El V Congreso, celebrado en 1924, confirmó los análisis anteriores acerca del reflujo. La ofensiva del proletariado en los países imperialistas era repelida por todas partes. La revolución vuelve a un desarrollo lento y prolongado tras la aguda crisis nacida de la guerra y la ofensiva proletaria. A causa de una serie de factores, el capitalismo logra una estabilidad relativa, precaria y provisional. Convertida en el principal soporte del capital, la socialdemocracia sigue teniendo importancia entre las masas trabajadoras; los movimientos fascistas se desarrollan por todas partes; las luchas de liberación nacional siguen creciendo; el movimiento comunista internacional aumenta considerablemente y se extiende a otros países; la influencia de las desviaciones de derecha e izquierda en varios partidos comunistas persiste, etc.
El Congreso reitera el llamamiento del anterior acerca de la importancia de convertirse en organizaciones de masas: La creación de grandes Partidos Comunistas, problema central de toda una época (Resolución sobre la táctica, punto III). En ese objetivo, el Frente Único desempeñaba un papel primordial.
Aunque el capitalismo iniciaba una etapa de relativa estabilización, la Internacional hizo una llamada a la bolchevización de los partidos comunistas para prepararse ante las batallas de clase que se prevenían no muy lejanas. La consigna de bolchevización tiene por objeto hacer que las secciones rompan con las tradiciones socialdemócratas que persisten. Pero esta consigna no debe de ningún modo entenderse como una transposición automática de toda la experiencia del Partido bolchevique a los demás Partidos. Su significado exacto es el siguiente:
a) el Partido debe ser una verdadera organización de masas, es decir, legal e ilegal, estar en estrecho e indispensable contacto con los obreros y expresar sus necesidades y sus esperanzas;A nivel organizativo, la bolchevización es la reorganización de las secciones sobre la base de las células de empresa.b) debe ser capaz de maniobrar, es decir, de no tener una táctica dogmática y sectaria, sino emplear contra el enemigo cualquier maniobra estratégica sin dejar de seguir siendo él mismo: no entender esto es un error frecuente de nuestros partidos;
c) debe ser un Partido esencialmente revolucionario y marxista, que persiga de forma incansable su objetivo en cualesquiera circunstancias y haga los máximos esfuerzos por acercar la hora de la victoria del proletariado sobre la burguesía;
d) debe ser un Partido centralizado, que no admita ni fracciones, ni tendencias, ni agrupaciones, un Partido monolítico fundido en un bloque;
e) debe dedicarse a un trabajo sistemático de propaganda y organización en el ejército burgués.
El Congreso mantiene la misma línea de Frente Único para no desligarse de las masas, luchando al mismo tiempo contra la influencia dañina de los jefes socialdemócratas, con el fin de preparar la segunda oleada revolucionaria que prevé.
Hizo balance de las primeras experiencias de Frente Único. La Interacional Comunista estaba sometida a un fuego cruzado: los oportunistas de derecha querían un Frente Único por arriba, pactando con los dirigentes socialdemócratas. Los oportunistas de izquierda no querían el Frente Único. Como portavoz del Comité Ejecutivo, Zinoviev críticó a Bordiga, que utilizaba las desviaciones de derecha para combatir la línea del Frente Único: Bajo la influencia del fracaso, se intentó revisar nuestra táctica de Frente Único [...] Durante el año transcurrido, tuvimos que dirigir un 90 por ciento de nuestros golpes contra las desviaciones de derecha. Pienso que en el presente congreso ocurrirá lo mismo. Cuanto más se estudian los documentos de nuestras secciones, más nos damos cuenta de que el peligro de derecha no podría exagerarse: es mayor que nunca, no porque nuestros militantes sean malos, sino porque el período actual de la historia lo propicia. Estamos entre dos oleadas revolucionarias y es natural que se produzcan tendencias de derecha. Las supervivencias socialdemócratas son más fuertes de lo que nunca habríamos podido figurarnos. Debemos aislarlos y lo conseguiremos, pero solamente si rechazamos toda concesión al radicalismo verbal y al revisionismo teórico, si reprimimos las desviaciones de extrema izquierda en cuanto comiencen a adquirir importancia [...] Entendíamos la táctica del Frente Unico como una táctica revolucionaria en un período de disminución de la revolución. Pero algunos de nuestros camaradas se reunieron para elaborar una táctica de evolución, una táctica oportunista. Se trataba de una maniobra estratégica, pero algunos camaradas la entendieron como una política de alianzas con la socialdemocracia, una coalición de todos los partidos.
Para evitar la reproducción de estas desviaciones el Congreso precisó en qué consistía la táctica del Frente Unico: El Frente Único por la base es siempre indispensable, excepto tal vez en los raros momentos de guerra civil declarada cuando incluso es necesario combatir por las armas a obreros contrarevolucionarios. El Frente Único a la vez por la base y por arriba debe aplicarse, no siempre pero sí con frecuencia en los países donde estamos en minoría [...] Por supuesto, es necesario estar en guardia contra las adulteraciones oportunistas, empleando esta táctica como método de agitación y movilización, y no como método de coalición política con los socialdemócratas. Por último, el Frente Unico solamente por arriba. En este caso, supongo que es necesario decir: nunca. Desgraciadamente, en la práctica es precisamente este último el que ha sido más frecuentemente utilizado: escribir cartas abiertas a los socialdemócratas, llevar a cabo negociaciones interminables e inútiles con los jefes para elaborar programas comunes.
