Dolores Castro era gallega y desde la infancia estuvo marcada por un claro sello de clase que pronto le hizo volcarse en la lucha antifascista.
Tomó contacto con la Unión de Juventudes Antifascistas y acercó a numerosos jóvenes más a dicha organización de masas. La policía política le tenía ya controlada y amenazada y en una de las batidas represivas contra el movimiento de resistencia la detuvo, torturó y encarceló.
Al salir de prisión pasó a la clandestinidad y al poco tiempo pidió su incorporación a los GRAPO. Participó en las acciones de mayo y junio de 1981. El día 3 de junio en Valencia se salvó de ser herida por muy poco de un tiroteo con la policía nacional, donde dos de los maderos resultaron heridos. Ya estaba plenamente identificada y puesta en el centro de la diana represiva, por lo que su asesinato era cuestión de días.
El día 16 de junio el comando compuesto por ella, Antonio Cabezas, Roberto Liñeira y Albino Gabriel López se enfrentan a tiros con la Brigada Antiterrorista en Barcelona, donde Roberto es herido de bala en una pierna. En la fuga recalan en un pueblo cerca de la frontera con Francia. El día 17 instalan su tienda de campaña a las afueras de La Farga de Bebié. Junto con Albino Gabriel López, se acerca al pueblo para interesarse por los horarios de trenes y comprar tabaco y algo de comida, mientras los otros dos combatientes aguardan en una tienda de campaña perfectamente camuflada en una difícil localización a la salida del pueblo. Albino y Dolores son localizados por la Guardia Civil y detenidos. Llevados al cuartelillo, un enclave estratégico en la lucha antirevolucionaria, pues desde él se controlan los pasos a Francia, son brutalmente torturados y asesinados. La versión del Estado dijo que Dolores llevaba una pistola camuflada ¡¡en el pelo!! y que al intentar usarla fueron abatidos. La realidad es que les tuvieron que sacar con brutales pero rápidas torturas la información de la localización de sus compañeros, pues desde las 15.45 que se oyeron los disparon que les asesinaron hasta la localización y acribillamiento de sus otros dos camaradas, a las 18.30, hasta ese alejado pueblo de Girona se desplazaron decenas y decenas de guardias civiles y los dos más altos cargos de la picoletada en Catalunya. Todo eso en apenas dos horas y media.
Dolores fue enterrada unos días más tarde de estos brutales asesinatos en Hospitalet de Llobregat (Barcelona).