La creciente amplitud de las tareas que a partir de entonces tuvo que afrontar la Organización y la lucha contra la represión policial impusieron la necesidad de profesionalizar a los cuadros dirigentes. En su primera reunión, el Comité de Dirección elegido en la Conferencia se estructuró según el principio de la especialización del trabajo. Fue dividido en varias comisiones, responsables cada una de ellas de dirigir una parte de la labor de toda la Organización.
Otro acuerdo importante tomado en aquella reunión fue el de crear una cobertura organizativa fuerte en el extranjero, de modo que ésta preservara a una parte de la Dirección y garantizase la continuidad del trabajo político. En octubre de 1973, Manuel Pérez, Enrique Cerdán e Isabel Llaquet se trasladaron a Francia. Por aquel entonces la organización del exterior, de la que Francisco Javier Martín Eizaguirre continuaba siendo el principal soporte, se hallaba muy disminuida en sus efectivos, por lo que la llegada de estos camaradas supuso un considerable refuerzo.
A partir de este momento establecimos contacto (en Francia y en Bélgica principalmente), con otras organizaciones y grupos marxistas- La profesionalización de los cuadros y su especialización permitieron extender rápidamente la Organización por las regiones en las que era más débil.
En 1973 existían en Catalunya algunos simpatizantes que venían recibiendo regularmente la propaganda de la OMLE y que a su vez aglutinaban a algunos círculos de obreros y estudiantes en torno al Órgano Central, Bandera Roja, pero sin mayor incidencia en el movimiento obrero y popular.
En la segunda mitad del año, Juan Martín Luna es enviado a Catalunya para que dinamizara estos círculos de simpatizantes y sentara una base organizativa sólida. Su labor se prolonga durante dos años y en este tiempo la OMLE se implanta en los núcleos fundamentales del cinturón industrial de Barcelona.
Martín Luna era el prototipo de organizador; de carácter abierto, su extraordinaria capacidad de comunicación con la gente era ilimitada; hacía fácil lo más difícil y, sobre todo, convencía de esa facilidad e inculcaba sus hábitos disciplinados de trabajo a cuantos le rodeaban. Había sido enviado a Catalunya por la Dirección para romper el aislamiento en se hallaban tos grupos de simpatizantes; y en verdad que consiguió.
A finales de 1973 ocurren dos hechos que Martín Luna supo aprovechar al máximo para los fines que se proponía: primero fue la huelga de trabajadores de la Térmica de Adrián del Besós, huelga en la que las masas obreras, de forma semiespontánea, desarrollaron métodos revolucionarios lucha. Los obreros realizaron encierros y asambleas que fueron brutalmente reprimidas por la policía y que costaron la vida a dos trabajadores. Estalló la huelga general. En el transcurso de esta huelga y de las manifestaciones que la acompañaron, Luna toma contacto con obreros de Badalona y San Coloma.
Pero si estas acciones de masas tuvieron para el movimiento obrero una enorme importancia, mayor sería la de la huelga del ramo de la construcción que se dio poco después en Barcelona. En esta huelga, Luna habría de demostrar una más su capacidad de agitador y organizador. Hacía tan solo dos meses que acababa de entrar a trabajar en las obras Hotel Hilton, cuando se produjo un accidente que costó la vida a un compañero al caer del andamio. La primera reacción de los obreros fue reunirse en asamblea. En ella Martín Luna tomó la palabra para denunciar esta muerte por falta de protección en el trabajo e indicó a los compañeros que la única forma de acabar con accidentes como aquel y más abusos de la patronal, consistía en ir a la huelga y extender la protesta a toda la ciudad.
Así narra los hechos una crónica aparecida en Bandera Roja de setiembre de 1973:
Se eligió una comisión para presentar estos puntos a la empresa, y mientras tanto la asamblea continuó formada.
Cuando volvió la comisión, nos dijo que la empresa no les había hecho el menor caso y les había dejado plantados. Todo esto, como las demás informaciones, eran traducidas para algunos compañeros marroquíes que no entendían el castellano, para que se solidarizaran y participaran activamente en la lucha.
La gente, entonces, decidió lanzarse a una postura firme y permanecer en huelga hasta que los puntos exigidos fueran aceptados por la empresa. En todas estas luchas los obreros pusieron en práctica las consignas que venía difundiendo la OMLE: asamblea, elección de comisiones de delegados para negociar con las empresas, organización de piquetes de autodefensa y extensión de la lucha, manifestaciones masivas en las calles. etc. Esto permitía a la OMLE ampliar su círculo de influencia entre los obreros de la construcción de Barcelona. De aquí salen también los primeros contactos con obreros fabriles de Hospitalet, que más tarde darían origen a los primeros núcleos de la OMLE en la zona.
A la par que avanza el trabajo de propaganda y organización entre el proletariado, se forma un comité local y varias células, y otros camaradas comienzan a trabajar en círculos universitarios.
Durante el verano de 1974, se sientan ya unas bases orgánicas firmes en Catalunya. Por su importancia destacan los núcleos de militantes organizados por la OMLE en Santa Coloma y en el Baix Llobregat. Este último se forma en base a la participación de los camaradas en las huelgas en las empresa Siemens, Elsa, Forsa y Corberó, que desembocaron en la huelga general de todo el Baix Llobregat, en el transcurso de la c los obreros pondrían en práctica métodos independientes, revolucionarios de lucha. A este primer núcleo del Baix Llobregat pertenece Antonio Cabezas Bella, trabajador de construcción, que sería asesinado, junto a otros tres camaradas más, el 17 de junio de 1981 en Gerona.