Zinoviev desenmascara también a los izquierdistas del modo siguiente: A todos los camaradas y especialmente a los del partido alemán que, tras la experiencia y los errores de Sajonia, se taponan los oídos con algodones en cuanto oyen hablar de Frente Único, les recomiendo reflexionar seriamente sobre todas estas cuestiones. El camarada de izquierda Burian escribe, por ejemplo, en Checoslovaquia, que la táctica de Frente Único es la salsa principal del revisionismo. No es cierto. El revisionista siempre encontrará un pretexto cualquiera. Lo encontrará en el parlamentarismo o en cualquier otra cosa. Nunca triunfaremos sobre la socialdemocracia si tenemos miedo de nuestra sombra, es necesario purgar la táctica de todas las impurezas oportunistas. Siempre habrá personas para las que el Frente Único es una salsa de revisionismo.
En un contexto de reflujo revolucionario, la aplicación de la táctica del Frente Unico puso de relieve el problema de la centralización y el partido mundial. Las especificidades de cada nación pasan a primer plano y el desarrollo desigual de las fuerzas comunistas y situaciones políticas aumentan las diferencias y vuelven muy compleja la tarea: No se trata de ninguna manera de meter a todos los Partidos en el mismo saco. Es necesario plantear la cuestión en concreto para cada país en particular. Se confía tal tarea de adaptación a las situaciones directamente a la Internacional Comunista: Todo el arte de la Internacional Comunista consiste en adaptar su táctica a las distintas condiciones, que son muy diferentes y muy variadas.
Algunos delegados se quejan de que se discute muy poco sobre las colonias, otros dicen que los países de habla inglesa no interesan en la Interncional, otros se quejan de que se alude demasiado a Alemania, otro de que no se habla lo suficiente de economía, de que América está descuidada, lo mismo que el Extremo Oriente, mientras el delegado estadounidense afirma: Temo que nuestro congreso sea demasiado alemán, demasiado Europa Central por lo menos, demasiado poco mundial. Es cierto que el problema alemán fue el problema esencial y vital de la Internacional. Pero la Internacional tiene otros problemas que resolver.
Una serie de evidencias se van imponiendo:
— los partidos comunistas pasan de grupos de propaganda a organizaciones de masas;
— su implantación y ritmo de su desarrollo es desigual de un país a otro;
— las situaciones políticas a las cuales se enfrentan los Partidos Comunistas de los distintos países varían;
— la correlación de fuerzas entre los partidos comunistas y los de la II Internacional varían también.
A pesar de ello, Zinoviev afirma que es necesario dar indicaciones concretas a cada Partido. Finalmente, el Congreso concluye con una dirección más centralizada de la Internacional, cuya vocación de convertirse en un verdadero Partido Comunista mundial sigue siendo necesaria ante las desviaciones de derecha y de izquierda de la línea. Pero esto suscita reticencias de algunas secciones en cuanto a la disciplina, por lo que Lozovski anima a los partidos comunistas a prestar más atención a los asuntos internacionales, mientras Zinoviev propone compatibilizar la centralización con un aumento de la colegialidad: La dirección internacional debe hacerse más colectiva, todos los Partidos deben enviar al Comité Ejecutivo a los mejores discípulos de Marx y Lenin, los mejores cerebros, los mejores organizadores. Pero después de haber constituido este órgano director compuesto por los mejores comunistas del mundo entero, no debe haber lugar para una disciplina formal, debe reinar una verdadera disciplina comunista y proletaria [...] En los últimos tiempos, ha habido casos de violaciones de la disciplina. Algunos no se castigaron [...] Queremos un Partido Comunista indivisible, sin fracciones ni grupos.
El problema de la autonomía afectaba sobre todo al partido alemán. En 1923 la oleada revolucionaria había vuelto a remitir tras la derrota de la insurrección alemana. Entre el IV y el V Congresos, la cuestión alemana, debido a su importancia y a los acontecimientos que allí se desarrollaban, había estado en el centro de interés de la Internacional Comunista. El V Congreso criticó a la dirección del partido alemán, que con sus vacilaciones y oportunismos de derecha había sido el principal responsable de la derrota. Se combatió la interpretación oportunista del frente único como una coalición con la socialdemocracia. En cada país una especificidad propia, una complejidad propia de las estructuras sociales y situaciones particulares forman la base de las posibilidades particulares de desarrollo de la revolución y las tareas de los partidos comunistas.
En 1928, cuando todos los ideólogos burgueses niegan cualquier nueva crisis, el VI Congreso señaló que durante el período de estabilización se habían agravado todas las contradicciones del régimen burgués y que se avecinaba una nueva crisis económica. En 1929 estalla una crisis económica sin precedentes, que alcanzó a todos los países capitalistas, especialmente a Estados Unidos. Creció el paro y la miseria, mientras se destruían ingentes cantidades de artículos y se cerraban las fábricas.
