4. La batalla contra la reforma fascista

4.1 El Congreso reconstitutivo del Partido

El Congreso reconstitutivo del Partido inició sus sesiones el 8 de junio de 1975, en un viejo caserón radicado en las afueras de un pequeño y tranquilo lugar llamado La Cabada, en la provincia de Santander, cerca de Torrelavega. A él asistieron varias decenas de delegados en representación de todas las organizaciones de la OMLE. Hubo que organizar la concentración y el traslado de los delegados así como la seguridad del lugar de la reunión, que se logró celebrar sin que se produjera ningún incidente. En los alrededores del caserón fue establecido un cinturón de seguridad para prevenir cualquier eventualidad.

El Comité de Dirección había nombrado una comisión encargada de los trabajos para la organización interna del Congreso. Esta comisión dispuso del lugar de la reunión durante quince días, tiempo que había que aprovechar al máximo para acondicionar la casa y resolver todos los problemas que conlleva una reunión de estas características, organizada, además, en la más estricta clandestinidad. Una semana antes de la llegada de los delegados, se iniciaron los preparativos en el interior del inmueble. Al mismo tiempo, en la calle seguía el trabajo intenso para montar las citas y una infraestructura paralela en Santander y Torrelavega, en previsión de los posibles problemas que se pudieran presentar.

La casa ofrecía escasas posibilidades para una reunión tan numerosa. Durante másde una semana tenían que convivir allí numerosas personas sin levantar las sospechas de los vecinos del pueblo. Para los habitantes de la aldea, en la casa sólo habitaban dos jóvenes matrimonios que habían ido a pasar unas cortas vacaciones. Afortunadamente, allí encontraron un buen número de enseres y otros elementos necesarios: una buena cantidad de sillas, utensilios de cocina, mantas y juegos de sábanas; también había colchones y camas en abundancia. Lo que faltaba se fue llevando poco a poco, y otras cosas, como la mesa para los plenos, fueron construidos en el lugar.

El primer trabajo que hubo que emprender de firme fue la preparación de la sala de plenos en el amplio desván de la casa, que se hallaba lleno de trastos viejos, de los más extraños utensilios y de una gruesa capa de polvo acumulada por los años. Una vez eliminados todos estos objetos y realizada una limpieza a fondo, se construyó, con la ayuda de tres grandes portalones, una amplia, mesa capaz de reunir en su entorno a más de cuarenta personas. Esta era un prodigio de equilibrio. A base de gran número de cuñas y calzos se consiguió darle una apariencia de solidez que llegó a ser el orgullo de sus constructores. También se construyeron con unos tablones asientos suficientes. A renglón seguido se pasó a decorar la sala con grandes retratos, hechos especialmente para la ocasión, de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao y José Díaz, entre los que destacaban algunas consignas: Viva el marxísmo-leninismo, Proletarios de todos los países y pueblos oprimidos del mundo, uníos. La bandera del Partido presidía el conjunto.

En un ambiente de gran emoción y animada camaradería fue abierta la primera sesión. Un camarada de la comisión organizadora sometió a la consideración de todos los presentes el orden de los temas a tratar y las normas de funcionamiento del Congreso: la elaboración y exposición de las ponencias, el modo de llevar los debates y la aprobación final de los documentos y resoluciones, así como la elección del Comité Central. Aprobadas estas normas fue elegida la mesa y la presidencia del Congreso, responsabilidad que recayó en Enrique Cerdán Calixto.

Inmediatamente comenzó en el caserón una intensa actividad de estudio y discusión en plenos y comisiones que mantenían ocupados a los delegados prácticamente todo el día y parte de la noche.

En el Informe presentado a la primera sesión plenaria del Congreso, Manuel Pérez hizo balance de la labor realizada por la OMLE desde su creación en 1968, se analizaron las condiciones económicas, sociales y políticas de la sociedad española y se trazaron las líneas generales por las que habría de transcurrir en adelante la actividad del Partido.

Las condiciones para la celebración de nuestro Congreso habían madurado: la agravación de la crisis económica y política del régimen, la ofensiva de la lucha de masas encabezada por la clase obrera, la bancarrota del revisionismo y, sobre todo, nuestras fuerzas organizadas, su cohesión ideológica y política, el grado de extensión y de ligazón con las masas; todo eso hacía no sólo posible, sino imprescindible, la reconstrucción del Partido. Si no contásemos con la fuerza y la experiencia suficiente, por muy buenas condiciones que hubiera, desde el punto de vista de la crisis general del régimen, todo intento de reconstruir el Partido hubiera terminado en fracaso.

Por otra parte, el Informe advertía que la finalización de la etapa de reconstrucción del Partido, no significaba que ya estuviera todo acabado en el terreno de la organización y en el de mayor esclarecimiento de nuestras fuerzas. Aún constituíamos una Organización débil y nos faltaba experiencia, pero había llegado el momento en que esos problemas sólo los podríamos resolver aplicando en nuestro trabajo el Programa y los Estatutos, que resumen la experiencia de la larga actividad desplegada entre las masas y en nuestras propias filas. En adelante sólo con el Partido podríamos seguir marchando adelante y hacer avanzar al movimiento de masas.

El Partido no lo habíamos puesto en pie en el aire ni en unos días ni al margen de la lucha de clases. Para reconstruirlo en medio de la confusión provocada por la traición revisionista, tuvimos que trabajar duro durante más de siete años; tuvimos que enfrentarnos a diversos enemigos y vencer numerosas dificultades. Pero sucede que el camino de la revolución no es un camino de rosas; es escarpado, exige sacrificios. Jamás en la historia se ha inventado otro camino, ni siquiera un atajo. Tomar este largo y difícil camino ha contribuido a que nos forjáramos como comunistas, a crear un núcleo dirigente y numerosos grupos comunistas en las principales zonas económico-políticas del país; teniamos un aparato político bastante entrenado en todos los aspectos de la actividad y podíamos asegurar que el sector más consciente y avanzado del proletariado estaba de nuestra parte.

Habíamos comenzado por crear un núcleo dirigente compenetrado por la misma idea, la de poner de nuevo en pie al Partido Comunista. Para eso habíamos tenido que trabajar entre las masas, contribuir a su educación y organización política, impulsar, en la medida de nuestras fuerzas, la lucha contra el fascismo y el imperialismo, desenmascarando al mismo tiempo al revisionismo y al oportunismo.

El Informe profundizaba en la degeneración revisionista del PCE y sus tremendas consecuencias para el movimiento revolucionario. Habíamos insistido en ello numerosas veces y seguiríamos insistiendo en lo sucesivo: Mucho hemos hablado sobre este particular y no nos cansaremos de hacerlo hasta esclarecer a las masas toda la verdad, decía aquel Informe. Por eso, más de veinte años después, en 1997, editamos un libro completo sobre el mismo tema: la Aproximación a la historia del PCE, donde desarrollamos y ampliamos nuestros analisis. Valoramos los aciertos, criticamos los errores y asumimos tanto los unos como los otros porque éramos sus continuadores.

Especialmente tras la política revisionista de reconciliación nacional con el fascismo, iniciada en 1956, se abrió un período de gran confusión que los carrillistas habían aprovechado para llevar a cabo la eliminación de los cuadros y los militantes sanos de base del Partido, especialmente Joan Comorera.

Los ataques del revisionismo moderno a la obra de Stalin, a la dictadura del proletariado, las tesis del XX y XXII Congreso del PCUS acerca de la coexistencia pacífica, la transición pacífica al socialismo, sobre el partido y Estado de todo el pueblo, entre otras, propiciaron el asalto de Carrillo y los suyos a la dirección de PCE y su posterior destrucción. Carrillo y su banda encontraron en el revisionismo internacional, principalmente en la camarilla de Jruschov, sus fuentes de inspiración, por lo demás, bastante viejas. El revisionismo es un fenómeno internacional que tiene su origen en la influencia de la ideología burguesa en un sector de la aristocracia obrera y en la claudicación de ésta ante el imperialismo. Sin el respaldo de Jruschov y los suyos, a los carrillistas les habría resultado imposible apoderarse de la dirección del Partido. Mas, si bien es cierto que sin esta condición el Partido en España no habría sufrido golpes tan duros y, con toda probabilidad, el fascismo no estaría aún en el poder, no es menos cierto que, para que tales golpes pudieran ser asestados, los revisionistas hallaron también condiciones favorables dentro del mismo PCE.

¿Qué marxista puede decir que un partido comunista y sus dirigentes no se equivocan nunca, no cometen errores? Sabemos que el más importante de los errores cometidos por el PCE consistió en el debilitamiento de la vigilancia y de la lucha ideológica dentro del Frente Popular. Ese debilitamiento de la vigilancia y de la lucha ideológica en el Frente Popular sólo se explican por el debilitamiento de las mismas dentro del propio PCE. Un grave error que permitió a un puñado de arribistas tipo Carrillo, gentes sin escrúpulos, infiltrarse en el Partido, anidar en él y permanecer agazapados en su seno durante el tiempo en que la lucha era más favorable al pueblo. Y fueron ellos los que, apoyados por el imperialismo y la reacción interna, comenzaron a apuñalar por la espalda al Partido, a sus mejores hombres, desde el momento en que aparecieron las dificultades.

Nosotros no podiamos admitir que la destrucción del Partido hubiera sido un proceso espontáneo. El PCE aplicó una línea general justa, por lo que en modo alguno se puede considerar que aquellos errores llevaban en sí mismos los gérmenes de su propia destrucción. De no haber sido por los manejos de la banda de Carrillo, el Partido habría corregido a tiempo los errores y hubiera marchado adelante cumpliendo fielmente su cometido. Carrillo y su grupo realizaron lo que los fascistas no hubieran podido hacer jamás de manera directa. El carácter de agentes del imperialismo y del fascismo de Carrillo y su banda, fue manifiesto y por eso el régimen se desvivió siempre en alabarle.

La traición carrillista se hizo sentir muy tardíamente. El régimen de terror imperante en el país y la especulación que ha venido haciendo el grupo de Carrillo con las tradiciones revolucionarias y el merecido prestigio con que contaba el PCE entre las masas, ayudaron a los renegados a mantener en pie durante un tiempo un muro infranqueable de falsedades. Entonces fue difícil luchar contra las deformaciones revisionistas y había que resguardarse para no caer en manos de la policía política víctimas de la chivatería carrillista. En todas partes los adeptos de Carrillo eran mayoría. Pero la verdad se abre siempre camino con fuerza irresistible, y aquella mayoría resultó ser ficticia.

El comunismo caló hondo en las masas obreras y populares de España. Los carrillistas, pese a las apariencias, nunca tuvieron el apoyo de la clase obrera. Estas circunstancias y la gran agudización de las contradicciones y de la lucha de clases, tanto en nuestro país como en todo el mundo, hicieron difícil la labor del revisionismo en España, lo que, a su vez, permitió que surgiera una fuerte corriente de oposición que, alentada por la lucha del movimiento comunista internacional, contra el revisionismo moderno, habría de adquirir un gran desarrollo.

