1.4 La confluencia en Bruselas de varios grupos comunistas

La Organización Marxista-Leninista de España fue una de las primeras organizaciones comunistas nacidas a finales de los años sesenta, en aquel período de auge del movimiento obrero y popular. A partir de la OMLE se reconstruyó el Partido revolucionario que venía necesitando la clase obrera. Pero tal como ocurre siempre en todo nuevo movimiento en gestación, la OMLE, en sus comienzos, era una organización muy débil y portaba todas las taras ideológicas y políticas y las limitaciones propias de aquel momento. Sería más tarde cuando la OMLE se transformaría en un verdadero destacamento comunista, a través de un largo proceso de trabajo desplegado entre las masas obreras y populares, que permitiría asimilar mejor y aplicar a las condiciones de España el marxismo-leninismo.

No es casualidad que la OMLE, al igual que otros grupos, surja en el exilio. Una Organización de esas características hubiera resultado imposible en el interior de España, donde fascistas y revisionistas se preocupaban al unísono de evitar que los obreros pudiera tener acceso a las obras del marxismo-leninismo. La prolongada experiencia de los exiliados en la lucha revolucionaria les permitía también comprender la necesidad de volver a disponer de un destacamento de vanguardia que impulsara la revolución en España. Todas esas condiciones no se daban en el interior, donde los obreros más avanzados sólo de una forma inconsciente y rudimentaria recelaban de ciertos manejos de los carrillistas. Como expuso años más tarde Manuel Pérez, la época de fundación de la OMLE es el periodo de mayor confusión porque precisamente es cuando comenzaba mucha gente inquieta a replantearse todos los problemas de la lucha de clases en España. El revisionismo ya no engañaba; es entonces cuando verdaderamente el revisionismo comienza a batirse en retirada, en que toda una línea se viene abajo y se descubre una nueva (Actas del I Congreso del Partido Comunista de España (reconstituido), setiembre de 1975, pg.76).

Se puede decir que el núcleo inicial de la OMLE nació en Francia de la fusión de varios grupos diferentes, entre los que destacaban dos, no sólo por el número de sus componentes sino también, y muy particularmente, por su fidelidad a la causa revolucionaria y por las experiencias y hábitos ya adquiridos en materia de organización.

El primero de ellos se congregaba en torno al periódico Mundo Obrero Revolucionario y era el resultado de una escisión que tuvo lugar en 1964 en la organización del partido carrillista radicada en Suiza. Este órgano de prensa obtuvo el reconocimiento y la ayuda del Partido Comunista de China, en los tiempos en que dicho Partido apoyaba al movimiento marxista-leninista de los países de Europa occidental. Su dirigente más significado era un viejo cuadro del PCE conocido bajo el apodo de Suré que durante la Guerra Nacional Revolucionaria había destacado como dirigente guerrillero y gozaba de gran predicamento entre los comunistas exilados. A pesar de que contaban con el apoyo del Partido Comunista de Chin y de Humanité Nouvelle en Francia, a mediados de los sesenta esta organización atraviesa un periodo de crisis en el que los militantes de base logran expulsar a los dirigentes. Gracias a ello, a finales de 1967 forman en París un nuevo Comité de Coordinación con el propósito de reconstruir el Partido Comunista.

El otro que tomó parte activa en la Conferencia, y que posteriormente tendría una especial relevancia en la OMLE, es la Organización Comunista Marxista-Leninista, que dirigía en París Francisco Javier Martín Eizaguirre, un obrero vasco nacido en Erandio (Bizkaia), que provenía de los Comités de Apoyo a la lucha del pueblo vietnamita y de organizaciones fidelistas y guevaristas partidarias de organizar la lucha armada en España. Martín Eizaguirre fue miembro activo del Comité para Europa de Comisiones Obreras hasta el momento de su ruptura con los carrillistas. La Organización Comunista Marxista-Leninista tenía también entre sus fines la reconstrucción del Partido Comunista.

El resto de los miembros fundadores de la Organización en ciernes militaban en los Comités de Apoyo a la Lucha de Liberación del Pueblo Vietnamita y jugaron un destacado papel en la extensión de este movimiento entre la emigración española y durante los acontecimientos de mayo de 1968 en París y en otras ciudades de Francia. Entre estos últimos se encontraban algunos jóvenes relacionados con obreros y estudiantes de Madrid.

En plena explosión de mayo de 1968 representantes de los los grupos celebraron en París una serie de conversaciones en las que se alcanzó el acuerdo de realizar un trabajo político conjunto. Se hicieron los preparativos para llevar a cabo una Conferencia, creándose a tal fin un Comité de Enlace en el que estuvieron representados todos los interesados en este proyecto. El planteamiento de la Conferencia no fue otro -en vista de la dispersión reinante entre los comunistas que se oponían a la política de reconciliación nacional preconizada por los carrillistas- que tratar de agrupar sus fuerzas para reconstruir el Partido, ya que se consideraba que el Partido Comunista de España, con su línea política revolucionaria, había dejado ya de existir a manos de Carrillo y sus incondicionales. Era necesario, ante todo, poner manos a la obra para levantar de nuevo el Partido sobre la base de un programa revolucionario marxista-leninista.

La Conferencia constitutiva de la Organización tuvo lugar en Bruselas en noviembre de 1968 y a ella asistieron 25 militantes de ambos grupos. Todos ellos se hallaban fuertemente influenciados por las experiencias de la Revolución Cultural, lo que se manifestó en la Conferencia a la hora de adoptar las resoluciones referentes a la línea política. Definieron a España como un país semifeudal y colonial, que era oprimido y explotado por el imperialismo yanki y, en consecuencia con estos presupuestos, definieron una línea de lucha y de alianza de clases para la liberación nacional.

En aquella época la OMLE creó las Comisiones Obreras de barrio entre los trabajadores emigrantes de París, participó en la I Asamblea de Comisiones Obreras de Europa en junio de 1970 y dirigió una organización de masas que se llamó El Emigrante, que editaba un periódico del mismo nombre.

Entonces la OMLE estaba plenamente inmersa dentro del movimiento de izquierda que denunciaba el revisionismo de una manera literaria para practicar el seguidismo, es decir, que se mantenía a la sombra del PCE, sosteniendo la misma línea. Los exiliados y emigrantes habían desempeñado un importante papel pero sólo en el primer impulso, en poner de relieve la inexistencia de un verdadero partido comunista y la necesidad de reconstruirlo: Los camaradas que trabajaban en el exterior comenzaron a ver los problemas antes que los obreros avanzados dentro de España debido a su contacto con el movimiento comunista internacional, pero se encontraban muy limitados por estar alejados y metidos en un mundo burgués, donde la corrupción es uno de los aspectos más sobresalientes. Todo esto no les permite ver la realidad de España, aunque el proceso que se inicia más tarde, al entrar en relación con la realidad permite el desarrollo de la lucha contra los oportunistas existentes en la Organización (Actas del I Congreso del Partido Comunista de España (reconstituido), setiembre de 1975, pg.77).

Los errores se pusieron de manifiesto en la lucha de clases, al poco tiempo de iniciar el trabajo político. Los exiliados tampoco habían conseguido avanzar en el terreno organizativo, sino todo lo contrario. Comenzaron a aparecer serios problemas dentro de la Organización y se reveló que la estructura federativa (que determinaba la existencia de hecho de varios centros dirigentes) no contribuía a su fortalecimiento y, más que servir, impedía el logro del objetivo que se había marcado. Aunque en la Conferencia de Bruselas habían creado un Comité de Enlace y una Comisión Ejecutiva para dirigir todo el trabajo político, ignoraron el centralismo democrático. La Organización se estructuró en varias federaciones, radicadas todas ellas en el extranjero. Sólo un reducido número de militantes fueron enviados al interior, donde constituyeron otras dos federaciones en Madrid y Cádiz.

