3. La celebración de la I Conferencia

3.1 Preparación de la Conferencia

Ya desde mediados de 1972 el Comité de Dirección de la OMLE venía planteando la necesidad de realizar una Conferencia de toda la Organización en la que se analizasen las experiencias y logros habidos desde la V Reunión General, se desarrollase su línea política y se diese así un nuevo impulso a todo el trabajo por la reconstrucción del Partido.

En este tiempo, la OMLE había tomado parte activa en importantes luchas de masas, muchas veces al frente de ellas. Además de las recientes huelgas revolucionarias de Vigo -huelgas que tuvieron gran repercusión en los medios obreros de Madrid y en otros centros industriales del país, en buena parte debido a la agitación realizada por la OMLE-, la Organización también había tomado parte en la huelga de la construcción en Cádiz, de la SECEM en Córdoba y en las de la construcción y algunas fábricas de Madrid.

Esta participación activa en las luchas obreras procuraron un asentamiento de la Organización entre los obreros de vanguardia; también los distintos organismos de la OMLE -células y comités- se habían fortalecido. Los comités de Madrid, Cádiz y Vigo ya disponían de sus propios aparatos de propaganda y hacían agitación con regularidad, complementando así la labor de propaganda y agitación que venía haciendo el Órgano Central, así como otras publicaciones editadas por el Comité de Dirección.

Este crecimiento de la Organización y la mayor complejidad de sus tareas habían hecho aparecer problemas nuevos que era necesario solucionar y errores que era preciso atajar.

También en el terreno político las condiciones resultaban favorables para la convocatoria de la Conferencia. Las contradicciones de clase en España se hacían cada vez más agudas, se acentuaba la crisis del régimen y las luchas populares tomaban un nuevo auge, todo lo cual hacía cada vez más necesaria la presencia de una vanguardia marxista-leninista cada vez, más fuerte, extendida por todo el país, ligada a las masas y con una línea política clara de actuación.

En enero de 1973, el Comité de Dirección convoca la I Conferencia resaltando lo que habría de ser su consigna central: la participación de los camaradas y la clase obrera, ligando así el mayor número de obreros avanzados a las tareas de la reconstrucción del Partido. Para ello, el Comité de Dirección promovió una amplia campaña de discusión de los Proyectos a debatir en la Conferencia, a la vez que impulsaba una campaña de rectificación de los errores que se venían cometiendo en los métodos de trabajo y dirección.

Alrededor de los Proyectos de la Línea Programática y Estatutos a aprobar por la Conferencia y de diversos artículos de Bandera Roja que recogían las experiencias de organización y propaganda y algunas cuestiones que desarrollaban puntos concretos contenidos en los Proyectos, se hicieron asambleas clandestinas en las que veinte o treinta obreros discutían, criticaban los materiales y hacían sugerencias que eran recogidas para su posterior debate en la Conferencia. En estas asambleas, los obreros avanzados se iban familiarizando con las ideas políticas y la actuación de la OMLE, iban comprendiendo la realidad del país y la complejidad de las tareas que conllevaba la reconstrucción del Partido.

Toda esta actividad destinada a ligar más estrechamente la OMLE y, por tanto la propia Conferencia, a la vanguardia del proletariado, se lleva a cabo de forma paralela a la campaña de rectificación que se ha abierto en el seno de la Organización. En el transcurso de la campaña de difusión de los Proyectos, de su planificación cuidadosa, de un control por parte de la Dirección, de la recogida de informes, opiniones y ayuda económica etc., se van corrigiendo todas las deficiencias y errores que se venían observando en el trabajo de los militantes -muchos de ellos reminiscencias del viejo estilo anterior a la V Reunión General- y que se habían manifestado claramente durante la campaña de recogida de fondos promovida por el Comité de Dirección en diciembre de 1972.

El igualitarismo en materia de organización, el localismo estrecho, la mala aplicación de las condiciones de militancia, el desconcierto ante las nuevas tareas, o su incumplimiento en otros casos, errores en los métodos de dirección (aislamiento, burocratismo, falta de planes y previsión), estas fueron cuestiones analizadas y discutidas por la Organización a todos los niveles, tomándose medidas para su corrección.

