2.3 Organizar a la clase obrera en estrecha relación con el Partido

La posición de la Organización era radicalmente divergente de la de los oportunistas no sólo por el interés principal en reconstruir el Partido Comunista, sino por la propia concepción del trabajo de masas: Para acabar con esta situación es preciso derrocar al fascismo y para ello no son suficientes los brotes espontáneos, sin plan ni continuidad. Es preciso un plan, una línea política y una vanguardia organizada capaz de unir y encabezar al proletariado y hacerle jugar así el papel que le corresponde a la cabeza del pueblo. Sólo de esta manera cada brote de lucha, cada acción parcial, se podrá convertir en una poderosa palanca con la que impulsar cada vez más amplios movimientos de masas hasta conseguir el objetivo señalado. La falta de esa línea política y de esa vanguardia es el problema más importante que tiene hoy ante sí la clase obrera de España. Eso no significaba en absoluto abandonar el trabajo de masas, sino al contrario: Sin el trabajo entre las masas todo esfuerzo de resconstruir el Partido sería inútil, no encontraríamos una base sólida sobre la que asentar nuestro trabajo y, de esa manera, una y otra vez sufriríamos fracasos.

En esta labor, la Organización comunista encontró numerosos obstáculos. Aparte de las dificultades que impone el trabajo clandestino y los derivados de su propia debilidad orgánica, se encontraba con la barrera que suponía la influencia con que aún contaban los revisionistas entre un amplio sector de la clase obrera.

De manera que, antes que nada, se hacía necesario clarificar la situación, resumir las experiencias de lucha del movimiento obrero, y quitar la máscara a los oportunistas de derecha e izquierda.

La OMLE comenzó a mantener posiciones muy claras y definidas en esta cuestión, entonces embrollada por los oportunistas: La creación y desarrollo de organizaciones de masas de tipo sindical, político y cultural para la lucha activa, en las condiciones del fascismo, es imposible que existan en forma legal. En nuestro país sólo se pueden crear pequeños grupos con un funcionamiento simple y clandestino que han de estar compuestos por los elementos más avanzados de las masas y que mantengan estrechas relaciones con la organización de los revolucionarios. Las organizaciones de masas, en consecuencia, debían ponerse al abrigo de la represión y mantener estrecha relación con la vanguardia.

El trabajo de masas, la preocupación por organizar a los obreros, por hacer propaganda entre ellos, siempre fue una constante en la OMLE. Estaba claro que la reconstrucción del Partido no se podía realizar más que en estrecha ligazón a la lucha popular contra el fascismo. Pero también estaba muy claro que con el Partido la clase obrera lo es todo; sin el Partido no es nada. Esto es lo que daba verdadero sentido a la labor que estaba desplegando la OMLE: Ello no significa -exponía Bandera Roja en febrero de 1973- como comprobamos a diario, que la clase obrera y el pueblo no luchan para mejorar sus condiciones de vida y oponer resistencia a la represión fascista, sino que sus luchas, por lo general, acaban en una derrota, y sus aspiraciones y objetivos son continuamente pisoteados. Tampoco quiere esto decir que no debamos proseguir la lucha contra la explotación y la represión fascista hasta que no se haya reconstruido el Partido. Eso en modo alguno. La lucha debe incrementarse, sólo que tomando como base, como objetivo principal, el lograr en estos momentos la reconstrucción del Partido, pues sólo el Partido está en condiciones de organizar y dirigir la lucha hasta el final contra los enemigos del pueblo y de la clase obrera.

En abril de 1972, en una Declaración emitida con motivo del Primero de Mayo, el Comité de Dirección adelantaba:

Por todas partes y esferas de la vida, cada día se hace notar más el extraordinario incremento de la lucha de clases en nuestro país. Cada vez son más numerosos los casos de lucha que apuntan contra la misma estructura del Estado fascista de la oligarquía financiera, y a esta lucha se incorporan decenas de miles de nuevos luchadores proletarios que arrastran tras de sí a amplios sectores de la población. De las huelgas económicas se pasa, a través de las asambleas en los centros de trabajo (¡de la libertad conquistada en la lucha!) a las huelgas políticas, por medio de las cuales los trabajadores se enfrentan a los instrumentos sindicales, judiciales y político-represivos de toda la clase capitalista [...]

Esto está poniendo al descubierto (más quizás que en ningún otro país), toda la podredumbre de la política revisionista, sacando a primer plano la cuestión de la preparación de la lucha armada como único modo de resolver las cada vez más agudas contradicciones de clase y, para tal fin, la urgente necesidad de una política y partido proletarios capaces de dirigir esta lucha.

Había, pues, que poner manos a la obra en el trabajo de organización de las masas obreras, en la perspectiva del derrocamiento del Estado, única forma de resolver las cada vez más agudas contradicciones de clase, de la preparación de la lucha armada y de la creación del Partido capaz de orientar y encabezar esta lucha.

Unánimemente los oportunistas de izquierda apoyaban a Comisiones Obreras, llamaban a fortalecer y extender este movimiento como la forma genuina de organización que adopta el proletariado de España. Ante esta patraña, alimentada por los carrillistas, el órgano central de la OMLE denunció y puso al descubierto, una y otra vez, la falsedad de tales concepciones. Así el número de abril 1973 de Bandera Roja decía: De suyo se desprende que tanto los revisionistas como los que sostienen este argumento están interesados en mantener a los obreros engañados, pues sólo así pueden llevar a cabo sus proyectos de fortalecimiento y extensión de Comisiones Obreras [...] La verdad es muy diferente de como estos la presentan, dado que lo que hoy se conoce por Comisiones Obreras, surgió, como veremos, de la colaboración con el fascismo, y por tanto tiene muy poco que ver con las formas propias de lucha y organización de que comenzó a dotarse el proletariado en la década del 50 y que tuvieron amplio desarrollo en el transcurso de las grandes huelgas de Asturias. Estas últimas formas son las que hay que desarrollar y fortalecer en estrecha relación con la Reconstrucción del Partido, combinando la lucha económica y la lucha política, el trabajo legal y el clandestino, y desenmascarando las mentiras y las sucias maniobras de los oportunistas y la burguesía.

