El martirologio de París, que terminó el 25 de agosto de 1944, puede ser dividido en tres partes, al menos para comprenderlo en lo relativo a la participación española:
1) la organización de los grupos de resistencia clandestina activa;
2) la huelga general insurreccional; y,
3) la llegada del grupo de vanguardia de la División Leclerc ante el Hotel de Ville [Ayuntamiento].
Dos figuras destacan en el primer periodo: Georges Pierre, pasado a la historia con el seudónimo de Coronel Fabien, francés, autor del primer atentado contra las fuerzas de ocupación, y Missak Manouchian, armenio, que dirigió el legendario grupo que llevó y llevará su nombre para siempre. Ambos, el grupo Manouchian y el coronel Fabien, tienen rótulo en las calles de la capital. Ambos fueron, además de héroes y mártires indudables, en el curso de una contienda en que abundaron los primeros y se cuentan por millones los segundos, símbolo del combate sin fronteras de razas o de religión, de nacionalidad o de partido.
El 21 de agosto de 1941, Fabien tira sobre un oficial alemán en la estación del metropolitano Barbés. Logra huir, combate durante cuatro años y cae a su vez en el frente de Alsacia, cara al descubierto, liberada ya su patria del enemigo.
Manouchian, este extranjero de aquí que escogió el fuego, porque creía en la justicia, como dirá más tarde Paul Eluard, entra en las filas de la Resistencia en 1942, después de unos meses de internamiento en el campo de Compiégne. Comisario político en 1943, antes de ser encargado de dirigir la acción militar de los FTP extranjeros de la región de París. En activo de los grupos por él dirigidos: más de un centenar de atentados con bomba, dinamita, ametralladora, revólver; centenares de alemanes, muertos o heridos, fuera de combate; instalaciones y oficinas enemigas destruidas por docenas en plena ciudad. Hasta noviembre del mismo año en que la Gestapo detiene a los veintitrés componentes principales de sus grupos de acción, todos ellos detenidos y torturados durante tres meses de prisión, todos ellos fusilados (con una sola excepción: Olga Bancic, rumana, decapitada en mayo de 1944 en Stutgart) el 21 de febrero de 1944, después de un proceso en el que la acusación tornó la palabra por un cuarto de hora para sostener los cargos que pesaban contra los acusados, y donde los defensores -alemanes, como el resto de los componentes del tribunal militar- fueron tan breves como el fiscal. Aun cuando se decía en la sentencia que los condenados disponían de cinco días para entablar recurso, cayeron la misma tarde ante el pelotón de fusilamiento.
Al día siguiente aparecieron los muros de París cubiertos con la célebre affiche rouge [cartel rojo]: La liberación por el ejército del crimen. Diez fotografías, entre las cuales, además de la de Manouchian y otros condenados más, estaba la de Alfonso, español rojo, siete atentados, como reza la leyenda.
¿Quién era ese criminal profesional que ejecutaba sus exacciones por inspiración de los judíos, al servicio del sadismo judío al que había que estrangular, como decía la pancarta infame? En un relato del proceso publicado por una agencia oficiosa nazi de la época, en el que ninguno de los encartados fue acusado de robo u otro delito de derecho común, leemos lo siguiente:
El presidente: El español Alfonso ha servido como oficial en el ejército rojo español.
Alfonso [sereno]: En el ejército republicano español, señor presidente.
Celestino Alfonso nació en España el primero de marzo de 1916. Apenas cumplidos los veinte años, le sorprende la sublevación militar fascista en su país. Se incorpora inmediatamente a las milicias populares. Fue el primero, como dice en su carta de adiós. En las milicias, en el ejército republicano reconstituido, gana por su valentía los galones de teniente. En 1939, huyendo de la hiena franquista, viene a Francia, pasa por un campo de concentración, de donde sale para ir a trabajar como carpintero en la región de París, cuyo cielo quedará como última imagen en sus ojos al ser troncada su vida. Pero, frente al ocupante, como lo hiciera antes en España, piensa en batirse contra el fascismo y por la libertad. Su honor lo exige. A principios de 1942 ingresa en las filas de los FTPF [Francotiradores y Partisanos de Francia], donde lo apreciaban sus amigos, compañeros y superiores, por su decisión, su experiencia, su fe y entusiasmo. Su participación en la lucha, en primera fila, confirmó sus cualidades innatas de luchador.