Los antagonismos de clase volvían a adquirir gran virulencia; los socialdemócratas se vieron desbordados por el auge del movimiento de masas. El Congreso alude a la apertura de un tercer periodo:
El tercer período es básicamente el del crecimiento de la economía capitalista y casi en paralelo la de la URSS, más allá de sus niveles de anteguerra (principio del llamado período de reconstrucción, nuevo crecimiento de las formas capitalistas de la economía sobre la base de una nueva técnica). Para el mundo capitalista, este período es el de un rápido desarrollo de la técnica, de un crecimiento intenso de los carteles, los trusts, las tendencias al capitalismo de Estado, y al mismo tiempo, el de un potente desarrollo de las contradicciones de la economía mundial, que evolucionaban en formas determinadas por todo el desarrollo anterior de la crisis del capitalismo (mercados reducidos, URSS, movimientos coloniales, aumento de las contradicciones internas del imperialismo). Este tercer período, que agudizó especialmente la contradicción existente entre el crecimiento de las fuerzas productivas y la reducción de los mercados, hace inevitable una nueva fase de guerras entre Estados imperialistas, de guerras de estos últimos contra la URSS, de guerras de liberación nacional contra los imperialistas y sus intervenciones, de batallas de clases gigantescas (Tesis sobre la situación internacional y las tareas de la Internacional Comunista).
De este análisis, el Congreso dedujo las siguientes tareas:
— luchar por la paz y, en caso de conflicto, transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria;
— defender la Unión Soviética utilizando todos los medios;
— apoyar los movimientos de liberación nacional en las colonias, en particular, en China;
— intensificar la lucha contra el oportunismo de derecha, que idealizaba la estabilización capitalista y no percibía los gérmenes de una aguda crisis general, y contra el oportunismo de izquierda que, como en el V Congreso, rechazaba el Frente Único.
También advirtió sobre la nueva ofensiva del capitalismo y, efectivamente, a Bulgaria e Italia fascistas se unen Yugoslavia y Albania, y el mismo peligro se cierne sobre otros países. En 1933, el fascismo sube al poder en Alemania. Hitler desencadena una sangrienta represión contra los trabajadores y los partidos obreros, al tiempo que prepara a Alemania para una nueva guerra por el reparto del mundo. Los demás países capitalistas apoyan estos planes agresivos para orientarlos contra la URSS. En 1934, son derrotadas las insurrecciones en Austria y España (Asturias), pero en Francia e Italia los comunistas obtienen importantes avances en la aplicación de la táctica de frente único, al tiempo que encabezan poderosas movilizaciones antifascistas.
Sobre las condiciones históricas de aparición del fascismo, el Congreso aporta las siguientes precisiones: La época del imperialismo, la agravación de la lucha de clases y el crecimiento, sobre todo después de la guerra imperialista mundial, de los factores de guerra civil, causaron la quiebra del parlamentarismo. De ahí los ‘nuevos’ métodos y las nuevas formas de gobierno. Esta ofensiva de la reacción burguesa adopta en ciertas condiciones históricas, la forma del fascismo (Programa y tesis). El fascismo surge, pues, en el campo abonado de la crisis de la democracia parlamentaria burguesa, en situación de grave crisis económica, repleta de riesgos de guerras civiles y de una intensificación de la lucha de clases. Dichas condiciones se caracterizan por la inestabilidad de las relaciones capitalistas, la existencia de importantes elementos sociales desclasados, el empobrecimiento de amplias capas de la pequeña burguesía del campo y, finalmente, la constante amenaza de acciones de masas del proletariado.
Sobre la naturaleza de clase del fascismo, el Congreso resolvió: Con el fin de asegurar una estabilidad, una firmeza y una continuidad mayor del poder, la burguesía está obligada cada vez más a pasar del sistema parlamentario al método fascista, independiente de relaciones de combinaciones de partidos. Este método es el de la dictadura directa, ideológicamente camuflada con la ‘idea nacional’ y la representación ‘corporativa’ (que es realmente la de los distintos grupos de las clases dominantes). El fascismo, añade, explota el descontento de las masas pequeño-burguesas, de los intelectuales y de otros medios sociales, mediante una demagogia social bastante particular (antisemitismo, ataques parciales contra el capital usurero, indignación contra los patriotas parlamentarios y la corrupción, creación de una jerarquía sólida y remunerada de las formaciones fascistas, creación de un aparato de partido y de un cuerpo de funcionarios). El fascismo se esfuerza así en penetrar en los medios trabajadores donde recluta a los elementos más atrasados aprovechando el descontento causado por la pasividad de la socialdemocracia. En cuanto a sus objetivos, el fascismo se asigna como tarea principal la destrucción de la vanguardia trabajadora revolucionaria, es decir, elementos comunistas del proletariado y sus cuadros [...] Recurriendo, durante los períodos más críticos para la burguesía, a una fraseología anticapitalista, el fascismo no tarda en perder su fraseología anticapitalista y se revela cada vez más, en cuanto se consolida en el poder, como la dictadura terrorista del gran capital.