Las comisiones obreras elegidas en asambleas, que nacían y morían en cada reivindicación o lucha parcial, esto es, las formas de organización con las que venían enfrentándose los obreros a la represión del sindicato único fascista, los carrillistas tratarían de convertirlas en organismos burocráticos permanentes al servicio de su política de reconciliación y colaboración con el capital. Para ello, como es lógico, tenían que liquidar el movimiento obrero de oposición a esas mismas instituciones.

Así nació la falsificación sobre Comisiones Obreras, contando en todo momento con la entusiasta colaboración de los servicios del sindicato vertical fascista, de la patronal y de la policía. Todas estas manipulaciones fueron puestos al descubierto por la OMLE, a la vez que denunciaba los nuevos planes de la burguesía. En abril de 1973, Bandera Roja se expresaba en los siguientes términos: 

De un tiempo a esta parte, con el nuevo impulso de las luchas se están intensificando estas criminales maniobras del fascismo en combinación con sus agentes revisionistas y con la complicidad de los oportunistas de 'izquierda', maniobras tendentes a sofocar las luchas revolucionarias, desviar el de contento general hacia el reformismo y sembrar la confusión y la división en las filas obreras.

Así vemos que, al tiempo que los criminales de la político-social [la policía] y la guardia civil, los tribunales fascistas y la CNS emplean a fondo organizando redadas, martirizando y reteniendo en las cárceles, comisarías y cuartelillos a los obreros y luchadores avanzados, sentenciando a los huelguistas y condenando a sus familias al hambre para quebrar su resistencia contra el fascismo, la explotación y la represión, al mismo tiempo se celebran reuniones 'reconciliadoras', 'mesas redondas', 'asambleas conjuntas', etc., de jerifaltes sindicales, patronos y revisionistas a las que pretenden arrastrar a los obreros avanzados; cunden las publicaciones revisionistas-burguesas -a cual más demagógicas- destinadas a adormecer los obreros y que hablan sobre la 'libertad sindical' y el 'derecho de huelga', de 'expresión', y 'reunión' bajo el fascismo; se convocan 'huelgas generales' cada dos por tres; los obispos y otros prohombres de la 'oposición' hacen declaraciones 'a favor' de los 'derechos de los obreros', y otro tanto hacen -a la vez que aumentan su ayuda a sus sucursales en nuestro país- las organizaciones sindicales amarillas internacionales temerosas de que el incendio prenda, además, en Europa (Bandera Roja, abril de 1973).

La agravación de la crisis económica y política del régimen, la aparición de una nueva vanguardia revolucionaria del proletariado, la denuncia sistemática realizada por ésta de las intrigas y manejos de la burguesía y de sus compinches carrillistas, este conjunto de factores, estaba creando una situación nueva dentro del movimiento obrero. Es justo en este momento, cuando, los grupos políticos de izquierda se configuran de forma clara en una corriente oportunista, dedicándose a fortalecer los montajes burocráticos de Comisiones Obreras nacidos de la confabulación fascista-revisionista y la precaria influencia con que aún cuentan estos últimos dentro de las filas obreras. Como decía Bandera Roja en febrero de 1973:
La antigua dispersión y las disputas se están trocando, ante la tormenta revolucionaria que se avecina, en la colaboración, las acciones conjuntas y la coincidencia práctica en sus objetivos, tanto de estos grupos entre sí como de todos ellos con el revisionismo, el cual dirige complacido a toda esta comparsa oportunista [...]

La inexistencia del Partido ha dado lugar a nuestra alternativa a la situación creada por el fascismo y el revisionismo, llamando al proletariado a su Reconstrucción, que es el objetivo más inmediato de nuestra actividad práctica y de nuestro trabajo de educación política e ideológica de la clase obrera. Frente a la labor de dispersión y colaboración con el revisionismo de los grupos de 'izquierda', frente a su actividad economicista de creación de organismos burocráticos sindicales ('frentes anticonvenios', 'bloques obreros en proyecto', etc.) y de fortalecimiento de los tinglados revisionistas, la OMLE ha indicado -y trabaja en ello- la tarea de dirigir, educar y organizar políticamente al proletariado, fortaleciendo su destacamento de vanguardia corno trabajo principal de los comunistas: el llevar el marxismo-leninismo a la clase obrera, explicando -a las masas los problemas que tiene planteados el movimiento marxista-leninista revolucionario, haciéndolas participar en la Reconstrucción del Partido, denunciando ante ellas al revisionismo y al oportunismo de 'izquierda' y alertándolas sobre la política y las maniobras de estos agentes del fascismo y sobre las de la minoría explotadora a cuyo servicio están la oligarquía financiera y terrateniente.

En este sentido, las condiciones del régimen fascista nos han hecho comprobar en la práctica y señalar en nuestra labor de agitación y propaganda la imposibilidad de que existan grandes organizaciones de masas en tales condiciones. Nuestro trabajo va dirigido a la creación y consolidación de células y comités de fabrica que lleven a cabo en la misma la labor de educación política y organización de los obreros más avanzados y que formen grupos variados de lectura y discusión la propaganda comunista, grupos para la lucha. sindical, par recaudar fondos, organizar piquetes, enviar información periódico, etc.

En cuanto a las tareas sindicales, pequeños grupos, estrechamente ligados a la organización, cerrados para la policía que den tareas, por mínimas que sean, al mayor número posible de obreros, pueden llevar a cabo perfectamente el trabajo de una organización sindical, el de la lucha económica de clase obrera. Esto no es sino apoyamos nuevamente en las armas que el proletariado ha ido forjando en sus luchas, en este caso las experiencias de las luchas iniciadas en el 62, con la diferencia de que ahora esas experiencias tienen una amplia perspectiva de desarrollo dada la existencia de una vanguardia revolucionaria capaz de dirigir esas tareas, desarrollarlas, elevar a nivel consciente las luchas espontáneas y alertar a la clase obrera de las maniobras de los agentes de la burguesía infiltrad en sus filas.