Alfonso participó en gran número de atentados. Los más importantes han sido -además del perpetrado contra el garaje alemán de Challot, contra el camión cargado de fuerzas nazis en la Puerta de Italia y el del parque parisiense de Monceau- aquellos en los que fueron ejecutados el general Von Schaumburg, comandante del gran París, y el comandante Julius Ritter, SS, uno de los segundos preferidos del negrero Saukel (jefe de la mano de obra extranjera en los países ocupados por los ejércitos alemanes), encargado por éste último del trabajo obligatorio en Alemania y al que incumbía la misión de enviar al infierno nazi medio millón de trabajadores franceses.
Von Schaumburg reinaba por el terror y los piquetes de ejecución sobre lo que, en lenguaje de los ocupantes, se llamaba el gran París. Cada mañana aparecían ordenanzas, pancartas, anuncios y avisos. Cada mañana, los habitantes de la ciudad eran informados de que docenas de patriotas habían sido pasados por las armas. Y, cada mañana, la población entera tenía presente el nombre del general carnicero que firmaba estas órdenes, instrucciones y avisos de ejecución, Von Schaumburg, para maldecirle y desearle el merecido castigo. La Resistencia decidió su ejecución después de un estudio minucioso de las posibilidades de éxito de la operación. Era necesario, primero, conocer el o los itinerarios más frecuentes que el general tomaba para llegar hasta su oficina; luego, elegir el lugar donde debiera tener efecto la ejecución, según las posibilidades de retirada de los participantes, así como el procedimiento: bomba o revólver; finalmente, la designación del responsable y del equipo ejecutor de la sentencia. Fue Manouchian quien recibió la difícil y peligrosa misión. Naturalmente, fue su sección especial, bajo su dirección, la que procedería a la realización del atentado. La sección estuvo compuesta por: Spartacus Fontano (Paul), italiano, Marcel Rayman, judío polaco, y Celestino Alfonso (Pierrot), español.
El general alemán, presuntuoso y fanfarrón, estaba seguro de la impunidad que procura una policía abundante y bien organizada; le gustaba pavonearse con aires de reto y de triunfo, vestido de militar, cargado de condecoraciones. Vivía en un elegante chalet del bosque de Boulogne, desde donde se trasladaba cada mañana al cuartel general del alto mando, calle de Rivoli, acompañado de dos oficiales, uno de ellos superior.
El atentado tuvo lugar, como estaba previsto, el 28 de julio de 1943, en el ángulo de la avenida Paul Doumer (que desemboca sobre la plaza del Trocadero) y la calle Nicolo, por ser éste un lugar donde el coche del general tenía que frenar un poco antes de entrar en la citada plaza. Allí, Rayman, muy cerca del objetivo, lanza una bomba en el interior del coche; hay un fuerte estallido, y los cuatro ocupantes son destrozados. Fontano y Alfonso cubren la retirada de Rayman con sus armas cortas y los tres desaparecen por las calles vecinas, aprovechando el momento de estupor.
El comunicado de los FTPF, relacionado con el atentado, dice así:
Equipo especial
El 28 de julio, a las nueve y media de la mañana, en la esquina de las calles Paul Doumer y Nicolo, París, 16, nuestro equipo de élite, cinco camaradas armados de granadas y pistolas, ha atacado con granada el coche descapotable del general-comandante del gran París, Von Schaumburg. En el coche iban el general, su ayuda de campo y el chofer. La granada cayó en medio de los tres hitlerianos. La explosión tuvo lugar en el interior del coche, que quedó completamente destruido, así como sus ocupantes. Los camaradas que han participado en la operación son: el 10318, el 10308, el 10291 y el 10161. El número 10318 [Rayman], se distinguió por su sangre fría y su valentía. Fue propuesto para una citación, así como el equipo que con él participó en la acción.
(En nuestra relación del hecho, citamos únicamente a los tres principales componentes del grupo especial; los dos restantes a que hace alusión el comunicado, sin duda alguna, son elementos de retaguardia, a los que no hemos podido identificar y de los que no poseemos más que los números de matrícula. Que se nos perdone esta omisión involuntaria.)