Frente al fascismo propone la táctica de Frente Único para unir a las masas trabajadoras en el combate antifascista. Ello no puede ir en detrimento de desenmascarar a la vez a la socialdemocracia, porque el fascismo y la socialdemocracia eran los dos medios que, reforzándose mutuamente, la burguesía se proponía utilizar para perdurar en el poder. La actitud socialdemócrata que, en particular en Alemania, prefería a Hitler antes que la alianza con los comunistas, era una prueba elocuente. La socialdemocracia es el segundo recurso del capital en situación de crisis: Al adaptarse a los cambios de la situación política, la burguesía se sirve a la vez de los métodos del fascismo y de la coalición con la socialdemocracia, desempeñando esta última frecuentemente un papel abiertamente fascista (Noske en Alemania, Partido Socialista Polaco...).
Un elemento fundamental del nuevo periodo era la agudización de las contradicciones interimperialistas, entre las que destaca la contradicción entre los países vencedores y los países vencidos en la guerra de 1914-1918. En los países derrotados se desarrollan movimientos fascistas que tienen como lema el rechazo del Tratado de Versalles y el discurso sobre la reedificación nacional. Esta contradicción interimperialista impulsaba los acontecimientos hacia una guerra imperialista, aunque siempre fuese posible revertir estas situaciones y requería la vigilancia sobre la cuestión de la defensa de URSS. Este Congreso confirmó lo que los congresos previos habían destacado: el vínculo indisoluble entre los intereses de la Unión Soviética y los intereses del proletariado mundial en su lucha contra el capitalismo: El proletariado internacional, cuya única patria es la URSS, y la defensa de sus conquistas el factor esencial de su liberación internacional, tiene el deber de contribuir al éxito de la edificación del socialismo en la URSS y defenderlo por todos los medios contra los ataques de las potencias capitalistas.
Frente al peligro de guerra, la consigna fundamental de la Internacional Comunista es transformación de la guerra imperialista en guerra civil; derrota del ‘propio’ Gobierno imperialista; defensa de la URSS y las Colonias por todos los medios en caso de guerra contra ellas. Para la Internacional Comunista, la situación grave y compleja de una nueva conflagración mundial puede eventualmente oponer de forma momentánea los intereses particulares y locales a los intereses generales y permanentes del movimiento comunista internacional. Y es sobre la base de los intereses generales y permanentes del movimiento comunista internacional como conviene analizar el período histórico posterior al VI Congreso y sobre todo la II Guerra Mundial antifascista. Ante ello deduce, en cuanto a organización, que para coordinar el trabajo y la acción revolucionaria y poder dirigirlos de la manera más eficaz, el proletariado internacional necesita una disciplina internacional de clase, que debe observarse sobre todo en las filas del Partido Comunista. Esta disciplina comunista internacional se expresa en la subordinación de los intereses particulares y locales del movimiento a sus intereses generales y permanentes y en la ejecución íntegra de todas las decisiones tomadas por los órganos dirigentes de la Internacional Comunista. Pero el Congreso se muestra consciente de que la disciplina internacional no puede reducirse a una simple ejecución de las órdenes emanadas de arriba, y la Comisión de los Estatutos declara, en una fórmula sin ambigüedades, que el Comité Ejecutivo no puede dirigir la Internacional Comunista desde Moscú. Para seguir de cerca las realidades nacionales distintas y múltiples, había que crear oficinas que iban a ocuparse de regiones geográficas precisas. El Congreso decidió que unos instructores seguirían los trabajos de los Comités Centrales de los Partidos para que el Comité Ejecutivo pudiera tener en cuenta lo más posible las realidades concretas sobre el terrreno y sus decisiones pudieran ser controladas en su aplicación por las secciones.
El VII y último Congreso de la Internacional Comunista se reunió en 1935, siete años después del anterior. En ese periodo se produjeron acontecimientos decisivos, que confirmaron las previsiones que la Internacional Comunista había adelantado. El Congreso puso de relieve las cuatro nuevas características que habían aparecido desde el Congreso anterior: el potente desarrollo de la URSS, el ataque del militarismo japonés en Extremo Oriente y el empuje del fascismo en Europa, especialmente en Alemania.
A partir de 1929 la crisis y el final del período de estabilización del capitalismo es una realidad innegable. La crisis de 1929 no tuvo recuperación, como las demás crisis clásicas de superproducción, sino que desemboca en un largo período de depresión que conducirá a una nueva crisis en 1937 y luego a la guerra mundial.
Por el contrario, la URSS experimenta un desarrollo sin precedentes impulsado por el I Plan Quinquenal. El desarrollo impetuoso de la URSS en un momento en que el mundo entero está en crisis, refuerza su autoridad internacional y su política de paz: Las relaciones entre la Unión Soviética y los países capitalistas entraron en una nueva fase, cuyas características principales son la autoridad creciente del país de la dictadura del proletariado y su política de paz. El socialismo se convirtió en una alternativa cada vez más creíble para un número creciente de personas en todo el mundo. Los imperialistas tuvieron que tomar medidas y, especialmente los fascistas, desataron una cruzada antibolchevique en todo el mundo y una guerra económica contra la URSS: sabotajes, freno a las importaciones, embargo y denegación de créditos,...