El Informe destacaba, finalmente, que la celebración del Congreso ratificaba los logros obtenidos por la OMLE en el asentamiento de las bases orgánicas, ideológicas y políticas para la reconstrucción del Partido. Una vez cumplido este objetivo, surgió la necesidad de dar un nombre al nuevo Partido y Manuel Pérez propuso que debía denominarse Partido Comunista de España (reconstituido), ya que, en realidad, no existe ninguna diferencia esencial entre la ideología y la política seguidas por el PCE que encabezaba José Díaz y la política que habrá de seguir el PCE(r), al igual que no existe diferencia alguna en lo que respecta al objetivo último, el comunismo.

En España existió antes un Partido Comunista, degenerado por la reacción y el revisionismo, al tiempo que, en ese periodo, se habían producido importantes cambios en la estructura económica y social del país y en la situación internacional. Estos dos hechos, la destrucción del Partido y los importantes cambios que han tenido lugar, marcaban con su sello al nuevo movimiento comunista que resurgía en España.

Durante aquel periodo de degeneración del PCE y de cambios en la estructura económica del país, la clase obrera y los otros sectores populares, en su resistencia al fascismo y a la explotación monopolista, carecieron de orientación política justa y de la organización capaz de dirigirlas. Esta situación, debido a la gran agudización de las contradicciones de clase de nuestro país y a la crisis general del imperialismo, no podía durar mucho tiempo sin que diera paso a la aparición de una nueva vanguardia proletaria.

Nosotros siempre habíamos hablado de reconstruir el Partido que encabezó José Díaz, aunque nuestro Partido estaba compuesto, en su mayor parte, por una nueva generación de revolucionarios, sin apenas vínculos con el pasado, y su programa debía adaptarse a las nuevas condiciones económicas y sociales. Pero todo eso no significaba que partiéramos de cero, ni que actuáramos al margen de nuestra experiencia histórica.

Rompimos con el revisionismo y con los otros estafadores oportunistas, pero no romperíamos jamás con el legado de lucha de los pueblos y del proletariado revolucionario de España. Esta historia es parte integrante de la historia del movimiento progresista y obrero internacional; está fundida, como la parte al todo, con la lucha de los obreros de los demás países y, en particular, con la de los que lucharon bajo la bandera de la III Internacional Comunista. Nosotros no renegamos de ese pasado glorioso y asumimos tanto sus aciertos como sus errores. Por ese motivo reivindicamos las tradiciones revolucionarias de la clase obrera de España y de su Partido, del mismo modo que el Partido Comunista encabezado por José Díaz reivindicó las tradiciones de los demócratas populares más consecuentes como Pi y Margall, Salvochea y otros muchos que lucharon por una España republicana, donde existiera el bienestar para el pueblo.

No encontramos nada que pueda justificar una ruptura con el Partido Comunista de España. La época que nos ha tocado vivir es la misma. El imperialismo, el fascismo, el revisionismo, siguen ahí; son nuestros peores enemigos y también los peores enemigos del pueblo. Nuestro Partido se basaba en los mismos principios tácticos y organizativos, en el mismo espíritu leninista. Nosotros y nadie más que nosotros, somos sus herederos y continuadores.

Junto a la discusión del Informe, el Congreso debatió ampliamente otras cuestiones relativas a la estrategia y la táctica, sobre la situación política, la línea de masas del Partido, los métodos de organización, etc., que venían a suponer un desarrollo de las tesis aprobadas ya en la I Conferencia de la OMLE.

La estrategia del PCE(r) derivaba de un análisis acertado de las principales contradicciones sociales existentes en España que, a su vez, derivaban de la base económica capitalista, la correlación de fuerzas sociales favorable al proletariado y la naturaleza fascista del régimen imperante en España. Algunas de estas contradicciones son la contradicción entre la burguesía y el proletariado; la contradicción entre las naciones oprimidas y el Estado de la gran burguesía y la contradicción entre la pequeña y mediana burguesía y los monopolios. Todas estas contra dicciones vienen condicionadas por la contradicción fundamental que forma la base económica capitalista, altamente socializada, y las relaciones de producción correspondientes, fundada en la gran propiedad capitalista y la explotación del trabajo por el capital. Esta contradicción fundamental y la lucha de clases que genera, determina el carácter socialista de nuestra revolución. No obstante, dada la naturaleza fascista e imperialista del Estado de la oligarquía financiera, la opresión a que somete a todos los pueblos de las distintas nacionalidades, así como la expoliación que lleva a cabo de amplios sectores no proletarios de la población, la principal contradicción, social que existe en España es la que enfrenta al monopolismo y al fascismo con la clase obrera, los pequeños campesinos, las naciones oprimidas, la intelectualidad progresista, etc, Por eso, aunque el objetivo estratégico de nuestra revolución sólo puede ser la toma del poder político por la clase obrera, ésta tendrá que derrocar antes, junto a los demás sectores oprimidos y explotados, a la oligarquía detentadora del poder.

Del período que va desde el derrocamiento de la oligarquía a la toma del poder político por el proletariado, media una corta etapa de transición que habrá de ser presidida por un Gobierno Provisional Democrático Revolucionario que actúe como órgano de las amplias masas del pueblo alzado en armas, a fin de aplastar la resistencia de la oligarquía y demás sectores reaccionarios y garantizar la celebración de unas elecciones verdaderamente Ubres a una Asamblea Nacional Popular, de donde habrá de salir la Constitución y el nuevo Gobierno Democrático.

Quedaba claro, pues, desde un principio que el PCE(r) no se proponía realizar ninguna revolución de tipo burgués, ya superada por el desarrollo histórico; que tampoco intentaba llevar a la clase obrera al poder desde la situación política presente, ante la falta de una fuerte organización del proletariado y su unidad con otros sectores populares, así como de experiencias políticas.

Estas condiciones necesarias para la toma del poder por el proletariado se irán creando en el curso mismo de la lucha revolucionaria y en el proceso de derrocamiento del capitalismo.

El PCE(r) basaba su táctica en la organización y actividad política independiente que lleva a cabo entre la clase obrera, pues sólo apoyándose en la clase obrera, la clase más numerosa, más revolucionaria y mejor organizada de la sociedad española, coadyuvando a su organización y unidad y haciéndole jugar el papel político que le corresponde, es como se podrá acorralar a la oligarquía y atraer a las filas de los partidarios de la revolución a todos los demás sectores del pueblo objetivamente interesados en ella, pero que, debido a su naturaleza de clase pequeño burguesa, vacilan continuamente, oscilando entre las posiciones revolucionarias del proletariado y el reformismo propiciado por la burguesía.

Sobre la base de la organización y la actividad independiente de la clase obrera, el PCE(r) presta su apoyo a todos los sectores de la población que son víctimas de la explotación, la esquilmación, los abusos y la opresión de los monopolios y su Estado policiaco, tratando de atraerlos a la lucha más resuelta.

Por su importancia económica y social, así como por la explotación que sufre, el campesinado constituye la segunda fuerza en importancia de la sociedad, susceptible de tomar parte activa en la lucha contra el monopolismo y el fascismo, siendo por tanto el aliado natural del proletariado.

Otro importante sector al que el PCE(r) alienta y presta ayuda, lo forman los movimientos revolucionarios de las naciones oprimidas por el Estado español. En las condiciones del desarrollo monopolista, sólo el proletariado es capaz de dar una justa solución al problema nacional. El proletariado debe asumir y encabezar esta lucha; pero el nacionalismo de la clase obrera tiene un carácter socialmente distinto del de la burguesía. Para el proletariado, la defensa de los derechos nacionales está estrechamente ligada a la lucha por la revolución socialista que acaba con la explotación que sufre a manos de la burguesía. De ahí la necesidad de unir sus fuerzas con el proletariado de las distintas nacionalidades a fin de combatir eficazmente al enemigo común: el Estado de la gran burguesía monopolista financiera. Para ello, el proletariado se ve obligado a desenmascarar la demagogia pretendidamente nacionalista de la burguesía, contraponiendo a esto el internacionalismo proletario.

El principio de la unión de los obreros de las distintas nacionalidades es la base para resolver la cuestión nacional en España. Sobre esta base, el proletariado revolucionario defiende el derecho de las naciones oprimidas a su autodeterminación.

Además de la clase obrera, el campesinado y las naciones oprimidas, hay otros sectores populares a los que el Partido, puede y debe ganar para la lucha, tales como los estudiantes, los intelectuales demócratas, las mujeres trabajadores, la juventud, etc. Entre todos ellos nuestro Partido iba promover organizaciones políticas democráticas de carácter antifascista o que respondían a las reivindicaciones populares. La actuación del Partido en el seno de estas organizaciones consiste en transmitir su línea política, pero al mismo tiempo observa y hace respetar su independencia, promueve su desarrollo y crítica las vacilaciones propias de los sectores organizados en ellas.

Una importancia relativamente grande en la táctica del Partido ocupa la labor de denuncia y desenmascaramiento de los grupos y partidos socialfascistas, disfrazados de partidos obreros, por cuanto que, sin poner en claro su verdadera naturaleza de clase burguesa y los intereses que defienden, se hace prácticamente imposible aislar y llevar hasta el fin el combate contra la oligarquía y su Estado.

Sobre la situación política y las tareas del Partido, el Congreso afirmó que las viejas formas de dominación fascista de la oligarquía en España estaban siendo barridas por la lucha de masas. Particularmente la clase obrera, que había marchado al frente del movimiento popular, estaba conquistando una posición tras otra al enemigo de clase, imponiendo el derecho de huelga y de manifestación, los derechos de palabra y de reunión, etc. Ante el gran capital y su gobierno se ha presentado una situación realmente difícil que le impide seguir controlando a las masas para asegurar su explotación. Tienen, pues, que cambiar algo para intentar que todo siga igual.

Anticipamos ya entonces que la reforma que emprendía por aquella época la oligarquía iba a representar un aumento de la represión contra las masas populares, renovando y modernizando para este fin todo su aparato represivo, y haciendo colaborar en esta labor a los partidos reformistas; a su vez, iban a blanquear su podrido edificio, apartando de las tareas de gobierno a los fascistas de viejo cuño y dando una apariencia democrática a su actividad represora y explotadora.

Del fascismo y el monopolismo no hay marcha atrás a la democracia parlamentaria burguesa; sólo se puede ir al socialismo. Ésta es una tesis fundamental del marxismo-leninismo que defendía el PCE(r). Ateniéndose a esta tesis y al análisis de la situación general de la sociedad española, nuestro Partido vaticinaba que España no se encaminaba hacia un sistema político democrático burgués, sino que, por el contrario, se halla metido de lleno en un proceso revolucionario que sólo puede desembocar en la destrucción del sistema capitalista y la realización del socialismo.