En la lucha en las fábricas, centros fundamentales para nuestra actividad práctica (dirigida por las células y comités de la organización y perseverando en la formación de círculos amplios de militantes), basándonos en la actividad de estos núcleos restringidos de luchadores, propugnamos asambleas en las que se discutan los problemas concretos de las masas se planteen sus reivindicaciones reales, forzando a incluirlas en los anteproyectos de los convenios, asambleas en las que se desenmascaren las posturas revisionistas e 'izquierdistas' y se eduque al proletariado en los problemas tanto de la lucha económica como en los derivados de la represión fascista y la naturaleza del régimen de la oligarquía y sus instrumentos. Los paros, las huelgas y las ocupaciones, así como las manifestaciones -sacando la lucha de las fábricas a la calle-, son las formas de combate a través de las cuales debemos dirigir a la clase obrera en la lucha por sus objetivos inmediatos y finales, por las reivindicaciones económicas y sus intereses políticos como clase (mejoras no incluidas en los convenios, maniobras de la patronal para saltarse lo acordado, aumento del costo de vida, problemas de seguridad, despidos, solidaridad con las luchas del resto del proletariado y el pueblo, por las libertades políticas y contra la represión fascista, etc.) integrando en las filas de la organización a los mejores luchadores e incorporando a sus organismos de dirección a los militantes obreros más firmes, esclarecidos y ligados al proletariado.

Las experiencias de los círculos obreros y organización obrera pueden ser un valiosísimo ejemplo del que podemos extraer enseñanzas y que confirma nuestras posiciones respecto al trabajo en las fábricas: organización independiente y contra los sindicatos fascistas y el sistema de enlaces, clandestinidad y estrecha relación con la organización, integración en ellos de luchadores avanzados que aseguran la continuidad del trabajo y la participación en las tareas de un número cada vez mayor de trabajadores. La coordinación de estos grupos dispersos es algo que debemos apoyar en cuanto así lo requiera su desarrollo como también la edición por su parte de periódicos sindicales, hojas informativas. etc.

¿Quiere esto decir que estamos en contra de la utilización de las posibilidades legales? En modo alguno. Nosotros debemos estar allí donde se encuentren las masas. Incluso en el muy poco probable supuesto de que los engaños de la oligarquía y las maniobras del revisionismo lograsen atraer a sectores de la clase obrera a la CNS, nuestra respuesta debería darse en ese mismo terreno. El problema no está en que se trate de encerronas por parte del fascismo o de organismos controlados por el revisionismo, sino en que las masas se encuentren realmente allí. Es de esta forma (a la vista de las condiciones de la lucha y con sumo cuidado), como debemos plantearnos la participación en los tinglados que nos den la posibilidad de llegar a las masas. De igual forma, debemos utilizar las mínimas posibilidades legales que la clase dominante se ve forzada a conceder, por mezquinas y reducidas que sean, sin olvidar, que en las condiciones del fascismo, el dirigir nuestra atención a todos estos resquicios, el plantear la batalla en todos los terrenos y en toda ocasión, es algo que no debemos desdeñar sino, al contrario, utilizar consecuentemente como palanca de nuestro trabajo.

Igual podemos decir respecto a los trabajadores influenciados por el revisionismo y el oportunismo de 'izquierda'; con todos ellos debemos llevar a cabo una política unitaria, propugnando programas comunes y llevando a cabo acciones conjuntas, lo que no elimina la lucha ideológica contra los agentes de la burguesía sino que, al contrario, la incluye como la base de todo el trabajo.

Una tarea, en definitiva, amplia, variada y constante, en la que no dejemos un sólo instante de tomar la iniciativa en todos los terrenos, yendo siempre por delante y sin abandonar -en la medida de nuestras posibilidades- un solo campo a la oligarquía y sus agentes, una labor en la que no perdamos ni un instante de vista las necesidades inmediatas de las masas y sus problemas concretos en cada centro de trabajo, perseverando en la labor de explicación y educación en la práctica, impulsando aún más decididamente nuestra ligazón con la clase obrera y adelantándonos a los acontecimientos y la maniobras de la reacción.

La más urgente tarea en el trabajo práctico es la de desarrollar y consolidar nuestras organizaciones en las fábricas, con vistas a hacer de éstas verdaderas fortalezas del Partido. El ascenso de las luchas del proletariado, su radicalización cada vez mayor y su extensión a todos los rincones del país nos plantea el avanzar por este objetivo con rapidez, pues el camino de la Reconstrucción del Partido pasa por él.

La puesta en práctica de estas concepciones comunistas en el trabajo de masas, iba colocando poco a poco a la OMLE en una situación destacada y singular dentro del movimiento obrero. Se asentaba el trabajo en las fábricas, paulatinarnente se iban incorporando a la Organización los obreros más conscientes y combativos, sus filas estaban cada vez más cohesionadas políticamente, en sus organismos de dirección a todos los niveles eran mayoría los camaradas obreros y, lo más importante, el intenso trabajo desplegado acercaba a ojos vista el día en que habrían de culminar todos los esfuerzos de este núcleo de comunistas con el logro de su objetivo más inmediato: la reconstrucción del Partido Comunista de España.

2.4 La orientación en el trabajo de propaganda

Hoy, cuando la burguesía cuenta con tan extraordinarios medios impresos y audiovisuales de propaganda para adormecer a las masas, la creación de un periódico comunista que llegue a todos los rincones del país y que sirva para organizar y esclarecer a las masas y a los elementos avanzados sobre las más diversas cuestiones de la actual y futura sociedad, que sirva de auténtico andamio para organizar, cohesionar y esclarecer nuestras propias filas; un periódico, en suma, tirado en el interior y que recoja y oriente todo el torrente de la lucha revolucionaria de la clase obrera y los pueblos de España, es una tarea de primerísima importancia ante la cual no debe escatimar esfuerzos nuestro movimiento, pues de ella depende el buen y rápido desarrollo de éste (Bandera Roja, agosto de 1972).

Con una concepción tan certera de lo que debía ser el órgano central, no es de extrañar que Bandera Roja alcanzara pronto gran relevancia y que su elaboración y difusión fuera una preocupación constante para la Organización. El acuerdo de la V Reunión General de editar el órgano central en el interior respondía a esta esta necesidad, y de inmediato se puso manos a la obra. A partir de enero de 1972, Bandera Roja saldría puntualmente a la calle. Su llegada era esperada por todos los lectores con creciente interés y su discusión y difusión entre las masas era como un rito para los militantes, algo que se ha conservado a lo largo de los años.