En la primavera de 1974 la organización de la OMLE en Catalunya realiza una amplia difusión de su propaganda; es labor de propaganda es completada con la publicación de boletín local, Catalunya Roja, que aborda más de cerca problemática social y nacional de Catalunya. El tema de las nacionalidades, al que desde el principio de su creación OMLE venía dedicando una especial atención, ocupa un lugar preferente en las tareas de propaganda que realiza la organización en Catalunya. Se organizaron varias asambleas con obreros y otros trabajadores a fin de esclarecer las posiciones marxistas-leninistas al respecto y combatir la influencia d nacionalismo burgués, muy arraigado en algunos sectores. Al mismo tiempo las octavillas lanzadas por la Organización a recen en bilingüe. Para facilitar este trabajo de esclarecimiento de la Dirección de la OMLE había editado a finales de 1973 una recopilación de textos de Lenin sobre la cuestión nacional.
Otro trabajo importante que realizó la OMLE para el esclarecimiento de la historia del movimiento obrero y del problema nacional en Catalunya fue la publicación, en bilingüe, de la Declaració de Joan Comorera, documento al que se daría una amplia difusión entre los obreros y estudiantes revolucionarios de aquella nacionalidad, y también en el resto de España. La publicación de la Declaració de Joan Comorera -un documento histórico que marca una política coherente para la situación actual en España- se convierte en algo más que la difusión de un texto marxista; se trata de reivindicar la personalidad de este insigne comunista catalán, fundador del PSUC, y su historia abnegada de luchador antifascista e ideólogo marxista-leninista de la clase obrera de toda España.
En Euskal Herria, antes de la I Conferencia, la actividad de la OMLE fue mínima. Desde 1972 se enviaba la propaganda y se mantenían esporádicos contactos con algunos simpatizantes, pero sin que esto cristalizara en un trabajo de organización.
El proletariado y el pueblo de Euskal Herria fueron en aquella década la punta de lanza del movimiento revolucionario en España y cuenta con grandes tradiciones de lucha por sus derechos nacionales y sociales. En la época en que la OMLE era aún débil, el pueblo vasco, encabezado por la clase obrera, había librado ya importantes combates contra la dictadura fascista y había abierto más de una brecha en los partidos nacionalistas burgueses y revisionistas. A consecuencia del vacío dejado por la traición revisionista, en Euskal Herria proliferaron numerosos grupos políticos que habían demostrado su incomprensión del problema nacional y su incapacidad para hallar una salida al movimiento revolucionario. Solo algunas organizaciones de la izquierda nacionalista vasca comenzaban por entonces a despuntar como auténticos portavoces de los intereses del pueblo vasco; pero en ningún momento éstas se proclamaban como organizaciones de clase. Es por eso por lo que la Dirección de la OMLE consideró necesario comenzar a desarrollar allí sus actividades, encaminadas a vincular al proletariado vasco con el resto del proletariado de las otras naciones del Estado para la lucha conjunta contra el enemigo de clase y por la revolución socialista, que ponga término a todo tipo de explotación y opresión.
Después de la I Conferencia, la Dirección de la Organización envía cuadros experimentados a Euskal Herria para formar el Comité Nacional e instalar una imprenta clandestina que permita atender las necesidades de agitación y propaganda de la joven Organización. Pronto comenzaron a aparecer numerosas hojas de agitación y un boletín, Aurrera, desde el que se abordan los problemas nacionales y sociales de las masas trabajadoras.
Se van formando círculos de militantes y simpatizantes en las fábricas más importantes de la cuenca del Nervión, entre otras Altos Hornos de Vizcaya, las contratas de la Naval de Sestao, astilleros Euskalduna y Cadagua así como la Central Nuclear de Lemóniz. Especialmente la Organización arraiga en la zona minera y en Las Encartaciones, lugar donde la tradición comunista se mantiene viva y la propaganda de la Organización es muy bien acogida. Esta zona minera, una de las primeras agrupaciones socialistas del siglo pasado en Euskadi y más tarde uno de los núcleos fundadores más dinámicos del Partido Comunista, será también donde más rápidamente eche profundas raíces la Organización en la nacionalidad. Gallarta, Ortuella, Musquiz, Las Carreras, son pueblos desde entonces unidos a la historia de la OMLE y el PCE(r). Entre los camaradas que hicieron posible esta realidad destaca la figura de Juan José Crespo Galende, muerto en huelga de hambre en la prisión de Herrera de La Mancha en junio de 1981. Crespo, el camarada Kepa, cuyo mayor orgullo en vida era ser útil a su clase y a la causa del socialismo, fue el impulsor del trabajo comunista entre la juventud de su pueblo, Las Carreras, y desde el club que dirigía, Punta de lanza, extendió la influencia de la Organización a toda la zona.
Se puede decir que desde este momento ya estaban echadas las bases de una organización de la OMLE dentro del proletariado de Euskal Herria.
Sin embargo, las posiciones ambiguas y vacilantes que aparecieron expresadas en los primeros números de Aurrera en relación con la lucha armada de ETA, impedirán, durante un tiempo, una mayor y más rápida extensión el trabajo político entre los obreros. Estas posiciones fueron criticadas más de una vez por el Comité de Dirección de la OMLE; desde las páginas de Bandera Roja se hizo un llamamiento a los camaradas de Euskal Herria para que abandonaran su postura ambigua y vacilante y combatieran hombro con hombro con sus compatriotas contra el enemigo común, y para que sólo sobre esta base, en todo caso, mantuvieran una posición crítica, independiente, con relación al problema nacional los problemas sociales del proletariado vasco. Pero será después del Congreso reconstitutivo del Partido, y toda vez que esos errores fueron rectificados a fondo, cuando la organización de Euskal Herria se extiende con amplitud en las fábricas y zonas industriales más importantes, e incorpora a sus filas a numerosos militantes comunistas vascos.
Efectivamente, esos grandes acontecimientos no se hicieron esperar; pocos días después, el 20 de diciembre, se produjo la voladura del almirante Carrero Blanco, el hombre fuerte del régimen.