Los grandes problemas que padecían -y siguen padeciendo- las masas obreras y otros trabajadores, no se pueden resolver con votaciones. En España hace tiempo que pasó la época parlamentaria; el parlamentarismo fue enterrado bajo un millón de muertos. Por eso, había que aislar a la oligarquía y a sus instituciones -viejas o nuevas- a fin de concentrar contra ellas toda la fuerza revolucionaria de destrucción.

El PCE(r) siguió propugnando el boicot al régimen, a sus instituciones y leyes profundamente reaccionarias, a los partidos que le sirven y apoyan, etc.; al mismo tiempo, presta ayuda a las masas revolucionarias, fomenta y trata de extender a todas partes las experiencias y métodos revolucionarios de lucha, y va creando así las condiciones para la unidad y el desarrollo impetuoso del movimiento político de resistencia.

Trascendental importancia tenía entonces mantener la vinculación más estrecha con las masas. El Partido elaboraba su línea política, sus métodos de trabajo y de organización integrando los principios del marxismo-leninismo con las condiciones concretas de España y en estrecha relación con el movimiento revolucionario de las masas. Consideraba que ésta era la única línea de masas correcta, lo que hacía que el Partido se equivocara lo menos posible, corrigiera a tiempo sus errores y permaneciera siempre ligado a ellas.

El Congreso reconstitutivo del Partido, teniendo en cuenta estas tesis, así como la situación política y el desarrollo orgánico alcanzado, acordó cambiar la orientación general del trabajo. Con la celebración del Congreso quedaban sentadas en lo fundamental las bases políticas, ideológicas y orgánicas, del Partido. Había que seguir prestando una atención especial a su consolidación y mayor desarrollo, pero a partir de aquel momento, la consolidación del Partido y el perfeccionamiento de su línea política dependen en gran medida de la realización de su trabajo entre las amplias masas y de su estrecha vinculación con ellas -en particular con el proletariado fabril-, de su labor de educación política y de organización llevada a cabo entre todos los trabajadores. Por consiguiente: el trabajo de masas, ir hacia ellas, pasa a ser la tarea central de todo el, trabajo del Partido en la etapa que se abre tras el Congreso.

Es en las grandes fábricas, que concentran la parte más numerosa, más combativa y mejor organizada del proletariado, en donde el Partido centra sus fuerzas, siguiendo la orientación de convertirlas en verdaderas fortalezas de la revolución. El Partido fomenta entre los obreros la creación de todo tipo de organizaciones, desde las sindicales y de solidaridad, pasando por las culturales, hasta los grupos armados para la represión de esquiroles y chivatos, etc. Las organizaciones del Partido y sus militantes debían apoyarse y recabar la ayuda de los simpatizantes y los obreros avanzados, encomendándoles distintas tareas, por pequeñas e insignificantes que parezcan.

Entre las tareas del Partido ha ocupado siempre un lugar destacado la dirección de la lucha sindical por la obtención de mejoras económicas y sociales inmediatas. Allí donde estamos presentes, nos preocupamos de este aspecto tan importante de la lucha de clases. Para ello, el Partido tiene que combatir y desenmascarar el papel de agentes de la patronal y del gobierno de los sindicatos reformistas, y promuever los Círculos Obreros como organización sin miembros, los cuales, ligados al Partido, deben desempeñar la función de sindicato de clase, burlar la acción policial y evitar caer el reformismo. Bajo las condiciones de fascismo no puede existir otro tipo de organización sindical que sirva de verdad a los obreros.

Al mismo tiempo, el Partido debía promover los métodos de lucha independientes, de resistencia a los planes de explotación, el boicot a las maniobras del gobierno, a los pactos y traiciones de los sindicatos. Las asambleas y la elección por ellas de comisiones de delegados que negocien con la patronal en nombre de todos, las huelgas por motivos de solidaridad, las manifestaciones masivas en las calles, la formación de piquetes de extensión y protección, etc., son armas poderosas que han demostrado su eficacia en manos del proletariado y que el PCE(r) debía impulsar en todas partes.

Para realizar toda esta extensa labor, el Partido debía acudir allí donde se encuentraran las masas, centrándose principalmente en los obreros sin partido, por ser los que se encuentran libres de reformismo y, por tanto, más dispuestos a seguir la línea revolucionaria.

En cuanto a la organización del Partido, el Congreso insistió en que si bien el movimiento de masas no podía ser clandestino, para que dicho movimiento avance y alcance sus objetivos, necesita del Partido, y éste, en las actuales condiciones de represión y falta de libertades, si quiere cumplir su misión tiene que permanecer y desarrollar su trabajo desde la clandestinidad y aplicar de manera rigurosa los métodos del trabajo conspirativo.

Cada militante debía esforzarse por aprender y dominar esos métodos en la dura escuela del trabajo clandestino asimilando cada vez mejor el marxismo-leninismo, hasta convertirse en un verdadero profesional de la revolución, capa de burlar las pesquisas de los sabuesos de la policía política de llevar a cabo, de manera eficaz, la labor política comunista entre las masas.

Cuanto más riguroso se muestra el Partido en la aplicación de los métodos clandestinos, más garantías encontrarán los militantes dedicados al trabajo de masas en su labor; más amplia, abierta y variada podrá ser ésta y tanto más difícil resultará a la policía penetrar y destruir la organización.

El centralismo democrático debía imponerse como principio de organización y funcionamiento del Partido. Esto significaba que se trataba de una organización centralizada, que no admite varios centros dirigentes sino uno solo, el Comité Central al cual se subordinan todos los militantes y las organización que lo componen. La organización centralizada comunista exige, al mismo tiempo, un funcionamiento democrático; esto es, la discusión, la adopción de decisiones y el trabajo práctico se llevan a cabo mediante procedimientos democrático de control de los dirigentes sobre la labor de la base y de control de la base sobre la labor de los dirigentes. Dicho control se realiza de muchas maneras en el curso del trabajo cotidiano pero es en los Congresos, especialmente, donde se analiza se juzga la actuación de todo el Partido y, muy particularmente, de la Dirección, procediéndose a la elección de la misma.

En las filas obreras, la aplicación del centralismo democrático obliga al contacto permanente entre los dirigentes y los dirigidos, garantiza la más amplia libertad de discusión y crítica y crea de esa manera la unidad de acción, tan necesaria para la lucha revolucionaria. En otras palabras: el centralismo democrático facilita y promueve la participación de los trabajadores en la obra común y no permite que nadie, ni ningún grupo particular, se aproveche del trabajo y del sacrificio de los demás.

El centralismo democrático, a la vez que una rigurosa centralización de la dirección y la aplicación de procedimiento democráticos de discusión y control, exige una estricta división y especialización del trabajo. Lenin identificaba los métodos artesanos de trabajo en la actividad revolucionaria, principios de economicistas y reformistas, con la ausencia de un organización de verdaderos profesionales al servicio de la revolución.

El Partido necesita crear todo tipo de organizaciones y mar cuadros especializados en distintas tareas. La división de trabajo en el Comité Central responde a la concepción leninista de la organización y del trabajo revolucionario que necesita desplegar el proletariado consciente. Allí donde aparezca un nuevo frente de trabajo, una nueva actividad, ha de crear una organización del Partido que responda a esa necesidad que realice debidamente su labor bajo la dirección inmediata del Comité Central o del organismo designado por él.

El militante comunista, cuando pasa a formar parte del Partido, conoce y acepta las normas que rigen su funcionamiento interno y debe cumplirlas.

La militancia comunista consiste en encuadrarse en una de las organizaciones del Partido, trabajar activamente en ella, pagar la cuota, observar la disciplina partidista y practicar la crítica y la autocrítica.

El PCE(r) no pretendía engañar a nadie ni era una máquina electoral sino el instrumento del que debía servirse el proletariado para hacer la revolución socialista. En aras de ese objetivo aceptan sus militantes una disciplina férrea y consciente, que es igual para todos.

Es en el trabajo entre las masas, en el comportamiento trato con los compañeros de trabajo, los amigos, los conocidos, etc. donde se comprueba realmente la calidad del verdadero militante comunista. De ahí que los miembros del Partido no sólo deben observar la disciplina y cumplir todas las demás condiciones de la militancia, sino que también, y muy particularmente, han de tener siempre presente la manera de llevar sus relaciones con las masas y analizar, de forma crítica, su comportamiento ante ellas.

Tras los debates y la aprobación del Informe Político, las Tesis Programáticas y los Estatutos, el Congreso eligió como Secretario General del Partido a Manuel Pérez Martínez y a parte del Comité Central, del que formaron parte Enrique Cerdán, Abelardo Collazo y Juan Carlos Delgado de Codes. En la última sesión plenaria, fue leído un comunicado dirigido a los obreros y a todos los trabajadores, y se hizo un llamamiento a todos los militantes y simpatizantes del Partido para que difundieran ampliamente los documentos y resoluciones del Congreso y se aprestaran a ponerlos en práctica, siguiendo la orientación general de ir a las masas .

Finalmente, puestos en pie todos los delegados y presidido el acto por el nuevo Comité Central, cantaron puño en alto la Internacional.

4.2 El verano del terror

Nada más celebrar el Congreso reconstitutivo, nuestro joven Partido se enfrentó a una de las situaciones políticas más difíciles y complejas desde la terminación de la guerra en 1939.

En junio la clase obrera había asestado el primer golpe serio a la política aperturista de Arias Navarro con el boicot a las elecciones del sindicato oficial. Además, el movimiento de masas estaba en plena ebullición. El régimen se sentía completamente acorralado y abocado a un colapso total, de ahí que intentara tornar la iniciativa antes de verse desbordado; y a tal fin lanza la cruzada terrorista del verano para hacer claudicar a las masas.

Nuestro Partido ya había previsto esta escalada represiva, alertando a la clase obrera y a otros sectores populares y llamando a prepararse para hacerla frente. El Informe presentado al I Congreso por el camarada Manuel Pérez ya señalaba a este respecto: Una vez fracasados todos los planes de integración, primero mediante el 'pacto' y con la 'apertura' más tarde, basada en el bloque del 20 de diciembre, a la oligarquía no le queda más remedio que intentar poner en pie sus antiguas banderías [...] Pero todo resultará inútil. Nada podrá amedrentar a las masas, ni contenerlas en su justa lucha.

Durante el verano de 1975 se produjo una verdadera prueba de fuerza entre el fascismo de viejo cuño y las masas populares encabezadas por el Partido, prueba de la que saldría vencedor el movimiento popular de resistencia. El Informe Político presentado al I Congreso tres meses antes ya había advertido: Los fascistas se equivocan si creen que una mayor represión, si un nuevo reagrupamiento de las fuerzas más negras y reaccionarias, no va a traer consigo también un nuevo reagrupamiento de las fuerzas democráticas y una mayor aceleración de la revolución.