Lo mismo sucedió con la propaganda. La OMLE había comenzado la difusión de un único periódico Bandera Roja elaborado en París, pero el alejamiento les impidía reflejar la situación real del interior del país.

Estos primeros problemas con que tropezó la Organización al poco de su nacimiento se vieron agravados por los desacuerdos y las desavenencias que enfrentaba con la dirección a cada una de las federaciones. El Comité Central y el Comité Ejecutivo empezaron a hacer agua por todas partes. Se celebraron varias reuniones generales de representantes de cada una de las federaciones con el Comité Central, reuniones en las que cada vez se manifestaban un mayor cúmulo de problemas que luego quedaban sin resolver, al tiempo que el trabajo político de toda la Organización se estancaba y ésta iba perdiendo la mayor parte de sus militantes.

Sólo Eizaguirre, al frente de un puñado de militantes de la federación de París, y otros camaradas que desarrollaban su trabajo en el interior, se mantuvieron firmes y prosiguieron el trabajo a pesar de las dificultades. Miembro fundador de la Organización, Eizaguirre se mantuvo firme en su puesto a través de todos los avatares y sinsabores que depara la lucha revolucionaria, de las rencillas de los grupos políticos de la emigración y de la casi total disolución a que llegó la OMLE antes de entrar en contacto con los grupos comunistas del interior. A él se debía, en buena medida, los progresos realizados por la Organización. Había soportado sobre sus hombros la mayor parte de la carga del trabajo político y los gastos económicos que originaba, antes de constituirse el centro dirigente. La edición del órgano de expresión y su introducción en España había sido durante mucho tiempo obra casi exclusiva suya.

Una de las consignas más importantes de aquella primera época era la necesidad de la unión, de agrupar a todos los comunistas en la tarea de reconstruir el Partido, que no se concebía como una tarea exclusiva de la OMLE sino de todos los grupos que habían roto con el revisionismo.

Puede decirse que fue esta modesta consigna la que, a diferencia de otros grupos de la época, salvó a la OMLE: Había algo que la diferenciaba de todas las demás. Mientras que las otras ya eran el 'Partido', ésta iba a por su reconstrucción y, aunque tuviera un línea errónea, todavía se podía hacer algo en ella. Esto nos lleva a la organización, a una promoción de camaradas más ligados a las condiciones del país, con unos conocimientos del revisionismo aquí y de los otros grupos pequeño burgueses. Lógicamente, desde el momento en que se empezó a trabajar comenzó a desarrollarse la lucha (Actas del I Congreso del Partido Comunista de España (reconstituido), setiembre de 1975, pg.77). Fue la única Organización que no surgió ya como Partido, sino que se proponía reconstruirlo. Pero esa reconstrucción, como se demostraría con el tiempo, no iba a derivar de la unión con otros grupos autodenominados comunistas, sino de la crítica implacable de los mismos.

Hasta que nos dimos cuenta de ello pasaron tres largos años.

1.5 Las dos federaciones del interior: Cádiz y Madrid

Al tiempo que las federaciones del extranjero se disolvían, enfrentadas entre sí y sin poder superar los numerosos problemas, en el interior de España el trabajo de la Organización progresaba. Los escasos militantes que realizaban su trabajo político clandestino en el interior consiguieron establecer contacto con algunos grupos de obreros y estudiantes en Madrid y en Cádiz, y a través de éstos se comenzó a difundir el periódico, Bandera Roja, que era editado por la Organización en Francia. Con ello se empezaron a crear las condiciones para el desarrollo de la OMLE sobre bases firmes.

En los comienzos de la actividad de la OMLE dentro de España, ya en el umbral de los años setenta, los barrios de Vallecas y Quintana serán su base principal de operaciones. Es desde estas dos barriadas desde donde se irá extendiendo el radio de acción de la OMLE a otros barrios, a las fábricas y facultades, para pasar después, sobre una base organizativa más sólida, a desarrollar su actividad a otras regiones y a todas las nacionalidades del Estado.

Militantes de esta primera hora de la organización de la OMLE en Madrid fueron Enrique Cerdán Calixto, Pepa Alarcón Lapuente y otros muchos. Estos jóvenes pronto aprenden, a través de la lucha, lo que ya muchos obreros sabían entonces: que el partido revisionista y su política reconciliadora no eran más que una patraña que venía utilizando la burguesía contra los trabajadores. Y aprendieron también a hacer pintadas, a distribuir octavillas, a preparar cócteles molotov y a organizar comandos de agitación para la denuncia política. En el verano de 1970 denuncian, por ejemplo, los asesinatos de dos obreros de la construcción en Granada por la policía; y, más tarde, llaman a la lucha contra el estado de excepción decretado por el gobierno en el País Vasco y participan en las movilizaciones de solidaridad con los procesados en el consejo de guerra de Burgos, en diciembre de ese año.

A aquel primer puñado de jóvenes les sobraba entusiasmo y voluntad; pero abundaban los problemas de todo tipo a que debían enfrentarse, y por entonces faltaban aún las soluciones adecuadas. Las pocas ideas que manejaban en materia de organización eran erróneas y carecían de experiencia de trabajo partidista. Además, la dirección de la Organización distaba mucho de haber definido claramente una estrategia y táctica políticas, por lo que el Órgano Central se limitaba a difundir vagas ideas acerca de una hipotética dominación imperialista yanki en España y consignas para la lucha por la República Democrática Popular. Por otra parte, la idea de la reconstrucción del Partido, única idea verdaderamente clara y justa en la que debía basarse la mayor parte del trabajo en aquellos momentos, tampoco se sabía muy bien cómo realizarla en la práctica.

Desde aquellos días, en la OMLE se aprendió todo al caminar; el profundo sentido de la solidaridad que animaba a aquellos jóvenes, el marcado instinto de clase de los obreros, la clandestinidad y la lucha contra el odiado estado capitalista, tan arraigado entre la clase obrera de España, hicieron al principio lo que no podía hacer el marxismo-leninismo porque, sencillamente, se desconocía. Esta ignorancia era la herencia de 30 años de dictadura fascista y, sobre todo, de los muchos años de desorganización y confusión fomentados por el revisionismo. La represión fascista y el revisionismo se habían confabulado contra el movimiento obrero, pero no pudieron sofocar el instinto de clase.

También en Cádiz se darían por esta época los primeros pasos. En esta ciudad, el nacimiento de la OMLE gira en torno a un grupo de teatro: Quimera Teatro Popular. Este grupo tenía unas características muy peculiares. Sus componentes eran en su totalidad trabajadores, y en sus representaciones se preocupaban más del fondo, del contenido, que de las formas, por lo que más que hacer obras artísticas se dedicaban a agitar. Lo dirigía José María Sánchez Casas, un autodidacta; su padre trabajaba de escribiente en un almacén y su madre de cocinera en casas de ciudadanos acomodados. Sánchez Casas trabajaba en el muelle de Cádiz. El grupo de teatro no sólo atrae la atención de las autoridades, que intentan impedir sus representaciones enviando a la Guardia Civil, sino que a la vez, atrae a los diversos grupos oportunistas de izquierda.