Para conseguir editar un órgano central cada vez más acorde con las exigencias del movimiento y con las nuevas necesidades que el propio trabajo iba creando, eran constantes en las páginas de Bandera Roja los llamamientos a los camaradas para investigar cada problema, analizar las condiciones en que trabajan, luchan y viven las masas, y para enviar todas las experiencias lo más elaboradas y resumidas posibles al Comité de Dirección y al órgano central para su estudio y difusión: Debemos, además, crear amplios canales de difusión y discusión de nuestro periódico y demás materiales de propaganda ligando esto a la discusión de los mismos y a la recogida de todo tipo de ayuda informativa y económica para la Organización [...] Debemos tener en cuenta que una persona que recibe regularmente, discute y paga el periódico, está trabajando para la revolución y mañana se contará entre los que estén en las primeras filas de la lucha contra todos los explotadores y enemigos del pueblo.

Además de Bandera Roja, la OMLE editaba también diversos folletos. Con objeto de colaborar en la educación de los militantes, elevar su nivel político y echar las bases ideológicas del futuro Partido Comunista, se redactaron una serie de trabajos donde se abordaban las principales cuestiones que preocupaban por aquel entonces a los comunistas: la cuestión sindical, campesina, nacional, estudiantil, etc. Los dos tomos de Contribución a un análisis de las clases, de la lucha de clases y del desarrollo del movimiento obrero en la España de los siglos XIX y XX fue el primer trabajo importante de investigación histórica que permitió demostrar la justeza de las tesis defendidas por la Organización, en relación con el carácter monopolista y fascista del régimen imperante.

Eran frecuentes también las ediciones de los clásicos del marxismo, siempre ligadas a cuestiones relacionadas con la reconstrucción del partido comunista; primero fue la Carta a un camarada de Lenin, al que siguieron Materialismo dialéctico y materialismo histórico de Stalin y Contra el fascismo de Dimitrov.

La lucha contra el partido carrillista y el deslindamiento de los campos con el revisionismo moderno fue una necesidad y una constante en todo este período: aparte de numerosos artículos en Bandera Roja, la OMLE publicó dos números extraordinarios, uno dedicado al viaje de Carrillo a China y otro dedicado a Comisiones Obreras y al Proceso 1001; así mismo, la tesis sobre el tránsito pacífico al socialismo fue denunciada en el trabajo titulado La vía chilena al socialismo es la vía chilena al fascismo, escrito dos meses antes del golpe de Pinochet y la CIA. Por último, la intensa actividad de masas que ya empezaba a desplegar la OMLE, y su participación en importantes luchas, se vio reflejada en publicaciones extraordinarias dedicadas a la Huelga General Revolucionaria de Vigo de 1972 y a la de San Adrián de Besós (Barcelona) en 1973.

Como decía Lenin, un buen mecanismo clandestino de imprenta exige una buena preparación profesional de los revolucionarios y la más consecuente división del trabajo. Al frente del aparato de confección de propaganda la OMLE situó a uno de sus camaradas más sólidos, Enrique Cerdán Calixto, artífice de un estilo de trabajo que se fue transmitiendo a lo largo de los años y que permitió mejorar poco a poco la calidad técnica de las publicaciones e ir venciendo las dificultades que imponía la clandestinidad. En este tiempo se sentaron los principios por los que se rigió siempre el aparato clandestino de propaganda: calidad, puntualidad, cantidad y economía.

Se partía prácticamente de cero, sin experiencia ninguna en esta clase de trabajo; la mayoría de los grupos oportunistas de izquierda, incluidos los revisionistas, hacían la propaganda en el exterior y con una penuria de medios extremada: una máquina de escribir, una plantilla para los rótulos y una multicopista. Por si fuera poco, los fondos para el mantenimiento del aparato salían del trabajo de los militantes. Se pasaba auténtica hambre. Trabajar en la calle, trabajar en el aparato, improvisar y agudizar el ingenio, ayudados siempre por camaradas del Comité de Dirección; tales fueron los comienzos del aparato central. Gracias a un mayor desarrollo de la Organización fueron mejorando las condiciones de trabajo: se pudo conseguir alguna máquina mejor, se aprendió a insonorizar el taller, fue ingresando algún dinero -la propaganda de la OMLE nunca se regaló; hasta el último receptor pagaba el precio marcado-, etc.

El ingenio y la voluntad superaron la inexperiencia y la penuria y, lo más importante, se consiguió una base de claridad, limpieza, amenidad y afán de superación en todos los materiales, que define mejor que nada el estilo de trabajo que siempre presidió la actividad del aparato central de propaganda.

2.5 La fusión de los comunistas gallegos con la OMLE

En Galicia la OMLE tuvo un importante incremento en sus filas con la incorporación de numerosos militantes comunistas escindidos del partido revisionista y de otros obreros procedentes de Comisiones Obreras. Esta importante escisión, que encabezaba Abelardo Collazo Arauxo y la fusión de la organización resultante de la misma con la OMLE, tuvo lugar coincidiendo con la Huelga General Revolucionaria de Vigo de septiembre de 1972.

Los comunistas gallegos habían tenido unas experiencias bastante similares a las de los comunistas de otros lugares de España, con la diferencia de que, al ser relativamente joven el proletariado gallego, la organización carrillista apenas sí tenía arraigo entre los trabajadores. Esta circunstancia había de facilitar el desarrollo de la lucha revolucionaria de masas y la rápida implantación de una vanguardia marxista-leninista.

Durante la segunda mitad de los años 60 se hacen sentir en esta nacionalidad las primeras grandes transformaciones económicas y se intensifica el movimiento migratorio interior. Con la expansión de la construcción naval Vigo y Ferrol, se convierten en polos de atracción para las depauperadas masas campesinas. Muchos jóvenes del campo, ante la disyuntiva de morir de hambre en su parcela o emigrar al extranjero, prefirieron ir a trabajar a los astilleros y fábricas de reciente creación en su tierra. Así comenzó la formación de un proletariado joven en Galicia, sin la tradición revolucionaria de otras zonas de antigua industrialización en España, pero también libre de los prejuicios políticos del reformismo y con la fresca memoria de la represión fascista y de la resistencia armada.

Desde 1966 son frecuentes los conflictos laborales que se convierten con facilidad en luchas político-sociales ante los despidos y las actuaciones policiales. En todas estas luchas destacan Astilleros Barreras, Yarza (luego Ascón) y la empresa Fegosán, en los que se empieza a formar una vanguardia organizada, promueven huelgas y son despedidos.