El número de Bandera Roja correspondiente al mes de marzo de 1973 fue dedicado casi íntegramente a exponer este conjunto de problemas, señalando que aunque los errores cometidos guardan alguna relación con los métodos de trabajo y dirección, hay que considerar que el hecho de que no haya tenido suficientemente en cuenta la línea que separa a la Organización de las masas, es decir, las condiciones de militancia, ha constituido la causa principal de ellos. Más adelante, Bandera Roja establece: La Organización debe estar compuesta (en contra de los que propugnan el 'igualitarismo' en materia de organización) por núcleos reducidos de camaradas que hagan de las tareas revolucionarias su profesión y, por ello mismo, concentren en sus manos las cuestiones más clan destinas y conspirativas. Por otra parte [...] además de esos núcleos reducidos, la Organización se compone de amplios círculos de fábricas, barrios, centros de enseñanza, etc., alrededor de los cuales deben girar todo tipo de organizaciones de las masas (cuanto más abiertas y variadas mejor) que mantengan vínculos y relaciones lo más estrechas y amistosas posibles con nuestra Organización comunista.

A lo largo de esta campaña de rectificación se fueron t mando medidas encaminadas a hacer efectivas las condicione de militancia, aglutinar y dar tareas al mayor número posible de obreros y crear todo tipo de organizaciones, dar participación en las tareas de dirección a los militantes de fábricas y trazar planes para todo el trabajo, medidas que, como concluía el citado Bandera Roja, tendrían como resultado hacer efectiva la directriz de que los delegados a la Conferencia sean verdaderos representantes de organizaciones comunistas, partidistas, que se distingan por su ligazón con las masas y su capacidad de trabajo.

Como primer resultado de esta amplia y variada campaña de preparación de la Conferencia, el trabajo de los militantes recibió un impulso formidable, haciendo partícipes a las masas en las tareas de la Organización, no sólo en lo que respecta a la difusión de la propaganda y a la discusión de los documentos sino también en la recogida de fondos, etc. Así por ejemplo, en los astilleros de Euskalduna (en Bizkaia), los camaradas colocaban un cubo a las puertas de las oficinas los días de cobro y allí depositaban puntuales la mayoría de los obreros su cuota para la Organización. En los Círculos de la construcción de Madrid se hicieron famosos por entonces los sábados comunistas: los compañeros de la escayola hacían chapuzas los días de descanso y pasaban las ganancias a la OMLE. Evidentemente, un importante sector de la clase obrera empezaba a sentir a la OMLE como algo propio.

A principios de 1973, la OMLE extiende sus actividades propagandísticas a Euskal Herria y Catalunya, en donde, desde tiempo atrás, Isabel Llaquet hace frecuentes visitas a círculos de obreros simpatizantes de la Organización. Pero la actividad de la OMLE no se reduce a trabajar exclusivamente entre la clase obrera, sino que muy pronto comienza a introducir militantes en otros sectores de la población (como los intelectuales), a fin de desarrollar un trabajo político e ideológico y contribuir a su organización independiente de la gran burguesía. El primer resultado de esta labor es la creación de un núcleo de intelectuales -que más tarde editó una revista dirigida al sector- y otro de profesionales que empezaron a prestar asistencia a los detenidos políticos. Por lo demás, la OMLE se asienta firmemente entre el estudiantado de las universidades de Madrid, Sevilla y Santiago principalmente, a través de los Comités Lucha Estudiantil.

La Conferencia se celebró en junio de 1973 en el interior de España, en condiciones extremas de clandestinidad, casi cinco años después de la reunión fundacional. Esta reunión será conocida posteriormente entre los militantes de nuestro Partido como la Conferencia de los Leones, porque tuvo lugar en un chalet ubicado en el Puerto del mismo nombre, próximo a Los Angeles de San Rafael, entre las provincias de Madrid y Segovia, en la Sierra de Guadarrama, entre montes de pinos.

Enrique Cerdán Calixto fue quien desplegó todos los preparativos de la reunión y se encargó de recibir a los camaradas que iban llegando; les instruía sobre las normas mínimas de comportamiento, a fin de preservar la seguridad de la reunión; les asignaba alojamiento, les presentaba a los demás y les mostraba la casa. Varias citas escalonadas garantizaban la seguridad de la reunión. Todo estaba bien organizado y nada se había dejado a la improvisación. Cuando llegamos, ya estaba preparado un salón de reuniones listo para comenzar el trabajo: carpetas, bolígrafos, consignas en las paredes y los retratos de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao y José Díaz; había también una exposición de materiales de propaganda de la Organización: libros, carteles, hojas de agitación, colección de Bandera Roja; en la planta baja, un salón comedor y provisiones para los días de reunión, etc.

