3.7 Los errores del verano

Tras la ejecución del almirante Carrero Blanco en diciembre de 1973, la crisis política en el seno del régimen se profundiza. La mala salud del verdugo Franco pone de manifiesto que se encuentra ante sus últimos días. Para salir del grave atolladero, el 12 de febrero de 1974 el nuevo Presidente del gobierno, el fiscal militar Arias Navarro, expone un programa de reformas. En abril de 1974 la revolución de los claveles en Portugal sugiere la posibilidad de que España sigua un proceso parecido al de nuestros vecinos.

Esa era la tesis de los revisionistas y también la de todos los oportunistas de izquierda. Sólo la OMLE mantenía un posición completamente diferente. Para todos los demás, la historia podía dar marcha atrás y el fascismo se iba a transformar en una democracia burguesa. Nosotros, por el contrario, sostuvimos siempre que el es un régimen político que correspondía a una estructura económica monopolista y, del mismo modo que de ahí no se podía retroceder a un capitalismo competitivo, tampoco habría regreso del fascismo a la democracia burguesa; del fascismo sólo se puede ir al socialismo y a la dictadura del proletariado.

Esas eran las dos posiciones enfrentadas, pero la salida al extranjero de una parte de nuestra dirección permitió que en la OMLE se introdujeran esas concepciones erróneas y hacia el verano de 1974 se puso de manifiesto que empezaba a penetrar en el interior de nuestra Organización una línea política ajena contra la que habíamos venido luchando desde siempre. Algunos camaradas del interior empezaron a sembrar ilusiones; se dejaron embaucar por la palabrería demagógica de los politicastros burgueses y comenzaron a defender la tesis según la cual el Gobierno Arias venía a ser como una primera edición del gobierno revolucionario portugués, y daría paso, sin ofrecer resistencia, a una etapa de democracia burguesa. Basados en esta tesis, comenzaron a propugnar el desarme político e ideológico de la Organización y su paso inmediato a la legalidad. Estas opiniones obtuvieron eco en las páginas del órgano central y fueron inmediatamente contestadas por los miembros de la dirección residentes en el extranjero, lo que originaría una agria polémica dentro de la Dirección. Al poco tiempo, el número 45 de Bandera Roja publicaba una autocrítica en la que los miembros del Comité de Dirección del interior implicados en la polémica harían profesión de su fe revolucionaria y reconocerían sus graves desviaciones ideológicas y políticas.

Pero sus falsas concepciones volvieron a reproducirse en los números siguientes del órgano central. Este hecho obligó a los miembros de la Dirección residentes en el extranjero a enviar una carta al Comité de Dirección donde decía, refiriéndose a las nuevas posiciones, que su publicación, no sólo demuestra de forma palpable la existencia de otra línea en el seno de la Organización, sino que también nos indica claramente la forma en que ésta trata de abrirse camino mediante el recurso, probablemente inconsciente, de negarse a sí misma. Y continuaba más adelante: Se está negando el hecho más fundamental y trascendental que determina la nueva política de la clase dominante; el hecho de que es precisamente la crisis que se avecina, que son los graves problemas a que tendrá que hacer frente la oligarquía monopolista, lo que les ha conducido a unir sus fuerzas en tomo al desarrollo de sus leyes fundamentales fascistas y que recubren esta maniobra con un gran aparato propagandístico demagógico destinado a embaucar a las masas y llevarlas a la participación.

Muy pronto, toda la Organización había de participar en esta polémica, que habría de centrarse fundamentalmente en torno a la caracterización del momento político y de la táctica que correspondía seguir.

