarquía financiera le fijaba a cada paso, respaldado por los más altos jefes militares. Al rey le gustaba rodearse de sujetos sombríos que sean capaces de ejecutar dócilmente su papel de marionetas. Al fallecer Franco, el rey se encontró con Arias Navarro, un personajillo gris, que no le merecía ninguna confianza, al que la lucha de masas había puesto contra las cuerdas, respondiendo el régimen con una represión más brutal que impedía que sus proyectos se abrieran camino. Arias Navarro no era un personaje sometido al rey: no le nombró el rey y tampoco dimitió ante el rey. Se trataba de un personaje siniestro, fiscal militar en la posguerra, ligado a la burocracia fascista y a la represión.
La política de democracia limitada y otorgada que trató de llevar a cabo el verdugo Arias en los últimos meses que estuvo al frente del gobierno, se vino abajo por los envites de la guerrilla popular y por el extraordinario movimiento revolucionario de las masas obreras que siguió a esas acciones de la guerrilla. El objetivo de Arias Navarro no era otro que el de establecer, bajo el control del régimen, una modalidad de pluralismo restringido y convocar alguna pantomima de elecciones para seguir aplicando al final las mismas leyes fundamentales del régimen.
El rey le sustituyó por otro personaje de idéntica factura, Adolfo Suárez, salido también del pozo más oscuro de la Falange. Suárez fue nombrado Presidente del gobierno el 3 de julio de 1976. Su curriculum era de fiar; se trataba de un hombre de vieja escuela que contaba, además, con la confianza del Ejército, verdadero garante de la reforma.
Los asesinatos de Gasteiz (Vitoria) fueron ordenados precisamente por Suárez, que por aquel entonces era ministro en funciones de Interior en sustitución de Fraga, su titular, de viaje por Europa.
La oposición domesticada salió defraudada del nombramiento: el semanario Cuadernos para el Diálogo tituló su número de entonces El apagón, con una portada en negro en la que incluía una pequena fotografía, tamaño carné, de Suárez.
El papel de Suárez en la reforma fue sacar al régimen del callejón sin salida en que se había metido con Arias Navarro; era la oposición domesticada la que tenía la iniciativa hasta entonces y la que marcaba las pautas, contribuyendo a desacreditar al gobierno. Con Suárez al frente, el gobierno marca el ritmo y es la oposición la que se ve obligada a pasar por la ventanilla, mendigar su legalización y aplaudir las iniciativas de Suárez y los suyos. A diferencia de Arias Navarro, que llevó a su gobierno a los fantoches del régimen (Fraga, Areilza, Cabanillas), Suárez comenzó rodeándose de ministros cortados a su medida: actores secundarios en una película de alto presupuesto, dispuestos a leer monocordemente el guión que les pusieran por delante. Los principales ministros de Suárez no eran más que oscuros segundones del régimen (el gobierno de los subsecretarios, se les llamó) y el propio Suárez se definió a sí mismo como un chusquero de la política; pero todo ellos eran esencialmente monárquicos y, en particular, el vicepresidente Osorio, proveniente del cuerpo de auditores militares, al tiempo que personajes estrechamente ligados a la oligarquía financiera.
Con este personal el régimen pretendió recuperar la iniciativa. El nombramiento de Suárez fue una obra fundamentalmente del rey quien, a su vez, en sus decisiones siempre tenía en cuenta la opinión de los militares. Suárez era, pues, un títere de los militares. Mientras el proyecto de reforma fascista no fue negociado, ni siquiera discutido, con la oposición domesticada, que se vio forzada a tragar con lo que se les ofrecía, sí fue discutido con los 29 más altos militares. Por ejemplo, la dimisión del general De Santiago se debió a la cuestión de la reforma sindical.
Estos altos militares no eran de la forma que se les ha descrito: no había discusión, nunca la hubo, sobre el qué de la reforma, sino sólo sobre el cómo.
A partir de la entrada de Suárez en el gobierno, esta misma política va a ser objeto de algunos retoques, inaugurándose así la era reformista. El suarismo fue una nueva variante, una adaptación del fascismo a las nuevas condiciones de crisis general del sistema capitalista y del ascenso incontenible del movimiento revolucionario de masas en España. Así lo definía en octubre de 1977 Bandera Roja. Efectivamente, el suarismo no fue otra cosa que la forma política que adoptó la oligarquía financiera española ante la crisis permanente que sufre el régimen, crisis de la que intenta salir cuando los métodos tradicionales de represión ya no le sirven, haciendo uso de una nueva demagogia pseudodemocrática, pero sin llegar a cambiar nada realmente. Para hacer más creíble esta pantomima los monopolistas tenían -continuaba Bandera Roja- que dar entrada en su régimen, para que colaboraran como auxiliares del mismo, a las camarillas de reformistas y de traidores de la causa obrera y popular.