Previamente se habían discutido minuciosamente los materiales preparatorios y a lo largo de los cinco días que duró la reunión, fueron tratados tres asuntos principales:

  1. Lectura de los informes
  2. Discusión de los proyectos de tesis programáticas y Estatutos
  3. Elección del Comité de Dirección.

A la Conferencia asistieron varias decenas de delegados en representación de la casi totalidad de las organizaciones de la OMLE.

Los criterios para su elección ya habían sido fijados a raíz de la convocatoria de la Conferencia, por el Comité de Dirección, sobre la base de la representatividad de clase, el centralismo democrático, la efectividad y la salvaguarda de la clandestinidad. Bandera Roja de marzo de 1973 resumía así estos criterios:

Los delegados a la Conferencia serán propuestos por cada organización (comité local, comité de radio, fábrica, de enseñanza, etc.) con un número determinado de militantes a fin de que toda la Organización se halle representada, y serán elegidos finalmente por medio de consultas con los órganos superiores.

Siendo la Conferencia el órgano supremo de la Organización (en su día será el Congreso del Partido), los delegados la misma de las diversas organizaciones son portavoces ante ellas de las organizaciones en que están encuadrados y se someterán en la Conferencia a los acuerdos tomados por la mayoría, no estando, por tanto, ligados a ningún acuerdo o mandato de otro organismo.

Esta I Conferencia tuvo una gran importancia. En aquellas condiciones de rigurosa clandestinidad los oportunistas de izquierda no celebraban reuniones amplias de militantes, y mucho menos en el interior de España. También en esto la OMLE se iba distanciando de los oportunistas y eso contribuía a reforzar confianza a los camaradas que por primera vez convivían durante varios días con camaradas llegados de diversas regiones, obreros de las fábricas de Vigo, de Bilbao y la Ría, del Baix Llobregat, de la construcción, del metal y del textil de Madrid, del Puerto, de Cádiz... Muchos de ellos aún no tenían una visión de conjunto de la Organización ni habían comprobado en toda su amplitud el estilo de trabajo y la verdadera concepción comunista que animaba a toda la Organización.

El trabajo fue duro, las discusiones minuciosas, pero allí se sintetizaron las experiencias de varios años de lucha que dieron como resultado los primeros documentos programáticos de la Organización. Cada ponencia, cada tesis, cada redacción y a veces cada palabra eran sometidas a debate y votación; aún no existía entre nosotros mucha claridad de ideas ni tampoco cohesión y las discusiones se prolongaban y se encrespaban a menudo. Carecíamos de experiencias en este tipo de labores y la Conferencia iba a servir también en esto de preparación del Congreso.

3.2 Las resoluciones de la Conferencia

En el Informe sobre la labor realizada por el Comité de Dirección, presentado en la sesión de apertura de la Conferencia por Manuel Pérez Martínez, se resume y valora la labor realizada por la OMLE hasta aquel momento:
El tiempo transcurrido desde el nacimiento de la OMLE, en noviembre de 1968, que culmina con la celebración de nuestra Conferencia, ha sido sin lugar a dudas uno de los períodos de mayor confusión y desorganización padecidos por las masas obreras y populares en España desde que terminó la Guerra Nacional Revolucionaria.

Durante este tiempo, lo más destacable, junto al aumento del descontento popular y de las luchas revolucionarias de tipo espontáneo, había sido el hecho de que la clase obrera se ha encontrado desorientada y desorganizada debido a la disgregación del Partido Comunista a manos de la camarilla carrillista y, su criminal política de Reconciliación Nacional.

A pesar de esas dificultades, el movimiento obrero y marxista-leninista se había ido desarrollando, marchando hacia la formación de una auténtica vanguardia comunista: Todavía nos queda mucho por hacer -prosigue el Informe- en el camino que conduce a la reconstrucción del Partido, para el encabezamiento y amplio desarrollo del movimiento revolucionario de masas, y hay numerosos comunistas en nuestro país que aún no han hallado ese camino ni a su Organización... Tal es el significado de nuestra Conferencia, el fin para el que ha sido convocada: perseverar en nuestro trabajo para dar cima al objetivo de la reconstrucción del Partido y para dar los nuevos pasos que ello exige con arreglo a nuestras fuerzas y de acuerdo con las experiencias acumuladas por nuestra Organización en estos últimos cuatro años de lucha.