La Dirección estaba dividida y este hecho impulsó a Manuel Pérez y a Enrique Cerdán a regresar a España. Con el regreso de estos dos camaradas, la polémica quedó zanjada a favor de las posiciones, sostenidas por ellos y otros muchos camaradas. España había tenido su 25 de abril el 20 de diciembre, es decir, que tras la ejecución de Carrero Blanco el 20 de diciembre de 1973, el nuevo gobierno de Arias Navarro había iniciado la senda del cambio y la reforma. El régimen hablaba de reforma pero eso no le impedía seguir reprimiendo con saña al movimiento obrero y popular. El anarquista Puig Antich fue asesinado en marzo de 1974, demostrando que el fascismo no había perdido su naturaleza de clase ni su carácter político fascista y que, lejos de buscar un cambio real, lo que en realidad perseguía no era otra cosa que preparar el terreno para desencadenar una oleada de terror para hacer retroceder al movimiento obrero y democrático. Por consiguiente, concluían, lo que correspondía hacer en esos momentos no era otra cosa que prepararse en todos los terrenos para afrontar esta nueva oleada terrorista del régimen. Si nos preparábamos y nos atrevíamos a luchar, el fascismo retrocedería ante el avance de las fuerzas democrático-revolucionarias, pues el régimen era débil, se encontraba acorralado por todas partes y corroído por sus propias contradicciones internas.

Pero la OMLE no identificaba a los fascistas recalcitrantes con aquellos opositores que pretendían el cambio, sino que, más bien al contrario, subrayaba esas contradicciones pero como antagonismos internos entre la clase dominante. La OMLE siempre había reconocido, antes incluso de la muerte de Franco, la existencia de rencillas internas entre el búnker fascista que se oponía a la reforma, y los aperturistas que pretendían su liberalización para integrar a la oposición domesticada. La clase obrera debía aprovechar esas peleas internas siempre que no confundan el carácter que verdaderamente tienen esas contradicciones [...] No se trata de contradicciones entre la democracia y el fascismo, sino de contradicciones dentro del mismo campo fascista («¿Cuál es el verdadero sentido de los acontecimientos?», Bandera Roja, nº 45, 1 de junio de 1974).

Había otro aspecto no menos importante de esta cuestión: las razones por las cuales el régimen se veía forzado a retroceder, a maniobrar y sembrar la confusión. Es esta una cuestión que se ha prestado a la más rastrera demagogia, resumida finalmente en la buena voluntad del rey, en la capacidad de persuasión de la oposición domesticada o en una supuesta casta de burócratas aperturistas, dentro del propio régimen: Se puede muy llegar muy fácilmente a pensar que las contradicciones en el seno de la clase dominante pueden dar lugar a un cambio en la naturaleza de su régimen sin ver que, por el contrario, esas contradicciones están determinadas, principalmente, por el desarrollo de la lucha de clases y se desenvuelven en torno al problema de fortalecer al fascismo para hacerle frente («¿Cuál es el verdadero sentido de los acontecimientos?», Bandera Roja, nº 45, 1 de junio de 1974). En otro artículo posterior, el PCE(r) insistiría en la misma cuestión: Si se produce algún cambio en la situación política del país, no será por la propia dinámica, sino pese a él, contra él y por la presión del movimiento de masas («El punto de viraje», Bandera Roja, nº 5, noviembre de 1975).

Finalmente, otro rasgo fundamental diferenciaba nuestras posiciones de las de todos los oportunistas: por más que la oligarquía se despedazara en disputas internas, nosotros jamás nos alinearíamos con ninguno de los sectores para luchar contra el otro; debíamos conmatirlos a todos ellos.

La marcha de los acontecimientos políticos demostraría, definitivamente, la justeza de estas posiciones. Sin ellas no se hubieran creado en la Organización las condiciones imprescindibles mínimas para dar el gran salto que iba a cerrar toda esta etapa: la celebración del Congreso reconstitutivo del Partido. Por eso los errores del verano no supuesieron un debilitamiento para la Organización, sino que, al contrario, la campaña de crítica había propiciado un mayor fortalecimiento y cohesión internos, a la vez que elevado en todos los militantes el nivel de comprensión de la línea política que se venía propugnando. Son los resultados lógicos en cualquier confrontación ideológica, algo consustancial precisamente al desarrollo de la OMLE en todo este período y en extremo beneficioso, pues es sabido que lo correcto, la verdad, sólo puede existir al lado y en lucha con lo erróneo.