Por otro lado, a partir de 1968 los revisionistas habían formado las Juventudes Comunistas, en las que entra a militar Abelardo Collazo, que es uno de los primeros obreros de Vigo que pasa a organizarlas, junto a otros jóvenes aprendices de los astilleros Barreras. Por entonces Abelardo acababa de regresar de Francia, a donde se había visto obligado a emigrar y trabajaba en la construcción. En Francia había trabajado en Citroen, participó en las luchas del Mayo francés y en las numerosas manifestaciones en solidaridad con los pueblos de España, así como en las luchas reivindicativas de los obreros extranjeros de su taller. Por esta razón fue incluido en la lista negra de la empresa y esto le impidió entrar a trabajar en la factoría de Citroen en Vigo.

Abelardo Collazo fue el principal impulsor de la organización comunista de las juventudes en Vigo y organizó las primeras manifestaciones juveniles que se realizaron en Galicia contra el proceso de Burgos en diciembre de 1970. Por entonces también hubo paros parciales en Astilleros Barreras, donde por primera vez se declara en huelga la sección de maquinaria. La empresa toma represalias contra los obreros y Hierro Chomón sería despedido.

Desde ese momento se opera un cambio radical en la organización juvenil del partido revisionista que choca con la posición oportunista y claudicante de los jefecillos. Pero éstos no pudieron impedir que los jóvenes se organizaran en células y realizaran cursillos de estudio de los clásicos del marxismo-leninismo, que serían tachados como métodos represivos para los jóvenes por la mayoría reformista en una sesión preparatoria del Congreso de la Unión de Juventudes Comunistas de España, celebrada en París en la primavera de 1971, a la que asistió Abelardo Collazo en representación de los jóvenes comunistas gallegos.

Una de las principales dificultades con que se tropezaba entonces era conseguir los textos prohibidos de Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao, etc., en la aislada Galicia, y cuando en aquella misma reunión parisina Abelardo hizo un pedido muy detallado de las obras fundamentales del marxismo-leninismo, Santiago Álvarez, máximo responsable del PCE en Galicia que presidía aquella reunión, replicó que ya no eran necesarias las obras de Marx y Lenin, que bastaba con leer los escritos de Santiago Carrillo. Ante esta carencia de materiales, los jóvenes comunistas de Vigo tuvieron que copiar al mano el Manifiesto del Partido Comunista, de Marx y Engels, y apropiarse de algunos libros de la biblioteca del consulado de Cuba.

El cambio que se estaba operando desde 1971 en las Juventudes Comunistas, transformó radicalmente su composición de clase. De un grupo de jóvenes pequeño-burgueses cuya, principal labor consistía en conspirar en las cafeterías, la organización se convirtió en una agrupación de jóvenes obreros conscientes y combativos, dispuestos a abrazar el marxismo-leninismo y a entregar sus energías a la lucha por el comunismo.

A este cambio correspondió una rápida extensión de la organización que muy pronto llegó a abarcar las fábricas más importantes de Vigo; de astilleros: Barreras, Vulcano, Freyre, Ascón, Santo Domingo; del textil: Cortemans, Dresslok, Elcón; de construcción: Beyre, Misa y Costas, Termac; de conservas de pescado: Massó, Pescanova; y otras como Álvarez, Cemsa, Citroen, Forjas do Miño, Refrey, Cober, etc. Una sección estudiantil realizaba su actividad política en las escuelas técnicas de Comercio y Peritos Industriales, así como en los institutos de Enseñanza Media y en varios colegios privados como el Curros Enríquez.

En realidad, por su capacidad organizativa, su cohesión y su disciplina partidista, las Juventudes Comunistas de Vigo se habían convertido en una organización paralela y enfrentada en muchos aspectos al partido revisionista de Carrillo.

2.6 Los intentos de reformar el partido revisionista desde dentro

Las luchas de los aprendices de Barreras y Freire contra los patronos y las primeras batallas callejeras que tuvieron lugar en Vigo exigiendo la libertad de los presos políticos, fueron algunas de las actividades desarrolladas por las Juventudes Comunistas en aquellas fechas, al tiempo que se pusieron en marcha las reuniones de estudio del marxismo-leninismo, a modo de cursillos. También se sigue diariamente la lucha de liberación del pueblo vietnamita y se organizan jornadas de solidaridad en el centro y en los barrios de la ciudad. En las asambleas obreras que por todos estos motivos tuvieron lugar, así como en algunas reuniones amplias del partido revisionista y de Comisiones Obreras, entre los militantes más destacados del PCE y de las Juventudes se establece una coincidencia en las opiniones y criterios expresados por unos y otros, y se va generando una corriente de mutua simpatía que se iría transformando en discusiones y consultas para llegar a acuerdos de acción común. Las concepciones leninistas en materia de organización y el progresivo acercamiento entre la juventud revolucionaria y los militantes comunistas del partido carrillista de Galicia, les permite ir descubriendo formas de lucha diferentes y diametralmente opuestas a las propugnadas por la dirección; esto les llevará a oponerse de una manera frontal a las consignas de participación en las elecciones al sindicato fascista (que en Galicia, como en otros puntos del Estado, no agrupaba más que a los burócratas falangistas) y a proponer por su parte el boicot de la clase obrera a ese sindicato; oponen la comisión de delegados elegida en asamblea a los comités de empresa (entonces llamados enlaces jurados), la utilización de todos los métodos de lucha, pacíficos y violentos, a los encierros en iglesias y a los suplicatorios a los obispos y a otras autoridades, etc.

Fue por entonces, a la par que dirigían la lucha de masas, cuando algunos comandos compuestos por los obreros más resueltos, y siguiendo la tradición de A Comisión Da Estaca de los años treinta, comienzan a realizar acciones de castigo contra confidentes y esquiroles; de este modo se logró neutralizar prácticamente a todos los colaboradores de la policía y de la patronal.

En sus actuaciones, los jóvenes revolucionarios gallegos no perdieron de vista en ningún momento la agitación y la lucha por los derechos nacionales de Galicia. En abril de 1971 fue realizada una manifestación en conmemoración de aniversario de Os Mártires de Carral, que simbolizan la larga lucha del pueblo gallego por su dignidad y sus libertades nacionales. Dicha manifestación fue duramente reprimida por la policía, produciéndose varios heridos y detenidos. En respuesta a la represión policial, el 29 de abril un comando incendió un autobús y cuatro furgonetas estacionadas en el aparcamiento del cuartel de la policía en Vigo.