En la situación de los múltiples problemas que planteaba la tarea de reconstruir el Partido, el Informe señala que debía de hacerse en estrecha relación con la lucha del movimiento de masas, demostrando así, día a día, que la OMLE era la vanguardia del proletariado y ganándose su apoyo y reconocimiento. A respecto el Informe concluía con la siguiente reflexión:

Aún estamos lejos de haber logrado esto. No ocultamos estas cosas, ya que en la superación de esta situación creada por el revisionismo encontramos actualmente las tres cuartas partes de nuestro trabajo. Sólo el reconocimiento de las condiciones y, sobre todo, de nuestras propias limitaciones, si estamos armados en todo momento del marxismo-leninismo, si nos apoyamos en las masas, en nuestras propias fuerzas y experiencias, podremos situamos en disposición de proseguir nuestro avance y crear las bases políticas, ideológicas y orgánicas indispensables para la existencia del Partido y su férrea disciplina.

Esta es nuestra posición al respecto, tan alejada del espontaneísmo como de la precipitación y de todo tipo de subjetivismo

. En los debates de la Conferencia tuvieron un lugar destacado los análisis acerca de la estructura económica y social de España y sus antecedentes históricos, que fueron recogidos el proyecto de Línea Programática.

Dicho proyecto exponía a grandes rasgos la historia del desarrollo capitalista destacando el papel revolucionario del proletariado. En España este papel del proletariado se ha visto acrecentado por la incapacidad de la burguesía de llevar adelante el proceso revolucionario en la época en que hubiera debido hacerlo.

Con la sublevación militar fascista del 18 de julio de 1936 se había abierto una nueva etapa en la revolución de España. Desde entonces -señala la Línea Programática- hasta nuestros días, en nuestro país han estado constantemente enfrentados la revolución y la contrarrevolución, la gran mayoría del pueblo y la ínfima minoría oligárquica... No hay campo intermedio ni soluciones políticas intermedias, ni otra vía hacia la revolución socialista: o se está con la oligarquía, con el fascismo, en contra de la democracia y el socialismo, o se está con la gran, mayoría del pueblo, con la democracia y el socialismo, contra el fascismo.

La derrota de la causa popular en la Guerra Nacional Revolucionaria supuso para la vida de las masas un largo período, de sobreexplotación, terror y enormes sacrificios que ha venido caracterizando al régimen imperante en España hasta nuestros días. Pero en este período también se ha producido una transformación histórica de las estructuras económicas y en la composición social de España. Y esto se ha llevado a cabo sin que hubiera una revolución, lo que no quiere decir que no haya habido luchas, ni tampoco que se haya producido de forma pacífica. No se puede desligar el desarrollo económico de tipo monopolista con el régimen de terror implantado en 1939 sobre más de un millón de muertos. El Estado fascista ha servido al capital financiero para llevar adelante ese desarrollo económico monopolista y para sofocar en sangre las agudas contradicciones que han llevado aparejadas esas transformaciones.

Los principales cambios producidos en la estructura económico-social de España han sido:

  Transformaciones en el campo. Para la oligarquía se presentaba el agudo problema del desfase del campo respecto a los demás sectores de la economía y que era un lastre para el despegue industrial. Sus objetivos en este terreno se centraron en abastecer la industria en expansión de mano de obra barata y abundante, obligar a escoger la alternativa de la emigración a Europa de la fuerza de trabajo sobrante y así enjugar el déficit comercial, y, por último, capitalizar el campo.

La mecanización y la aplicación de la química permitieron aumentar la productividad del trabajo agrícola, hasta el punto de que la producción en este sector aumentó de 213'1 miles de millones de pesetas en 1960 a 284'3 miles de millones en 1970; y esto a pesar de haberse reducido considerablemente el número de trabajadores. Las máquinas y abonos invadieron los campos, desplazando a los animales de tiro y los métodos semimedievales de trabajo. El número de cosechadoras pasé de 5.000 en 1960 a 32.600 en 1970. En el mismo periodo aumentaron los tractores de 57.800 a 270.600 unidades.