Durante los meses de julio y agosto se producen detenciones masivas en las principales ciudades del país, la policía sale a la calle haciendo grandes alardes de fuerza, se producen tiroteos en Madrid y Barcelona donde son detenidos varios militantes de ETA y, en Ferrol, Moncho Reboiras cae asesinado por la policía. Complementando esta ofensiva terrorista del Gobierno, la prensa y la radio, puestas enteramente a su servicio, desatan una frenética campaña propagandística, del más puro estilo nazi, jaleando esta oleada de detenciones y de terror, al objeto de sembrar el pánico entre las masas trabajadoras, dividirlas y paralizarlas. Pero también el régimen sufre las consecuencias de estos actos criminales siendo ajusticiados varios policías y guardias civiles por los grupos armados revolucionarios y patriotas. Sin embargo, el gobierno no abandona por eso su política de terror, sino que la culmina con la orgía de sangre del 27 de septiembre de 1975.

El 22 de agosto de aquel año en el Consejo de Ministros celebrado en La Coruña presidido por Franco, el gobierno promulga un decreto antiterrorista que supone un estado de excepción en toda España y la sentencia de muerte de numerosos antifascistas. Así el régimen espera asegurar su continuidad por medio del terror sistemático, ejercido contra las masas, y lanza a todas sus fuerzas represivas a la calle.

En esta situación, nuestro Partido, a diferencia de otros los oportunistas de izquierda no sólo alertó a tiempo a las masas populares y las llamó a ofrecer resistencia, sino que él mismo se dispuso a encabezar la lucha, aún a costa de los mayores sacrificios. Pese a su juventud, su inexperiencia y su extraordinaria debilidad, movilizó todas sus fuerzas desatando una extensa campaña de agitación, haciendo denuncias y llamamientos a la huelga, para impedir los fusilamientos y para poner freno a la campaña de terror del régimen. Los revisionistas y demás grupos politicastros de izquierda que tanta actividad habían realizado en épocas anteriores convocando huelgas cada dos por tres para la reconciliación con los explotadores y criminales, esta vez desaparecieron asustados de la escena.

Con la concentración fascista del 1 de octubre en la Plaza de Oriente, en Madrid, el régimen quería salir al paso de la oleada de protestas populares que a raíz de los fusilamientos, sacudió a toda Europa en solidaridad con los pueblos de España, y proseguir luego tranquilamente con su política. Pero calcularon mal y ese mismo día los GRAPO salieron a la calle a dar respuesta al crimen cometido por los fascistas el 27 de septiembre, abatiendo a cuatro mercenarios de la policía armada.

Cuando le dieron la noticia de la heroica acción, Franco no pudo terminar su discurso –que sería el último- y rompió a llorar. Así el régimen sufrió el más duro golpe de su sanguinaria historia, declarándose desde ese momento en completa bancarrota, pues uno de sus principales objetivos, mantenerse mediante la política de terror, quedó claro que no se iba a conseguir y que, en lugar de aplastar al movimiento de resistencia con dicha política, éste se incrementaba y tomaba más fuerza. Las leyes antiterroristas aprobadas en el Consejo de Ministros de La Coruña fueron derogadas inmediatamente e igualmente fueron anulados los consejos de guerra sumarísimos que tenía programados llevar a cabo en fechas próximas.

Aquel verano de 1975 fue también histórico para la lucha guerrillera en España porque los GRAPO realizaron su primera acción armada, directamente dirigida contra las fuerzas represivas. A ello fueron impulsados por los crímenes y la oleada de terror desatada por el Gobierno durante ese mismo verano.

Era necesario actuar; esta campaña desatada por el fascismo no era una prueba de su fortaleza, sino un claro síntoma de su extrema debilidad. Bastaba con enfrentarla resueltamente para que se viniera abajo. Había, pues, que enfrentarla y fue enfrentada de la forma más valerosa. Nada más comenzar esta campaña terrorista del Gobierno, el 21 de agosto habían caído acribillados a balazos dos guardias civiles en las cercanías del Canódromo madrileño, en el barrio de Carabanchel. Ninguna organización reivindicó entonces este hecho, por lo que la policía y los medios de propaganda del régimen lo atribuyeron al FRAP, que se hallaba ya prácticamente aniquilado.

La ofensiva terrorista del régimen alcanza su techo con los fusilamientos del 27 de septiembre, y es entonces, después de la tempestad desatada en toda Europa y en el momento mismo en que las huestes fascistas celebran la matanza del 27 de septiembre ante su Caudillo, cuando cuatro comandos actúan simultáneamente en distintos puntos de Madrid y abaten a tiros a otros tantos policías.

La sorpresa en las esferas oficiales ante esta cadena de golpes guerrilleros es total, y no pueden disimular el pánico que les infunde. Evidentemente, el gobierno había fracasado en su intento de frenar mediante el terror y los fusilamientos la oleada de lucha popular que empieza a desbordarlo. Con las acciones guerrilleras del 1 de octubre de 1975, el movimiento popular recibe un gran estímulo. Por eso es la fecha que marca, mejor que ninguna otra, el cambio de orientación en la política fascista: Tras la histórica jornada del 1º de octubre del 75 se vinieron abajo los últimos intentos de la oligarquía española destinados a mantener intacto para después de la muerte de Franco el régimen creado por él. Este régimen no sólo no era ya capaz de contener con los viejos métodos fascistas las grandes oleadas de la lucha obrera y popular, sino que, además, se mostraba muy vulnerable a los ataques de la guerrilla, tal como vinieron a poner de manifiesto las acciones del 1º de octubre en Madrid. Acosado por todas partes, corroído por sus propias contradicciones internas, con la perspectiva de una mayor agravación de la crisis económica y con un fuerte movimiento huelguístico de tipo revolucionario respaldado por la lucha armada guerrillera, la política 'aperturista' preconizada por Arias Navarro se vino abajo como un castillo de naipes (Manuel Pérez Martínez: ¿A dónde ir? ¿Qué camino debemos tomar?, Informe Político al Comité Central, setiembre de 1984). En aquel momento la balanza se inclinó a favor de las fuerzas populares y el régimen se vio obligado a parar en seco su política represiva. Se anulan los procesos militares pendientes y se aceleran las negociaciones con la oposición domesticada para perfilar un nuevo marco político, con el objeto de romper su aislamiento y, sobre todo, hacer frente a la resistencia popular.

Las mismas circunstancias que obligaron a la oligarquía a revisar todos sus planes, reafirmarán a la dirección de nuestro Partido en la justeza de los puntos de vista que sobre la encrucijada política del país venía adelantando y en el acierto de la línea de acción emprendida, ya antes del Congreso reconstitutivo, y de la cual las acciones del 1 de octubre habían sido una consecuencia lógica.

Los GRAPO no reivindicaron entonces aquellas primeras actuaciones -no obstante su importancia y trascendencia política, el éxito que suponían desde el punto de vista propagandístico, porque sus actividades durante este período tenían un carácter preparatorio. No difunden su primer comunicado hasta el 18 de julio de 1976, casi un año más tarde, tras la explosión en todo el país de unas cuarenta bombas contra monumentos e instituciones fascistas. Desde entonces la lucha guerrillera de los GRAPO, dirigida contra los crímenes del régimen, sus instituciones y maniobras políticas, no ha cesado.

La muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, y la entronización inmediata de la monarquía borbónica arrastró consigo al gobierno Arias y su política aperturista, meses antes incluso de su dimisión formal en julio de 1976. Se derrumban los proyectos continuistas del franquismo, por lo que la oligarquía se ve obligada a retroceder, y ello en medio de la más aguda crisis de su régimen, de agravación de todas sus contradicciones internas y de una gran ofensiva de la guerrilla y de la lucha de masas.

Antes de desmoronarse definitivamente, el policía Arias formó un nuevo gobierno en el que incluía a personajes tan destacados en la represión y la demagogia del período anterior como Fraga, Areilza y Adolfo Suárez. Este nuevo gobierno hará algunas promesas de cambio y abundante demagogia. Su único objetivo era ganar tiempo para comprobar si el movimiento de masas decrecía, y tratar de continuar aplicando la misma política de antes.

4.3 La IBM y el sistema offset en el aparato de propaganda

Tras el Congreso se hicieron grandes progresos en el terreno de la propaganda. Por eso merece la pena que nos detengamos en esta parte tan importante de la actividad general del Partido durante aquel período.

La campaña de preparación del Congreso reconstitutivo del Partido supuso poner en tensión todas las fuerzas de la Organización, entre ellas las del aparato de propaganda; se editaron los folletos Sobre la bolchevización; se hicieron números extraordinarios de Antorcha y Bandera Roja, recogiendo los documentos a debatir en el Congreso, así como las opiniones de camaradas, simpatizantes y amigos; y se desplegó una amplia campaña de agitación con carteles y pegatinas; por primera vez la OMLE grabó y difundió, con motivo de esta campaña, una cinta de casette con canciones y textos revolucionarios. Con anterioridad ya se habían impreso algunos carteles, pero será ahora cuando los mismos alcancen también un estimable nivel artístico y agitativo.

Tras el Congreso, la revista Antorcha dejó de publicarse; había cumplido con creces el objetivo para el que fue publicada: colaborar ideológicamente para echar las bases del Partido. Así que Bandera Roja pasa a ser el órgano de expresión del Comité Central y a ocuparse de la labor ideológica, fundamentalmente; cambia de formato y cabecera y vuelve a editarse mensualmente. También desaparecen los órganos locales y nacionales que sólo reaparecerán esporádicamente ante algún acontecimiento de especial importancia; sin embargo, las imprentas locales clandestinas prosiguen su actividad -a pesar de las frecuentes caídas- para la labor de organización y como auxiliares del aparato central en la confección del nuevo periódico que edita nuestro Partido: Gaceta Roja, que se editaba quincenalmente. Estaba diseñada como un periódico de masas, de actualidad política, de agitación y de combate. Desde sus primeros números, fue un gran éxito: certero en sus análisis y alternativas, fácil la comprensión de sus textos, y además amena e impecable en la forma. Pronto se convirtió en el periódico clandestino más popular y esperado entre el proletariado, especialmente tras las grandes campañas de difusión y venta directa de principios de 1976.

Bandera Roja, Gaceta Roja, folletos, carteles, pegatinas, octavillas, etc. El horizonte de trabajo que se abría en el aparato central imponía dar un salto cualitativo en el aspecto técnico. Hasta el Congreso, había sido la labor artesanal lo que había primado; en la nueva etapa, ya como Partido de la clase obrera y con nuevas perspectivas de trabajo, se hacía necesario avanzar en la profesionalización de militantes y sistemas.