Todas estas experiencias organizativas y de lucha política y sindical fueron sintetizadas en un documento que sirvió de plataforma para proseguir la crítica y la oposición a la dirección del PCE. El objetivo del núcleo revolucionario, formado en torno a los hombres más conscientes y a la sección juvenil del partido revisionista, no era otro en un principio que el de corregir lo que se consideraban errores de algunos responsables, y de ahí que propusieran reformar el partido desde dentro. Esta ingenuidad sólo podía explicarse por su falta de experiencia y por la generosidad y honestidad de aquellos obreros conscientes que realmente querían hacer la revolución. Pero los burócratas corrompidos del partido carrillista no podían entenderlo así y comenzaron a realizar por su parte una labor orientada a debilitar y aislar al núcleo revolucionario.

En el verano de 1971, los jefecillos revisionistas enviaron a un par de elementos de su absoluta confianza a parlamentar con el comité de las Juventudes y tratar de convencerles de que, efectivamente, sería posible resolver todos los problemas en el seno de la organización carrillista. Lo más importante para estos elementos era retenerlos, para después dividirlos y enfrentarlos. Por su parte, los jóvenes revolucionarios, fundándose en los principios del marxismo-leninismo que su lucha cotidiana corroboraba, les hicieron varias propuestas encaminadas, todas ellas, a implantar en el partido revisionista el centralismo democrático, la organización por células para hacer la militancia verdaderamente efectiva y desterrar las prácticas reformistas y suplicatorias en las luchas reivindicativas de los trabajadores. Al mismo tiempo, proponían organizar a las masas obreras al margen de las vías institucionales del fascismo y de la burguesía llamada evolucionista.

Estas propuestas fueron entonces aceptadas por la dirección carrillista, y conforme con ello, Hierro Chomón fue integrado en el Comité Central del PCE de Galicia; a su vez, Abelardo Collazo se incorporó al comité local de Vigo. Con estas concesiones la dirección revisionista consideraba que ya habían sido resueltos los principales problemas que estaban planteados. Pero el efecto fue totalmente contrario a sus propósitos ya que la lucha ideológica se llevó, con todas las consecuencias, al seno mismo de aquellos cónclaves, particularmente al Comité Local de Vigo que se reunía con cierta periodicidad. La seriedad y tenacidad con que Abelardo Collazo mantenía las justas posiciones marxistas-leninistas hizo desatar la ira de aquellos jerifaltes. La lucha ideológica rebasó el marco del comité local, donde querían encerrarla los oportunistas, y Abelardo comienza a destacar como el principal artífice del movimiento de oposición al revisionismo en Galicia.

Al principio del verano de 1971, las Juventudes Comunistas se pronuncian públicamente, en asambleas, contrarias a la participación en las elecciones sindicales, porque dichas elecciones apuntalan unas instituciones que no agrupan a ningún obrero y sólo sirven para reprimirlos; también critican el Pacto para la Libertad porque ponía a las masas populares al servicio del llamado sector evolucionista de la oligarquía. La histérica reacción de los dirigentes revisionistas por estas manifestaciones públicas, les hace comprender cada vez mejor que los supuestos errores que venían criticando no eran tales, sino que constituían un abandono en toda la línea de los principios marxistas-leninistas y, por consiguiente, una traición a la causa obrera y popular.

A partir de aquel momento, consecuente con las críticas al revisionismo y con la práctica que venía desarrollando entre las amplias masas, el comité de las Juventudes Comunistas de Vigo abandona los esfuerzos para reformar el partido revisionista y se fija como objetivo inmediato reagrupar el máximo de fuerzas en tomo a los principios del marxismo-leninismo, con el fin de poner de nuevo en pie el verdadero Partido Comunista que venía precisando la clase obrera; este Partido debería recoger las experiencias de las luchas de las masas en los últimos años y seguir las tradiciones revolucionarias del PCE que encabezara José Díaz durante la guerra civil. La escisión ya era una realidad, aunque formalmente siguieran manteniendo relaciones y vínculos con el partido carrillista. La fracción revolucionaria tenía ya su estructura orgánica independiente -que adopta el nombre de Organización Obreira- y realizaba una labor de propaganda y agitación al margen de los revisionistas. Y si aún no se había producido la escisión, era porque pensaban arrastrar a algunos militantes honrados que todavía confiaban en la banda carrillista y seguían sus consignas.

En el verano de 1971 llegaron a Vigo, los primeros números de Bandera Roja, periódico que despertó la simpatía general por compartir el mismo objetivo de reconstrucción del Partido y la misma lucha de principios contra el revisionismo. También llegaron los primeros folletos; serían trascendentales la Carta a un camarada de Lenin, las Cuestiones del leninismo de José Stalin y varios folletos de la Revolución Cultural. El folleto de Lenin reafirmaba las críticas contra el burocratismo y la política de tertulia de los revisionistas, definía el papel del partido del proletariado y destacaba la figura del revolucionario profesional; el segundo era la síntesis necesaria del leninismo al que habían renunciado los revisionistas, y los folletos chinos hicieron comprender los problemas de principios que había provocado la ruptura en el movimiento comunista internacional.

Pero lo más importante fueron los contactos que siguieron a la recepción de aquellos materiales. En una primera reunión con camaradas de la OMLE discutieron sobre la situación política y la línea a seguir para la reconstrucción del Partido; estaban de acuerdo en todo y los camaradas de Organización Obreira se reafirman en sus críticas a la política revisionista. Pero surgen diferencias a la hora de decidir el camino a seguir en la ruptura y esto dificulta la fusión. La OMLE tenía experiencia en este tipo de procesos y planteó la necesidad de la ruptura expresa y abierta con los carrillistas para trabajar de una vez y de forma consecuente en la consolidación de la alternativa, de una línea política y de una organización proletaria independiente.

En general, estaba muy clara la necesidad de la ruptura; como comentaba Abelardo Collazo por entonces, lo verdaderamente revolucionario era, en efecto, no hacer concesiones al revisionismo y trabajar para la fusión con la OMLE. La unión quedó pendiente de un conocimiento más estrecho en la práctica revolucionaria, ya que en el terreno de los principios las coincidencias eran totales.