La crisis de los mercados multiplicó la competencia entre los países imperialistas, en particular en los países vencidos, los cuales, debido a la falta de colonias, experimentan más aún esta necesidad de mercados. Cada uno pretende mantener su acceso al mercado soviético, único que no está en crisis. Así, algunos sectores, como el de las construcciones mecánicas, sólo se mantuvieron gracias a la existencia de un dinámico mercado soviético en este mar de economías aplastadas y desarticuladas por la crisis de 1929. Éstas fueron las dos razones esenciales para que no se desencadenase la guerra en ese momento: el acceso al mercado soviético y la movilización del proletariado mundial contra la guerra, incluido el de la URSS, cuya solidez y fuerza militar y económica son motivos suplementarios.
Japón es el primero que se lanza a la guerra, atacando en 1931 a China y apoderándose de los intereses occidentales en este país. Sólo la URSS y la Internacional Comunista apoyan activamente al pueblo chino. Las potencias imperialistas inauguran una nueva política que se conocerá pronto bajo la denominación de no intervención, la cual va a tener su puesta de largo con la Alemania nazi, y cuya esencia consiste en empujar a las potencias vencidas a buscar salidas hacia las colonias libres, y a una guerra contra URSS.
La lucha contra la guerra fue una de las dos cuestiones centrales presentes en el VII Congreso, que la explicó recurriendo a las contradicciones interimperialistas y a su desarrollo desigual, desembocando en una ruptura del equilibrio impuesto por el Tratado de Versalles. El Congreso llamó a utilizar las contradicciones interimperialistas para reforzar el campo de la paz, a la cabeza del cual se encontraba la URSS: Pretendemos utilizar todas las diferencias que existen entre las posiciones respectivas de las distintas potencias imperialistas. Debemos saber utilizarlas en interés de la defensa de la paz, sin olvidar por un momento la necesidad de dirigir el ataque contra el enemigo que está en nuestro propio país, contra ‘nuestro’ imperialismo. Además, el Congreso divide a los países capitalistas en dos bandos, dependiendo de su actitud objetiva frente a la guerra y la paz: Vemos dibujarse cada vez más claramente en Europa a un grupo de Estados capitalistas controlados y dirigidos por las fuerzas más agresivas y reaccionarias, directamente interesados en un desencadenamiento rápido de la guerra en general, de la guerra contra la URSS en particular. Por otra parte, se ha formado un grupo de países capitalistas que, en su mayoría, conservan el régimen parlamentario y que más o menos están interesados en la protección de la paz. Así, aun definiendo la guerra en preparación como una guerra interimperialista, el Congreso llama también la atención sobre ciertas características particulares que estaban en desarrollo y que hacia 1939 van a madurar, haciendo de la II Guerra Mundial una guerra antifascista y de liberación.
Profunda y duradera, la crisis general había impulsado a todas las burguesías a acentuar la presión sobre la clase obrera y los pueblos oprimidos y, a una buena parte de ellas, a buscar en la dictadura fascista la solución a la misma. Es sobre todo en los países vencidos en la guerra imperialista de 1914-18 donde tal perspectiva se va a realizar. En 1933 los nazis se instalan en el poder en Alemania. La victoria del fascismo conllevó una seria derrota de la clase obrera alemana cuyas consecuencias fueron la dictadura abierta contra la clase y su Partido, el desarrollo sin precedentes de las tendencias reaccionarias en las democracias burguesas y el aumento de las organizaciones fascistas, el aumento de las amenazas de guerra interimperialista y contra la URSS.
En su informe, el dirigente comunista búlgaro Jorge Dimitrov continuaba la caracterización del fascismo expuesta antes por el IV y el VI Congresos. El fascismo -decía Dimitrov- no es un mero cambio de gobierno, sino la sustitución de una forma oficial de la soberanía de clase de la burguesía -la democracia burguesa- por otra forma de esta soberanía: la dictadura terrorista declarada.
En las tesis fundamentales de su Informe, el comunista búlgaro destaca que la gran burguesía necesita al fascismo para poder descargar la crisis económica sobre los trabajadores, buscar un nuevo reparto del mundo por medio de la guerra y atacar a la URSS. En el fondo, el fascismo revela la extrema debilidad de la burguesía, pero al mismo tiempo, pone de manifiesto la desorganización e impotencia del proletariado en los países en los que logra imponerse. Dimitrov definió al fascismo como la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero.
La socialdemocracia se oponía a la constitución de frentes populares porque eso supondría una provocación al fascismo. El Secretario General de la Internacional les acusó de ocultar la verdadera naturaleza del fascismo y de escindir y desarmar al proletariado ante la ofensiva ultrarreaccionaria del gran capital. También señaló que el fascismo, allí donde consigue imponerse, no resuelve ningún problema, sino que agudiza al máximo todas las contradicciones. Al fascismo se le puede frenar combatiéndole resueltamente por medio de un amplio frente antifascista formado por los obreros, los campesinos y la pequeña burguesía, sobre la base de un frente único del proletariado y un partido comunista fuerte. Por último, Dimitrov destacó como aliado del proletariado al amplio movimiento antimperialista que, desde la Revolución de Octubre, se venía desarrollando en la India, China, Afganistán Irán...