Las campañas de crítica, autocrítica y rectificación habían sido siempre muy frecuentes. Al margen de la existencia de una línea errónea que hay que combatir, la conveniencia de la lucha ideológica venía determinada, sobre todo, por la necesidad de elevar el nivel político e ideológico dentro de la Organización, de formar cuadros y de fortalecer los organismos de dirección, para ponerse a la altura que venía exigiendo el desarrollo de la lucha de clases en todo el Estado y el cada día más enconado movimiento de lucha de masas contra el fascismo. Las experiencias ya acumuladas en este sentido aconsejaban al Comité de Dirección, previo a la convocatoria del Congreso y con vistas a fortalecerse y a hacer más efectiva la marcha general en todos los frentes de la actividad, impulsar una campaña de bolchevización del estilo de trabajo en toda la Organización y de rectificación de las ideas erróneas.

Después de seis años de intenso trabajo práctico y de estudio e investigación de las experiencias del movimiento comunista en España en el plano internacional, se tenía muy claro lo que debía ser un Partido de corte bolchevique, sus objetivos y sus métodos de trabajo y de organización; pero el problema se continuaba presentando, como es lógico, en el terreno práctico. Se venía discutiendo y experimentando desde hacía mucho sobre el centralismo democrático, sobre las formas más eficaces de. relacionarse con las masas, sobre el papel del elemento consciente en el proceso revolucionario, etc.; y eran constantes los artículos en Bandera Roja estudiando todos y cada uno de los problemas que a diario surgían en este sentido. El siguiente texto, extracto de un artículo titulado Nuevamente sobre los métodos de trabajo publicado el 15 de febrero de 1974 en Bandera Roja es muestra significativa de esta preocupación y de las justas conclusiones que se venían elaborando:

Nuestra Organización, la Organización de Marxistas-Leninistas de España, ha cubierto ya en este terreno [el desarrollo orgánico] bastantes etapas. De ser un núcleo reducidísimo y tremendamente limitado, a la izquierda del revisionismo, ha pasado a ser una Organización amplia, desarrollada por todo el país, con una estructura partidista y un buen funcionamiento orgánico [...]

Hemos repetido muchas veces que, para derrocar al fascismo, el proletariado debe dotarse de su Partido dirigente, hemos repetido que era necesario hacer de ese Partido un destacamento bolchevique férreamente disciplinado, una vanguardia de acero. Para esto, es necesario que esa vanguardia posea una visión científica del mundo, es necesario que esté armada del marxismo-leninismo. Pero también, y es condición indispensable, un funcionamiento fuertemente centralizado y a la vez democrático. Es sobre este segundo aspecto, el de nuestro funcionamiento, sobre el que debemos poner una gran atención e insistir de nuevo en algunos aspectos.

Nuestro problema es un problema de desarrollo; la lucha de clases en nuestro país se ha agudizado de una manera tan extraordinaria que en muy pocos años la situación ha cambiado radicalmente. Se ha pasado de una gran influencia del revisionismo en el seno del movimiento obrero a su completa bancarrota. El movimiento revolucionario de masas ha desbordado los cauces reformistas en que pretendía meterlo el revisionismo y está ahí, apuntando directamente al corazón del fascismo [...]

Podemos resumir, ciñéndonos a la situación que tenemos planteada:

Debemos ligarnos a las masas, ésta es nuestra consigna. Llevándola a la práctica es como van a fortalecerse y estabilizarse los organismos intermedios, los comités nacionales, regionales y locales, y no (como apresuradamente se decía en el número anterior) antes estabilizarlos y después ligarlos a las masas. Debemos centrar nuestra atención en las organizaciones de fábrica: sólo enraizando entre el proletariado industrial, dando mayor participación y poniendo en manos de los obreros más conscientes las tareas más importantes, podemos estar seguros de que todo el trabajo se desarrollará ampliamente. Para ello, no debemos descuidar los contactos por débiles que sean, cuidándolos especialmente.