La lucha ideológica dentro del partido revisionista adquiere a partir de entonces mayor virulencia y los carrillistas, que no se atrevían a utilizar la violencia contra el fascismo, amenazaron con emplearla contra los maoístas, como ellos comienzan a llamar a los camaradas de Organización Obreira. Hasta que en enero de 1972 los carrillistas plantean, como venían haciendo en otras partes, utilizar a la clase obrera para reforzar su pacto con la burguesía; pretenden lanzar una huelga general sin ninguna preparación y procurando evitar sobresaltos a los patronos, a los que quieren convencer de la necesidad del pacto. Con tales planteamientos, como siempre, el único perjudicado sería el movimiento de masas. Organización Obreira denuncia esa maniobra como liquidadora y los acontecimientos se precipitan: en una asamblea multitudinaria celebrada en Zamans para discutir los problemas que acarreaba la convocatoria, los jóvenes comunistas denunciaron ante los obreros allí concentrados -los más conscientes de cada una de las fábricas de Vigo- aquella maniobra como liquidadora y a los carrillistas como vendeobreros. Se tuvieron que ir de la asamblea en medio del abucheo general. De momento aquellos manejos habían sido abortados. Pero lo más importante fue que la escisión se materializó definitivamente; la Organización Obreira empezaría a partir de aquel momento a firmar sus proclamas.

La mayoría de los miembros de las Juventudes Comunistas se organizaron en Organización Obreira, así como los verdaderos comunistas del PCE. Los contactos con la OMLE continuarían periódicamente y la colaboración se iba estrechando; en Bandera Roja comenzaron a publicarse crónicas y artículos enviados de Galicia. Abelardo Collazo fue el responsable de mantener estos contactos durante todo el período.

Desde entonces, el revisionismo en Galicia pasó a ser un fenómeno marginal, enquistado en la pequeña burguesía urbana, clase que le dio cobijo, y en sectores de la aristocracia obrera.

2.7 La Huelga General Revolucionaria de Vigo y la fusión de Organización Obreira con la OMLE

Las victoriosas luchas sociopolíticas que comenzaron en los astilleros Barreras en febrero de 1972 fueron ya dirigidas por Organización Obreira, lo mismo que las acciones de solidaridad con los obreros asesinados en Ferrol durante las luchas de marzo y las que volvieron a reproducirse en mayo en Barreras y en otros astilleros de Vigo. La situación en las fábricas había dado un vuelco en poco tiempo y la combatividad de los obreros iba en aumento al haber logrado arrinconar a los revisionistas con sus prácticas reformistas. Además, las acciones de castigo que venía desarrollando Organización Obreira contra confidentes y negreros sacudían el miedo e infundían ánimo en fábricas y tajos.

Las relaciones entre la OMLE y Organización Obreira habían ido afianzándose cada vez más, sobre la base del marxismo-leninismo y la lucha común. La colaboración desinteresada e incondicional de la OMLE fue ganando poco a poco la confianza de los miembros de Organización Obreira y convenciéndoles de su carácter comunista; pero su fuerza fundamental residía en el plan político concreto que venía aplicando para la reconstrucción del Partido. Dos organizaciones comunistas se habían encontrado y no tenía sentido la existencia de ambas por separado si verdaderamente lo eran; esto, que se había planteado así ya en los primeros contactos, cada vez era mejor comprendido en Organización Obreira. La escisión era a estas alturas un hecho irreversible y no había ya ningún obstáculo para la fusión. Los acontecimientos de septiembre se iban a encargar de sellar la hermandad de los comunistas gallegos con la OMLE.

En setiembre de 1972, los revisionistas lanzan de nuevo su huelga general, intentando manipular en beneficio de su política de reconciliación el clima de lucha que se respiraba en todas partes. La huelga programada por los revisionistas -decía en octubre de aquel año Bandera Roja- sin ningún motivo ni objetivo claro, no buscaba otra cosa (a la vez que demostrar a la burguesía su 'influencia') que destruir la unidad y combatividad alcanzada y hacer abortar el movimiento de solidaridad con los obreros procesados por los sucesos de El Ferrol. La convocatoria sólo es seguida en Citroen, donde aún tienen algunos adeptos entre la aristocracia obrera de esta factoría. El gobierno respondió con la mayor brutalidad: decenas de despedidos, detenidos y torturados, la ciudad tornada por los antidisturbios y las fuerzas del ejército acuarteladas.

Organización Obreira, que había denunciado la maniobra política que escondía aquel llamamiento, impulsó y dirigió las luchas de solidaridad con los represaliados de Citroen, organizando la Huelga General Revolucionaria que, a partir del 11 de setiembre y durante 15 días, movilizaría a más de 30.000 obreros, que recogen y hacen suyas las consignas antifascistas y antirrevisionistas de las octavillas y los mítines: ¡Ni un solo despido, ni una sola detención! ¡Todos a la huelga desde este momento! ¡Ánimo, compañeros de Citroen, contáis con el apoyo de los obreros y el pueblo! ¡Contra las maniobras capitalistas y su régimen fascista! ¡Hoy por Citroen, contra la represión y explotación fascista de los banqueros, terratenientes e industriales! ¡Ni la magistratura, ni el sindicato vertical, ni el gobernador, ni ninguna otra autoridad fascista, harán nada por nuestros compañeros despedidos y detenidos! (Bandera Roja, noviembre de 1972).

La huelga comenzó poniendo en práctica un procedimiento de lucha arrinconado por varias décadas de represión y reformismo: el piquete. Varios grupos de centenares de obreros, encabezados por agitadores experimentados, recorrían las distintas fábricas a las horas más apropiadas, entrada o salida del trabajo, promoviendo las asambleas allí mismo, en las que acordaba sumarse a la huelga; el compromiso quedaba sellado con la votación a mano alzada y generalmente por unanimidad.