En el verano de 1969 aparece por los locales donde ensayan la obra de Bertold Brecht Galileo Galilei un joven al que después apodarían El Francés. Este joven entregó a los componentes del grupo de teatro algunos números del periódico Bandera Roja. En la segunda visita que hizo a Cádiz, al cabo de unos meses, era portador de una multicopista y de la propuesta de que se organizaran en la OMLE. Tanto Sánchez Casas como su grupo sólo saben de la Organización lo que han leído en esos números de Bandera Roja, pero habían notado algo en esta publicación que la diferenciaba del resto de los periódicos que editaban los grupos oportunistas de izquierda y deciden integrarse en ella. Son tres los que al principio forman el núcleo de la organización de la OMLE en Cádiz; entre ellos se encuentra Sánchez Casas.

Al principio las actuaciones políticas de este núcleo eran muy esporádicas y en ellas predominaba el espontaneísmo, aparte de que en el periódico que les llegaba por correo desde Francia no encontraban directrices muy concretas que les orientaran en su trabajo. De Madrid les vienen a visitar de cada seis meses y son éstos los únicos contactos que mantienen con la dirección. Sin embargo, el núcleo pronto empezaría a desarrollar un gran activismo. El grupo de teatro está sirviendo de aglutinante de numerosos jóvenes trabajadores de la localidad, a la vez que de órgano de propaganda. Se representan obras en las que se gritan consignas que antes han sido difundidas clandestinamente por toda la ciudad por medio de octavillas. Con todos estos jóvenes se hacen reuniones en los locales donde el grupo de teatro realiza sus ensayos y en ellas se discute en torno a problemas políticos y sindicales. Pero aún no puede hablarse de que funcione una verdadera organización comunista; se actúa más por intuición y por impulso de rebeldía ante la represión y explotación que padecen las masas trabajadoras.

Por aquellas fechas contactan con Juan Carlos Delgado de Codes, que estudia Náutica y trabaja para poder pagarse los estudios, como portero en el colegio médico de Cádiz. Es un joven decidido y desde el primer momento da muestras de una capacidad de análisis poco común. Segoviano de origen, para él la política fue siempre la razón de su vida, y la lucha de clases, la lucha por el socialismo, la única política posible; sería asesinado en pleno centro de Madrid, en la Plaza de Lavapiés, en abril de 1979 de un tiro en la nuca.

Más tarde consiguen establecer contactos en los Astilleros de Cádiz y en el gremio de la construcción; algunos son militantes de las Juventudes Obreras Católicas y de Comisiones Obreras, también atraídos por la propaganda de la OMLE que empieza a circular en Cádiz. En una ocasión, los encargados de la propaganda necesitan practicar un escondrijo para la multicopista y deciden hablar con un joven obrero de la construcción que merece confianza. Se llama Juan Martín Luna. Le hablan del asunto y Luna no duda ni un instante. Desde ese momento comienza a militar en la Organización y pasa a ser uno de sus militantes más activos. Martín Luna, a pesar de su juventud, pronto se gana el respeto de todos sus compañeros, muchos de ellos mayores que él; da mítines y hace proselitismo, organiza grupos de simpatizantes en la construcción y promueve algunas luchas; son los comienzos de una labor partidista a la que consagró toda su vida.

Por aquellas fechas se iba a producir un hecho trascendental para la OMLE. Manuel Pérez Martínez acaba de salir de la cárcel de Carabanchel (Madrid) -donde ha permanecido unos meses por un delito de propaganda y asociación ilícita- y toma contacto en su barrio, El Pozo del Tío Raimundo, con la Organización. Él iba a aportar al grupo inicial de la OMLE en Madrid cosas fundamentales, de las que había carecido hasta entonces; experiencia en el trabajo partidista, ideas claras acerca de cómo no se podían continuar haciendo las cosas y conocimiento de los principios fundamentales del marxismo-leninismo.

Manuel Pérez Martínez es obrero de la construcción, escayolista como su padre, y había militado en el PCE desde 1963, en su juventud más temprana, hasta 1968, fecha en la que se escinde con otros camaradas del mismo partido a raíz de una asamblea de Comisiones Obreras celebrada en el pueblo de San Fernando de Henares, próximo a Madrid. Había creado la organización de las Juventudes Comunistas en Vallecas, y en El Pozo del Tío Raimundo dirigió las luchas de los vecinos del barrio por el mejoramiento de las condiciones de vida, junto a jóvenes militantes católicos. En 1965, atendiendo a una llamada hecha a través de octavillas por los jóvenes de ambas tendencias, los vecinos del Pozo y Entrevías realizaron una huelga al transporte público. En el curso de esta huelga, numerosos grupos de obreros destruyeron la práctica totalidad de los vehículos de la empresa Vallejo. El servicio fue inmediatamente mejorado.

Estimulados por estos resultados, los jóvenes que habían dirigido esta acción de masas deciden extender su cooperación a otros campos de actividad. Así nacería la primera Comisión Obrera Juvenil -integrada por jóvenes comunistas y jóvenes católicos-, experiencia que daría lugar en los años sucesivos a un amplio movimiento organizado de la juventud obrera en Madrid y en otras capitales. Pronto la dirección carrillista tratará de utilizar para sus cambalaches políticos con la burguesía a este movimiento juvenil.

Manuel Pérez y otros compañeros se opusieron desde el principio, y de manera resuelta, a estos manejos y a todo lo que supusiera una renuncia a la lucha revolucionaria para entrar en tratos con la burguesía monopolista. Hacía tiempo que venían criticando en el seno del partido carrillista la línea ideológica y política reformista y claudicante de la dirección. Estas críticas se fueron acentuando a medida que transcurría el tiempo y aparecía cada vez más clara la traición carrillista a los intereses obreros, hasta que al fin Pérez Martínez y sus compañeros deciden denunciar pública y abiertamente a los carrillistas, y llevan a cabo la ruptura con ellos y con las Comisiones Obreras juveniles que controlaban.

Esta ruptura afectó a numerosos jóvenes obreros y estudiantes, que ya no dudaron a la hora de enfrentarse a los carrillistas; ello daría paso a toda una corriente de crítica al revisionismo y a la creación de los numerosos grupos que conformarían más tarde el movimiento de izquierda radical en Madrid y en otros lugares. Pero pronto se haría sentir la necesidad de una organización unificada, que actuara conforme a los principios ideológicos y políticos y a las normas de funcionamiento marxistas-leninistas.

Entretanto, Manuel Pérez desarrolla una amplia actividad de propaganda de las ideas comunistas y para la organización sindical de los obreros de la construcción. Estas actividades se harían notar más tarde, durante la huelga de la construcción de setiembre de 1971 y en las que tuvieron lugar en Madrid en años sucesivos, huelgas en las que los Círculos Obreros de la construcción, promovidos por la OMLE, harían notar cada vez más su presencia.

La labor desplegada por Manuel Pérez entre los obreros y en los medios juveniles le conduciría a la cárcel de Carabanchel en la primavera de 1970. Al salir de la cárcel se integra en la OMLE junto a un grupo compuesto por obreros y estudiantes que tiempo atrás habían roto con el revisionismo, no sin antes pasar por la prueba de fuego de las discusiones y disensiones por todo lo habido y por haber, al mejor estilo de aquella época, para elaborar pacientemente justas conclusiones políticas.