En Andalucía, Extremadura, La Mancha, etc., la capitalización del campo se vio favorecida por la gran concentración de la propiedad privada sobre la tierra. Hoy día esas grandes fincas se han convertido en empresas que exigen la colaboración estrecha de gran número de obreros para que sean viables. Este es el motivo de que la consigna la tierra para el que la trabaja haya perdido su antigua vigencia. La única alternativa viable hoy día es la expropiación radical de los latifundios en beneficio de los trabajadores del campo.

En la región castellano-leonesa y cantábrica es donde predomina el campesino medio y pequeño. Durante el período de, vacas gordas floreció en estas regiones un campesinado que se aprovechó de la emigración de sus convecinos y las facilidades de crédito y ayudas estatales para ampliar y modernizar sus explotaciones. Este proceso de modernización, con el tiempo, ha acabado convirtiéndose en un apretado dogal para los campesinos medios y pequeños, con el extremo asido por la gran banca privada y los monopolios (comerciales principalmente).

Por el contrario, el campo gallego apenas se vio beneficiado por la modernización de los años del milagro económico. La extrema división de la propiedad, el minifundio, la debilidad del comercio, etc., son algunas de las trabas infranqueables para la industrialización del campo gallego. La reordenación del territorio y de la propiedad agrícola en Galicia es una necesidad imperiosa deseada por la gran masa de campesinos semiproletarios y pequeños campesinos, pero sólo se podrá lograr mediante un proceso revolucionario que barra con todas las pervivencias medievales y prácticas caciquiles.

En Catalunya y Euskadi, el fuerte desarrollo industrial dio lugar a la consolidación y predominio en el campo de la figura del campesino medio, dueño de explotaciones bastante tecnificadas y modernizadas que le acercan al prototipo de granjero, europeo.

  En la industria. En la nueva etapa que se inició bajo el signo de los Planes de Desarrollo, el papel del Estado como inversor y regulador de la actividad económica va a ser fundamental. A partir de 1963 quedó libre el establecimiento de nuevas fábricas, así como el traslado y ampliación de las ya existentes; se abrió el paso a la tecnología extranjera y a las compañías transnacionales. Surgen así nuevas zonas industriales en regiones tradicionalmente agrarias (Valladolid, Zaragoza, Andalucía, Galicia) y en Madrid; se amplían otras zonas como Barcelona, Levante, Asturias y Euskal Herria. Se montan grandes factorías industriales y, dependientes de ellas, multitud de pequeñas y medianas industrias que llegan a representar el 99'9 por ciento de 350.000 empresas industriales, y casi el 70 por ciento por el número de obreros empleados.

Así se llega en 1970 a una situación en la que el 35'8 por ciento del Producto Interior Bruto es generado por el sector industrial, frente al 14'4 por ciento del sector agropecuario y el 49'8 por ciento del sector servicios; en 1960 esta proporción era del 29 por ciento frente al 22'2 por ciento y el 48'8 por ciento respectivamente.

  En la estructura de la sociedad. La liberación de mano de obra permitió un rápido crecimiento del proletariado fabril y su concentración en las grandes ciudades. En 1970 éste alcanzó la cifra de 4'7 millones (37'2 por ciento del total de la población activa, de ellos el 8'6 por ciento en la construcción). De esta manera el proletariado se convirtió en la clase más numerosa de la población. También creció el número de trabajadores del sector servicios (33'3 por ciento del total), sector que vio incrementarse el porcentaje de trabajadores asalariados al irse arruinando los pequeños comerciantes por la creación de grandes almacenes, grandes empresas de transporte, etc.; aunque por otro lado, durante esta época de expansión económica proliferan innumerables pequeños negocios, lo que contribuyó a la constitución de una importante pequeña y media burguesía. Es en la agricultura, ganadería y pesca, donde va a haber una reducción espectacular de la población activa, llegando en 1970 sólo al 29'5 por ciento.

  Toda España se ha transformado. La mecanización del campo, su despoblamiento, los polos industriales y las grandes industrias, el turismo, la emigración masiva a las ciudades, los barrios obreros, la elevación general del nivel de vida y consumo, etc., configuran un paisaje, una forma de vida y una mentalidad radicalmente distinta de la España de los años treinta. Incidencia importante tiene la emigración: en 1968 el Instituto Nacional de Emigración cifraba en 1.222.000 el número de españoles residentes en Europa, de ellos más de la mitad había salido con contrato de trabajo durante los años del milagro español.