Los acontecimientos vinieron a confirmar la justeza de las resoluciones del VII Congreso. En Francia y España, los Frentes Populares alcanzaron resonantes victorias; en China se formó un Frente Antijaponés entre el Partido Comunista de China y el Kuomintang, en Chile y otros países de América Latina también se constituyeron Frentes Populares.
Consciente de los riesgos inherentes a los frentes populares, el VII Congreso había alertado a las secciones:
Inspirado en la voluntad de hacer triunfar esta línea táctica y seguro de que esta vía conducirá a nuestros Partidos a grandes éxitos, nuestro Congreso previó al mismo tiempo la posibilidad de que la aplicación de esta línea bolchevique en la práctica no se haría siempre sin obstáculos, sin errores, sin desviaciones de derecha o izquierda, desviaciones tanto hacia el oportunismo y el seguidismo, como hacia el autoaislamiento sectario (Dimitrov, Discurso de clausura del Congreso).
Una vez más, el tiempo confirmó plenamente las sospechas de la Interncional Comunista. Algunos partidos utilizaron la dimensión antifascista de la guerra para justificar su oportunismo de derecha, persistiendo otros en caracterizarla como guerra interimperialista para justificar su sectarismo de izquierda, cuando la situación exigía un amplio frente antifascista. En 1947 el Kominform criticó a tres de las secciones más importantes por tales desviaciones: los partidos comunistas estadounidense, italiano y francés. Pero se trata de casos particulares. En la mayoría de los casos, los partidos comunistas cumplieron el deber que les incumbía en la lucha por la derrota de la inmunda bestia fascista. Las desviaciones no pueden ocultar la importancia de las victorias logradas gracias a las táctica justa del frente popular. La mayoría de los partidos comunistas estuvieron a la cabeza de la resistencia antifascista.
El VII Congreso se reunió en un momento en que el movimiento comunista internacional había crecido mucho, resultado de los esfuerzos de bolchevización de la Internacional Comunista desde el Congreso anterior. La Internacional Comunista pasó de 65 partidos en 1928 a 76 en 1935, y de 3.835.000 miembros a 6.800.000. Un número cada vez mayor de Partidos Comunistas, que en la época del VI Congreso no eran más que grupos de propaganda, se habían convertido en partidos de masas y factores políticos importantes en sus países. Algunos de ellos ya eran capaces de tomar sus propias decisiones: En todos los Partidos Comunistas de los países grandes, se han formado ya organismos dirigentes fieles a nuestros principios y capaces de solucionar independientemente, basándose en las decisiones de nuestros congresos y sesiones plenarias, las cuestiones políticas y tácticas más complejas de su país. Por eso, en una carta de 1 de julio de 1934 a la Comisión encargada de preparar el segundo punto del orden del día del VII Congreso, decía Dimitrov: Es indispensable cambiar los métodos de trabajo y dirección de la Internacional Comunista, teniendo en cuenta el hecho de que es imposible ejercer la dirección desde Moscú en todas las cuestiones y de sus 75 secciones, que trabajan en las condiciones más diferentes (partidos en las metrópolis y en las colonias, en los países altamente desarrollados y en los esencialmente campesinos, partidos legales e ilegales, etc.) Sobre esta base, el Congreso decidió concentrar la dirección del movimiento en las secciones: Eso nos obliga a reforzar de todas las formas posibles el trabajo de formación y educación de los cuadros, de consolidación de los Partidos Comunistas por verdaderos dirigentes bolcheviques, para que los partidos, llevando a cabo las decisiones de los congresos de la Internacional Comunista y las sesiones plenarias de su Comité Ejecutivo, puedan, cuando los acontecimientos cambian bruscamente de dirección, encontrar con rapidez y por ellos mismos una solución justa en las tareas políticas y tácticas del movimiento comunista.
Es, pues, a partir de 1935 cuando, ante la situación objetiva, las necesidades concretas de la lucha de clases y los logros del trabajo anterior, se decide el cese de la dirección centralizada de la Internacional Comunista y las secciones que la componen: El VII Congreso mundial de la Internacional Comunista invita al Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista [...] a transferir el centro de gravedad de su actividad en la elaboración de las orientaciones políticas y tácticas fundamentales del movimiento obrero internacional, a partir de las condiciones y particularidades concretas de cada país para solucionar todas las cuestiones, y a evitar, por regla general, inmiscuirse directamente en los asuntos internos de organización de los Partidos Comunistas... (Resolución sobre el informe del Comité Ejecutivo)..
Estas transformaciones en la organización y la dirección de la Internacional Comunista son el resultado de los cambios en la situación, que se caracterizaba por el aumento del desarrollo desigual, de la diversidad y la complejidad de los contextos nacionales, la necesidad de una adaptación rápida a los incesantes cambios de las relaciones de fuerza en cada uno de los países y a nivel internacional, la envergadura y madurez alcanzada por los Partidos Comunistas en los grandes países capitalistas, que integraban a millones y millones de miembros.