La incorporación de estos nuevos militantes a la OMLE se hizo sentir rápidamente en la organización de Madrid, y sus ideas a reflejarse en el trabajo práctico. Pronto se empiezan a organizar células en barrios, en las obras, en la universidad, y poco a poco se va desterrando el liberalismo y compadreo reinantes en las relaciones entre los camaradas. Se empiezan a estudiar y a discutir a todos los niveles los escasos textos marxistas de que se dispone. Se consigue también una multicopista que sustituye a la que hasta entonces se utilizaba de prestado, y con ella empiezan a editarse hojas de agitación que enfrentan la realidad de cada día en tajos y barrios. Bandera Roja se recibía de París aún, pero cada vez se distanciaba más de los verdaderos problemas y no respondía ya a las exigencias del trabajo práctico. Se comienzan a acometer sin complejos multitud de tareas, a analizar los acontecimientos políticos y las luchas de clases dentro del país y a difundir consignas de lucha y resistencia, convencidos todos de que lo que no hicieran ellos, cada uno en su lugar, nadie iba a hacerlo en aquel momento para organizar un Partido Comunista en España. 1971 se iba a convertir por todas estas razones en un año clave, y no sólo para la organización de Madrid.

El Primero de Mayo de aquel año la OMLE organizó manifestaciones, o más bien saltos de tipo comando, en Palomeras y en la zona de Ascao, una por la mañana y otra por la tarde. La manifestación de la mañana en Palomeras es de las que se graban en la memoria. Aquella mañana del Primero de Mayo de 1971, a pleno sol y con todo el barrio en la calle coreando Abajo el fascismo y saludando las banderas rojas. Diversos piquetes se habían pasado toda la noche haciendo pintadas con cubos y brochas. Los barrios de El Pozo y Palomeras aparecieron plagados de consignas, calle por calle, de Viva el Primero de Mayo y Boicot a las elecciones sindicales; el impacto entre la gente fue tremendo; fue el surgimiento de una tradición agitativa que habría de acompañar desde entonces a la OMLE en todas partes, y posteriormente al PCE(r). La manifestación comenzó a mediodía en Pedro Laborde y finalizó en Palomeras Bajas, junto a la vía del tren. Se recorrió de arriba abajo el barrio, colgando banderas rojas en los cables de la luz y repartiendo hojas que explicaban únicamente lo de los obreros ahorcados en Chicago, porque una manifestación del Primero de Mayo por aquellos años tampoco necesitaba de muchas explicaciones. La habían comenzado unas doscientas personas y la terminaron más de mil, media hora más tarde. La policía y los bomberos llegaron para retirar las banderas. Aquella manifestación fue una gran fiesta y al cura Llanos y su reata de sotanas -entre las que destacaba el cura Palacín, posteriormente concejal del Ayuntamiento con el PSOE desde donde saltó al Ministerio del Interior- comenzó a preocuparles la actividad de la OMLE en el barrio, que en poco tiempo les iba a arrebatar su feudo caciquil, laboratorio hasta entonces de experimentación social vanguardista de la jerarquía eclesiástica.

Un hecho importante para la organización de Madrid en estas fechas fueron las luchas de la fábrica Manufacturas Textiles, en el barrio de Vicálvaro. Las condiciones de trabajo en la fábrica eran en extremo miserables, más aún que en el resto del textil, y además la dirección intentó un despido colectivo de los trabajadoras, entre ellas una camarada. Pero dentro quedaba un numeroso círculo de obreras que consiguieron parar la fábrica con las consignas de readmisión de la camarada despedida, contra ls regulación de plantilla y por una serie de mejoras. La respuesta de los patronos fue el cierre, el expediente de crisis y el cierre definitivo de la fábrica. Nunca se volvieron a abrir sus puertas, pero el grupo de obreras que encabezó aquellas luchas sería la base de la organización del textil en Madrid en los años posteriores y del trabajo partidista de la OMLE en esta rama industrial.

1.6 Por un centro único para toda la Organización

La Conferencia constitutiva de la OMLE había tenido una gran importancia por cuanto en ella se formuló de forma clara y concreta el objetivo principal que deberían perseguir los comunistas en aquellos momentos: el Partido no existe, ha sido disgregado por los agentes del enemigo entre la clase obrera y, por consiguiente, hay que ponerse a trabajar para reconstruirlo.

Pero los primeros pasos dados en esa dirección empezaban a poner en evidencia dos concepciones contrapuestas. De una parte los que, con Manuel Pérez a la cabeza, planteaban la necesidad de un centro dirigente único para toda la Organización y señalaban la lucha existente entre el pueblo y el Estado fascista como la contradicción principal de la sociedad, y de otra, los partidarios del policentrismo, que continuaban hablando de España como colonia yanqui.

Estas diferencias políticas e ideológicas de fondo se reflejaban, sobre todo, a la hora de poner en práctica un funcionamiento y un estilo de trabajo verdaderamente leninista para la reconstrucción del Partido. Así, el enfrentamiento con las viejas concepciones tuvo un primer punto crítico con motivo de la segunda convocatoria de huelga general de la construcción que Comisiones Obreras lanzó para setiembre de 1971 en Madrid. En el primer llamamiento, un año antes, los revisionistas habían logrado arrastrar tras de sí a todas las organizaciones de izquierda, incluida la OMLE. Pero ahora ya se contaba con aquella experiencia. Manuel Pérez trabajaba por entonces en las obras de la Universidad de Cantoblanco y conocía muy bien la situación de efervescencia en el sector y el sentir de los obreros: una convocatoria de aquel tipo era criminal, como lo había sido la anterior, pues sólo iba a servir para aumentar el desconcierto, paralizar las múltiples luchas parciales y manejar todo el movimiento en beneficio de la reconciliación, lo más contrario al sentir de los obreros. Había, pues, que denunciar aquella convocatoria como una provocación del revisionismo.

Pero en la OMLE no todos estaban de acuerdo con este punto de vista. Se había aceptado mayoritariamente unos meses antes la consigna de Boicot a las elecciones sindicales, en contra de las propuestas de los carrillistas para copar el sindicato vertical; en cambio, ahora no faltaban los que veían más cómodo seguir a la sombra de Comisiones Obreras y continuar a su zaga apoyando la convocatoria. Manuel Pérez logró imponer su criterio en el Comité Local de Madrid y se le responsabilizó de organizar la campaña. Se hicieron reuniones previas de obreros, se distribuyeron octavillas con la consigna de Boicot a la provocación burguesa y se promovieron asambleas explicativas y piquetes en los tajos denunciando la huelga como liquidadora. Es de esta forma -comentó el número 15 de Bandera Roja unos meses más tarde- como la OMLE se pone a la cabeza del movimiento y comienza a señalar el camino.

Aquella campaña enseñó a militantes y simpatizantes lo que es el revisionismo más que todas las críticas aparecidas en Bandera Roja hasta entonces, y también cómo había que combatirlo en la práctica si se pretendía reconstruir el Partido, dirigir al proletariado y dejar de ser un grupito más de izquierdistas sesteando a la sombra de los carrillistas y arrastrados por su inercia reformista. La clave era romper real y definitivamente con el revisionismo, ponerse a la cabeza de la clase obrera o seguir permanentemente a su regazo.

Esta fue la primera experiencia práctica en la que la OMLE se puso realmente a la cabeza del proletariado. Una nueva época comenzaba. Atrás quedaba una Organización que, como todas las demás surgidas del revisionismo, no acumulaba más que confusión organizativa y política. Se rompió definitivamente con el revisionismo, pero había que romper con muchas más cosas. Ahora la batalla estaba en el interior de las propias filas de la Organización. La V Reunión General que se convocó para octubre de 1971 marcaría el comienzo de esa nueva etapa.

2. El cambio de orientación

2.1 La V Reunión General

La V Reunión General se celebró en octubre de 1971 en París, en el domicilio de Eizaguirre, y a ella enviaron delegados casi todas las federaciones existentes, tanto del interior como del extranjero. En representación de la organización de Madrid acuden Manuel Pérez y Enrique Cerdán, con el proyecto de eliminar las federaciones y elegir un centro directivo único para toda la Organización.