  En la clase dominante. Una importante consecuencia del desarrollo capitalista de España fue la completa integración de las burguesías vasca y catalana en el regazo de la oligarquía centralista para formar parte inseparable de ella. En esta integración económica reside la causa del proceso de la desnacionalización de las antiguas burguesías nacionalistas, en beneficio de la política centralista de la casta dominante.

Cuatro núcleos fundamentales componen los centros de poder económicos, de propiedad, control e inversiones, en España: la banca, especialmente los seis grupos bancarios y financieros; el sector público, representado por el INI; el capital extranjero, representado por las grandes compañías transnacionales y los préstamos de la banca internacional, y, por último los grupos familiares y las empresas particulares que inciden particularmente en la pequeña y mediana empresa y en la moderna explotación agraria.

El capital financiero ha mantenido su carácter de grupo hegemónico dentro de la economía española y, si bien ha cedido algo en el sector industrial, ha conseguido mantener prácticamente intacta su presencia en el sector bancario y lo fundamental de los sectores económicos básicos como la siderometalurgia, la energía eléctrica y los transportes.

El desarrollo económico capitalista de tipo monopolista y la fusión del capital bancario con el capital industrial, ha dado lugar a la formación de la oligarquía: una ínfima minoría de parásitos explotadores compuesta por unas cuantas familias emparentadas entre sí y que controlan todos los recursos económicos del país y los resortes políticos del Estado en su exclusivo beneficio.

Ha sido de esta manera, concluye la Línea Programática, como España se ha convertido, de país semifeudal, en capitalista en el que a las contradicciones propias del sistema de capitalismo monopolista de Estado se unen las derivadas de las estructuras políticas fascistas, exacerbándolas hasta tal punto que abocan irremediablemente a la sociedad española a una profunda crisis revolucionaria.

Ateniéndose a todos estos rasgos que caracterizan al Estado y a la sociedad española, la Línea Programática aprobada en la Conferencia definió la siguiente estrategia y táctica de nuestra revolución:

Si situamos a nuestro país -de sistema capitalista monopolista y régimen político fascista- en el plano actual internacional de crisis general del capitalismo y triunfo de la lucha de liberación de los pueblos y avance del socialismo, se observará que la fase presente de la revolución en España encuentra mejores condiciones que en el pasado para su plena realización.

Esta progresiva agravación de las condiciones de existencia del capitalismo y triunfo de las revoluciones y del socialismo, empuja a los monopolistas de todos los países a deslizarse cada vez más por la rampa de las agresiones a otros países y la subversión, a la restricción de libertades y derechos democráticos, así como a una mayor explotación de la clase obrera y las masas populares sirviéndose de la actividad desmoralizadora y desorganizadora, de la demagogia chovinista y reconciliadora del revisionismo y de la labor de otros oportunistas agentes del fascismo.

Nuestro país no escapa a esa tendencia general. Pero, además, en él no se ha producido cambio en la estructura y métodos de dominación fascista e imperialista desde 1939 hasta nuestros días, impuestos sobre la liquidación de las formas y libertades democráticas populares. Desde entonces, a semejanza de otros países capitalistas, en el nuestro se ha producido un notable desarrollo económico, pero la aparente elevación del nivel de vida de las masas sólo sirve para ocultar la explotación más feroz, la represión salvaje, las diferencias cada vez más abismales entre la clase dominante y las masas populares. La estructura política fascista de la dominación de la oligarquía viene sufriendo duros golpes por la lucha de masas y por la agravación de las tensiones dentro de las propias filas de aquéllas, pero en lo esencial se mantiene intacta; el desarrollo material, si cabe, la ha fortalecido y colocado cada vez más frente al pueblo, cuyas libertades e intereses económicos se ven cada día más restringidos y sofocados por la represión y la voracidad de los monopolios. Las masas populares encabezadas por la clase obrera, luchan contra la explotación económica y por la libertad, y esta lucha, que por su misma naturaleza es antimonopolista y antifascista, solo puede hallar salida en la liquidación de la base económica y militar-represiva que sirve de pilar al dominio político de la oligarquía [...]