El número de Bandera Roja correspondiente al mes de diciembre de 1973 también anticipó lo que se nos venía encima:
No cabe duda de que este aperturismo supone, ciertamente, una evolución política del régimen, cuyo objetivo no es otro que el de abrir sus puertas, sin cambiar de esencia, a todos los que, visto el rumbo que están tomando las cosas, están dispuestos a colaborar directamente con el fascismo y que anteriormente se habían hecho ilusiones y habían trabado por un cambio que los pusiera más a cubierto que la colaboración abierta. Así sucedió. La ejecución no alteró los planes reformistas del fascismo, que siguieron adelante tal y como el almirante los había impulsado. Las primeras declaraciones del gobierno tras la ejecución del almirante Carrero, hechas por Torcuato Fernández Miranda, eran una corroboración de estas previsiones: Hemos olvidado la guerra en un afán de construir la paz de los españoles. El espíritu del 12 de febrero de 1974 fue la respuesta a quienes pretendieron frenar la reforma. El régimen se declaró plenamente dispuesto a cambiar, como expuso entonces el Presidente del gobierno Arias Navarro. Esta misma política liberalizadora del régimen se aceleró posteriormente, tras la revolución de los claveles en abril de 1974 en Portugal.
Es importante reseñar que quien escribió a Arias Navarro el discurso que pronunció el 12 de febrero de 1974 ante las Cortes, no fue otro que Gabriel Cisneros, entonces un oscuto funcionario fascista que cuatro años después sería uno de los redactores de la Constitución. Los impulsores del cambio fueron personajes de esa doble factura.
Desde tiempo atrás la OMLE ya venía prestando una atención especial al desarrollo de la vida política del país. El Informe presentado a la Conferencia decía con relación a este asunto: La combinación de la represión con la demagogia fascista llena de palabras 'democráticas e 'izquierdistas' se va a intensificar en los próximos años, y, ni qué decir tiene, el rumbo que tomen las cosas va a seguir dependiendo del desarrollo de la lucha de masas y del cauce que tome el movimiento.
Habíamos publicado varios artículos en Bandera Roja y en Antorcha donde advertíamos que los planes aperturistas del Gobierno no eran algo nuevo, sino que ya desde la década de los años sesenta la situación económica y su aislamiento progresivo le estaban conduciendo a trazar planes en ese sentido. Tras la profunda reforma de la Administración en los años cincuenta y la liberalización económica de los sesenta, el movimiento de masas, la crisis y el aislamiento obligaban a retocar también las formas políticas de dominación. Entre todas estas reformas había un mismo hilo conductor: surgían de las propias entrañas del régimen, por la necesidad de perpetuar la explotación capitalista.
Pero los planes aperturistas chocaban con el movimiento de masas, especialmente con las luchas obreras. El problema para la oligarquía lo constituía precisamente el control de esas luchas que comenzaban a desbordarse, y en esto le tenía reservado un papel al revisionismo carrillista y otros reformistas.
El fracaso de la política revisionista (materializado en el fracaso del proceso 1001) y el auge del movimiento espontáneo de masas, llevó al régimen a plantearse de una manera inmediata abrir su aparato institucional a los reformistas integrándolos en los sindicatos, en los ayuntamientos y en todas las instituciones fascistas. Los distintos sectores de la oligarquía y sus lacayos revisionistas cerraron filas alrededor de este proyecto aperturista, dando lugar al nacimiento de lo que la OMLE calificó como el bloque contrarrevolucionario del 20 de diciembre y a sus cómplices como oposición domesticada. A contracorriente de todos, sostuvimos entonces que la esencia de ese bloque no consistía que el régimen se democratizaba sino que los demócratas se integraban en el fascismo. La reforma comprendía la integración de las masas en los planes de la oligarquía, para lo cual había que crear o promover a una serie de grupos y organizaciones como sus representantes y gestores tanto política como sindicalmente; y finalmente había que someter por la fuerza y eliminar a quien se opusiera a sus proyectos y les hiciera frente. La transición, por tanto, no es más que una fase histórica de integración de toda una serie de grupos y organizaciones políticas y sindicales en la colaboración abierta con el régimen fascista, y el intento de aniquilación política y física del resto. El número 40 de Bandera Roja, correspondiente a febrero de 1974, resumía estos cambios en la situación política:
Como clara muestra basta recoger la primera reacción escrita del Comité Ejecutivo del partido revisionista, de los parientes más pobres del fascismo, puesta ya al descubierto por nuestro Órgano Central:
Estamos -ha dicho la camarilla revisionista- dispuestos a encontrarnos, a reunirnos, a discutir con todos los grupos políticos y sociales, con los representantes de no importa qué institución, con las autoridades que tienen virtual o potencialmente un peso en la vida pública, para lograr una solución que supere la guerra civil.
Creemos que sobra más comentario: la camarilla revisionista, como atestiguan los hechos y sus declaraciones, se ha pasado descaradamente, con armas y bagajes, a las trincheras del enemigo del pueblo [...] Esta es la muestra más palpable de la formación del bloque contrarrevolucionario.
Ahora, desaparecido Carrero y su equipo de ‘tecnócratas’, los herederos naturales de éstos en el nuevo Gobierno se disponen a llevar a cabo sus mismos planes, haciendo de ello la razón de su propia existencia.
Esos planes se resumen en lo siguiente:
1. Apertura del régimen fascista a los reformistas y vendidos revisionistas.
Tras el discurso de Arias Navarro en febrero de 1974, los revisionistas arreciaron en sus llamamientos desesperados a la utilización de las posibilidades legales, a participar en las instituciones, intentando así desviar el movimiento revolucionario en ascenso. Ante esta la colaboración del carrillismo y la política aperturista del gobierno, la OMLE tenía muy clara su alternativa, como exponía Bandera Roja en enero de 1974:
Inmediatamente surge esta pregunta: ¿Es que somos contrarios a que las masas tomen parte activa en la lucha política o a trabajar en los sindicatos e instituciones reaccionarias? [...] La realidad es que si hay alguna participación política posible en las condiciones actuales de nuestro país que sea beneficiosa para la conquista de la libertad del pueblo, ésa es la que de forma espontánea las masas han venido desarrollando, desde que acabó la guerra, con su lucha resuelta contra el fascismo.