El panorama de la Organización en el exterior no podía resultar más sombrío. Alguna federación en la emigración acudía con la propuesta de disolverse.

A las tesis de Manuel Pérez y Enrique Cerdán se oponían también algunos de los responsables del trabajo en el interior, por lo que al comienzo, la reunión se desarrolló en un clima de gran tensión, provocada por la actitud de aquellos elementos que habían venido ostentando la responsabilidad de la Organización en el interior y que, últimamente, se habían opuesto a los acuerdos que esta Organización, encabezada por el Comité Local de Madrid, había tomado por mayoría.

Una vez expuestas en detalle las distintas posiciones en pugna e iniciada la discusión, la mayoría fue cerrando filas en tomo a las proposiciones de los delegados del Comité de Madrid, por lo que, en vista de ello, sus oponentes decidieron abandonar la reunión.

Esto, unido al apoyo de Eizaguirre, facilitó la adopción de toda una serie de acuerdos de gran trascendencia para el futuro. En la reunión no sólo se impusieron nuevas formas de organización centralizadas, sino un nuevo Comité de Dirección que, además de la renovación de sus integrantes, pasó a residir en el interior de España, creando en Madrid un nuevo y moderno aparato de propaganda. Eizaguirre fue el único de los fundadores de la OMLE que continuó en la Organización, encargándose a partir de entonces de las relaciones internacionales.

Se aprobó una Declaración de principios que por primera vez planteaba con toda claridad la orientación a seguir en el trabajo de reconstrucción del Partido: La Reconstrucción del Partido único de la clase obrera [es] la tarea central en tomo a la cual deberá girar el trabajo de agitación, propaganda y organización política entre las masas.

Otro aspecto importante que abordaba esta Declaración era el referente a la caracterización del Estado, señalando como la contradicción principal existente en España la que enfrenta al régimen fascista y al monopolismo con la clase obrera y amplios sectores populares, lo cual iba a servir de base a la hora de elaborar la línea política y realizar el trabajo de propaganda y agitación entre las masas.

Se abandonó la febril actividad de agitación seguida hasta entonces, destacando la formación de cuadros, la especialización, la elaboración de informes periódicos, la propaganda regular, las reuniones de discusión, etc. La OMLE de un grupo de agitadores se pasó a ser una verdadera organización comunista. No ocurrió de un día para otro pero el camino estaba abierto.

Hacía menos de un año que Manuel Pérez había comenzado a militar en la OMLE, con algunas ideas claras de cómo enfrentar la tarea de reconstrucción del Partido y, sobre todo, con la Carta a un camarada sobre cuestiones de Organización de Lenin, bajo el brazo. Su voluntad de lucha y la capacidad de trabajo demostrada le colocó desde entonces al frente de la Organización.

A su vuelta de París, el Comité de Dirección, ya encabezado por Manuel Pérez y Enrique Cerdán, convoca reuniones en Madrid y Cádiz para explicar los acuerdos adoptados y las nuevas normas de funcionamiento. Los militantes de la organización local de Madrid tuvieron que asumir la mayor parte de las nuevas responsabilidades. Tuvo que retirar camaradas de muchos frentes en el trabajo de masas para reforzar con sus mejores cuadros los organismos centrales de dirección. El primer Comité de Dirección, el Comité de Redacción del órgano central y los camaradas destinados al aparato de propaganda salieron casi exclusivamente de la organización de Madrid. Había que abandonar con frecuencia un trabajo de masas que ofrecía grandes perspectivas para poder atender lo que en aquel momento se señalaba como principal: el fortalecimiento del centro dirigente y del aparato político y de propaganda.

El órgano central Bandera Roja comienza a salir regularmente cada 15 días, distribuyéndose por todos los canales clandestinos al alcance de la Organización.

Estas medidas tuvieron un efecto muy positivo sobre los camaradas del Comité Local de Madrid, que vivían cada día los problemas que acarreaba el que alguien tuviera que dejar su puesto en el trabajo de masas. Les obligaba a multiplicarse, a saber distinguir lo principal de lo secundario sobre la marcha y aprender todo mucho más rápidamente; ampliaba sus horizontes políticos y los iba profesionalizando. De ahí que los militantes de la organización de Madrid tuvieran por lo general un elevado nivel ideológico y político.

En octubre de 1971, ya en el interior, se celebra la reunión constitutiva del nuevo Comité de Dirección, en el que Manuel Pérez presenta el informe La situación y nuestras tareas inmediatas, donde analiza la situación económica y política del país y sienta los criterios que debían orientar la actuación de la OMLE:

1. Se puede decir que en el aspecto económico, la situación actual, en la que la clase dominante emprende la realización de su III Plan de Desarrollo con la vista puesta en su ingreso en el gran mercado mundial, es relativamente favorable si la comparamos con la que fue creada al final del segundo, al haber acumulado durante los últimos años grandes capitales con la prolongada congelación de salarios y salir fortalecida la banca comercial y los depósitos monetarios de la oligarquía financiera de la reciente crisis económica del sistema capitalista. No obstante, no hay ninguna duda en cuanto a los resultados del nuevo Plan. Sin contar con las incidencias de la agravación de la crisis internacional, al estar destinado, como los otros, a incrementar la capacidad competitiva de la gran industria, así como de la explotación agraria de tipo capitalista, el ritmo de concentración de las empresas y de reducción de plantillas, de cierres masivos de otras, y de las restricciones de créditos en las empresas no monopolistas, experimentarán un impulso acelerado, con todo lo cual el ejército de parados (engrosado probablemente con muchos miles de obreros procedentes de la emigración) aumentará considerablemente, y la reducción de salarios y los aumentos de precios serán otros tantos azotes dirigidos contra las masas y motivo de gran descontento popular.

2. En el aspecto político lo peculiar del momento se manifiesta por el desenmascaramiento ante las masas tanto de la política oficial de reforma como de los fines de la 'oposición' burguesa. Esto tiende sin duda a agravar las contradicciones dentro de la clase dominante, particularmente la contradicción que enfrenta a la oligarquía con otros sectores de la burguesía no monopolista y, en especial, la contradicción que enfrenta a la oligarquía con el proletariado y con las amplias masas populares.

Está claro que la restauración monárquica es ya un hecho donde confluyen todas las contradicciones de la clase burguesa y que, dentro de la fracción detentadora de los fundamentales recursos económicos y del poder, la contradicción se manifiesta en tomo al modo de imponerla, de tan escaso margen ‘democrático’, a fin de continuar engañando a las masas.

3. En el plano organizativo, en el transcurso de la aplicación del marxismo-leninismo a las condiciones de nuestro país, nuestra Organización está acumulando numerosas experiencias; unas señalan nuestras concepciones falsas y erróneas que estamos rectificando; otras, aún no hemos entrado siquiera en su estudio y síntesis. Por otra parte, existen una serie de cuestiones que todavía no podemos abordar, e incluso las que elaboremos en esta etapa deberán ser sometidas de nuevo a riguroso análisis a la luz del marxismo-leninismo y de acuerdo con las nuevas experiencias que obtengamos. Todo ello no hace sino confirmar la justeza de nuestros principios políticos e ideológicos, principios que habremos de desarrollar en la práctica cotidiana y en el campo de la teoría para ir avanzando con paso firme y de forma ininterrumpida hasta el logro de nuestros objetivos.

Errores de tipo orgánico, como el abandono de la tarea de formación de cuadros, de la elaboración de informes periódicos, del pago de cuotas y recogidas de fondos, forman parte, junto a otros muchos que la Organización está corrigiendo, de la etapa anterior y también están siendo corregidos en estos momentos. Pero existen otras cuestiones que, puestos a resolver los problemas de carácter orgánico, aún no hemos abordado y que deben ser a partir de ahora el centro de nuestra atención, ya que están íntimamente relacionados con los problemas de organización y los esfuerzos desplegados en este sentido carecerían de valor si no estuvieran alumbrados por ella.