En la etapa final de la OMLE ya se hicieron los primeros trabajos en offset, con planchas venidas del exterior: los folletos Sobre la Bolchevización. Poco después, y con una fotocopiadora, se pudieron hacer las primeras planchas en el aparato; de inmediato se comenzaron a grabar planchas de papel con máquinas de vacío y revelado automático, y todo el trabajo se comenzó a imprimir con el nuevo sistema. Sin embargo, esto no bastaba; el salto estaba por dar, pues este método estaba lleno de limitaciones.

Los camaradas del aparato central de propaganda demostraron que en las condiciones de la más rigurosa clandestinidad era posible la instalación de los más modernos avances de la técnica de impresión en offset. Hubo que aprender sobre la marcha, sin dejar de hacer el trabajo, sacando información indirecta de las mismas casas distribuidoras del material. Se dio la circunstancia de que el aparato central dispuso a veces de máquinas que aún no estaban en el mercado.

Así, durante 1976 comenzó a utilizarse la fotocomposición y el fotograbado de planchas de offset para la edición de todos los materiales que confeccionaba el aparato central; Bandera Roja y Gaceta Roja comenzaron a aparecer profusamente ilustrados con fotografías y dibujos tramados. Paralelamente, se había logrado dominar a la perfección el manejo y mantenimiento de la IBM Composser Electronic, para la composición y maquetación de los textos. El aparato central quedó así dividido en tres secciones: de una parte maqueta, de otra fotocomposición y fotograbación, y por último el taller de impresión. Y todo en la clandestinidad: un piso en cualquier barrio de clase media, un matrimonio con hijos normalmente y en una de sus habitaciones un laboratorio o un taller perfectamente equipados.

Durante todo este tiempo, y como era previsible, el trabajo de propaganda y agitación se multiplicaba. No en vano, a partir de 1975 la situación política de España va a ser de esos que un año vale por diez. Las campañas se hacen sistemáticas y se suceden unas a otras sin interrupción.

Primero fue la difusión de los materiales del Congreso reconstitutivo: un número especial de Bandera Roja, folletos con los documentos aprobados (Línea Política, Estatutos, Actas) y carteles. Se hicieron un millón de pegatinas de distintos tamaños con el escudo del PCE(r): era la presentación ante la clase obrera del nuevo Partido. Transcurría el verano del terror, en plena campaña contra los juicios sumarísimos y los fusilamientos. Las octavillas y los comunicados de nuestro Partido fueron los únicos que no faltaron ni un solo día en las calles de las principales ciudades de España, llamando a la huelga general y a la resistencia contra el terror del fascismo agónico.

La muerte del verdugo Franco no cogió por sorpresa al Partido: miles de octavillas con el poema de Pablo Neruda El general Franco en los infiernos volaron por todas partes la mañana en que se anunció su muerte, a la vez que se distribuía un comunicado del Comité Central. Por estas fechas se publicó el estudio de la Internacional Comunista, firmado por Neuberg, sobre La insurrección armada, que distaba mucho, por su perfecta encuadernación, de los viejos folletos de la OMLE.

A principios de 1976 se inicia una amplia campaña de venta de Gaceta Roja. Los militantes y simpatizantes se echaron a las calles, a las puertas de las fábricas, barrios obreros, metros y autobuses con su paquete de periódicos bajo el brazo. Grandes carteles con un Lee y difunde Gaceta Roja -por primera vez se usa también la serigrafía- presidían los puntos de venta. Ni los tiroteos ni detenciones, ni las campañas en contra y las delaciones de los revisionistas y otros grupos afines, pudieron evitar que Gaceta Roja se convirtiera en la publicación más popular entre los obreros. El aparato central llegaba a tirar hasta 3.000 ejemplares, más 2.000 ó 3.000 que hacía cada aparato local con los clichés que el centro les suministraba.

Bandera Roja sobrepasó por estas fechas los 1.500 ejemplares de tirada. No es un número considerable si comparamos esta cifra con las gigantescas tiradas de la prensa fascista; pero su distribución se hacía exclusivamente a través de las redes internas del Partido, y detrás de cada Bandera Roja que se editaba había un círculo de lectores que discutía sus artículos del primero hasta el último; así es como se conseguía, no sólo multiplicar sus lectores, sino, lo que es más importante, asegurar la incidencia de su línea política y su ideología entre la clase obrera: esos lectores eran los que realmente multiplicaban la tirada de Bandera Roja, al defender entre su gente la línea del Partido.

Con motivo de los sucesos de Vitoria, se difundieron octavillas y carteles con el llamamiento a buscar armas y aprender su manejo y se editó un número extraordinario de Gaceta Roja de 15.000 ejemplares. Poco después publicamos un nuevo número extraordinario de Gaceta Roja el 18 de julio, recogiendo el primer comunicado de los GRAPO. Y con motivo de la muerte de Mao Zedong, Bandera Roja lanzó también un número especial. Las importantes resoluciones del III Pleno del Comité Central del Partido se editaron en un suplemento, a la vez que un libro que contenía las obras Introducción a las luchas de clases en Francia, de Engels, y La guerra de guerrillas de Lenin, textos que confirmaban la justeza de las resoluciones de aquel Pleno en relación al recurso a la lucha armada en las condiciones de España.

4.4 El proletariado ya tiene su vanguardia

La primera tarea que abordó el Comité Central elegido en el Congreso a fin de dar cumplimiento a las orientaciones y acuerdos tomados en el mismo, fue la de su propio fortalecimiento, incorporando a otros militantes -la mayor parte de ellos cuadros obreros- a las tareas de dirección. Esta ampliación del Comité Central permitió crear dos nuevas comisiones, especializadas, cada una de ellas, en la dirección del trabajo en un campo específico de la actividad del Partido. El Comité Central ya había sido estructurado, tiempo atrás, en varias comisiones: una de ellas responsable del trabajo de propaganda, que incluía, además de la redacción, confección e impresión, también la distribución; todo un complejo aparato al que estaban dedicados numerosos cuadros del Partido. Una segunda comisión tenía encomendado el trabajo de organización: encuadramiento y traslado de militantes, dirección práctica cotidiana de todas las organizaciones locales y nacionales, etc. Esta era la comisión más fuerte, por el número de sus miembros, y venía siendo asistida por otros camaradas, miembros de pleno derecho del Comité Central, que se hallaban trabajando directamente en las fábricas y en los tajos y gozaban de gran influencia y prestigio entre los obreros. Así quedaba garantizada la ligazón del máximo organismo dirigente del Partido con la base y las amplias masas obreras. La Comisión Política, más restringida, era la responsable de supervisar y centralizar todo el trabajo de dirección, en contacto permanente con los miembros de las otras comisiones. Ahora esta estructura y funcionamiento se refuerza con la ampliación del número de miembros del Comité Central y la formación de otra comisión para dirigir el trabajo de masas.

Con estas importantes medidas organizativas, la Dirección del Partido pudo prestar una mayor atención y dedicación al trabajo sindical e impulsar sus actividades en las organizaciones de masas de carácter democrático.

La línea política y la actuación del Partido fueron muy bien acogidas en los medios obreros y democráticos, en particular por los sectores más conscientes, por ese mismo proletariado que acababa de asestar el golpe de gracia al sindicato fascista con su boicot a las elecciones sindicales de junio de 1975 y volvía la espalda a los revisionistas por todas partes. Por eso no dudaron en acercarse al Partido y contribuir a la realización de las tareas que éste se había señalado en I Congreso. Nuestro Partido era una realidad que nadie -y menos aún la reacción y su policía política- podía soslayar.

El boicot masivo de los obreros a las elecciones sindicales de junio de 1975 fue el primer gran éxito político de nuestro Partido.

Tras el Congreso, a comienzos de diciembre de 1975, se celebró la II reunión plenaria del Comité Central. Fue la primera reunión de la dirección de nuestro Partido tras la muerte de Franco pocos días antes, por lo que el ambiente de aquella reunión fue de euforia. A ello había que añadir el destacado papel que había jugado el Partido en los recientes acontecimientos políticos.

El Pleno, en el análisis realizado de la situación política, apreció que las nuevas circunstancias creadas en la vida del país hacían posible una actuación más amplia y más abierta entre las masas. La derrota infringida al régimen había abierto un amplío cauce al movimiento de masas y no había fuerza capaz de contenerlo. La clase obrera y amplios sectores populares salieron a la calle en todas partes exigiendo verdaderas mejoras económicas y políticas, ante el desconcierto no sólo del gobierno, sino de los partidos reformistas y socialfascistas, que no pudieron controlarlo de ninguna manera. El Pleno hizo especial hincapié en los diversos aspectos del trabajo de masas, repasó la situación económica del Partido y llegó, finalmente, a acuerdos tendentes a desarrollar la lucha obrera y popular en contra del fascismo y el monopolismo, hacer que las masas conquistaran mejoras económocas y sociales, para desarrollar y fortalecer al Partido y procurar los medios necesarios.

Fue un Pleno de reafirmación da la línea trazada en el I Congreso, de gran unidad, de concreción, de confianza en nuestras propias fuerzas, en el futuro del Partido y de la causa obrera y popular. El Secretario General presentó un detallado Informe sobre la situación del momento, titulado Una crisis ha terminado, otra crisis está abierta, publicado en enero de 1976 en el número 7 de Bandera Roja. El Informe decía que Franco había desaparecido, legando a su real sucesor, designado por él mismo en nombre de la oligarquía financiera, las cárceles, las leyes, la policía y el ejército, todo ello destinado a explotar al pueblo y privarlo de libertad. Por tanto el régimen continuaba en pie y además había logrado remontar la crisis política más difícil de su larga existencia, en medio de una de las más grandes oleadas de la lucha de clases registrada hasta entonces en nuestro país.

Nosotros nunca nos habíamos hemos hecho ilusiones respecto al cambio, ni las habíamos sembrado, añadía el Informe: Tan sólo hemos confiado en la fuerza de las masas, en lo que éstas, con su lucha resuelta, pudieran arrancar a la bestia fascista acorralada. Como se ha demostrado ya hasta la saciedad, las clases explotadoras y decadentes no atienden a otras razones más que ésas. Sólo el 'recibir golpes las vuelve razonables'. Y la verdad es que, por el momento, el movimiento obrero y popular no es lo suficientemente fuerte, no está todavía lo suficientemente organizado y esclarecido como para haber inclinado más la balanza a su favor, en un momento en que las otras condiciones se han presentado muy favorables.