La oligarquía financiera-agraria continúa en el poder, y la lucha por los objetivos de su derrocamiento y por la expropiación de la base económica que lo sustenta continua vigente La minoría explotadora sigue en el poder en una época más difícil para ella y de condiciones muy favorables para el publo el objetivo estratégico inmediato de nuestra revolución consiste en derribarla para instaurar la democracia más amplia implantación y profunda. Sin esto no se puede pensar en la implantación de la dictadura de¡ proletariado y la revolución socialista.

No existe -en las condiciones de España- otro camino para alcanzar esos objetivos: la destrucción del fascismo y la instauración de una profunda democracia que permitirá -en estas condiciones- pasar inmediatamente a la etapa de revolución socialista.

Con la política de las peticiones reformistas se hace el juego a la oligarquía, pues, dada la agravación de las contradicciones en la sociedad española, la clase dominante no puede conceder por su propia voluntad ni un resquicio de libertad real a la clase obrera y al pueblo. Pero hace demagogia sobre la misma a fin de procurarse un respaldo para combatir la revolución. En esto se traduce en la práctica la política del revisionismo: engañar a las masas para que no emprendan de forma decidida la lucha por las conquistas parciales -arrancándolas en esa lucha- y por su implantación más completa después de la destrucción del fascismo.

Con la política 'izquierdista' que llama a la revolución socialista se hace igualmente el juego al fascismo, pues se pone a amplios sectores de la población bajo su influencia [...]

Con la política pequeño burguesa que llama a la lucha nacional, también se engaña a las masas. Se coloca al proletariado en dependencia de la burguesía olvidando su peso e influencia, no se le deja ver al enemigo principal ni llevar a cabo sus tareas independientemente, se olvida el carácter monopolista y fascista del régimen actual y las experiencias históricas de la lucha en España, que nos marcan el camino actual [...]

Hoy, los comunistas marxistas-leninistas de España proclamamos que la socialización de los medios de producción y de cambio, la dictadura del proletariado y la transformación socialista de las estructuras ideológicas a fin de marchar a la edificación de la sociedad comunista es -como lo fue para el Partido a cuyo frente estuvo José Díaz- nuestro programa máximo y el objetivo rector de toda nuestra labor y de todas nuestras acciones [...]

Apoyados y enriquecidos por las experiencias de la lucha del pueblo contra el régimen de terror (sintetizadas por el PCE) y a la luz del análisis marxista-leninista de las actuales condiciones en que se desarrolla la lucha de clases eN nuestro país, vemos la necesidad de concretar un programa que, bajo la dirección de la clase obrera, permita la creación de un amplio frente popular antimonopolista y antifascista que una a todo el pueblo contra el enemigo común y facilite al mismo tiempo el logro de los objetivos socialistas del proletariado.

Los puntos fundamentales del programa mínimo, esbozados en la Conferencia, fueron:

  1. Formación por los representantes de las organizaciones políticas del pueblo alzado en armas, de un Gobierno Provisional Democrático-Revolucionario, que habrá de actuar como órgano de la insurrección y llevar a cabo las transformaciones políticas, económicas y sociales más inmediatas.

  2. Armamento general del pueblo y formación de milicias y tribunales populares. Disolución del ejército, de la policía y de la magistratura fascistas. Enjuiciamiento de los contrarrevolucionarios y demás agentes de la reacción.

  3. Liberación de los presos políticos demócratas y revolucionarios. Libertad de imprenta, reunión, organización y manifestación para el pueblo. Derecho de huelga.

  4. Derecho a la autodeterminación, hasta llegar a la separación si así lo deciden, de las naciones oprimidas por el Estado imperialista español.

  5. Nacionalización sin indemnización de las grandes propiedades agropecuarias, de las grandes industrias, del capital financiero y de las fuentes de energía.

  6. Control de las empresas por los trabajadores y participación en su gestión. Reducción de la jornada laboral, trabajo para todos, salario suficiente, viviendas económicas y dignas. Enseñanza, sanidad y seguridad social a cargo del Estado. Fomento de la cultura democrático-popular.

  7. Separación de la Iglesia y el Estado; separación de la Iglesia y la Escuela. Supresión de los privilegios económicos y políticos de la Iglesia. Libertad de creencias y cultos.

  8. Supresión de todas las trabas legales que impiden la incorporación de la mujer en pie de absoluta igualdad con el hombre, a la vida económica y social. Llamamiento a los emigrados, por causas económicas o políticas, para que regresen y se incorporen a la edificación del país.