Estas cuestiones a que se refiere el Informe citado son las referentes a la estructura económica y la configuración social del país así como a su historia más reciente y otras relacionadas con el movimiento sindical, la cuestión agraria, nacional, etc. A la par que se realizaban todos estos trabajos, se irá elaborando la línea política, la táctica y la estrategia de la Organización.

A pesar de la sangría de cuadros que se destinan a los órganos centrales, en Madrid se van estableciendo poco a poco contactos con las fábricas del metal. A comienzos de 1972 los camaradas dirigían las huelgas de la fábrica Castellón, logrando orientar toda la lucha al margen del sindicato vertical y de Comisiones Obreras y, sobre todo, haciendo participar a todos los obreros en las decisiones por medio de las asambleas, hasta imponer sus reivindicaciones a la dirección. Es la primera lucha en el metal que dirige la organización de Madrid y que será ejemplo y punto de referencia para el trabajo sindical posterior. En la lucha mantenida por los obreros de Castellón S.A. –comentaba el número 13 de Bandera Roja- se han puesto de manifiesto otra vez, cuáles son las armas de la clase obrera en la lucha por sus intereses de clase: las asambleas, manifestaciones, paros, ocupaciones de fábricas y la exigencia de que los obreros se organicen en grupos que garanticen y permitan la continuidad de la lucha contra los jerarcas patronales.

Los hombres de Castellón pasarán muy pronto al Comité Local y serán los impulsores del trabajo en el metal.

También en Telefónica se consolidan células de la OMLE en los centros de Santo Domingo y José Antonio, que participarán en todas las luchas por los convenios de años sucesivos.

La organización del textil es la más desarrollada en este período. Las camaradas despedidas de Manufacturas Textiles trabajan ahora dispersadas por casi todas las fábricas de Madrid: Induyco, Quirós, Santa Clara, Triumph, Rok... En todas estas fábricas tendrá una gran resonancia la campaña de agitación en solidaridad con las huelgas, primero de Ferrol y, en setiembre, la de Vigo. Con motivo de la huelga general en Vigo se realizaron asambleas en todas ellas y en una, Quirós, las obreras hicieron paros, aunque de corta duración, en solidaridad. Esta campaña aceleró el desmarque de la OMLE de toda la corriente oportunista de izquierda: todos los grupos boicotearon sistemáticamente las acciones de solidaridad. En campañas como éstas iban asimilando los camaradas la línea que la OMLE propugnaba y el carácter del movimiento que comenzaba a gestarse en su entorno.

Las sucesivas convocatorias a huelga general lanzadas por Comisiones Obreras en los años 1972, 1973 y 1974, servirán de acicate para el desarrollo de los Círculos Obreros de la construcción, por sus denuncias si temáticas del carácter liquidador de estas huelgas y por propugnar la lucha directa contra las constructoras, fuera del sindicato vertical fascista; su labor contribuyó en gran medida a mantener viva la lucha y la resistencia de este sector. Los obreros de la construcción aprenderían en este tiempo más política que en toda su vida de luchadores.

Los muchos frentes abiertos en el trabajo de masas aconsejaban la creación de comités de radio. A esta iniciativa se opondrán algunos camaradas del Comité Local, pretextando excesiva complejidad en el funcionamiento y una innecesaria descentralización de tareas; no comprendían estos camaradas la acuciante necesidad de cuadros que exigía el naciente movimiento de reconstrucción del Partido, ni que la mejor escuela de cuadros fue siempre en el movimiento comunista la práctica en tareas de organización, tener que hacer frente a responsabilidades de dirección a cualquier nivel. A trancas y barrancas se fueron organizando los radios en enero de 1973, comenzando por los de Vallecas y Ciudad Lineal, la cuna de la Organización. La iniciativa muy pronto daría resultado al permitir atender mejor todas las tareas y al multiplicarse los círculos de simpatizantes.

También en Cádiz, las discusiones habidas en la organización local de Madrid y los acuerdos de la V Reunión General tuvieron una inmediata repercusión.

A mediados de diciembre de 1971 reciben la visita de Manuel Pérez procedente de Madrid. La estampa de los miembros de la organización de Cádiz tiene que chocarle: pelos largos, barba, patillas de hacha,... parecen salidos de un cuadro de las Cortes de Cádiz. Ha venido a informarles de los acuerdos tomados en la V Reunión General y en la reciente reunión del Comité de Dirección, sobre las nuevas formas de organización y funcionamiento: el centralismo democrático.

Los camaradas de Cádiz no le comprenden muy bien: estaban habituados a trabajar sin recibir directrices prácticamente; las visitas de los camaradas que habían ejercido la dirección hasta entonces se habían hecho muy de tarde en tarde. Manuel Pérez les asegura que ese estado de cosas que se había venido arrastrando se iba a terminar y poco a poco les va haciendo comprender que el centralismo democrático es la única forma válida de organización y funcionamiento comunista.

La reunión se celebra en un pinar próximo a la playa de Puerto de Santa María y, poco a poco, todos los camaradas van profesionalizándose. Se establece una dirección más efectiva, el contacto con el centro dirigente se hace más frecuente y el órgano central y otros materiales de propaganda comienzan a llegar con regularidad todos los meses. La actividad de la Organización se extiende y ésta comienza a participar en algunas luchas importantes. Martín Luna encabeza la huelga de las llamadas Mil viviendas enfrentándose al sindicato fascista y a algunos carrillistas que le hacían el juego. Con motivo de esta huelga la organización local de Cádiz lanzó una octavilla con la que se consiguió movilizar a todos los obreros. La huelga terminó con un éxito total.

A través de los simpatizantes de los Astilleros de Cádiz y de la gente del grupo de teatro, se consigue contactar con un grupo de maestros y de estudiantes en Sevilla que han militado en distintos grupos políticos de izquierda.

Es a través del núcleo de Cádiz como también se llega a los obreros de la fábrica SECEM de Córdoba -la industria metalúrgica más importante de la provincia- que venían protagonizando desde tiempo atrás importantes luchas frente a la patronal, al sindicato vertical fascista y a las tácticas reformistas que preconizaban los carrillistas.

Delgado de Codes, que por aquella época se encontraba ya totalmente dedicado al trabajo político de la Organización, es el responsable de este trabajo de extensión de la OMLE en Andalucía. La labor desarrollada por Delgado de Codes, durante esta época es de una gran importancia.

También se extendió la Organización en la provincia de Cádiz: Puerto de Santa María, Puerto Real, San Fernando y Jerez. En esta última localidad conocen a López Ragel y por su intermedio a un amplio círculo de obreros de las bodegas y los jornaleros del campo. Pronto nacería un comité que abarca la zona de las viñas del Marco del Jerez. Por otro lado, las relaciones con Sevilla y Córdoba se afianzan. En Sevilla se constituye un comité y varias células, mientras en Córdoba la Organización se va abriendo camino en las fábricas y la propaganda se difunde ampliamente por toda la zona.

En Cádiz se había comenzado a editar un boletín, El Gallo Rojo, para lo que Sánchez Casas utiliza una multicopista de alcohol en las oficinas de la empresa donde trabaja; se recurre a menudo a fotocopiar los folletos, ya que los que se reciben desde el centro no cubren todas las necesidades. Pese a la precariedad de los medios con que cuenta la Organización, la imaginación suple con creces esta falta: durante la huelga de las Mil viviendas se tuvo que recurrir a unas octavillas hechas con una imprenta para niños. Incluso llegan a inventarse unos curiosos artilugios para lanzar las octavillas y colocar pancartas desde las azoteas de las casas gaditanas, como ocurrió un día frente a Astilleros y junto al cuartel de la Guardia Civil.