Este mismo grupo especial, compuesto de Rayman, Fontano y Alfonso, había ejecutado días antes, el 21 de julio, a un delator de patriotas en la calle Marie Louise. Se encuentran los mismos números de matrícula en un sinfín de atentados, que no citaremos aquí con detalle para no alargar demasiado el relato. No obstante, no -queremos silenciar el efectuado el 2 de octubre, pocos días antes de la detención del grupo Manouchian, a las nueve de la noche, en la Puerta de Italia (y al que hacemos alusión más arriba), sobre un autobús lleno de soldados y oficiales alemanes que resultaron todos muertos e heridos, gracias a la serenidad en la ejecución por parte de Alfonso. Éste inicia la conversación con un oficial, en espera de que el vehículo se ponga en marcha. Entonces, cuando ya empieza a andar el autobús, Alfonso lanza una granada en medio del grupo y emprende la huida. Uno de los alemanes, herido por la explosión, salta del autobús y dispara sobre Alfonso, antes de ser abatido por el equipo que cubre a nuestro compatriota.
En cuanto a Julius Ritter, lo más difícil era su identificación. Muy poca gente podía hacer una descripción del personaje, rodeado de misterio, pero suficientemente conocido por sus instintos criminales y por los métodos de destrucción masiva de armenios que había preconizado en Hamburgo en 1942 (Hay que exterminarlos como a los israelitas.)
El Comité Nacional francés le había condenado a muerte. Y fue también Manouchian, armenio, el que prepararía la ejecución del castigo y lo infligiría con la misma sección que había actuado meses antes contra Von Schaumburg. La investigación fue lenta pero eficaz, hasta el punto de que el atentado pudo ser preparado en sus mínimos detalles y llevado hasta las últimas consecuencias el 28 de septiembre de 1943, a las ocho cuarenta y cinco de la mañana, muy cerca del lugar en que se ajustició al general. Ritter, que vivía en el número 18 de la calle Petrarca, tomó el coche a la hora indicada. Además de su chofer le acompañaba como siempre un perro policía. Se dirigía hacia la Cámara de Diputados, donde tenía instalados algunos servicios. En la esquina de la calle en que habitaba y la plaza del Trocadero, el chofer frenó para tomar la curva. Alfonso se lanza sobre Ritter, pistola en mano, y le dispara un primer tiro a bocajarro. Herido, Ritter se pone en pie e intenta abrir la puerta del coche. Alfonso continúa tirando, hasta que Ritter, el chofer y el perro caen muertos. Luego salta sobre la acera, y, cubierto por Fontano y Rayman, desaparece para encontrarse más tarde con sus camaradas en el lugar de reunión convenido.
¡Misiones cumplidas, camarada Manouchian! Les assassins des faubourgs, los asesinos de los suburbios, penetraron en los barrios elegantes, guarida de bandoleros y asesinos, e impusieron su ley y su justicia.
Ante el tribunal militar alemán que los juzgó, en febrero de 1944, los acusados del grupo Manouchian reconocieron haber participado en otros atentados. He aquí la relación de uno de ellos, según la Oficina Francesa de Información, despacho número 1583, del día 18 de febrero:
El 19 de agosto [de 1943], el doctor Wellanher se encontraba sentado en un banco del Parque Monceau leyendo un periódico, cuando el español Alfonso tiró sobre él a dos metros de distancia, huyendo después. Herido en una pierna, el doctor Wellanher tiró a su vez sobre el agresor sin resultado. El apátrida Rayman, que debía cubrir la retirada del criminal, no intervino.
Poco tiempo después, la agencia publicó una rectificación: donde se decía el doctor Wellanher, debía decirse un civil alemán. Esta rectificación estaba destinada a los periódicos, que debían hacer resaltar que se trataba de un atentado tan absurdo como criminal, puesto que la víctima era un civil cualquiera, justificando así la represión posterior al atentado. Sin embargo, conviene precisar que el citado doctor era un comandante del ejército de ocupación y no un simple ciudadano del Tercer Reich; que los gendarmes alemanes que patrullaban por los alrededores del lugar en que el atentado tuvo lugar tiraron sobre Alfonso; que un joven alemán vestido de civil atacó a Alfonso con un puñal; que la policía francesa, que estaba haciendo una verificación de identidad, lo persiguió durante algún tiempo. Así y todo, Alfonso logró salvarse, defendido por sus tres compañeros, uno de los cuales, en bicicleta, lo alejó del Parque Monceau. Esta operación se efectuó sin baja alguna por parte de los resistentes.