La política de apaciguamiento de los imperialistas y las vacilaciones de los socialdemócratas favorecieron los planes agresivos del fascismo. Italia ataca Abisinia en 1935; en 1936, estalla la sublevación militar fascista en España con la descarada intervención de Alemania e Italia; en 1937, Japón invade China. Se dio forma al Eje Berlín-Roma-Tokio. En 1938, los alemanes ocupan Austria y Checoslovaquia y el mismo año se firma el vergonzoso Pacto de Munich, que venía a ser una capitulación en toda regla de los países capitalistas ante los agresores nazis.
A pesar de los esfuerzos de la Internacional Comunista y de la Union Soviética, estalló la guerra. En 1939, Alemania invade Polonia y en un año ocupa toda Europa Occidental excepto la Península Ibérica. En 1941, se produce la agresión hitleriana contra la Unión Soviética.
En 1943, fecha de la disolución de la Internacional Comunista, la guerra mundial oponía el campo fascista al antifascista. Las previsiones de la Internacional Comunista se habían cumplido de sobra: no sólo se habían formado Frentes Populares en numerosos países, sino que todo un Frente Antifascista Mundial, con la URSS a la cabeza, estaba combatiendo con las armas en la mano al fascismo. La guerra hizo imposible la dirección centralizada de la Internacional Comunista. Los partidos comunistas se habían desarrollado y fortalecido ideológicamente y ya eran capaces de llevar adelante con independencia sus propias tareas.
En la guerra el campo antifascista no apareció de forma espontánea, sino que resulta del fracaso total de la estrategia de las potencias imperialistas francesa, inglesa y americana en su intento de canalización de la agresión hitleriana hacia el este, hacia la Unión Soviética. Durante cerca de una década de tratar entenderse con Hitler para aislar a la Unión Soviética y orientar los objetivos del III Reich hacia esta última. En 1943 es el año del gran cambio de dirección de la guerra cuando, con la decisiva victoria de Stalingrado, se prevén modificaciones en las alianzas. Ese año se celebraron las Conferencias de Moscú y Teherán, con la participación de la Unión Soviética, Estados Unidos e Inglaterra, en las que se selló la alianza para la derrota de los agresores nazifascistas.
El imperialismo estaba cada vez más atemorizado a causa de la desfavorable correlación de fuerzas que se anunciaba para la posguerra. Tras la capitulación de Von Paulus en Stalingrado, los nazis lanzaron una amplia campaña sobre la cortina de hierro que cierne sobre Europa, con el objectivo de amedrentar a los imperialistas aliados de la Unión Soviética en el frente antifascista. El objetivo de esta propaganda de Goëbbels era romper el frente y favorecer una reversión de la alianza. Una fracción de la burguesía americana e inglesa se dedicó a repetir las insinuaciones de los fascistas. El New York Times de 14 de febrero de 1943 decía: Lenta e inexorablemente, los ejércitos rusos siguen avanzando hacia el oeste [...] Estos ejércitos suscitan en un gran número de personas dudas que proporcionan un terreno fértil a la propaganda nazi de última hora, la cual agita el espantajo de la dominación bolchevique en Europa. En algunos Estados capitalistas, el miedo de la burguesía era tal que optó por aliarse con los fascistas contra los comunistas y la población que luchaba por la liberación. En otros Estados, fue una parte significativa de la burguesía la que hizo la elección contraria. En la mayoría de los casos, la situación es más compleja, dividiéndose la burguesía en dos o varias fracciones con distintas opciones. La agitación de los nazis señalaba la subsistencia formal de la Internacional Comunista.
Después del desencadenamiento de la guerra, la Internacional creó centros regionales de dirección pero con la caza a los comunistas, su funcionamiento se hizo muy difícil. Los contactos de estos centros regionales con el Comité Ejecutivo se hicieron cada vez más esporádicos, cada vez menos regulares. Objetivamente, esta dirección, incluso elaborando orientaciones generales, se hacía cada día más imposible e ineficaz. Mantener tal centro, cuya existencia se había vuelto muy formal, era un atraso y perjudicaría de forma dogmática a la tarea del momento de mantenimiento y refuerzo de la lucha contra el fascismo.
Teniendo en cuenta las nuevas circunstancias, en mayo de 1943 el Presidium de la Internacional decidió disolverla. Como dijo Stalin a en una entrevista de la Agencia Reuter el 28 de mayo de 1943:
La disolución de la Internacional Comunista es sensata porque:a) Pone de relieve la mentira de los hitlerianos que afirman que 'Moscú intenta implicarse en la vida de las otras naciones para bolchevizarlas'. Ahora se ha puesto fin a esta calumnia.
b) Pone de relieve la calumnia de los adversarios del comunismo en el movimiento obrero que afirman que los Partidos Comunistas de los distintos países actúan, no en interés de su pueblo, sino obedeciendo órdenes extranjeras. Se ha puesto igualmente fin a esta calumnia.
c) Facilita la actividad de los patriotas en los países amantes de la libertad con el fin de unir las fuerzas progresistas de sus países respectivos, sin distinción de partidos ni de creencias religiosas, en un único campo de liberación nacional, con el fin de desarrollar la lucha contra el fascismo.
d) Facilita la actividad de los patriotas de todos los países con el fin de unir a todos los pueblos amantes de la libertad en un único campo internacional de lucha contra la amenaza de dominio del mundo por el nazismo.