Luego relataba la causas por las cuales el fascismo habría podido conjugar la crisis. La actividad traicionera de los revisionistas y otros grupos oportunistas, había desconcertado a mucha gente, sembrando no pocas ilusiones en amplios sectores de las masas: Nosotros tenemos la obligación de reconocer ese hecho y disipar todas las ilusiones. No obstante, las espadas seguían en alto: Este desenlace de la crisis no puede ser interpretada como que se han resuelto ya las agudas contradicciones que la habían provocado. Al contrario. Las contradicciones continúan existiendo y se agudizarán más cada día. Por este motivo se puede decir también que la crisis no ha terminado. Pero ya no es la misma crisis. Es otra la crisis que ahora comienza, mucho más profunda y extensa. Pues, sin lugar a dudas, alcanzará a sectores mucho más amplios de la población. Se trata de la crisis del fascismo y de las ilusiones reformistas. El resultado próximo de esta crisis ya se puede imaginar: el régimen no podrá contener de ninguna manera la oleada revolucionaria en ascenso. Después del fracaso de la política de conciliación, el fascismo ha intentado contener el movimiento obrero y popular desencadenando la escalada de terror de la que ha salido tan mal parado.

Era en ese contexto en el que había que valorar la enorme trascendencia hitórica del Congreso reconstitutivo del Partido: La clase obrera y otros sectores populares cuentan con una alternativa política clara y con una fuerza que ha demostrado ya capacidad de orientación y la firme voluntad de encabezar y dirigir la lucha. En otras circustancias el desconcierto y la desmoralización se hubieran apoderado de las masas y de sus elementos más avanzados. De esa manera, el fascismo y el monopolismo habrían salido de la crisis cantando victoria. Pero no era así. Tenían que permanecer alertas, pese al relativo triunfo que suponía para ellos la sucesión de Franco por el reyezuelo y la continuación del régimen implantado tras la guerra. El fascismo salía de su crisis muy debilitado por la pugna creciente entre las diversas familias que componen la oligarquía, y castrado por el valeroso movimiento de resistencia a sus medidas terroristas. Este movimiento de resistencia había sentado un precedente, señalando el camino a seguir para hacer frente a todo nuevo intento de la reacción de contener el avance del movimiento de masas mediante el crimen legalizado y el terrorismo abierto. En el momento crucial de la crisis por la que el país había pasado, ya avanzamos, como hicimos anteriormente, nuestra apreciación acerca de lo que iba a pasar: el fascismo reculaba ante la lucha revolucionaria de masas; retrocedía, pero no abandonaba sin lucha ni una sola pulgada de terreno. Para derribarlo y destruirlo sería necesario un duro trabajo y una gran acumulación de fuerzas. Pero la realidad es que había retrocedido visiblemente y se encontraba más debil. Por todo ello, el Informe trazaba los planes a seguir en el futuro:

Ha llegado el momento de abrirnos más a las masas, de imprimir un gran impulso a nuestro trabajo entre ellas, de ocuparnos con detenimiento de sus actuales y verdaderos problemas, y de extender y fortalecer así el Partido. Tal es la orientación que debemos dar a todo nuestro trabajo, sin temor a la represión del fascismo ni a la demagogia colaboracionista de sus agentes infiltrados en las filas obreras.

Esta orientación, y las medidas tomadas acordes con ella, responde a la línea general trazada por el Congreso del Partido y son la aplicación práctica de los acuerdos que se tomaron en este mismo sentido en la última reunión plenaria de nuestro Comité Central [...]

Tenemos que llevar a cabo una amplia campaña de penetración en las grandes fábricas, crear en ellas sólidas organizaciones del Partido y ligarnos estrechamente a las masas a través de los obreros más avanzados. Para hacer esto posible es preciso prestar más atención a la difusión de la propaganda del Partido y al trabajo de proselitismo.

Es indudable que estamos preparados y que existen condiciones para emprender esta gran tarea; para comenzar a ligarnos ampliamente a las masas, trabajar entre ellas a pleno rendimiento y fortalecer el Partido.

Eso no significaba, como habían hecho revisionistas y oportunistas de izquierda, entrar en la legalidad y en las insituciones, sino todo lo contrario: había que reforzar la clandestinidad del Partido, particularmente de sus organismos dirigentes. Ésta seguía siendo una de nuestras principales preocupaciones: Mas esto sólo lo vamos a conseguir ligándonos más a las masas, extendiendo y reforzando nuestros lazos con ellas, desarrollando en todas partes el Partido. No metiéndonos en un agujero. Todavía no estábamos en condiciones de encabezar y dirigir a las grandes masas en sus luchas, pero nuestra atención había que centrarla en ese trabajo amplio, en orientar las principales fuerzas y el trabajo de los militantes hacia las masas; era la única forma de impulsar la lucha. Nuestro Partido estaba atravesando un período de fortalecimiento, de mayor organización y clarificación, de propaganda y ligazón entre las masas, para pasar luego a encabezarlas y dirigirlas. Si perdíamos de vista esta etapa de desarrollo en que nos encontrábamos, si confundíamos nuestros deseos con la realidad, nos estrellaríamos contra el muro. La dirección de la lucha de masas por nuestro Partido era algo que no se podía realizar en unos días, sin esfuerzos ni sacrificios. Nuestro trabajo en los sectores no proletarios debía orientarse, principalmente, hacia la masa de los elementos sin partido, a buscar su apoyo, así como el de las grandes masas; apelar a ellas y ganarnos sus simpatías.

Juan Carlos Delgado de Codes, entonces responsable de la Comisión de Organización del Comité Central, presentó también a continuación su Informe, exponiendo las experiencias más importantes en el trabajo de organización, destacando que, en aquellos momentos, debiamos prestar mucha atención a las luchas reivindicativas de las masas, impulsar la creación da grupos de obreros avanzados y ligados el Partido que lleven a cabo la preparación de esas luchas, que elaboren plataformas reivindicativas unitarias, que realicen asambleas, hagan salir de ellas comisiones da delegados, fomenten las iniciativas de las masas a impulsen acciones de todo tipo en contra de la explotación y del sindicato de los patronos. Por último, decía el Informe, tenemos que desarrollar una amplia campaña de propaganda y de proselitismo, trabajar pacientemente con los obreros más avanzados y procurar incorporarlos al Partido.

En el Informe sobre la labor de propaganda se decía: Nuestra propaganda es, en general, acogida como de gran calidad. En adelante seguirá mejorando si sabemos reflejar de manera viva la realidad y nuestra firme política, cuya justeza la práctica ya ha demostrado en todos sus aspectos fundamentales. En cambio, la difusión entre las masas se viene haciendo con grandes insuficiencias, a un nivel mucho menor del que permiten las condiciones, y eso es necesario superarlo. En otro lugar del Informe se resaltaba: Hay que emprender más en serio el tratamiento de la cuestión nacional, estudiando las particularidades de cada una [...] Hay que mejorar el estudio, planificar mejor el trabajo y ampliar el máximo la difusión de nuestros materiales.

Para desarrollar el trabajo entre las masas, el Comité Central acordó enviar a numerosos cuadros a sus puntos de origen y realizar una amplia e intensa campaña propagandística. De esta manera quedó mejor preparado el terreno para el trabajo de organización del Partido, con vistas a crear un frente común de lucha que diera al traste definitivamente con el fascismo y el monopolismo en España. Por todo ello, la actividad de agitación y de organización del Partido tuvo un gran incremento en todas partes, pero especialmente en Madrid, Cataluña y Euskal Herria.

La actividad de agitación y propaganda de la organización de Madrid fue permanente durante todo este tiempo. Únicamente las hojas agitativas del Partido aparecían día tras día denunciando la mascarada reformista del régimen y los asesinatos y juicios sumarísimos que tenía previsto realizar el gobierno. Esta amplia actividad política del Partido se hizo bien patente con motivo de los fusilamientos de cinco antifascistas el 27 de setiembre de 1975.

Antes de estos fusilamientos la organización de Madrid hizo un llamamiento a la huelga general, acompañándolo de numerosos sabotajes al metro y los autobuses al objeto de paralizar los transportes públicos. Este conjunto de acciones tuvieron su culminación durante el primero de octubre.

La actividad de los camaradas del Partido en Madrid continuó en el transcurso de las huelgas de finales de aquel mismo año y primeros meses de 1976. Toda esta actividad, llevada a cabo durante los meses de verano y otoño, con la que el Partido hizo frente con coraje al terror fascista, situó a nuestro Partido en las mejores condiciones para tomar la iniciativa en el movimiento obrero y sacar el máximo fruto a la crisis en que se debatía el régimen.

Los intentos de los carrillistas y de sus Comisiones Obreras por sofocar las huelgas del metal de diciembre y enero no dieron ya ningún resultado: las huelgas se generalizaron por todas partes, de Getafe a Alcalá de Henares, y de CASA, John Deere y Uralita hasta IBELSA, pasando por Marconi, Chrysler, Standard, Pegaso; todo el cinturón industrial, polígono a polígono, estaba en huelga y el PCE(r) hacía notar su presencia en todas partes. Se llegaron a vender más de 3.000 Gaceta Roja cada quincena en las fábricas y, ante las convocatorias de los revisionistas y su Junta Democrática de procesiones en la Glorieta de Bilbao o Atocha, el Partido fomentó en todas partes las asambleas, las comisiones de delegados, la formación de piquetes de autodefensa y las manifestaciones en los barrios obreros, manifestaciones que como las de Getafe y Villaverde desembocaron en violentísimos enfrentamientos con la policía antidisturbios. Algunos de los piquetes organizados por el Partido arrebataron sus armas a más de un policía.

Todo este movimiento de huelgas y manifestaciones de carácter revolucionario tendría su epílogo, coincidiendo con los asesinatos de Vitoria, en las huelgas de la construcción de febrero y marzo, durante las cuales los miembros del Partido y de los Círculos de la construcción paralizaron prácticamente toda la zona norte de Madrid. Algunos de estos camaradas, fueron detenidos y, ya en Carabanchel, por poco le parten la cara a Camacho en el transcurso de una reunión, convocada, por los camaradas para comentar las luchas y a la que se presentó Camacho con sus monsergas.

En Cataluña, si bien hasta entonces la incidencia del Partido entre las masas no había alcanzado la extensión y profundidad de Madrid, Galicia o Andalucía, el resultado más inmediato de su labor es la integración en la OMLE de numerosos obreros provenientes del sector más consciente del proletariado catalán. En 1975 ya están creados los principales núcleos de la OMLE en Cataluña, y cuando se celebra el Congreso reconstitutivo del Partido, ya contamos con una amplia base organizada en esta nacionalidad. La eficacia de Martín Luna, su gran labor organizativa estaba tan arraigada que los lazos que él creó con la clase obrera de Catalunya nunca los pudo romper la policía.