Después de todo lo que va escrito sobre Alfonso, ¿hay que considerar a éste como un rojo sanguinario, ávido de sangre, sin entrañas?, ¿un torturador amamantado en una de esas chekas inventadas por la propaganda franquista en España?, ¿un monstruo sin honor, un apátrida fuera de la ley por inclinación natural?, ¿un profesional del crimen?, ¿un héroe, un idealista, un simple militante de cuerpo entero, un hombre sencillo amante de la libertad? Que el lector juzgue. Pero no sin leer la carta que nuestro compatriota escribió a su esposa e hijo, horas antes de morir a manos del alemán agresor en España e invasor de Francia (recordemos que Alfonso y sus compañeros fueron fusilados el mismo día de su condena de muerte). Dice así:
Querida esposa, querido hijo:
Voy a ser fusilado hoy, a las tres de la tarde. No reniego mi pasado. Si volviera a empezar, sería, una vez más, el primero.
Os pido tengáis mucho ánimo, que mi hijo adquiera una buena educación; entre toda la familia podéis hacerlo.
Muero por Francia.
Celestino Alfonso.
La justicia nazi segó, el 21 de febrero de 1944, la vida de un grupo de héroes auténticos. Entre ellos, uno de los más representativos y anónimos combatientes antifranquistas españoles caía en tierra extranjera y amiga, unido a extranjeros y amigos por los lazos del ideal y del amor a la libertad.
Hemos hablado más extensamente de Alfonso y de sus valientes compañeros por haber sido las acciones en las que participó nuestro compatriota algunas de las más elocuentes y representativas. Pero no podemos dejar de lado la actividad de otros camaradas y compatriotas, de los cuatro mil que, como él, combatían en las filas de las Fuerzas Francesas del Interior y de los FTPF de la región parisiense. Sucintamente mencionaremos otros hechos realizados por el grupo español encuadrado en la organización de la Resistencia en esta zona. Para ello, nada mejor que recurrir a un periodo intermedio entre aquel en que fue necesario organizarse, reclutar, armarse, etc., y aquel otro en que, gracias a las acciones anteriores, se fue preparando la gran insurrección popular de agosto de 1944. Se trata de un número limitado de acciones guerrilleras en un periodo bien delimitado: de marzo a septiembre de 1943.
10 de marzo: Un guerrillero prende fuego, a mediodía, al garaje alemán de la calle Chaillot. Coches, camiones, material diverso y edificio fueron pasto de las llamas. No hubo víctimas entre los obreros, que estaban comiendo fuera del edificio.
19 de marzo: Dos guerrilleros colocan en una fábrica de Issy-les-Moulineaux una bomba incendiaria que causa graves destrozos.
25 de marzo: Dos guerrilleros colocan una bomba en una calle de Issy frecuentada por los alemanes; hubo varios soldados muertos y heridos.
5 de abril: En Clamart, dos guerrilleros abaten a tiros de revólver a un oficial alemán.
15 de mayo: En París, dos guerrilleros lanzan una bomba incendiaria en una oficina de enrolamiento de trabajadores para Alemania, en la calle Lafayette. Destrozos importantes.
En este mismo mes de mayo, un guerrillero que transportaba material destinado a una operación militar de sabotaje, fue interpelado por un brigadier de la policía parisiense. El guerrillero explicó al policía que se trataba de combatir al enemigo, apelando al patriotismo del policía. Como el brigadier se obstinara en llevarlo detenido, el guerrillero se vio forzado a abatirlo, salvándose él y salvando el material que custodiaba.
20 de mayo: Dos guerrilleros atacan y abaten a un oficial alemán en la calle del Fort, en Issy.
30 de septiembre: A las ocho de la mañana de este día, tres guerrilleros armados de pistolas y granadas de mano, lanzaron una de éstas en el patio de un cuartel de la milicia de Darnand, cuando una sección estaba haciendo instrucción, causando ocho muertos y otros tantos heridos. Los guerrilleros fueron perseguidos por milicianos y policías; hicieron uso de sus armas e hirieron a varios perseguidores. Desgraciadamente, un guerrillero fue hecho prisionero.