Debemos perfeccionar nuestro funcionamiento orgánico, haciendo que el trabajo político gire aún más en tomo al Bandera Roja, afianzando las redes de distribución y desarrollándolas, aumentando la propaganda, cuidando especialmente su redacción y contenido. Haciendo que cada responsable tome en sus manos firmemente sus tareas específicas, informando de su trabajo y aumentando la vigilancia revolucionaria.

Hay una condición indispensable para el buen funcionamiento de cualquier organismo, y es el de la información constante y minuciosa de la actividad que lleva a cabo cada camarada [...]

La información llega desde la base al centro, y éste a su vez, y en base a esa información, marca las directrices e informa de la marcha general de las tareas a toda la Organización.

Desde las células sube la información, que sintetizan los comités y de éstos llega al centro.

De la información detallada depende la marcha de la Organización. De la misma forma la división del trabajo hace indispensable la información, y es la manera de que el centralismo se vea reforzado [...]

Así, con paso firme, cumpliendo todas nuestras tareas, perfeccionando los métodos de trabajo y cubriendo todos los objetivos, haremos de nuestra Organización el destacamento bolchevique que nuestra clase necesita.

Pues bien, la campaña de bolchevización venía a poner de nuevo a la orden del día todos estos planteamientos y exigencias. Éramos muy conscientes de la juventud del movimiento que se encabezaba, crecía el número de militantes que se incorporaban al trabajo organizado y ello exigía un sostenido impulso para su educación y para la incorporación de nuevos cuadros a los organismos de dirección a todos los niveles. Cada experiencia propia era valiosísima y, acertada o errónea, sobre ella había que reflexionar e insistir una y otra vez. Así, la campaña de bolchevización se centró fundamentalmente en la crítica al espíritu pequeño burgués (del que los errores del verano habían sido sólo una muestra), en la rectificación de los errores de sectarismo cometidos en el trabajo de masas y de todos los relacionados con el funcionamiento interno y el fortalecimiento del centro.

Respecto al primer problema, en un artículo publicado el 15 de abril de 1975 en Bandera Roja, titulado Continuemos la crítica del espíritu pequeño burgués; rectifiquemos a fondo todos los errores , se hacía balance de la campaña, profundizando la critica a esta tendencia, ya que esta crítica se estaba constituyendo en el fondo ideológico de toda la campaña:

Algunos camaradas han señalado, e insisten mucho en ello, que los errores y deficiencias que se observan en nuestro trabajo son propios de la etapa de desarrollo en que se encuentra nuestra Organización (aún débil y poco experimentada), que esto es una enfermedad propia del crecimiento, lo cual es cierto y de nada serviría negarlo. Nosotros no hemos ocultado esa realidad, pues sólo reconociéndola podemos superarla. Eso es lo que nos ha llevado a obrar. ¿Podíamos permanecer impasibles ante los errores y deficiencias de nuestro trabajo sin hacer nada para corregirlos una vez que se han observado, no hacer nada para acelerar así en lo posible, el proceso de maduración de nuestra Organización? Dejaríamos de ser marxistas si procediéramos de esa manera. Y la verdad es que hay quienes argumentan, no para corregir sino para justificar, señalando los errores inevitables pero no el remedio. Esto nos conduce a la parálisis y a la conciliación, no a la lucha y a la superación continua.

Además, la crisis general del régimen y la ofensiva de la lucha de masas no admite ningún tipo de componendas; exigen de nosotros, vanguardia del proletariado, las acciones más resueltas; nos exige que pongamos en tensión todas nuestras fuerzas y que aceleremos la marcha. Como ya se ha señalado muchas veces, esto podemos y debemos hacerlo. Otra cosa sería esperar sentado a que lleguen 'tiempos mejores'; nos deslizaríamos por la rampa del oportunismo sin apenas ofrecer resistencia y de esa forma las masas nos condenarían y mereceríamos todo su desprecio [...]