Al Congreso asistió, delegado por Valencia, José Vicente Artigues Fornés, que al poco tiempo pasó al Comité Nacional de Catalunya, continuando el trabajo que iniciara Martín Luna. Al poco tiempo de integrarse en la organización de Cataluña, Artigues comenzó a realizar una eficaz labor partidista. Ya se había formado un comité del Partido en el Baix Llobregat, el cual, además de llevar la dirección de las células de Hospitalet abarca el polígono de la Zona Franca -SEAT especialmente- y fábricas como Corberó y Siemens. A su vez el comité de Santa Coloma se fortalece con nuevos miembros y extienden su trabajo a Badalona y San Adrián del Besós. Este comité centra su actividad en fábricas como Frigo, Hispano Olivetti y Motor Ibérica. La organización del Partido se extendió también a Tarragona, donde ya antes existía un núcleo de simpatizantes organizado entre los obreros; y más tarde la discusión de la propaganda del Partido se extiende a Reus.

En Sabadell entramos en relación con un grupo de trabajadores del textil que habían roto con el PCE(m-l). A finales de 1975, en esta localidad ya hay un importante núcleo organizado que dirige células del Partido en Unidad Hermética en la factoría Roca de Sabadell y en varias empresas del textil; la organización del Partido se hizo fuerte en uno de los barrios más populosos de esta ciudad (Ca n'Oriac) donde un numeroso grupo juvenil, muy activo, no pierde ocasión para hacer denuncias de los abusos y crímenes de los Patronos y el Gobierno.

En Catalunya, como en el resto de España, el Partido realizó una intensa campaña de denuncia contra los fusilamientos de septiembre. En dicha campaña, y durante todo el verano del terror, la organización nacional del Partido estuvo haciendo llamamientos a la lucha contra la represión y elevando la moral de combate de los trabajadores. Esta labor del Partido fue tanto más patente por cuanto que, prácticamente, sólo él asumió este deber y ni uno solo de los numerosos grupos oportunistas que pululaban por Cataluña salió en aquellos meses a la calle.

Al principio de 1976 los obreros del transporte de Barcelona fueron a la huelga y el Partido toma parte activa en ella organizando los piquetes de extensión y distribuyendo octavillas de apoyo.

Mayor importancia aún tuvo para la organización del Partido la huelga de marzo de este mismo año en Sabadell, con motivo de la negociación del convenio del sector del metal, que agrupaba a varias decenas de miles de obreros. En el transcurso de esta huelga los obreros emplearon los métodos revolucionarios independientes de lucha, al margen del sindicato fascista y de Comisiones Obreras. Ya desde el principio se crearon piquetes compuestos de cientos de personas que fueron extendiéndola a todas las fábricas de la zona. Así mismo, en la iglesia de Ca n'Oriac se celebran diariamente asambleas de varios miles de obreros en las que se informa de la marcha de la huelga y se toman decisiones. Así se extendería la lucha a la práctica totalidad de los trabajadores de la comarca. Pronto se sumarían a la lucha, participando en las manifestaciones, las esposas y los hijos de los trabajadores. Una de estas manifestaciones es brutalmente reprimida por la policía, resultando heridas varias mujeres y niños. La reacción de todo el pueblo no se hizo esperar, produciéndose una huelga general que dejó paralizada a toda la ciudad. Los militantes del Partido redoblaron su actividad en aquellos días organizando reuniones y asambleas, lanzando octavillas en las que se llamaba a la huelga general y organizando piquetes de autodefensa.

Sabadell fue tomado militarmente por la policía, cada esquina es ocupada por más de diez antidisturbios y las caravanas de autobuses y tanques de agua desfilan por toda la ciudad. La policía trataba de atemorizar a la población pero los obreros se lanzaron a la calle dispuestos a dar la batalla. Empezaron a producirse cortes de tráfico y hostigamiento a la policía; los aires eran surcados por pelotas de goma y botes de humo que alcanzaban hasta los balcones, pero también un furgón de antidisturbios rueda por un barranco con todos los policías antidisturbios en su interior. Esta primera batalla campal se saldó con un triunfo completo de los trabajadores.

Al día siguiente el barrio de Ca n'Oriac está doblemente tomado, e incluso traen camiones con perros adiestrados, pero no pudieron impedir que la gente cortara las principales calles con barricadas y los accesos de salida de Sabadell a Castellar. Se reprodujeron los enfrentamientos. Muchos trabajadores fueron detenidos, pero la patronal accedió a firmar el convenio deprisa y corriendo ante la presión de la huelga. Luego, tal como viene ocurriendo en casi todas las ocasiones, los carrillistas tratarían de capitalizar estos acuerdos a su favor. Pero existía otro problema del que estos vendidos no querían saber nada: los detenidos. Bastó reiniciar la agitación para que fueran puestos inmediatamente en libertad.

Como resultado de todas estas luchas y del papel jugado por el Partido en el curso de ellas, se formó al poco tiempo un comité local en Sabadell y otro más en la factoría de Roca.

En octubre de este año de 1976 fueron detenidos numerosos militantes del Partido en Cataluña. Por estas mismas fechas, el 21 de octubre, fue asesinado Jose Vicente Artigues Fornés. Con él el Partido perdía a uno de los cuadros más eficientes y combativos, como había demostrado en su corta pero intensa labor al frente de la organización del PCE(r) en Cataluña. Con estas detenciones el Partido quedó debilitado en la nacionalidad, pero muy pronto se reorganiza el Comité Nacional y su labor continúa, tal como se pondría muy pronto de relieve, durante la huelga de Roca de finales de 1976 y principios de 1977.

El Partido mantenía intacto el comité en Roca-Sabadell; sin embargo, el foco principal de la huelga se hallaba en Roca-Gavá, por ser ésta la factoría de mayor importancia de la empresa. Pues bien, al final del conflicto, los hombres más significados de Roca-Gavá, que lo habían dirigido, formaron el comité del Partido en la fábrica. Los obreros comenzaron por realizar asambleas para tratar sobre las condiciones de trabajo; la dirección de la empresa respondió a sus justas exigencias con el despido de un compañero. Inmediatamente, el 8 de diciembre, todos deciden ir a la huelga. El movimiento de solidaridad se extendió por todo el Baix Llobregat. Ante el cariz que toma la lucha, la guardia civil ametralla los locales donde: se realizan las asambleas. Esto hizo que se pusiera en pie todo el poblado de Roca; en respuesta, la guardia civil reprimió de forma brutal a las familias de los obreros y este hecho, así como la agitación realizada por el Partido, hizo que la solidaridad con Roca se extendiera a todo Barcelona. La labor de zapa realizada por los carrillistas no fue suficiente para quebrar la decisión de lucha de los obreros y sus familias, por lo que la dirección de la empresa probó también suerte enviando a sus pistoleros para que apalearan a los trabajadores. Pero la huelga terminó con la victoria de los obreros. Se lograron mejoras esenciales y la readmisión de casi todos los despedidos. La organización independiente de los obreros se fortaleció y su conciencia política dio un gran salto.

Un ejemplo destacado y trascendental, que demuestra a influencia del Partido entre el proletariado de Cataluña, lo tenemos en SEAT. Los esfuerzos del Partido por penetrar en las fábricas habían sido persistentes. Ya desde sus comienzos, el Comité Nacional se marcó como tarea prioritaria estrechar sus lazos con los obreros de SEAT, por ser ésta la factoría más importante de toda Cataluña (18.000 trabajadores). Durante mucho tiempo se estuvo realizando una labor sistemática de propaganda y agitación en tomo a esta fábrica; todos? los contactos eran aprovechados para este fin; una vez por semana se enviaban piquetes a repartir hojas y propaganda en las entradas, en los autobuses, en las viviendas de los obreros. Así se consiguió establecer relaciones con varios obreros, que comenzaron a recibir de forma regular la Gaceta Roja y otros materiales de propaganda del Partido. Esta larga y persistente labor empieza a dar sus frutos con la consolidación de los primeros círculos de simpatizantes del Partido en el interior de la factoría. Ya no hace falta ir a las puertas de la fábrica a vender Gaceta Roja; la agitación se empieza a realizar desde el interior de los talleres, allí se vende la Gaceta Roja y se pasan de mano en mano las octavillas; y un día aparecen pegados en las cadenas de montaje los carteles del Partido exigiendo la liberación de los camaradas detenidos.

Los cuartelillos de empresa formados por Comisiones Obreras y UGT empiezan a tener desde entonces serias dificultades para engañar y maniatar a los obreros. Este proceso de toma de conciencia de un importante sector de los obreros de SEAT culmina con las luchas ante el intento de reestructuración de plantilla que prepara la dirección de la empresa para el bienio 1978-1979, que preveían el despido de más de 5.000 obreros. Entonces se hace patente la influencia y el peso del Partido dentro de la fábrica. Cunde la alarma entre los carrillistas y ugetistas, y la policía azuza a los chivatos para que denuncien a los agitadores, pero nada consiguen. Para evitar la entrada de la propaganda del Partido, la empresa ordena, ante la indignación general de los obreros, hacer registros en todas partes, hasta en las pertenencias personales. Todo esto motivó que en las asambleas que se hacían a diario, los trabajadores realizaran continuas denuncias de los jefecillos reformistas y que se fuera creando en los talleres un movimiento independiente que plantea su propia alternativa sindical ante la empresa. En estas asambleas y en los talleres los militantes del Partido están en primera fila, denunciando en todo momento a los dirigentes corrompidos y alertando a los trabajadores contra sus jugarretas. Este movimiento de lucha independiente de los obreros de SEAT se afianza sobre todo en los talleres 2, 5 y 8. Todas estas experiencias marcan el fin del predominio del PSUC y Comisiones Obreras en la SEAT, donde hasta hace poco habían tenido su principal baluarte en Cataluña.

Algo parecido sucedió en Euskal Herría. Ya en tiempos de la OMLE acuñamos la consigna Euskal Herria marca el camino, pero a raíz del Congreso el Partido la popularizó masivamente. La consigna misma apunta dos realidades que se complementan; una, sin duda la fundamental, es el nivel de los combates librados por el proletariado y el pueblo vasco ya antes de 1975 y en los años sucesivos; la resistencia armada de los patriotas vascos y las movilizaciones de masas fueron un ejemplo a seguir para todos y una lección que el Partido se empeñó en inculcar desde el primer momento entre la clase obrera, allí donde trabajaban sus militantes o llegaba su propaganda. Esta es la segunda realidad que encierra la consigna: la solidaridad con Euskal Herria del movimiento antifascista que el Partido encabezaba en toda España, y que impidió en estos años al Estado aislar el problema vasco y masacrar, atadas como tenía las manos, la lucha nacional de su pueblo y la resistencia del proletariado vasco a sus planes de explotación y opresión por más que lo intentó una y otra vez.