El rasgo más señalado de esta forma de fascismo, con relación al anterior, es que ya no está tan centralizado o encarnado en una sola persona, sino que ha sido institucionalizado, ha repartido los papeles y quiere aparentar una división de funciones entre el ejecutivo, el legislativo y el poder judicial, cuando en realidad el poder lo siguen detentando los mismos oligarcas de siempre, las decisiones fundamentales continúan tomándolas los mismos grupos monopolistas de siempre, y estos grupos continúan gobernando con las mismas leyes e instituciones de la época de Franco. A este respecto no está de más señalar el hecho, bien conocido, de que las nuevas Cortes comenzaron su comedia con enfervorizados aplausos al monarca impuesto por Franco y su camarilla, y el que su inauguración la hicieran coincidir, y no por casualidad, con la fecha que conmemora la sublevación fascista contra la República democrática-popular, y sin que anularan siquiera la oficialidad del 18 de julio.
Los monopolistas confiaban con esta política paralizar la iniciativa del pueblo trabajador, puesto que contaban con el apoyo de los domesticados, cuya parte del contrato consistía, a cambio de 30 monedas, en controlar las luchas obreras y populares hasta anularlas prácticamente. Pero aquí es donde está el núcleo de la cuestión, ya que, si el suarismo no ha conseguido solucionar en lo más mínimo la crisis económica y política del régimen, lo que sí ha logrado es acabar de desenmascarar a los partidos de la oposición domesticada, quienes han tenido que firmar y aplaudir lo inimaginable, cosa que ha contribuido de manera decisiva a su casi total pérdida de influencia entre las masas, principalmente entre los obreros. Todo esto hizo que las medidas de sobrexplotación no sólo no fueran aceptadas por el pueblo, sino que además encontraran la más firme resistencia. Como decía Bandera Roja en octubre de 1978: El suarismo repite en todo, con algunas modificaciones de detalle, el esquema político que ha predominado en los últimos 40 años De modo que puede suponerse lo que va a suceder de ahora en adelante: Ya pueden llover todas las crisis que quieran dentro de la crisis permanente en que vivimos, que tendremos 'suarismo', con o sin Suárez, para rato.
En marzo de 1976 se había creado Coordinación Democrática, engendro nacido del matrimonio entre los reformistas y los sectores evolucionistas del régimen que agrupaba a liberales, socialdemócratas, demócratas cristianos, psoístas, carrillistas, así como a sus respectivos tinglados sindicales y otros partidos de poca monta. En estas formaciones se hallaban integrados los sectores fascistas aperturistas que representaban los intereses de un sector importante de la oligarquía y las transnacionales.
El PCE logró entonces materializar su política de cambalaches con los explotadores. Con permiso de la policía, Carrillo vivía en Madrid en una chalet de lujo en El Viso desde el 7 de febrero de 1976, sólo cuatro meses después de los fusilamientos de los cinco antifascistas. Continúa los contactos con los servicios secretos en Rumanía, por una lado, y con Suárez por el otro, a través de varios intermediarios en Francia. En diciembre preparan el montaje de la detención, le trasladan al hospital penitenciario y luego le ponen en libertad. A comienzos de 1977, mientras la policía masacra a los manifestantes en Madrid, se produce ya una entrevista directa entre Suárez y Carrrillo, en la que Suárez exigió tres requistos que el PCE aceptó gustoso:
cambio de los Estatutos del Partido
acatamiento de la monarquía
aceptación de la bandera fascista como símbolo de la unidad de España.
Carrillo no opuso ningún obstáculo. El PCE dejó de ondear la bandera republicana y ante los abucheos generalizados de sus propios militantes Carrillo dijo: Los que silban no saben que no hay color morado que valga una nueva guerra civil entre los españoles. Ese fue el chantaje permanente de la transición: o aceptar las migajas y colaborar con el fascismo, o de lo contrario estaban dispuestos a desatar una nueva guerra civil contra el pueblo. Los revisionistas y los militares fascistas estaban totalmente de acuerdo en ese punto central. El general y ministro del gobierno Gutiérrez Mellado consultó la legalización con los jefes del Estados Mayores de las tres armas. Sin embargo, los revisionistas practicaron luego el victimismo, inventando una supuesta oposición frontal de los militares fascistas a su entrada en la legalidad.
La presentación del PSOE en sociedad fue más descarada. Ya el 19 de octubre de 1974 Felipe González concedía una entrevista a El Correo de Andalucía para explicar el Congreso que habían celebrado en Suresnes y su primera rueda de prensa la convocaron el 16 de abril de 1975. Y Franco aún ocupaba su sillón en El Pardo. Pero las conversaciones oficiales con el gobierno fascistas se aceleran tras la masacre de Vitoria, porque el régimen recurría a los domesticados para frenar el auge del movimiento de masas, y no por otras razones.