La experiencia nos demuestra que muchas veces, sobre todo cada vez que una nueva situación (y todos vemos con que celeridad se suceden los acontecimientos) nos ha obligado a cambiar en alguna medida los planes o a dar un nuevo paso adelante, entonces tropezamos con un muro de incomprensión y una resistencia, en algunos casos rabiosa, a las nuevas directrices. Es entonces cuando aflora también el espíritu pequeño burgués. Estas cosas no se pueden evitar, incluso son a veces muy beneficiosas. Pero se comprenderá que tenemos la obligación de sobreponemos y de luchar contra ese espíritu pequeño burgués. Nosotros somos partidarios acérrimos de todo lo que favorezca el avance y contrarios al conservadurismo o a la comodidad que conducen al oportunismo. Para ello fomentamos la lucha ideológica, franca y abierta, en nuestras propias filas y fuera de ellas. Eso es algo que no nos espanta (como a los oportunistas), viendo en esa lucha una de las formas más importantes de educar a nuestra clase y a las amplias masas.

Se cae con facilidad en la rutina y las cosas nuevas provocan muchas veces vértigo, tendiéndose a la situación anterior, por inercia o por debilidad. Este es un fenómeno muy generalizado y espontáneo que los oportunistas procuran siempre utilizar en su provecho [...]

Nuestra Organización no es un compartimento estanco, ni una secta tenebrosa. Constituimos un pequeño destacamento proletario que combate a la intemperie, en unas condiciones muy difíciles y dentro de una sociedad donde la ideología burguesa es predominante. Nuestra Organización no es ajena a lo que sucede en esta sociedad y lo mismo que trata, de influir en ella con sus ideas, con sus consignas y sus actos; las ideas, los actos, los falsos rumores, etc., que esparce la burguesía tienen también efecto en nuestra Organización. Todo eso influye continuamente en nuestros militantes, confunde y hace vacilar a los más débiles, les presiona como una poderosa ventosa que intenta sacarles del camino revolucionario para llevarles al lodazal donde se revuelcan muchos llamados comunistas. Además, nadie nace 'puro'; todos nos forjamos en la lucha de clases y asimilando nuestra doctrina científica marxista-leninista. Continuamente llegan a nuestras filas camaradas que son portadores de gérmenes de la podrida ideología burguesa, gérmenes que, en determinadas condiciones reciben estímulo, se multiplican y llegarían a ahogarnos si no, los combatimos con energía.

Todo lo expuesto no es más que el reflejo en nuestra Organización de la lucha de clases que existe en la sociedad.

Los comunistas tenemos un método justo y democrático para afrontar y resolver ese problema. Este es el método de la crítica y la autocrítica, del sometimiento de la parte al todo, de la libertad de discusión y la unidad de acción. Este método es infalible, nos asegura siempre la victoria, permite que la verdad se abra camino y que triunfe sobre lo falso, la mentira o el engaño. Para eso tenernos que utilizarlo de forma consecuente.

Respecto a los errores de sectarismo que se venían cometiendo en el trabajo de masas, las responsabilidades se repartían a partes iguales entre la Dirección y los camaradas dedicados a ese trabajo, pero la naturaleza de cada uno de estos errores era distinta y se cuidaba mucho de no medir a todos con el mismo rasero, pues eso hubiera sido la mejor manera de no aclarar nada.

El que se hayan cometido errores de sectarismo no significa que nuestra Organización, nuestro trabajo y la concepción que nos hemos formado del mismo sean 'sectarias'. ¡Ojo! No confundamos las cosas.