En Astilleros de Cádiz se mantiene una lucha persistente para el desenmascaramiento de los revisionistas y otros grupos afines que ante el aumento de las luchas y la creciente influencia que ejerce la OMLE entre los obreros, comienzan a actuar como agentes provocadores y confidentes al servicio de la policía. La influencia de la OMLE en el sector naval ya era bastante amplia y se forma un comité de bahía que abarca las factorías de la Bazán, Matagorda y Astilleros.

Para dirigir todo este trabajo en las tres provincias, fue necesario formar el Comité Regional de Andalucía, antes ya de la Conferencia de 1973.

2.2 La lucha contra el espontaneísmo

Todo cambió en la Organización como consecuencia de los acuerdos tomados en la V Reunión General y de la lucha desplegada en el seno de la Organización para hacerlos triunfar. De la V Reunión General la OMLE salió depurada. Pronto el entusiasmo de todos se iba transformando en eficacia, y de un grupo de agitadores pasó a ser una verdadera Organización comunista. No ocurrió de un día para otro, pero el camino estaba abierto.

Durante un tiempo, a raíz de la formación del Comité de Dirección, la OMLE se había propuesto como una de sus tareas principales, la edición de un periódico común con las organizaciones de izquierda. Ya en el primer número de Bandera Roja editado en el interior, el número 10, correspondiente a enero de 1972, se lanzó la consigna de Trabajar para hacer un solo periódico central para todos los marxistas-leninistas. Incluso ofrecimos el propio aparato de propaganda para este fin porque era un medio de reagrupar fuerzas y alcanzar la unidad de todas las organizaciones verdaderamente comunistas para reconstruir el Partido de clase obrera. El periódico sería como el andamio que serviría de plataforma para reconstruir el Partido y forjar la unidad de los verdaderos comunistas. Esta iniciativa tenía por objeto sentar la base para alcanzar una verdadera unidad, pues con ello se facilitaba la exposición de los distintos puntos de vista y la amplia discusión de los mismos, al tiempo que se creaban lazos y hábitos de trabajo comunes.

Entonces aquella línea era justa y acertada: desde la creación de la Organización y durante un largo período (sobre todo, a partir de la expulsión de nuestras filas de los elementos oportunistas), el escaso desarrollo, los conocimientos limitados que teníamos de las condiciones en que había de efectuarse nuestra actividad y, por otra parte, la existencia en el país de otros grupos que, como el nuestro, se consideraban marxistas-leninistas, nos llevó a plantear la cuestión de la unidad como una de las más importantes a fin de trabajar juntos entre las masas, elaborar juntos la línea política e ir así hacia la Reconstrucción del Partido. Muchos esfuerzos hemos hecho para lograr esa unidad sin que los grupos aludidos parapetados en sus 'programas' y en el mezquino espíritu de grupo, respondieran favorablemente. Por el contrario, se dedicaron al cambalacheo con los revisionistas, a tejer intrigas y a los enredos de comadres («Breve historia del movimiento de izquierda», Antorcha, núm.6, setiembre de 1974).

Pero nuestra Organización no se limitó exclusivamente a trabajar por la unidad del movimiento de izquierda; nunca supeditó el trabajo independiente como Organización a la unidad con otras fuerzas: Nuestra Organización no debe esperar para llevar a cabo esta importante tarea [la edición de un órgano central], a los posibles acuerdos con otras organizaciones. En esta, como en las demás cuestiones, debemos basarnos en nuestras propias fuerzas. El trabajo por la unidad de los marxistas-leninistas era sólo una posibilidad de reconstruir el Partido, mientras que el trabajo independiente realizado por la propia Organización suponía ya estar construyéndolo. Sin esperar la respuesta de otros grupos, se puso a marchar por su propio pie y esa marcha exigía la crítica de quienes se llamaban a sí mismos comunistas. Enrique Cerdán resumiría años más tarde esta cuestión de la siguiente forma: A nosotros los oportunistas siempre han evitado citarnos. Nosotros siempre hemos tratado de llevar una lucha ideológica para depurar el movimiento; esta consigna era un intento de ir hacia la unidad y demostró que no querían ir en ningún momento, enseñándonos quiénes eran. Primero dijimos que el problema de la unidad era un problema práctico, trabajar juntos y no liarnos en discusiones. A pesar de eso seguimos discutiendo pero demostramos que teníamos razón. Cuando hablábamos de esto no querían hablar de la unidad, cuando dijimos que no había más que seguir adelante solos empezaron a hablar de la unidad (Actas del I Congreso del Partido Comunista de España (reconstituido), setiembre de 1975, pg.53).

La OMLE se encaminó hacia la ruptura con los demás grupos cuando empezó a desmostrar con claridad que disponía de una acertada línea política y cuando, en consecuencia, la naturaleza pequeño burguesa de los grupos de izquierda se hizo también evidente, impidiendo cualquier forma de unidad con ellos: De esa manera, si antes era posible y justo plantear la unidad del movimiento de izquierda, pues las diferencias no habían alcanzado la calidad de principios que tienen ahora, hoy esa unidad se hace muy difícil y sólo sería posible en base a la aceptación de nuestra línea política y nuestro plan de organización. Esto que señalamos no es más que la aplicación a las nuevas condiciones de la línea que ha venido aplicando a este respecto nuestra Organización (Breve historia del movimiento de izquierda).

El fenómeno es paralelo: a medida que la OMLE pone en marcha una correcta línea política, más se alejan de ella los distintos grupos de izquierda. El rasgo más señalado de todos ellos era el de situarse a la zaga del revisionismo; lo criticaban en sus periódicos pero en la práctica todos ellos hacían exactamente lo mismo. Esto demuestra que en realidad en aquella época no hubo un verdadero problema izquierdista en España ya que todas las organizaciones que se reclamaban comunistas eran en la práctica versiones del revisionismo, practicaban el seguidismo con respecto a él y, en consecuencia, todos ellos promovían el espontaneísmo. La errónea concepción de la línea de masas heredada de la Revolución Cultural empujaba en esa dirección e impedía la reconstrucción del Partido Comunista.

Bajo la excusa del trabajo de masas, todos los oportunistas caían en un sindicalismo rastrero: los revisionistas porque se ponían a la zaga de las masas y los izquierdistas porque se ponían a la zaga de los anteriores. Eran versiones equivalentes a lo que décadas antes Lenin había calificado como economicismo, que consiste en rebajar las tareas de los comunistas al nivel de los sectores más atrasados de las masas, al nivel al que las masas llegan por sí mismas. Abandonado a sus propias fuerzas, el movimiento obrero sólo puede generar sindicalismo, y la política sindicalista de la clase obrera no es otra cosa -decía Lenin- que la política burguesa de la clase obrera. Así es como se transforma al movimiento obrero un apéndice de la burguesía (1), lo que encajaba perfectamente con su programa de retornar desde el fascismo a la democracia burguesa. En un momento en que el Partido del proletariado no existía, este problema era de una extrema gravedad ya que la tarea más urgente era la de reconstruirlo.