Hemos respetado en su integridad el texto de Alberto E.Fernández, ya fallecido, a pesar de los galicismos y de algunos errores que no son sustanciales. Así, por ejemplo, el nombre exacto del doctor nazi ejecutado era Walenher y no Wellanher. Hemos añadido los titulares de los epígrafes. No obstante, los datos aportados sobre Celestino Alfonso no son suficientemente precisos.
Celestino Alfonso Matos, conocido por Pierrot en la resistencia francesa, nació el 1 de mayo de 1916 en Ituera de la Zamba (Zamora). Era carpintero como Manouchian y en 1934 tuvo que emigrar a Francia, donde se afilió a la juventud comunista y fue nombrado responsable de la agrupación de Ivry-sur-Seine, una localidad de los alrededores de París.
Dos años después regresó a España para combatir al fascismo en la guerra civil. Llegó el 27 de agosto de 1936, sirviendo como sargento en una unidad de ametralladoras. En 1937 fue ascendido a teniente, resultando herido en el brazo derecho al año siguiente, por lo que se incorporó a la intendencia del Ejército republicano y, más tarde, fue nombrado comisario político de la 2ª Brigada Internacional con el grado de capitán.
En febrero de 1939 tuvo que cruzar de nuevo la frontera con Francia y fue internado en el campo de concentración de Saint-Cyprien con otros miles de antifascistas españoles, del que se fugó, incorporándose, como otros muchos comunistas españoles, a la organización clandestina del Partido Comunista francés.
Ilegalizado en 1939, inicialmente el Partido Comunista francés carecía de experiencia tanto en la lucha clandestina como en la lucha guerrillera. Sus primeras unidades de combate caen muy pronto. Son los comunistas españoles y los veteranos de las Brigadas Internacionales que habían combatido en la guerra civil los que reorganizan los comandos, enseñan el manejo de los explosivos, las expropiaciones a los bancos, las unidades de información, la falsificación de documentos y la planificación operativos militares.
Entre ellos está Celestino Alfonso, que no es capturado en las primeras redadas de los vichystas. En mayo de 1942 ingresa en los MOI (Mano de Obra Inmigrante), la guerrilla urbana parisina, pero fue detenido y deportado a Alemania, fugándose a los seis meses del campo de concentración en el que le recluyeron.
Regresó a París, donde le nombraron responsable de una unidad de combate FTPF en Orleans bajo la dirección de Joseph Epstein, conocido como coronel Gilles, un judío polaco que también había combatido en las Brigadas Internacionales. Luego se incorporó a la heroica unidad de Manouchian, interviniendo en todas las acciones guerrilleras de París hasta que fue detenido en noviembre de 1943 con toda la red de Manouchian y fusilado.
Llegará un día en España que los nombres de los combatientes españoles e internacionales, así como los de los lugares de sus combates, figurarán en monumentos erigidos allí donde vertieron generosamente su sangre y dieron su vida, por su libertad y por la nuestra, en los años de 1936 a 1939.
No serán tampoco olvidados los que continuaron luchando, los que prosiguieron el mismo combate, esta vez en las filas de la resistencia y del ejército francés, hasta la victoria del mes de mayo de 1945 [...]
¡Españoles! ¡Tomad las armas, estéis donde estéis, participad en primera línea, al lado del pueblo francés, en la guerra contra el enemigo común y sus lacayos, por la victoria y la libertad!Este llamamiento, lanzado en Francia, respondía al del Partido Comunista Francés, de Maurice Thorez y de Jacques Duclos, lanzado en el mes de julio de 1940, para organizar la resistencia popular en el suelo mismo de la patria invadida.
La lucha nacional emprendida reunió cada día más ampliamente las fuerzas patrióticas, e incorporó igualmente a los combatientes internacionales templados y aguerridos en las luchas contra el fascismo internacional.
Lo mismo que en las Brigadas Internacionales del Ejército de la República Española, en las que internacionales y españoles lucharon estrechamente unidos, aquellos hombres a los que se les daba el nombre de extranjeros, estuvieron al lado de los resistentes de Francia, corrieron los mismos riesgos e hicieron el mismo sacrificio de sus vidas.