Antes de nada se hace obligado decir que durante esta etapa de trabajo, centrado en la Reconstrucción del Partido, si no queríamos ir a la zaga del movimiento de masas, obligatoriamente teníamos que situar la labor entre ellas en un segundo plano. Pues ¿Cómo podíamos situarlo en primer lugar si no contábamos con la organización y la línea capaz de dirigirlas? Además de crear la Organización (cosa que sólo podíamos hacer trabajando entre las masas), hemos ido elaborando una línea que la experiencia está corroborando en todos sus puntos. En estas condiciones era lógico que no nos ocupásemos demasiado de los aspectos prácticos, inmediatos, del trabajo de masas. Nuestras principales preocupaciones y esfuerzos han estado, y siguen estando, en otra parte: en crear la organización de los revolucionarios y su justa línea política. Repetimos que estas dos cuestiones no se podían resolver en el aire, sólo se pueden crear en el trabajo de masas. Pero de ahí a conceder a ese trabajo de masas la atención principal va un abismo.

De haber procedido de la manera sindicalista o aventurera como lo han hecho los grupos pequeño burgueses, no habríamos conseguido crear las bases del Partido. Esto debe quedar bien claro.

Pero ¿qué ha sucedido? Ha sucedido lo que tenía que suceder. La propia dinámica de nuestra actividad nos ha ligado a las masas planteando la necesidad de prestar más atención al trabajo entre ellas; nos ha situado ante la necesidad de pasar a organizarlas y a dirigirlas en algunos lugares. Esto es un dato más que confirma la maduración de las condiciones y la necesidad del Congreso Reconstitutivo del Partido.

Pero resulta que no habíamos prestado la debida atención a este rasgo de la situación (he ahí nuestro error) mientras, que, por su parte, los camaradas que estaban realizando ese trabajo de organización entre las masas habían perdido de vista la concepción que sobre el mismo hemos elaborado. El hecho es que sólo nos hemos dado cuenta de nuestra ceguera cuando algunos camaradas ya habían montado un tingladillo que, como es lógico comenzaba a embrollar todo nuestro trabajo. Ese tingladillo ha sido inmediatamente desmontado y se comienzan a corregir los errores del mismo tipo que se estaban cometiendo en otros lugares.

Con las redes de distribución de nuestro Órgano Central y demás materiales de propaganda, el problema que se nos ha, presentado es distinto. Aunque también tenemos que trabajar entre las masas, se trata de un problema de organización; es esencialmente, una cuestión interna. Tratamos de organizar a los camaradas para que cumplan determinadas funciones y evitar así la desviación de sectarismo en que ya se estaba incurriendo al restringir artificialmente, y por una mala organización, la difusión de nuestra propaganda. En este caso hemos aprendido la lección y procuramos evitar los anteriores errores. Claro que aquí, por el hecho de que los problemas no se han presentado de forma tan clara como en el caso anterior, se encuentra mayor resistencia, los camaradas están más apegados a la rutina y cuesta más trabajo despegarlos de ella. No obstante se están haciendo importantes progresos.

Los argumentos que se han esgrimido contra la creación de las redes (que es otra de las cuestiones planteadas ya hace tiempo en nuestra Organización) no resisten la menor crítica. Se dice que se pone en 'serio peligro' a las masas. En fin, lo mejor sería retiramos a casa y no pasar ningún papel a nadie Así se evitarían los problemas y todos los peligros.

No cabe ninguna duda de que a medida que nos acercamos al Congreso, y como un claro exponente de la necesidad del Partido, está tomando mayor importancia el trabajo de masas. Esto debe llevamos a estudiar con detenimiento todas las experiencias y a formular una justa línea de masas. El Congreso reconstitutivo deberá ocuparse con preferencia de esta cuestión.