La organización de los comunistas, Organización Obreira, garantizaba la continuidad de la lucha a través de una ingeniosa red de contactos personales y vínculos de todo tipo. Era relativamente fácil convocar a diario manifestaciones de miles de obreros en un determinado punto de la ciudad, cogiendo por sorpresa a la policía. Cuando ésta llegaba a la zona de concentración los obreros levantaban barricadas que impedían su paso. Ante tal situación, los mandos de la represión optaron por ocupar la ciudad calle por calle y esquina por esquina. Y aparecieron los comandos, grupos de cientos de obreros que hostigaban a la policía en todas partes, desatando una verdadera guerrilla y lucha de barricadas. Imponentes murallas fuego y todo tipo de obstáculos se levantaban en las calles que comunicaban el centro de la ciudad con los barrios obreros; unas veces se impedía así el paso de la policía y otras servían como maniobras de distracción que favorecían las manifestaciones y asambleas en zonas libres de antidisturbios. Y cuando el enfrentamiento era inevitable, se llegaba hasta el cuerpo a cuerpo de la forma más natural, pese a lo desproporcionado de las fuerzas: fusiles contra puños y piedras. Y los obreros comenzaron a pedir armas, algo que no ha dejado de oírse desde entonces en todas las grandes luchas de masas desencadenadas en España año tras año.

¡Abajo el fascismo! era el grito unánime en todas las gargantas de aquel joven proletariado vigués que por primera vez había saltado a la calle para impedir que se consumaran los manejos de la burguesía y para que fueran readmitidos los despedidos de Citroen, y puestos en libertad los detenidos. Con este grito arrastraron tras de sí toda la ciudad; pequeños comerciantes cancelaban deudas a los obreros y ofrecían víveres; en muchos bares no se servía a la policía que ocupaba la ciudad y los pescadores cedían su lote a los huelguistas.

La lucha había tomado tal magnitud y ésta se reflejaba en la conciencia de todo el pueblo de tal forma que los fascistas tuvieron que maniobrar y hacer concesiones para poner fin a aquellas jornadas revolucionarias. Habían intentado por todos los medios aislarlas, con la colaboración rastrera de los carrillistas. Y tuvieron que inventarse y airear a un hombre bueno y hacer promesas públicas de readmitir a todos los despedidos y liberar a los detenidos para que se pusiera fin a la huelga. La represión, en cambio, se desencadenó al reintegrarse todos al trabajo, aunque los detenidos fueron liberados.

Aquella represión obligó a Abelardo Collazo –que en aquellas históricas jornadas de barricadas se había consagrado como líder reconocido e indiscutible del proletariado gallego- a pasar a la clandestinidad. Muchos fueron detenidos, torturados y luego condenados a largas penas de prisión.

Si la Huelga General Revolucionaria supuso un salto cualitativo en la conciencia de clase del proletariado gallego, no fueron menores las consecuencias para su joven organización de vanguardia. Desde el comienzo mismo de las luchas, la OMLE había apoyado con todas sus fuerzas al movimiento; los contactos entre las dos organizaciones eran diarios y el peso de la agitación, al caer el aparato de propaganda, fue llevado por la OMLE, proporcionando miles de octavillas. Y lo que es más importante, mientras el revisionismo y los grupos oportunistas intentaban por todos los medios ahogar el movimiento, únicamente la OMLE promovió en todas partes la solidaridad con el proletariado de Vigo, para impedir que el aislamiento de la lucha hiciese catastrófico su final. Dos organizaciones comunistas se daban la mano en medio de los grandes combates de la lucha de clases y así lo comprendieron los camaradas de Organización Obreira que se incorporaron de inmediato a la gran tarea común de todos los comunistas: la reconstrucción del Partido de la clase obrera en España.

A la fusión se llegó en el curso mismo de las movilizaciones y Organización Obreira adoptaría a partir de entonces el nombre de Organización de Marxistas-Leninistas de Galicia. La lucha común había propiciado la unidad. La lucha de clases del proletariado de Vigo -decía en aquellas fechas en un documento interno de la OMLG- contra el fascismo y el revisionismo, no sólo ha afectado de manera clara y directa a la situación interna de la OMLG, sino que ha puesto de manifiesto la necesidad del partido revolucionario del proletariado. Ha deslindado radicalmente los campos del marxismo-leninismo con el oportunismo de izquierda, aliado natural del revisionismo, y ha marcado la línea a seguir al proletariado, de toda España en su lucha antifascista y antimperialista. Esta línea a seguir, línea de lucha y de unidad, es la que iba a propiciar el buen fin en la tarea de reconstrucción del Partido, como pronosticaba Bandera Roja comentando esta fusión en febrero de 1973: Nuestra Organización (OMLE-OMLG) y los núcleos comunistas marxistas-leninistas de otras nacionalidades, que han hecho causa común de la tarea de reconstrucción del Partido de la clase obrera de España, vienen marcando el camino, a través de una dirección única centralizada y sentando las bases políticas, ideológicas y orgánicas que permitirán alcanzar ese objetivo inmediato en el menor tiempo posible.

La decisión de los comunistas gallegos de incorporarse a las tareas de reconstrucción del Partido, sobre la base de una dirección centralizada y unidos a los comunistas de todo el Estado, trasciende los límites de la propia nacionalidad y se convierte en ejemplo de unidad para la clase obrera en todas las nacionalidades del Estado. Abelardo Collazo, que había sido el más entusiasta defensor de la fusión, sería también el más implacable crítico de las posiciones vacilantes y pequeñoburguesas que aparecieron en la OMLG a la hora de afrontar las nuevas responsabilidades que exigía la lucha contra el Estado fascista.

Él mismo tuvo que incorporarse de inmediato a las labores de dirección de la OMLE, y comenzó a desarrollar una intensa actividad de propaganda y educación en reuniones de cuadros a escala estatal o con los comités regionales y locales de la Organización en todas partes, explicando las experiencias de las luchas de Vigo y animando a todos en la gran tarea de reconstrucción del Partido Comunista.

Abelardo Collazo, Hierro Chomón -que había salido de la cárcel de Jaén por un indulto general- y otros, forman la delegación de la Organización de Galicia a la I Conferencia Nacional, a la que aportan todas sus experiencias. Salidas de ella las líneas fundamentales de la estrategia y de la táctica para la revolución en España y concretado más aún el camino a seguir para la reconstrucción del Partido, se refuerza en Galicia el Comité Nacional de la OMLG, y se comienza a editar su órgano de propaganda: Setembre Roxo.

Un nuevo impulso registra la actividad revolucionaria en Galicia, orientada por las conclusiones de la I Conferencia. La Organización se extiende a Ferrol, segundo centro industrial de la nacionalidad, a Santiago y a la comarca agropesquera de O Salnés; una nueva generación de comunistas se incorpora a la reconstrucción del Partido.

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