Uno de los fines de los decretos especiales del verano de 1975 fue precisamente quebrar la resistencia en Euskal Herria. El objetivo fundamental de aquellos decretos fue devolver el golpe que la clase obrera había asestado al régimen con el boicot masivo a las elecciones sindicales de junio, boicot que se impuso a pesar de estar comprometidos hasta el cuello en la campaña electoral los carrillistas y todos los grupos oportunistas. Con la campaña desplegada por nuestro Partido contra los juicios sumarísimos y con su lucha decidida en todos los frentes contra el fascismo, fue ganando la confianza de cada vez más amplios sectores del proletariado en Euskal Herria. En la campaña de boicot a las elecciones sindicales se había hecho sentir el trabajo del Partido, y los obreros que trabajaban en la construcción de Petronor habían decidido por unanimidad en asamblea no permitir siquiera que se celebraran las elecciones allí, siguiendo la propuesta de los camaradas del Partído; iba a ser la única gran empresa de la zona en que se llevó hasta las últimas consecuencias el boicot a la farsa verticalista.

Pero donde más incidencia comenzó a tener la política del PCE(r) fue entre los trabajadores de la central nuclear de Lemóniz, cuyas obras se iniciaban por entonces. La construcción de la central nuclear atrajo desde el primer momento la atención del Comité Nacional de nuestro Partido, por la gran concentración de obreros que un proyecto de tales magnitudes exigía, 5.000 trabajadores y, sobre todo, porque la oposición a la central nuclear había que iniciarla desde los cimientos y entre los propios obreros que iban a construirla. En las obras entraron a trabajar desde el principio varios camaradas del Partido y muchos de los compañeros que habían construido Petronor. Los fusilamientos del 27 de septiembre de 1975 culminaron el verano del terror y en todas partes el Partido dio la respuesta que sus fuerzas organizadas permitieron; Lemóniz fue a la huelga y, contra las recomendaciones de los revisionistas de ocultar los motivos de la lucha, todo el mundo supo que Lemóniz había parado porque sus obreros se solidarizaban con los revolucionarios asesinados. Y la represión desatada hizo pasar por los cuartelillos a decenas de obreros. Los fascistas no tenían ningún descaro en mostrarse como tales y un buen grupo de obreros y camaradas del Partido fueron a parar a la cárcel de Basauri, en la que fueron encerrados varios meses.

La situación de efervescencia que el movimiento de masas y las luchas de clases estaban alcanzando en Euskal Herria exigía un esfuerzo ímprobo a la joven organización del Partido en esta nacionalidad. El Comité Central envió allí, para reforzar el trabajo organizativo, a un cuadro bien experimentados en el trabajo de masas: Juan Martín Luna que, de inmediato, entró a trabajar en los astilleros de Euskalduna. A finales de 1975 y en medio del ascenso del movimiento huelguístico en todo el Estado, Martín Luna, recién llegado, repite en Euskalduna su experiencia del Hilton de Barcelona; apoyándose en el descontento y reivindicaciones de los compañeros de las contratas, lanza la huelga y de inmediato en la asamblea se rompe con los jurados de empresa, se denuncia la política claudicadora de los reformistas y se llama a la unidad de todas las contratas y a extender la lucha a los astilleros bajo una plataforma única. Desde entonces las contratas iban a jugar también, como Lemóniz, un papel fundamental en la movilización de la ría del Nervión durante las luchas de masas de los años inmediatos.

La organización del Partido estaba más desarrollada por entonces en La Naval que en Euskalduna y, apoyándose en esa organización y con los delegados de Euskalduna, promuevo asambleas. La unidad de las contratas de los principales astilleros se hace realidad por primera vez; triunfa el espíritu de solidaridad y la unidad alcanzada es un ejemplo para los trabajadores. La huelga se mantiene mes y medio, la asamblea es permanente, se extienden los piquetes de información y la solidaridad llega a todas partes. Se hacen múltiples manifestaciones por Sestao y Barakaldo y desde Euskalduna se corta, día tras día el puente de Deusto. En esta huelga se consiguen importantes mejoras, el prestigio del Partido aumenta y numerosos obreros se acercan a nosotros. Durante la huelga, las Comisiones Obreras de La Naval se desintegraron prácticamente y un numeroso grupo de sus afiliados pasó a militar en el PCE(r); es el hecho más significativo de la eficacia del trabajo político desarrollado por los camaradas entre los obreros durante estas luchas.

Como consecuencia de esta serie de movilizaciones y de su incesante actividad, el Partido se consolidó allí donde tenía ya raíces, como en la zona de Las Encartaciones, y extiendió su organización a fábricas como Babcock Wilcox, General Eléctrica, Artiach, Pradera Hermanos y a un gran número de pequeñas empresas. Se formaron células en Basauri, Santutxu (Bilbao) y entre los trabajadores de banca; se envíaron cuadros a Gasteiz (Vitoria) a desarrollar allí el trabajo y se extiendieton los contactos a diferentes puntos de Euskal Herria: Pamplona, Arrasate, Orereta, Donosti...

El trabajo político y de agitación que el Partido venía desarrollando en Altos Hornos de Vizcaya empezó a hacerse notar durante las huelgas mantenidas con motivo de la revisión del convenio a primeros de 1976. Por entonces los jurados de empresa estaban tan desprestigiados que eran ya un cero a la izquierda dentro de la fábrica, y con ellos los sindicatos amarillos de UGT y Comisiones, que se venían dedicando hacía tiempo a copar el sindicato vertical y que al comienzo mismo de las luchas fueron zarandeados en las asambleas y a punto estuvieron los obreros de lincharlos. Se impusieron las comisiones para negociar y cada departamento eligió sus delegados, entré los que figuraban varios camaradas del Partido. Y estalló la huelga. Pero después de casi un mes de lucha, llegó otra vez el momento de los Corcuera y compañía, y estos elementos, apoyándose en el sector de la aristocracia obrera, los desclasados y los esquiroles, que en una empresa como Altos Hornos de Vizcaya ocupan siempre puestos de privilegio, inician su labor de apagafuegos. En la asamblea donde se iba a decidir la vuelta al trabajo impusieron la votación por departamentos; con los obreros divididos, y decaídos ya los ánimos,, consiguieron imponerse a la mayoría, contraria al acuerdo y que rechazaba la oferta como una burla; sólo el departamento de Reparaciones Mecánicas, donde el Partido tenía más fuerza, votó unánimemente continuar la huelga. Se volvió al trabajo y al poco, cuando con el primer sobre se materializó el engaño, el comentario era unánime: Qué razón tenían los de reparaciones. Esta experiencia enseñó mucho a los camaradas, que a partir de entonces aprendieron a movilizar a la fábrica desde su departamento, cosa que consiguieron en más de una ocasión en las sucesivas luchas y huelgas generales, además de extender la organización del Partido a otros departamentos e impedir los manejos del comité de empresa en las siguientes revisiones del convenio, hasta el punto de que Comisiones Obreras y UGT no pudieron ni presentar listas en algunos departamentos para las elecciones sindícales de 1977.

En aquellos años Lemóniz fue un caso singular de lucha y resistencia obrera por muchas razones; y no ha sido de las menores precisamente el trabajo desarrollado allí por el Partido. Los hombres que habían dado la cara para hacer frente al fascismo durante las huelgas del verano de 1975 eran del Partido, y de allí arranca su incidencia en la central nuclear. Los represaliados de entonces fueron causa de movilizaciones constantes en los meses siguientes, hasta que fueron liberados y la empresa tuvo que readmitirlos para intentar apaciguar la situación creada.

El Partido estaba en todas partes, por toda la obra circulaba la propaganda, la agitación era constante y eran precisa mente sus métodos de lucha los que se imponían. Se expulsó de la central nuclear primero a los verticalistas y más tarde a los sindicatos amarillos, y a los cuartelillos de empresa. La asamblea se convocaba casi a toque de campana, las comisiones de delegados eran la única representación que se admitía; las luchas reivindicativas fueron constantes y los sabotajes a la producción -además de las acciones de ETA, siempre favorecidas por los propios obreros- alcanzaron tal magnitud que cuando llegó la hora de las revisiones de funcionamiento no servía ni un metro de tubería, ni un cable de la instalación eléctrica; y reparar estos sabotajes permitía realizar otros. Todo se hacía con compañías de la guardia civil ocupando la obra.

Así se iba desmoronando Lemóniz mientras su plantilla se convertía en la punta de lanza del movimiento obrero en la ría del Nervión. Los asesinatos de la policía siempre encontraron respuesta en Lemóniz, la solidaridad con Vitoria, las luchas por la amnistía, etc. Diez obreros paraban a cinco mil y cinco mil a toda Vizcaya, hasta que Lemóniz se convirtió en un punto de referencia para todos.

La actividad del Partido durante aquellos años de grandes convulsiones sociales no se agotó en Lemóniz Cuando en marzo de 1976 la policía ametrallaba a los obreros de Forjas de Vitoria, los camaradas estaban en el centro de los acontecimientos y su informe fue editado de inmediato en un Gaceta Roja especial que llegó a todas partes, volcándose todo el Partido en solidaridad con el proletariado de Vitoria.

Aquellas luchas marcaron para toda la vida a muchos jóvenes vascos y los comprometieron definitivamente con la revolución, como Gregorio López Riaño, asesinado en 1979 en Muskiz o Valentín Benito, muerto en Zaragoza en 1995.

Por aquella misma época se echaron también las bases de una nueva organización del Partido en las cuencas mineras de León y Asturias. Desde 1974 había comenzado a ser difundida nuestra propaganda en Villaseca de Laciana. Posteriormente, varios militantes del Partido procedentes de la organización de Catalunya consolidaron un amplio círculo de lectura en toda la zona minera, y nuestro Partido ganó poco a poco la simpatía de los viejos luchadores de las minas y de la juventud.

La regularidad en este trabajo de propaganda, permitió sacar de Villaseca a un buen número de militantes para reforzar el trabajo político en otras localidades y extender la influencia del Partido a Ponferrada, Bembibre, Avilés, etc.

Pero es a finales de 1976 cuando se ahonda con más fuerza el trabajo político entre el proletariado asturiano. A esta región fueron destinados por la dirección del Partido varios militantes. El objetivo más inmediato que se fijaron éstos, fue crear una fuerte organización del Partido en aquella zona, lo que no resultó difícil iniciar dadas las tradiciones revolucionarias y la elevada conciencia de clase del proletariado asturiano. Así, tras una intensa agitación y la venta de Gaceta Roja a la puerta de fábricas y minas, establecieron numerosos contactos con obreros de Avilés, de Gijón y en las cuencas mineras del Nalón y del Caudal. De esta manera se crearon los primeros círculos de simpatizantes de nuestro Partido en empresas como Ensidesa, Constructora Gijonesa y en los pozos Tres Amigos y El Entrego. En las luchas de marzo de 1976 que tuvieron lugar en este último pozo, ya estaba presente nuestro Partido entre los mineros con su propaganda.

El Partido contaba entonces con militantes y simpatizantes de reconocido prestigio entre los obreros asturianos, y se procedió a crear el Comité Regional de Asturias-León.

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