Fue precisamente el trabajo desarrollado por la OMLE entre las masas y las experiencias acumuladas en esa labor lo que demostró en la práctica que aquellas organizaciones marxistas-leninistas no eran tales. La negativa a unificarse pese a la insistencia en este sentido de la OMLE, su colaboración con el revisionismo, sus vacilaciones políticas más importantes del desarrollo de la lucha de clases en nuestro país y a escala internacional, todo ello ponía cada día más en evidencia su naturaleza oportunista y hacía necesario combatirlas, igual que el revisionismo, más que buscar la unidad con ellas. Por otra parte, la fusión de la OMLE y la OMLG puso claramente de manifiesto lo fácil que resultaba a los verdaderos comunistas entenderse.

Por eso resultó imprescindible comenzar a combatir el oportunismo de izquierda y desenmascararlo. Ese será otro de los rasgos característicos fundamentales de la OMLE: la crítica constante e implacable a todo el rosario de siglas de aquel momento, la lucha ideológica contra ellos. Es entonces cuando la OMLE comienza a ser atacada por las demás organizaciones autotituladas comunistas a causa de su supuesto sectarismo porque comienza a elaborar su propia estrategia y su propia táctica, en oposición a todos los tinglados seudounitarios de la época. Los camaradas sabían lo que se traían entre manos y, sobre todo, no se mordían la lengua y conocían muy bien el pie de qué adolecían los oportuistas. Las diferencias comenzaron muy pronto a hacerse patentes; la Organización, ciertamente, tenía ya entonces muy poco que ver con todo el revoltijo de grupos de aquel momento.

Desechada cualquier posibilidad de unión con ellos, el trabajo independiente de la Organización entre las masas adquiría cada vez mayor relieve y ello planteaba nuevos problemas prácticos que siempre tropezaban con las posiciones espontaneístas, abiertas unas veces, encubiertas otras. La inercia política empujaba a muchos camaradas hacia la agitación desaforada y el activismo ciego.

La lucha contra el seguidismo no se limitó, por tanto, a la crítica de otros grupos, sino que era también una lucha en el interior mismo de la OMLE. No había concluído con la derrota de las posiciones del policentrismo en la V Reunión General. Al contrario, esta tendencia oportunista volvería a reproducirse de mil formas dentro de la misma Organización, lo que prueba la fuerza con que arraiga en el seno de las organizaciones comunistas bajo distintas apariencias. En la V Reunión General sólo se había ganado la batalla teórica, pero en la práctica se reproduciría porque el pasado de la Organización estaba cuajado de seguidismo y espontaneísmo. La misma inexistencia del Partido y la propia debilidad ideológica y política de la OMLE en los primeros tiempos, propiciaban esta tendencia oportunista. Se puede decir que toda la actividad ideológica y política desarrollada por la OMLE para la reconstrucción del Partido, sobre todo hasta la I Conferencia, fue realizada en enconada lucha dentro de sus filas contra este culto al espontaneísmo en el movimiento obrero, que negaba el papel dirigente de la vanguardia marxista-leninista y planteaba el seguidismo como única alternativa: seguidismo ante los carrillistas, seguidismo ante las condiciones adversas, seguidismo ante el propio movimiento de masas, etc.

Las manifestaciones más importantes de esta desviación eran las siguientes:

  la tendencia a la dispersión, a la agitación permanente camuflada bajo la consigna de trabajo de masas

  la tendencia al localismo, al reforzamiento de los órganos locales en detrimento de los centrales, de la dirección

  la tendencia a subordinar el trabajo clandestino al trabajo legal, amplio o abierto entre las masas.

Frente a las tendencias espontaneístas, la dirección opuso la necesidad de reconstruir el Partido y, en consecuencia, fortalecer a la Organización que debía alumbrarlo y, muy especialmente, su dirección. Los comités locales debían aportar sus militantes más firmes y con más experiencia para reforzar la dirección central. La promoción de los militantes obreros más capaces y entregados a la lucha revolucionaria, a fin de que desempeñaran tareas de dirección, fue una tradición constante y característica de la OMLE.

Fue a la hora de afrontar los problemas prácticos cuando se fue consiguiendo neutralizar una y otra vez esta tendencia, como había ocurrido con el asunto de las federaciones.

La lucha contra el espontaneísmo se planteó en la reunión ampliada del Comité de Dirección de junio de 1972, convocada para analizar el estado de la Organización y sus tareas. Se detectó que los problemas venían determinados, fundamentalmente, por su debilidad política e ideológica, por la falta de vínculos estrechos entre las organizaciones locales y el Comité de Dirección, y por la falta de claridad respecto a las tareas que habían de abordarse con vistas a la celebración de una Conferencia que discutiera toda la labor realizada y abriera nuevas perspectivas al movimiento por la reconstrucción del Partido. Se observaba un notable incremento de la actividad de la Organización y la debilidad, frente a ello, del mismo Comité de Dirección. Como conclusión a este análisis, la reunión encontró que los problemas políticos e ideológicos eran debidos en buena parte a esa debilidad de su núcleo dirigente y que los mismos, así como el desarrollo de las nuevas tareas, estaban rebasando su capacidad. Por consiguiente, la solución a todos estos problemas sólo podía venir de un fortalecimiento del Comité de Dirección, y de acuerdo con esto, se impulsó la consigna de fortalecimiento de la Organización basado en el fortalecimiento del Centro.

De estas tesis se adivina la posición de principios que mantenía la OMLE en su tenaz esfuerzo por reconstruir el partido comunista, a la par que se manifiesta la inquebrantable voluntad de alcanzar ese objetivo. Convencidos por una larga experiencia de que el problema fundamental que tenía la clase obrera no era otro que la necesidad de su partido dirigente, la OMLE puso siempre en el centro, entre las tareas que imponía la lucha de clases, la reorganización de los comunistas, pues sólo así se podrían enfrentar realmente todos los demás problemas que la misma lucha lleva aparejada. Como quedó patente en la reunión, los problemas del momento eran múltiples, pero había una forma de darles solución: fortalecer la Organización y, para ello, fortalecer su centro dirigente.

Esta consigna iba a tener una importancia decisiva a partir de entonces, y contra ella se estrelló la corriente espontaneísta una y otra vez. Así, por ejemplo, contestaba Bandera Roja en octubre de 1972 a los que planteaban como tarea prioritaria para la Organización el desarrollo de la lucha o de las organizaciones de las masas: Estas ideas corresponden a una misma concepción y son igualmente erróneas. No tienen en cuenta que nos hallamos en la etapa de reconstrucción del Partido, en la etapa caracterizada, fundamentalmente, por el trabajo de organizar a los revolucionarios y de elaboración de una línea política, y que mientras estos objetivos no se hayan alcanzado en lo fundamental (creando un aparato político, una red de organizaciones y una línea política para todo el Estado) es utópico y muy peligroso pretender realizar plenamente el trabajo entre las masas, dirigir la revolución. Pensar de ese modo equivale a negar la necesidad de Partido, la única fuerza que por su visión política, su capacidad de trabajo y organización es capaz de dirigir al proletariado en la realización de la revolución. En el mismo periódico se arremete, más adelante, contra los camaradas que no ven más allá de sus narices y que se lamentaban por la rapiña de cuadros de que eran objeto periódicamente las organizaciones locales: Debemos combatir la teoría del fortalecimiento de las organizaciones locales en detrimento del fortalecimiento de un núcleo dirigente y de la extensión de la Organización a escala nacional, pues esa 'teoría' fomenta el espontaneísmo, el espíritu localista y de grupo y va en contra de reconstrucción del Partido. Todas las organizaciones locales se deben someter al centro y ajustar sus tareas al logro de objetivo fundamental de la etapa de desarrollo de la revolución en que nos encontramos.

Notas:

(1) «¿Qué hacer?», en Obras Escoguidas en doce tomos, tomo II, pgs.92 y 102.

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