Ahora surge otra pregunta: ¿Por qué no ‘participa’ el pueblo en la 'vida política' ¿Acaso porque es atrasado o está influido por ideas reaccionarias? En el 36, pese a la gran influencia con que contaban los anarquistas entre los obreros y campesinos, y pese al atraso del país, las masas obreras y populares participaron masivamente en la lucha electoral. Fue esta participación la que dio el triunfo al Frente Popular. En cambio hoy todo el mundo hace gestos de desprecio ante las mascaradas electorales montadas por el fascismo, pues saben por experiencia que todo eso es una falsedad y que cuando verdaderamente tenían en sus manos su propio destino fueron esos mismos asesinos, que hoy se quieren hacer Pasar por 'demócratas', quienes se los arrancaron con las armas y derramaron la sangre de los verdaderos demócratas y de todo el pueblo.
¿Acaso esto no supone una participación política, la única posible y razonable para las masas?
Esta es la forma de participar en la política que nosotros tratamos de impulsar y encabezar; una lucha política por la destrucción del fascismo y el monopolismo y no, como pretenden la oligarquía y sus agentes revisionistas, para sostener al régimen [...]
Nosotros sabemos que es eso lo que exige la burguesía para ceder a las 'reformas': que la clase obrera esté engañada y maniatada. Por esto, sin abandonar la lucha por las reforma y aprovechando todo resquicio de trabajo legal, ponemos en primer lugar la cuestión del derrocamiento del fascismo, la lucha por el gobierno del pueblo y su armamento. En su primera reunión, el Comité de Dirección acordó formar un Comité de Redacción del órgano central y la edición de une revista teórica que diera respuestas claras a las nuevas cuestiones planteadas. El nuevo órgano, Antorcha, apareció en setiembre de 1973 y, desde esta fecha hasta el Congreso reconstitutivo en junio de 1975, aparecieron nueve números más otros tres extraordinarios. La revista Antorcha tenía una periodicidad bimensual. Su misión era tratar en profundidad los problemas que planteaba la revolución en España. Desde el primer número mantuvo un extremado rigor científico en sus análisis marxistas y una claridad en la exposición de los temas que la hacían asequible a cualquier obrero mínimamente consciente. A lo largo de sus nueve números se trataron temas sobre la Historia de España, el movimiento comunista internacional, la cultura, el movimiento revolucionario en Latinoamérica, crítica a los oportunistas de izquierda, Historia del Partido Bolchevique de la URSS, etc. De los tres números extraordinarios, uno estuvo dedicado a la Guerra Nacional Revolucionaria, otro a la lucha sindical y otro a la historia del Partido Comunista de España, este último coincidiendo con la campaña preparatoria del Congreso reconstitutivo.
A su vez, Bandera Roja pasó a editarse quincenalmente, manteniéndose como órgano político de la OMLE. Informaba puntualmente de cuantos acontecimientos políticos y de lucha ocurrían dentro y fuera de nuestras fronteras. Ni una sola quincena dejó de acudir Bandera Roja a su cita. Sólo en una ocasión, a mediados de 1974, el Comité de Dirección decidió retirar el número 50 de Bandera Roja, a la vista de los graves errores que contenía su interpretación de la reforma fascista. Era tal la influencia que Bandera Roja tenía sobre los militantes y los simpatizantes que, en el amplio debate que se abrió como consecuencia de esta retirada del periódico -objetivo que perseguía el Comité de Dirección con su decisión-, pudieron ser erradicados por fin esos errores.
También cada dos meses, la OMLE siguió publicando folletos. Aparte de proseguir la lucha ideológica contra el revisionismo carrillista (edición de una crítica al libro de Carrillo Nuevos enfoques a problemas de hoy) la necesidad de deslindar los campos con las organizaciones oportunistas de izquierda llevó a la OMLE a publicar diversos trabajos de crítica al PCE (m-l), al PCE (i)-PTE, FECO y otros. La necesidad de recoger las experiencias en el terreno de organización y propaganda dio lugar a una serie de folletos bajo el título de ¡Adelante la Reconstrucción del Partido!. Prosiguió la labor de divulgación de materiales de los clásicos del marxismo-leninismo: Carlos Marx - Federico Engels, Marxismo y revisionismo y Sobre el problema nacional, de Lenin; El Manifiesto Comunista de Marx y Engels; Fundamentos del leninismo, Sobre el Partido y una nueva edición de Materialismo dialéctico y materialismo histórico, los tres de Stalin; mensualmente se publicó un capítulo del libro Historia del PC (b) de la URSS y, por último, la ya citada edición bilingüe de la Declaració de Joan Comorera.
Las luchas obreras siempre tuvieron sitio destacado en Bandera Roja; pero hubo una, la huelga del Hilton, que también mereció una edición especial en folleto, tanto por los métodos de lucha independientes que se emplearon, como por la importante participación de la OMLE en su dirección.
La solidaridad con los presos políticos quedó reflejada, por ejemplo, con el folleto ¡Hay que salvarlos!, donde se recogía el testimonio de Eva Forest, torturada y encarcelada por su supuesta participación en el atentado a Carrero y en el de la calle del Correo.
Para apoyar la campaña de bolchevización, previa a la celebración del Congreso reconstitutivo, fueron editados dos folletos, uno con varios trabajos de Lenin, Stalin y Mao, y otro con una recopilación de materiales de la propia Organización.
También se publicaron, atendiendo a los problemas del movimiento comunista internacional, la Proposición acerca de la línea general de Movimiento Comunista Internacional (los 25 puntos) del Comité Central del Partido Comunista Chino, y el libro Contra el revisionismo moderno de Enver Hoxha. En Francia, la Organización seguía publicando la revista mensual Noticias de España.