El apoyo a la dirección central continuaba siendo una necesidad primordial; ese apoyo se concretaba en el envío de cuadros, información, críticas, etc., pero sobre todo, con la realización del trabajo encomendado y la correcta aplicación de las directrices. Ese mismo número de Bandera Roja comentaba sarcásticamente: ¿Qué valor puede tener una crítica de quienes no han cumplido ni medianamente su trabajo, de quienes ponen todo su esmero sólo en hacer 'críticas'? El periódico, nos dicen algunos 'críticos', ha sufrido un 'bajón' Después de leer esto preguntamos a los camaradas responsables del órgano central: ¿Han enviado algo para mejorar el periódico esos señores 'críticos'. Si, nos responden: la crítica.

3.8 Convocatoria del Congreso reconstitutivo

La aceleración de los acontecimientos políticos y el crecimiento de la marejada revolucionaria que el estallido de la crisis económica y política del régimen trajo consigo, exigía de la Organización y de sus hombres dar un nuevo paso adelante que, no por menos esperado, era menos arduo y problemático: se hacía absolutamente necesaria la convocatoria del Congreso reconstitutivo del Partido.

En el amplio debate abierto en toda la Organización sobre la conveniencia o no de tal convocatoria, muy pronto habrían de salir a la luz las dos posiciones distintas y enfrentadas ante este problema trascendental. La oportunidad y el éxito de la campaña de bolchevización emprendida se puso aquí de manifiesto, al permitir dejar en minoría con gran facilidad a los camaradas que se oponían a la inminente convocatoria del Congreso.

Los que se oponían a que se realizase esta convocatoria, alegaban que aún no estaban dadas todas las condiciones orgánicas que garantizarían el éxito del Congreso y el posterior desarrollo del Partido entre las masas, y consecuentemente con esta opinión abogaban por la participación de los militantes de la OMLE en Comisiones Obreras para reforzar, según decían, el trabajo de masas.

Esta preocupación por el trabajo de masas, por mantener los más extensos vínculos con la clase, ha sido siempre una constante preocupación de todos los oportunistas, que olvidan con extrema facilidad que el principal deber de todo comunista consiste en crear la organización de los revolucionarios -el Partido- antes de pensar seriamente en realizar un trabajo efectivo, verdaderamente comunista, político y múltiple, y no -ni siquiera principalmente- sindical entre los obreros. Eso sin entrar a discutir la importancia y el verdadero carácter de las Comisiones Obreras, montadas por los carrillistas, como ya hemos remarcado, para contraponer este montaje burocrático al nuevo movimiento sindical democrático de las masas obreras.

Para los que defendían esas posiciones dentro de la Organización -y esto no era nada nuevo- la cuestión radicaba en que sólo cuando la OMLE estuviera implantada ampliamente, entre las masas y dirigiera sus luchas en casi todas las fábricas, sólo entonces podía hablarse de organizar el Congreso, antes de eso no. Evidentemente, esta idea se hallaba en consonancia con las posiciones economicistas, con el seguidismo espontaneísmo que están en la base de todo oportunismo, que tantas veces se había denunciado y combatido.

La inmensa mayoría de la Dirección y de los cuadros de OMLE rechazaron de plano esas posiciones, que no podía conducir sino a hacer el juego al carrillismo y a la burguesía y, contrariamente a ellas, sostuvieron que, dadas las condiciones políticas -de agravación de la crisis- y el auge extraordinario del movimiento espontáneo de las masas nuestra principal tarea no consistía en ir tras ese movimiento, sino en tratar de dotarlo de un programa y de una dirección justa, revolucionaria, pues sólo de esta manera era corno se podía impedir que la burguesía y el revisionismo lo desviara o utilizara para sus propios fines.