En enero de 1977 comenzó la negociación pública de Suárez con los reformistas, entre los que estaba Simón Sánchez Montero en representación del PCE, el único partido entonces aún no legalizado que, sin embargo, negociaba abiertamente con el presidente del gobierno en la comisión de los nueve.
La estrategia de ruptura con el régimen seguida hasta entonces por la mayor parte de la oposición domesticada que se integró en Coordinación Democrática, se convirtió al poco de constituirse ésta en ruptura negociada y más tarde, ya de forma clara, en una claudicación total frente a los sostenedores del viejo régimen. El auge de la lucha de masas y de las acciones del movimiento armado les había obligado a agruparse primero, y después a abandonar toda veleidad rupturista. Nuestro Partido los calificó como oposición domesticada, ya que en realidad no constituyeron nunca un frente de lucha contra el régimen, sino una variante del mismo régimen. El poder seguiría en manos de aquellos que lo habían venido ostentando durante cerca de cuarenta años, por lo que la reforma democrática no iba a ser sino una máscara tras la que se trataría de ocultar la permanencia del fascismo sin Franco, en contra de las exigencias de verdaderos cambios democráticos que la clase obrera y otros amplios sectores populares venían demandando.
No obstante sus cambalaches y apaños entre bastidores, el PCE siguió utilizando la presión desde abajo para presentarse como elemento indispensable en el mantenimiento del orden público: Además de esta integración política y su concertación con los dirigentes de la oposición, el PCE implementó una estrategia desde abajo a fin de hacer indispensable su legalización para asegurar la estabilidad de un proceso constituyente (2).
Sólo se reforma, decía por entonces Arias Navarro, lo que se desea conservar. Fue con esta condición que abandonaría el gobierno para dejarlo en las manos seguras de un Suárez, el cual, ya como Presidente, prolongaría el discurso de aquel con las siguientes palabras: No va a cambiar el sentido de la reforma [iniciada por Arias Navarro] sino la forma de ponerla en práctica. Quedaba claro, pues, que el único camino que aceptaban los sectores más recalcitrantes del régimen, vista la cobardía demostrada por la oposición domesticada, no era otro que el camino reformista, que les permitía seguir controlando los resortes fundamentales del poder económico y político. Quedó descartada cualquier forma de ruptura, ni siquiera la ruptura pactada.
Había quedado suficientemente claro que no se podía seguir engañando a las masas con promesas, y que la represión pura y simple no les daría ya ningún resultado. Por eso los monopolios, de acuerdo con el Ejército y las altas jerarquías de la Iglesia, encomiendan a Suárez la tarea de ampliar la base social del régimen, permitiendo para ello la legalización de los partidos reformistas, en particular el partido de Carrillo, que tanto se había distinguido ya en su colaboración con la represión. Al mismo tiempo, trazan un plan para camuflar las anteriores instituciones fascistas como las Cortes y el Tribunal de Orden Público, dándoles otro nombre e introduciendo en ellas a algunos vendidos, planeando, como colofón de esta operación reformista, la elaboración de una Constitución fraudulenta que consagre a la monarquía introducida por Franco como la forma de Estado y preserve todos los intereses y los privilegios económicos y políticos de las castas dominantes.
Pero Suárez no puede disfrutar de su cargo mucho tiempo: el 18 de julio los GRAPO hacen estallar unas cuarenta bombas en distintos puntos del país contra monumentos e instituciones fascistas. El ataque afectó a instalaciones en lugares tan dispares como Vigo, Ferrol, Santiago, Bilbao, Barakaldo, Madrid, Barcelona, Cádiz, Sevilla y Valdepeñas. La resistencia no sólo no había sido liquidada con la nueva maniobra, sino que a partir de ese momento se va a incrementar. Estas acciones guerrilleras tuvieron una amplia repercusión en todo el país y fueron el complemento necesario al movimiento de resistencia de las masas, que continuaba avanzando. Por primera vez los GRAPO salieron a la luz pública reivindicando esta cadena de explosiones y las actuaciones precedentes del 1 de octubre de 1975, fecha de la que tomaron su nombre. Casi un año después, los explosivos reventaron en una fecha que continuaba siendo fiesta oficial del régimen democrático. Justo 40 años después del inicio de la guerra civil, la voladura de todas aquellas reliquias ponía al desnudo la continuidad del régimen sólo dos semanas después de la investidura de Suárez. Entonces los GRAPO difundieron su primer comunicado, dando a conocer la creación de la Organización y denunciaron la continuación del mismo régimen bajo la apariencia de una transición política:
Nuestro pueblo no quiso ni quiere la guerra. Sin embargo, con la guerra se le despojó de la libertad y los derechos que había conquistado y desde entonces los fascistas no han parado de asesinar y torturar con el fin de perpetuar su régimen de explotación.La permanencia del fascismo, no obstante los retoques de fachada, era una de las principales preocupaciones de las altas jerarquías y de la clase dominante, y por ello mismo la acción de los GRAPO señalaba la continuación de la larga lucha de resistencia popular contra el fascismo.Más de 36 años en que se han venido sucediendo las mentiras y el terror, tiempo suficiente para comprender que todas sus maniobras tienen por objeto engañarnos para que claudiquemos y aceptemos pacíficamente sus leyes e instituciones, su policía y la cada vez mayor explotación a que nos someten.