  9. Desmantelamiento de las bases militares extranjeras de nuestro territorio. Política exterior de no alineamiento y de apoyo a la causa de la paz mundial. Aplicación de los principios de coexistencia pacífica en las relaciones todos los países.

  10. Convocatoria de elecciones libres a una Asamblea Constituyente de representantes del pueblo. De esta Asamblea habrá de salir la Constitución del nuevo Estado democrático y un nuevo Gobierno.

La Línea Programática concluía señalando la táctica y la orientación general que debía adoptar la OMLE para la consecución de los objetivos planteados:

La lucha por estos objetivos debe basarse en una sólida alianza de la clase obrera y el campesinado que, juntos, forman la gran mayoría del pueblo. Estos deben trabajar por establecer los vínculos más estrechos posibles con otros sectores de la población como son las masas populares de las nacionalidades, los pequeños comerciantes, el movimiento estudiantil y de los profesionales e intelectuales, defendiendo sus derechos democráticos y sus reivindicaciones económicas.

La alianza de la clase obrera y el campesinado, como base del movimiento popular, es imposible sin la Organización independiente de la clase obrera. Si no hay una vanguardia del Ejército de los explotados, muy ligada a su clase y al pueblo, con una línea política clara y una disciplina férrea en sus filas, no se podrá dirigir y desarrollar el movimiento popular.

Esa vanguardia existió en nuestro país: fue el Partido Comunista de España.

En la actualidad ese Partido no existe. Ha sido disgregado por los agentes revisionistas. Por consiguiente, el primer deber de los comunistas consiste en reconstruirlo uniéndose sobre la base del centralismo democrático, recogiendo las experiencias del Partido y de la lucha del pueblo para aplicarlas a nuestra realidad, continuándolas de forma viva con las enseñanzas universales del marxismo-leninismo-pensamiento Mao Zedong.

El tercer documento discutido y aprobado por la Conferencia fueron los Estatutos, de los que hasta ese momento había carecido la OMLE. La extensión y complejidad que había adquirido el trabajo de la Organización llevaba a la necesidad de señalar claramente los límites entre la organización comunista y las masas obreras, regular el funcionamiento de la Organización, delimitar las funciones de su Centro Dirigente y de los organismos intermedios y de la base; salvaguardar la Organización de la represión policíaca, señalar los deberes y derechos de los militantes, etc.

A tal fin, los Estatutos aprobados en la Conferencia establecían:

El centralismo democrático es la forma de organización y funcionamiento de la OMLE. La Conferencia (y en su día el Congreso del Partido) es la instancia suprema de la Organización. Entre dos conferencia el Comité de Dirección es responsable de centralizar y dirigir todas las actividades de la OMLE.

Toda la Organización se debe a una disciplina única: el militante a su célula, el organismo inferior al superior, toda las organizaciones y militantes al Comité de Dirección y éste a la Conferencia.

Todos los miembros de la Organización han de estar en cuadrados en una célula o comité, trabajar activamente entre las masas, aplicar la política de la Organización y pagar su cuota. Los militantes tienen el derecho y el deber de participar en la elaboración de la línea política, ser elegidos para desempeñar responsabilidades a todos los niveles, hacer oír su voz y ser respondidos correctamente por los responsables de los organismos superiores.

La última sesión de la Conferencia eligió un Comité de Dirección restringido de cinco miembros, entre los cuales estaban Abelardo Collazo, Cerdán Calixto, Juan Carlos Delgado de Codes y Manuel Pérez, a los que posteriormente, en su primera reunión, por cooptación, se unirían otros, entre ellos Jose María Sánchez Casas e Isabel Llaquet Baldellou.

Tanto los trabajos preparatorios como los resultados recogidos en los documentos y resoluciones aprobados, vinieron a refrendar los importantes avances hechos por la Organización en el terreno organizativo y en la acumulación de experiencias de todo tipo, y destacaron a la OMLE como una verdadera organización comunista.

Al finalizar sus trabajos, la Conferencia aprobó un comunicado en el que se hacía un llamamiento a todos los revolucionarios y verdaderos comunistas marxistas-leninistas, así como a las masas obreras, para que participen activamente en la discusión de estos documentos y contribuyan en todos los demás terrenos a la tarea de Reconstrucción del Partido único de la clase obrera de España.

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