En los siguientes términos se hacía eco de la polémica el número de Bandera Roja correspondiente a de 15 de abril de 1975: Nos habíamos habituado a ver las cosas venir a lo lejos y cuando, como toro que salta la barrera, se han acercado los acontecimientos entonces ha cundido el desconcierto. Recordemos una vez más los 'errores del verano' y sus secuelas, cuando las cosas se habían planteado ya de una manera bastante clara. Ahora, ¿hay que ir al Congreso?, interrogan algunos. Y argumentan: '¡Pero si no estamos preparados!'. Muy cierto. Por esta razón decíamos: ¡¡Hay que prepararse!! ¡Aceleremos nuestros planes! Esas han sido nuestras consignas, deducidas de una situación nueva (como es la apertura de la crisis del régimen fascista), pero que en nada contradice nuestra línea ni los planes establecidos. Por el contrario, nuestra línea se afirma, los planes los aceleramos y el espíritu pequeño burgués sufre una nueva derrota en nuestras filas.

Ciertamente, argumentaba también la mayoría de la Dirección, además de las condiciones políticas que hacen necesaria la convocatoria del Congreso, tienen que darse las condiciones orgánicas e ideológicas sin las cuales cualquier convocatoria quedaría reducida solamente a eso, a un buen deseo. Y tales condiciones existían ya. La OMLE en casi siete años de trabajo, desplegado en múltiples campos, había conseguido echar las bases ideológicas y organizativas para la existencia y posterior desarrollo del Partido y de su trabajo político entre las masas. Pero sólo a unos oportunistas incorregibles se les podía haber ocurrido la brillante idea de que había que esperar a que 'todo', o aunque sólo fuera la 'mitad' del proletariado nos siguiera, para proclamar la existencia del Partido, forma superior de organización del proletariado consciente. En tal caso, si esto fuera posible conseguirlo antes de crear el Partido, la reconstrucción del Partido sería innecesaria; o lo que en realidad es lo mismo: habría que postergarla hasta las calendas griegas.

Esta polémica fue zanjada en la reunión del Pleno del Comité de Dirección, de marzo de 1975, en la que se decidió hacer la convocatoria, razonada en estos términos:

  la situación de grave crisis económica y política por la que atraviesa España y el ascenso de la lucha de masas, hacen necesaria la existencia de un partido revolucionario;

  durante los últimos años la actividad general de la OMLE ha sentado las bases políticas e ideológicas así como establecido los lazos indispensables con las masas para la existencia y desarrollo de este partido;

  en las actuales circunstancias, un retraso en la convocatoria del Congreso que habrá de dotar a la clase obrera de su partido dirigente sólo puede beneficiar a la oligarquía y hacer el juego a sus lacayos revisionistas.

Por todo ello, la reunión ampliada del Comité de Dirección decidió convocar el Congreso reconstitutivo.

Esta reunión del Comité de Dirección aprobó también las tesis programáticas que debían ser publicadas para su estudio y discusión por todos los militantes y por las masas, abriendo una campaña de preparación del Congreso de amplias perspectivas.

Durante dicha campaña se puso un acento especial en ligar la discusión de las tesis programáticas al estudio de los problemas más acuciantes de los obreros. Entre estos problemas, el más importante en aquellos momentos era el de las elecciones al sindicato fascista convocadas por el Gobierno. La OMLE llamó a los obreros a boicotear esta farsa y a practicar sus propios métodos de lucha y de organización democrática en la confrontación con los patronos.

En base a las experiencias obtenidas en la preparación de la Conferencia, todas las organizaciones de la OMLE realizaron numerosas asambleas y reuniones con obreros, estudiantes y otros antifascistas para la discusión se los documentos pro gramáticos. De estas asambleas de elevaron actas que fueron apareciendo en los meses sucesivos en las páginas de Bandera Roja. Al mismo tiempo que se realizaba entre las masas este trabajo, en las reuniones de los comités y células de la Organización se procedió a la elección democrática de los delegados que llevarían sus opiniones -y la de todos los trabajadores al Congreso reconstitutivo. Igualmente, las organizaciones nacionales de Euskadi, Catalunya y Galicia celebraron conferencias para analizar las tesis programáticas en relación con los problemas específicos de cada nacionalidad y elegir sus delegados al Congreso.

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