La cantidad y diversidad de la propaganda editada por la OMLE había hecho aparecer nuevos problemas en la Organización: ¿Cómo asegurar su distribución? ¿Llega cada periódico, folleto u octavilla a manos de quien iba destinado? Muchos militantes y organizaciones no sabían dar una solución justa a estos problemas y atiborraban de material a los mismos simpatizantes, mucho material quedaba sin distribuir, sin pagar, etc. Había, por tanto, que emprender la tarea de organizar las redes de distribución de la propaganda: planificar y distribuir cada edición a su verdadero destinatario, buscar nuevos lectores huyendo de la pretensión de hacerle trabajar al día siguiente, dedicar a un grupo de militantes especialmente dedicados a esta tarea. Son muchos los lugares -decía Bandera Roja de 1 de octubre de 1974- donde contamos con las condiciones necesarias para comenzar a desarrollar una auténtica red de distribución. Casa por casa, en cada 'alojamiento obrero' debemos intentar y conseguir que llegue nuestra propaganda, que los obreros conozcan la línea de nuestra Organización, ¡nada más por ahora! ¿Os parece poco? ¿Nos hemos fijado detenidamente en la importancia que tiene el que la mayor cantidad de obreros y de las masas populares conozcan y sigan de cerca nuestra política, que la hagan suya? Y esto no es tan difícil, camaradas, basta unos hombres dedicados a esta tarea y un mínimo de compañeros dispuestos a recibir nuestros materiales... De esta forma contaremos poco a poco con una extensa red, con una gran tela de araña que enredará entre sus hilos a la canalla fascista y a todos sus servidores. De esta forma veremos que no es 'demasiada' la propaganda que se edita y que necesitaremos mucha más. Periódicamente recibirán nuestros materiales, ellos mismos sentirán la necesidad de discutirlos y entonces nos lo pedirán mañana, querrán colaborar comunicando algo que ha ocurrido en el barrió o en el tajo, etc. Depende de nuestro trabajo todo esto. Las cosas no se hacen por sí solas, necesitan a alguien que las ayude a salir a la luz y ¡esa es nuestra labor!.
Debido al volumen y diversidad de la propaganda y la necesidad de salvaguardar el aparato central de las embestidas de la policía política, se decidió desdoblarle en dos secciones: maqueta e impresión. En la primera se recibían los originales, se hacía la maqueta y se preparaban los clichés; en la segunda estaban las máquinas de imprimir; por esta época (¡gran lujo!) ya se disponía también de una cizalla y hasta de una grapadora. A principios de 1974 quedó formado el nuevo equipo del aparato central.
Las imprentas clandestinas estaban montados en pisos que, a su vez, eran la vivienda de los militantes que trabajaban en ellos. Esto obligaba a seguir rigurosas normas de seguridad: insonorización total de la habitación-taller a base de revestimiento de fibra de vidrio y corcho, salidas y entradas controladas, vida normal con los vecinos, etc. Debido a las condiciones de represión y control policial, la compra de material para el aparato revestía dificultades especiales. Esto obligaba a aguzar el ingenio, buscando nuevas formas y nuevas fuentes de abastecimiento, evitando en todo momento la rutina. Por ejemplo, la compra de papel -el aparato tragaba gran cantidad de resmas- siempre fue un problema: había que diversificar las compras para no dar a conocer a dónde iba destinado el material; pero, por otra parte, la calidad del papel y la cartulina obligaba a que el número de almacenes abastecedores fuera reducido. El mismo equilibrio había que guardar a la hora de entrar o salir del piso con grandes bolsas de viaje y maletas; evitar tanto las horas intempestivas como las de excesivo movimiento de vecinos. Parecidos problemas tenía la sección de maqueta; por ejemplo con los rótulos hechos a letraset, y a menudo con palabras como FASCISMO o PARTIDO COMUNISTA, que había que grabar en tiendas especializadas -fáciles puntos de control policial- que dispusiesen de máquinas grabadoras electrónicas; había que fragmentar los rótulos dentro de palabras inofensivas: FASCIculo, Carl-ISMO, PARTIDO de fútbol, profesor DIMITROV, etc., y se entremezclaban en un texto cualquiera. Una vez grabados, se recomponían los trozos pegándolos unos a otros y, posteriormente, al cliché de cera. Un mayor desarrollo de la Organización, y sobre todo la creación de la Sección Técnica, permitió solucionar poco a poco algunos de estos problemas.
Aparte del contenido, en una línea de madurez política creciente, la calidad técnica de los materiales de la Organización era muy superior a la de cualquier grupo de izquierda y, por supuesto, a la de los carrillistas. Aquí lo único que se lee es lo de la OMLE, se oía en muchas fábricas. Así apareció un primer punto oscuro: comentaban estos vendidos que la propaganda de la OMLE la hacía la policía, porque en la clandestinidad no se podían editar materiales de tan alta calidad de impresión. ¡Pobre idea de lo que son capaces de hacer los comunistas! Porque, además a tal volumen de trabajo reseñado (en un mes, el aparato central llegaba a manejar hasta ciento sesenta clichés y más de once resmas de papel, unos trescientos kilos de peso) y al compromiso de la calidad y la puntualidad, se unía el hecho de que los miembros de los aparatos trabajaban en diversas ocupaciones para mantenerse. Un espíritu comunista, un estilo de trabajo bolchevique y muchas noches sin dormir: he ahí el secreto de la impecable presentación de la propaganda de la OMLE.