Después de haber combatido en las filas del ejército francés en 1939 y 1940, e incluso, tomado muchas veces el fusil que caía de manos francesas, después de haber tenido 20.000 muertos, heridos o prisioneros, la mayor parte de los republicanos españoles refugiados en Francia se incorporaron a la resistencia.
En más de cincuenta departamentos, desde los Pirineos hasta la Bretaña, del Mediodía y de la Provence, desde el valle del Ródano hasta los Alpes, del Jura y de Savoya, desde el Macizo Central hasta la Normandía y en la región de París, los combatientes españoles formaron valerosas unidades de la resistencia francesa.
No hay una gran ciudad de esos departamentos, y en primer lugar París, que no tenga una deuda de reconocimiento hacia esos hijos y esas hijas de España. Sus nombres están unidos a la resistencia y a la liberación de Toulouse y Burdeos, Nantes y Rennes, Saint-Etiénne, Lyon y Grenoble, Marsella y de otras muchas ciudades en las que España estaba presente con sus mejores hijos.
En los maquis de Vercors, de Glières y de Mont-Mouchet, resuenan todavía los nombres de los combatientes españoles. Y, desgraciadamente, también en los campos hitlerianos de Mauthausen, Dachau, Buchenwald...
Madrid, Guadalajara, Belchite, Teruel... estos nombres de España fueron gloriosamente ensalzados por los carros de combate de la Segunda División Blindada francesa, pilotados y servidos por soldados y jefes españoles, que entraron los primeros en París sublevados, en aquella inolvidable noche del 24 de agosto de 1944, algunas horas antes que el enemigo capitulase bajo los golpes conjugados de las Fuerzas Francesas del Interior y de la 2ª división blindada.
Esos carros de combate y sus pilotos y sirvientes irán a liberar Strasbourg y, una vez franqueado el Rhin, llegará a Berchtesgaden, el nido de águila de Hitler; con ellos, la España republicana estaba presente el día de la victoria de 1945, lograda por la URSS, Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia.
La resistencia francesa debe mucho al pueblo español; en primer lugar a la fraternidad de combate, nacida en los frentes de España, en las Brigadas Internacionales, en las que se formaron un gran número de sus combatientes y de sus jefes, y después por la inolvidable y heroica aportación entregada generosamente a su lucha armada, a su victoria.
Cristino García, fusilado por Franco después de la liberación de Francia, pudo escribir:
Durante cuatro años, hemos luchado juntos para liberar a Francia de los invasores hitlerianos. Hemos creado lazos que incluso la muerte no podrá romper.Este mensaje se ha grabado en la memoria de todos los resistentes de Francia, franceses y extranjeros; resonará siempre como una llamada fraternal y apremiante para que no descansemos hasta el día en el que España haya recobrado, por fin, su libertad y con ella, la independencia y la paz cívica.Si estoy orgulloso de ser un hijo de España, no lo estoy menos de haber ayudado, con éxito, a la liberación de Francia.
Entonces regresaremos allí, franceses y españoles, y todos nuestros hermanos internacionales, con el sentimiento de haber ganado nuestra más hermosa victoria.
Vencidos por una coalición del fascismo internacional, habían venido a Francia hace seis años, en busca de un refugio. ¡Pero ay! nuestro país, minado ya por la quinta columna hitleriana, no había tenido en cuenta su heroísmo y los había amontonado en campos de concentración. Los españoles han sufrido moral y físicamente; se les trató como perros; pero ellos han sabido esperar, sabiendo que la libertad no puede morir. Penosamente, pacientemente, se han organizado contra el nazismo. Han luchado con los guerrilleros franceses y, juntos, hemos obtenido la victoria.
El Ariège no olvidará jamás que su capital fue liberada por un Batallón de la 3ª Brigada española, que soldados españoles han muerto sobre nuestra tierra para que nosotros podamos reconquistar la libertad; que franceses y españoles han infligido a los alemanes pérdidas severas, haciendo numerosos prisioneros y apoderándose de un botín considerable.