En estos últimos años se han incrementado las promesas de libertad y democracia, pero en cuanto las masas populares han impuesto la verdadera libertad y democracia luchando con todas las armas a su alcance, se ha puesto claramente al descubierto lo vacío de esas promesas; en realidad, lo que ha aumentado ha sido el paro y los precios, las cargas de la policía contra las manifestaciones obreras y populares, los asesinatos y las torturas.
La alternativa que nos dejan es bien clara: o claudicamos o les hacemos frente de la única manera posible, con las armas en la mano. Es así como se puede imponer la libertad para manifestarnos, para organizarnos, para difundir nuestra propaganda; sólo de esta manera conseguiremos los derechos que nos fueron arrebatados por las armas.
Consecuentes con estas ideas se han venido formando grupos de antifascistas con el fin de impulsar la lucha revolucionaria contra el fascismo. Durante algún tiempo hemos venido preparándonos combatiendo a los asesinos del pueblo. La principal de nuestras acciones se realizó en Madrid el 1º de Octubre del año pasado. Ese día y como respuesta a la campaña de represión que había desatado el fascismo y que culminó con el asesinato de los cinco antifascistas de ETA y FRAP, se ajustició a cuatro esbirros de la policía. Este fue un durísimo golpe contra los fascistas que creían que podían asesinar impunemente, y cortó en seco su escalada represiva, demostrando que el fascismo sólo retrocede cuando se le golpea, lo que sirvió de estímulo para que las masas populares prosiguieran su lucha decidida.
Pero por entonces no estábamos suficientemente preparados para responsabilizarnos públicamente. Esto ya se ha conseguido en lo fundamental y hemos elegido este 18 de julio, símbolo de la sublevación fascista, pero también fecha en la que los pueblos de España comenzaron su resistencia armada contra el fascismo, para proclamar la formación de los GRUPOS DE RESISTENCIA ANTIFASCISTA 1º DE OCTUBRE. Para ello hemos llevado a cabo numerosas acciones contra monumentos y centros de los fascistas.
La lucha no terminará hasta que el fascismo sea destruido y nuestro pueblo consiga la verdadera libertad, y nosotros entendemos que esto se logrará cuando se haya expropiado a los monopolistas, cuando se haya eliminado a su ejército, su policía, sus leyes e instituciones. Desde luego no se logrará con 'arreglos' entre un grupo de vendidos con los explotadores. No nos podemos hacer ilusiones de que concedan pacíficamente ni la más mínima reivindicación que beneficie verdaderamente al pueblo. Por el contrario, debemos prepararnos para sostener un a dura lucha. Los verdaderos antifascistas deben organizarse para contestar a represión ojo por ojo; de esta manera se les hará retroceder hasta darles el golpe de gracia.
Quien vaya en contra de esta justa lucha, hace el juego al fascismo y se colocará en el lado de la contrarrevolución. Ya no hay campos intermedios: o se combate firmemente al fascismo o se ayuda a los asesinos.
Sabemos que muchos daremos la vida por nuestra gloriosa causa, pero estamos completamente convencidos, y los hechos diarios así lo demuestran, que las masas populares irán tomando cada vez más firmemente el camino de la lucha armada contra el fascismo, el único camino que conduce a la libertad y la felicidad tan ansiada por nuestro pueblo.
La demagogia quedaba otra vez al descubierto. Por eso el gobierno, investido de su nueva condición democrática, emprendió una vasta campaña de represión contra nuestro Partido y otras organizaciones populares. La respuesta de los GRAPO no se hizo esperar y el 31 del mismo mes estalla otra ronda de explosiones en más centros y monumentos fascistas. En el curso de estas acciones cayeron muertos en Sevilla los militantes de los GRAPO López Rágel y Fausto Peña.
El fascismo nos colocó en su punto de mira y, a partir de entonces, sus fuerzas represivas se centraron en nuestra joven Organización comunista para tratar de liquidarla, no escatimando medios en su empeño. Empezaban a tender el primer cerco. Pero la novedad no fueron las continuas y masivas detenciones que padecimos, sino la campaña de intoxicación propagandística que las acompañó, algo verdaderamente sin precedentes.