Naturalmente, la cuestión de la forma de la propaganda era inseparable de otro aspecto, el principal: su contenido. Por lo mismo que entre los grupos oportunistas era impensable la elaboración de una propaganda de una buena calidad técnica en las condiciones de clandestinidad, lo verdaderamente importante en la propaganda de la OMLE era su contenido comunista. A unas ideas corresponden sencillamente unas formas. Por eso hay que destacar el esfuerzo que el Comité de Dirección hacía en la investigación, análisis y redacción de los materiales de propaganda; obreros en su mayoría, su única experiencia política había sido la que les ofrecían anteriores militancias en el partido carrillista o grupos afines. También aquí hubo que partir de cero, aprendiéndolo todo sobre la marcha: a estar al día, a saber responder con la pluma a los acontecimientos, a dar forma a los artículos según el qué y el para quién, a disciplinarse sometiéndose a unos plazos estrictos de publicación, etc. Pronto hubo que especializar a algunos militantes para estas tareas, sin que por ello el Comité de Dirección dejase nunca de llevar el peso principal en la redacción del periódico. Se creó un Comité de Redacción que a su vez, necesitó algún tiempo para consolidarse. Siempre hubo una relación estrecha y armónica entre los Comités de Dirección y Redacción y los aparatos, que está en la base de toda la propaganda de la OMLE y del PCE(r).
Paralelamente al desarrollo del aparato central y acorde con la extensión de la Organización, se montó todo un equipo especializado en el almacenamiento y la distribución de la propaganda, de tal manera que en dos o tres días la propaganda central llegaba hasta el último militante o rincón de España. Un complejo sistema de citas periódicas y la utilización racional y diversificada de los transportes públicos permitían la rapidez deseada y burlar la vigilancia policial. No era tarea fácil porque estos camaradas viajaban cargados con pesados paquetes, maletas y bolsas que llamaban la atención en las estaciones de tren y autobús. A pesar de las precauciones, la distribución fue uno de los organismos centrales más sensibles a las caídas. Las primeras detenciones de distribuidores se produjeron ya en 1974, por lo que la vigilancia y estanqueidad eran extremas, así como la necesaria firmeza de los militantes que tenían encomendada esta labor.
En los últimos meses de 1974 las condiciones políticas sociales del país se habían agravado extraordinariamente. La crisis, en la que se hallaban inmersos ya hacía tiempo, continuaba acentuándose pese a los intentos aperturistas del gobierno. Por otro lado, la represión incesante contra los trabajadores ponía al descubierto cuáles eran los límites que los sectores más reaccionarios habían puesto al aperturismo En los doce meses de Gobierno aperturista, siete trabajadores fueron asesinados por la policía y guardia civil y hubo numerosos heridos; más de 2.500 personas fueron detenidas por causas políticas o sociales.
El 23 de diciembre el Gobierno promulga la llamada Ley sobre el Derecho de Asociación Política, que no satisfizo ni a las formaciones políticas reformistas que habían proclamado su voluntad de acogerse a la reforma del régimen y colaborar activamente con él. El incremento de la lucha de masas y de la resistencia armada hizo fracasar completamente y, de hecho, impidió la aplicación de aquella ley. La crisis económica mundial se vio agravada a partir de 1973 y comenzaba a hacer estragos en España. El paro, generado por el cierre de las empresas, alcanzaba la cifra de 300.000 obreros, que a primeros del 1975 se incrementaría a 500.000, casi el doble que en años anteriores. Todo esto, unido a la situación política interna, dejaba muy poco margen de maniobra política a la oligarquía.
La resistencia de las masas obreras y populares a los planes de sobreexplotación y a la represión fascista se extendió por todo el país. En Catalunya, a finales de 1974, las luchas obreras son continuas. Una manifestación de los obreros de las fábricas de Cornellá fue reprimida por la policía y varios trabajadores fueron heridos. La reacción de las masas no se hizo esperar y todo el Baix Llobregat fue a la huelga general, empleándose métodos revolucionarios de lucha. Los obreros de SEAT e Hispano Olivetti se declararon en huelga ante los intentos de la patronal de reducir la plantilla; como venía ocurriendo en todas partes, y en todas las ramas de la producción y los servicios, los obreros ponían por encima de todas sus reivindicaciones la exigencia de que fueran aceptados sus representantes elegidos en asamblea. El sindicato oficial, pese a todos los esfuerzos realizados por los carrillistas para sostenerle desde dentro y desde fuera, estaba prácticamente liquidado. Las asambleas democráticas de obreros y otros trabajadores y la elección en ellas de las comisiones de delegados, se imponen en todas partes y se extienden los métodos revolucionarios de lucha. En Euskal Herria se suceden las huelgas, una tras otra, por motivos económicos y políticos. En noviembre de 1974, se declara la huelga de Potasas de Navarra, en la que, tras dos meses de lucha, hay 47 despedidos. A primeros de diciembre todas las fuerzas de la izquierda vasca, excepto los partidarios de Carrillo, hacen un llamamiento a la huelga general en solidaridad con los presos políticos en huelga de hambre. Este llamamiento es seguido por la clase obrera y otros sectores populares de forma masiva. La policía reprimirá salvajemente estas movilizaciones y asesinará a un joven en una de ellas. Junto a la policía, aparecen los grupos de incontrolados que empiezan a practicar agresiones contra los ciudadanos indefensos. Se extendió el movimiento huelguístico por motivos políticos y de solidaridad. De enero a febrero de 1974 fueron suspendidos de empleo y sueldo 24.817 obreros, y otros 4.379 fueron despedidos por las mismas causas. Las huelgas en el mismo año aumentaron en un 62 por ciento respecto al año anterior.
En todas estas huelgas, la OMLE tuvo una activa presencia, denunciando resueltamente tanto la esencia represiva de la política aperturista del gobierno como la colaboración de los carrillistas y de otros partidos reformistas burgueses, que ya por entonces se habían coaligado en la llamada Junta Democrática para tratar de salvar al sistema de su total bancarrota.
Por todo ello, la represión comenzó a cebarse sobre la OMLE. Las detenciones de camaradas venían siendo frecuentes desde hacía tiempo. Son una prueba de hasta que punto la OMLE estaba ya por aquellos años (1973, 1974, 1975) presente en las luchas obreras. Y por lo mismo, estas caídas se producían con más frecuencia allí donde el trabajo de masas estaba más arraigado y extendido: Galicia y Andalucía.