Por ello, las F.F.I. del Ariège aseguran al pueblo español que lucha a su lado por el mismo ideal, que ayudarán y harán cuanto esté en su poder para que la victoria francesa tenga por consecuencia inmediata la de la España libre. Si es necesario, con los camaradas españoles emprenderemos el camino de Madrid y juntos limpiaremos España de Franco y de su banda hitleriano-falangista.
Fue en la región de Toulouse, en la que se encontraba una gran parte de los refugiados españoles desde el fin de la guerra de España, donde esta aportación ha sido más importante.
Nuestros guerrilleros españoles se incorporaron a las FFI. Valerosos entre los más valerosos resistentes, supieron sacrificarse con heroísmo y coraje. Les debemos algunos de los éxitos más grandes, en los combates de liberación de los departamentos de la región de Toulouse; se distinguieron particularmente en la toma de Foix y en los combates de Prayols y Rimont (Ariège), en los de Lespone. Sarrancolin y Bagnères de Bigorre (Altos Pirineos), en los de Pedeurat, Laruns, Gabas y Eaux-Bonnes (Bajos Pirineos), en el de Castelnau (Gers), en los de la Garrie, Gaillac y Albi (Tarn), etc. En esta región hicieron más de 4.000 prisioneros alemanes, 1.600 de los cuales fueron tomados en el departamento del Ariège.
Las primeras manifestaciones conocidas de la resistencia española en la región de Toulouse, durante el año 1942, fueron acogidas con alegría por la resistencia francesa. En aquellos tiempos éramos todavía muy pocos. Todavía no gozábamos de la simpatía incondicional de la población. Además, nuestros resistentes, que se enfrentaban con las necesidades de la lucha de guerrillas, para la cual no estaban preparados, encontraban en los camaradas españoles una experiencia inapreciable.
Nuestros camaradas habían adquirido durante la guerra de España los conocimientos que nosotros no poseíamos: sabían fabricar bombas con explosivos de fortuna, sabían tender emboscadas, conocían a fondo la técnica de la guerrilla. Tengo que decir también que nos habían conquistado por su valor, su fraternidad, su gentileza, su abnegación... Eran para nosotros «hermanos de combate».
Me acuerdo de las conversaciones que tuve con algunos en la primavera de 1944 en el Gers y en el Ariège. Todos consideraban que la liberación de Francia y la de España eran un mismo combate. Todos esperábamos que después de la guerra las potencias aliadas, y en primer lugar Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña, harían lo necesario para restablecer la república española.
En la misma ciudad de Toulouse, uno de los puntos de apoyo del estado mayor de las FFI era el restaurante del catalán Juan Clot. No habíamos hablado nunca de resistencia con él. Pero sabíamos que estaba al corriente de todo. En su casa estábamos seguros, sabiendo que al menor peligro, él, su mujer, su hijo y su encantadora hija Asunción nos facilitarían la huida por el patio y las estrechas callejuelas que comunicaban con el restaurante.
En el estado mayor regional de las FFI nos habíamos preguntado si deberíamos incorporar a los españoles a las unidades francesas o constituir unidades españolas homogéneas. La solución fue mixta. Considerábamos que era más eficaz que los españoles tuvieran sus propias unidades y sus propios mandos, que, por supuesto, dependerían de las direcciones departamentales de las FFI.
En el escalón regional, teníamos un enlace permanente con el estado mayor de los guerrilleros y con la dirección de la UNE (Unión Nacional Española), que había designado como oficial de enlace al coronel Paz.
Ya he mencionado algunos de los brillantes resultados que obtuvieron en los combates de la liberación.
El 17 de setiembre de 1944 fue el gran día de la fraternidad de armas.
Aquel día, el general de Gaulle, presidente del gobierno provisional, asistía a un desfile de las Fuerzas Francesas del Interior en Toulouse.
Más de 3.000 FFI españoles pasaron ante él, equipados muchos de ellos con las armas tomadas a los alemanes. Dos carros de combate los acompañaban. Algunas unidades llevaban los cascos alemanes pintados de azul...
Viéndolos desfilar así, nos preguntábamos emocionados: ¿cuándo podrán entrar en su patria? ¿Cuándo podrán festejar esta libertad por la que han luchado tanto a nuestro lado? ¿Qué va a hacer la nación francesa para ayudarlos, respondiendo a la ayuda tan generosa que nos han prestado?
Veinticuatro años después, la interrogación subsiste.