No ha habido acontecimiento importante de lucha obrera y popular, desde las históricas jornadas de septiembre de 1972, en que no haya participado de una u otra forma la OMLG en Galicia. Movilizaciones y luchas en Vigo, Pontevedra, Santiago, Ferrol, Coruña, Lugo; Barreras, Freire, Ascón, Álvarez, la Térmica de Pontes de García Rodríguez, Astano, Alúmina Aluminio... La OMLG y el PCE(r) después han estado presentes en casi todas las luchas del proletariado gallego.
Se sucedían las caídas pero jamás se interrumpía el trabajo agitativo y de organización; camaradas del Comité Nacional fueron detenidos primero en
septiembre de 1974 y, sucesivamente, en octubre de 1975, mayo y octubre de
1976, mayo de 1978, etc.
Permanecer en el centro de la lucha de clases y ser blanco del acoso policial hacía inevitables estas detenciones, pero lo verdaderamente importante fue que la policía no pudo impedir por ningún medio que año tras año la Organización hiciera su trabajo y que nuevos obreros se incorporaran a ella. Es ésta la prueba más evidente del arraigo de una organización entre las masas y, más en concreto, del apoyo decidido de éstas a la OMLG.
Son tradicionales desde entonces las colectas en las fábricas de Vigo para atender las necesidades de los camaradas detenidos y de sus familiares, y barrios obreros como Teis o Sárdoma son considerados hasta por la prensa burguesa como baluartes de nuestro Partido.
En Madrid Bosch era la fábrica del metal donde la OMLE estaba más implantada. Durante la negociación del convenio, en la primavera de 1974, se logró la dimisión de los enlaces y la asamblea se erige en portavoz de los obreros. Así lo explicaban los obreros de Robert Bosch en una de sus octavillas:
Esta es una verdadera calaña, vendidos y traidores. Al mismo tiempo, de forma voluntaria salieron unos compañeros para entregarlas a la empresa [...]
El miércoles, la empresa despidió a cuatro compañeros... pero decidimos seguir unidos, volvimos a hacer una asamblea decidiendo ocupar la fabrica hasta que fueran readmitidos los despedidos. Lo mismo ha ocurrido en Andalucía. La huelga del Marco del Jerez, a primeros de septiembre de 1973, influyó decisivamente en el asentamiento de la OMLE en esta región.
La explotación brutal que padecían los jornaleros hizo que en cada época de vendimia se sucedieran huelgas y los consiguientes enfrentamientos con la
guardia civil, luchas que, la mayoría de las veces, eran saboteadas por el
trabajo de zapa de los carrillistas. Pero esta vez, éstos se iban a encontrar con un hueso duro de roer; en septiembre tiene lugar una huelga de grandes proporciones en la que los militantes y simpatizantes de la OMLE participan activamente. En una octavilla que hicieron los Círculos Campesinos decían:
Pero no vamos a recular, vamos a tirar para adelante, ¡¡vamos a llevar la huelga hasta el final!! Pero no como hasta ahora. ¡¡No a ciegas!! Para estar unidos tenemos que organizarnos. ¿Cómo?
1.- Haciendo asambleas en los campos para tomar acuerdos...
2.- Organizando piquetes para que vigilen, informen a los compañeros de otros sitios y se encarguen de impedir que los perros vendidos trabajen y se
chivateen.
3.- Buscando el apoyo de los obreros de las fábricas y de todo el pueblo. La primera detención en Andalucía se produjo precisamente a raíz de la huelga de Astilleros de Cádiz de diciembre de 1973, que estalló con motivo de lanegociación del convenio colectivo. La OMLE estaba ya en aquella ocasión a la cabeza de la lucha y a los pocos días fueron detenidos varios camaradas y
simpatizantes, entre ellos los que trabajaban en Astilleros. La caída afectó
también al Comité Regional y al comité local de Córdoba. Fue la primera caída
importante de la OMLE y el Comité de Dirección tuvo que actuar sobre la marcha
para poner cortafuegos y preservar la continuidad del trabajo. Sevilla fue la
única localidad que no se vio afectada por esta oleada de detenciones, por lo
que fue en base a sus militantes como se reorganizaría la Organización de nuevo en Andalucía. Más aún, varios cuadros de la organización andaluza ya fichados, pero que la policía no había logrado detener, dejaron por aquellas fechas Cádiz y Sevilla para reforzar el trabajo en otras zonas del país. Uno de los que dejó Sevilla fue Aurelio Fernández Cario, que se traslada a Francia para integrarse en la organización del exterior; Aurelio fue asesinado en 1979 en París por la policía política española, junto a Francisco Javier Martín Eizaguirre.
A estas primeras detenciones siguieron otras, pero el trabajo tampoco se detuvo nunca allí donde ya estaba asentado, y de Astilleros, la Bazán, Matagorda, SECEM, del Marco del Jerez, etc. nuevos camaradas se iban incorporando a la lucha activa organizada. A la par se afianzaba la Organización en las fábricas de Sevilla (ISA, CASA, Astilleros) y se extendía a otras ciudades y pueblos como Huelva, Fuentes de Andalucía, El Arahal, El Viso, etc. Tampoco en Andalucía pudo impedir la represión que la OMLE hiciera su trabajo y estuviera desde entonces cada vez con más frecuencia presente en las luchas obreras y campesinas.
Así había que trabajar en todas partes, a brazo partido contra la policía y patronos, y también contra los delatores carrillistas. En Madrid, sobre todo, la presión propagandística y la actuación liquidadora de los oportunistas de izquierda y carrillistas fue tan fuerte y era tal la desconfianza de los obreros ante la inflación de siglas existentes, que hacía doblemente difícil la labor de esclarecimiento y de organización de la OMLE.
A la mañana siguiente un grupo de obreros entró en la obra para avisar y parar a los del turno de las siete y esperar a los de las ocho para hacer la asamblea todos juntos. Nos reunimos todos, unos 400 en total, entre marroquíes y españoles. Entonces se explicó que lo ocurrido no podíamos considerarlo un ‘accidente’ sino un asesinato, y que no debíamos volver a trabajar hasta que no dispusiéramos de las medidas de seguridad necesarias. La asamblea decidió parar el trabajo y presentar a la empresa una lista de puntos [...]
Las obras quedaron totalmente paralizadas y se formaron piquetes que extendieron el movimiento de huelga a la práctica totalidad de las obras de Barcelona. Esta huelga de solidaridad con los obreros del Hilton se enlazaría con la lucha por el convenio en el sector.
3.4 Comienza la apertura del régimen
En diciembre de 1973 se reunió el Pleno del Comité Dirección de la OMLE. El Informe Político presentado en la reunión por Manuel Pérez destacaba que la situación de nuestro país (desarrollo de la lucha revolucionaria de masas, la agudización de la crisis económica, el creciente aislamiento del régimen, el fracaso de los primeros intentos aperturistas, etc.) venía a corroborar la justeza de las resoluciones de la Conferencia: Sería un gravísimo error no ver el papel que en todo esto viene jugando nuestro movimiento marxista-leninista por imperceptible que ahora sea, y es la conjunción de estos factores la que nos lleva a pronosticar que se producirán grandes acontecimientos.
En las nuevas condiciones la clase dominante necesita poner algunos remiendos y encalar la podrida fachada de su régimen a fin de continuar exprimiendo y masacrando a las masas. Tal es la esencia del aperturismo: hacer algo para que todo siga igual, y esto porque comprenden que las cosas ya no son como antes ni seguirán igual, aunque ellos se lo propongan, dado el alto grado alcanzado en el desarrollo del movimiento obrero y popular y en la agravación de la crisis general del capitalismo.
A los pocos días de aparecer este artículo vuelan al almirante Carrero Blanco, la prueba de fuego del grupo reformista, un verdadero torpedo lanzado contra el núcleo mismo del proyecto. Al día siguiente de la ejecución, la Comisión Política del Comité de Dirección de la OMLE anuncia en una octavilla lanzada en Madrid: Esta circunstancia tratará de aprovecharla la oligarquía para, sirviéndose de la confusión y desorganización predominantes en las masas populares, acelerar sus planes de apertura.
Con la explosión del 20 de diciembre han saltado hecho añicos los últimos obstáculos que se interponían en el camino de la formación del bloque oligárquico-reformista.
La oposición domesticada se justificaba diciendo que el fascismo se estaba abriendo gracias a la buena voluntad de determinados personajes del propio régimen, especialmente el reyezuelo. Pero eran evidentes los factores que empujaban a todos ellos hacia el precipicio: Nadie podrá ocultar, por mucho que se empeñen que ha sido la justa violencia revolucionaria, que ha sido el sacrificio generoso de un puñado de héroes, combinado con la lucha resuelta del movimiento de masas, que ha sido esto y no los lloriqueos y las condenas cobardes de esas acciones lo que, al fin y al cabo, ha hecho recular al fascismo («El punto de viraje», Bandera Roja, nº 5, noviembre de 1975). La lucha de masas había aislado al régimen, obligándolo a maniobrar, a utilizar a la oposición para confundir y sembrar ilusiones, tratando de integrarla en sus planes. Necesitaba imperiosamente ampliar su base social y los reformistas estaban dispuestos a prestar todo su apoyo en la maniobra.
2. Distanciamiento de USA y mayor acercamiento a la Comunidad Económica Europea.
3. Represión sistemática del movimiento revolucionario de masas y de sus
organizaciones de vanguardia.
Nuestra Organización no se deja deslumbrar. A la vez que pone al descubierto estas patrañas de la oligarquía y de sus agentes, propugna una línea de boicot a los llamados fascistas-revisionistas a la participación en sus sindicatos y en otras instituciones, en las que nadie más que los burócratas fascistas y revisionistas, participa.
Esa fue la respuesta que los comunistas dimos a las ofertas de participación, que hacían los aperturistas y sus lacayos: el boicot decidido a todas las instituciones fascistas, el desenmascaramiento y la denuncia de la maniobra y la lucha resuelta contra todos ellos.
3.5 Estilo comunista en el trabajo de propaganda y agitación
La extensión de las tareas de la OMLE y su mayor participación en la lucha
política plantearon la necesidad de acelerar, los preparativos ideológicos y políticos para la reconstrucción del Partido.
3.6 Las primeras detenciones
En el período comprendido entre la 1 Conferencia en junio de 1973 hasta el Congreso reconstitutivo en junio de 1975, la OMLE se prepara a marchas forzadas para su conversión en Partido. Refuerza su organización clandestina, en particular su núcleo dirigente, incorporando a probados militantes comunistas obreros. Perfecciona, como hemos visto, su aparato de propaganda y desarrolla en profundidad la lucha ideológica interna al objeto de prepararse para afrontar los combates que se avecinan. Todos los avances realizados eran el resultado del trabajo anónimo, sordo y agotador, pero heroico también, de un sinnúmero de camaradas.
Decidiendo que nuestras necesidades las tenemos ahora y no podemos esperar más tiempo para conseguir las mejoras, impusimos las reivindicaciones más urgentes sin contar con los enlaces y jurados, y al exigirles que las presentaran se escondieron todos.
Los obreros de Bosch consiguieron imponer a la patronal sus reivindicaciones fundamentales.
Comisiones Obreras nos ha calentado y lanzado a la huelga para dejarnos en la estacada, indefensos frente a la patronal y su guardia civil. Mientras tanto, ellos están reunidos con la patronal en el sindicato tomando acuerdos a nuestras espaldas [...]
A pesar de la represión brutal de la guardia civil y de los manejos de los
carrillistas, la huelga triunfó y con ello se amplió la influencia de la
Organización entre los jornaleros del campo. Con motivo de estas luchas,
algunos obreros que habían estado en el partido carrillista y en otros grupos, se organizaron en la OMLE.