La Internacional había cumplido su misión histórica: restauró y fortaleció los vínculos entre los trabajadores de los distintos países, elaboró las cuestiones teóricas del movimiento obrero en las nuevas condiciones creadas por el imperialismo y la I Guerra Mundial, incorporando las tesis leninistas y defendiendo la doctrina marxista frente a las deformaciones del oportunismo. De este modo transformó los partidos obreros en Partidos Comunistas de masas, capaces de llevar adelante la lucha contra el fascismo y por 1a revolución socialista en cada país.
Esta visión de la disolución de la Komintern la encontramos de forma característica tanto en el DKP como en el DPS [Partido Socialista Democrático] y, naturalmente, en todos los partidos y grupúsculos devotos de Trotsky.
Pero tiene tan poco que ver con la verdad como los dos textos tratados precedentemente y refutados con la ayuda del diario de Dimitrov.
Lo que sucedió realmente lo sabemos también por Dimitrov.
Une ley firmada por el presidente Roosvelt el 17 de octubre de 1940 en los EE.UU., forma parte de la prehistoria. Esta ley prohibía cualquier filiación internacional a las organizaciones en los EE.UU. El Partido Comunista se encontraba amenazado así por su pertenencia a la Internacional Comunista. Su entonces Secretario General, Earl R. Browder, estaba en ese momento en la cárcel. Había sido condenado en enero de 1940 a una pena de 4 años de cárcel por un delito de pasaporte. A propuesta suya, el Partido dirigió una petición al CEIC -el Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista- para saber si no sería conveniente la supresión de su pertenencia a la Internacional Comunista, a fin de evitar la prohibición del Partido. A esta petición se refiere visiblemente la siguiente nota del diario de Dimitrov:
16.11.40: Ercoli (Togliatti), Marty y Gottwald, en mi casa, a propósito de la petición del P.C. de América en relación con su Congreso Extraordinario.Cinco meses más tarde, en abril de 1941, Dimitrov relata las palabras de Stalin, en el círculo de camaradas dirigentes:Nos pusimos de acuerdo sobre la respuesta siguiente: ‘Si es absolutamente necesario tomar una decisión de la pertenencia (de la Organización a la Komintern), en ese caso tal decisión debe poner el acento en la fidelidad del partido al marxismo-leninismo y al internacionalismo proletario precisamente en el momento en que el partido se ve obligado a romper temporalmente las relaciones formales con la I.C. para conservar la posibilidad de trabajar legalmente’ (pág.319).
20.4.41: Se brinda también a mi salud. En esta ocasión J.V. Stalin dice: ‘En casa de Dimitrov, en el Komintern, los partidos se retiran (alusión al partido americano). No es malo. Al contrario, se debería hacer de los partidos comunistas, partidos totalmente independientes en lugar de secciones de la I.C. Deben convertirse en partidos comunistas nacionales con diferentes nombres: partido obrero, partido marxista, etc. El nombre no es importante. Lo que es importante es que arraiguen entre su pueblo y se concentren en sus propias tareas específicas. Deben tener un programa comunista, deben apoyarse en un análisis marxista, no mirar siempre hacia Moscú sino resolver independientemente, en cada país respectivo, las tareas concretas pendientes... Ya que la situación y las tareas son completamente diferentes en los distintos países... Si los partidos comunistas se refuerzan de esta manera, entonces podrán reconstruir su organización internacional.Conclusión de Dimitrov:La Internacional fue fundada en tiempos de Marx con la expectativa de una revolución internacional por llegar. La Komintern fue creada bajo Lenin del mismo modo en un periodo parecido. En el presente, las tareas nacionales pasan, en cada país, al primer plano. Sin embargo, es un handicap que los partidos comunistas estén subordinados al Comité Ejecutivo de la I.C. como secciones de una organización internacional...
No os agarréis al pasado. Considerad de manera consecuente las nuevas condiciones surgidas...
En las circunstancias actuales, la pertenencia de los partidos comunistas a la Komintern facilita su persecución por la burguesía y favorece su plan de aislarlos de las masas de sus propio país: los partidos comunistas estarán impedidos para desarrollarse de manera autónoma y resolver sus tareas como partidos nacionales’.
La cuestión de la continuación de la existencia de la I.C. en el próximo periodo y después de las nuevas formas de relaciones y de trabajos internacionales en las condiciones de guerra mundial ha sido planteada clara y exactamente (pág. 374).A propósito de la consulta sobre esta cuestión, Dimitrov se reúne con los camaradas dirigentes del CEIC:
21.4.41: He confrontado con Ercoli y Maurice (Thorez) la cuestión de saber si el CEIC debiera cesar su actividad como instancia dirigente de los partidos comunistas en el próximo periodo y debiera garantizar a los partidos comunistas aislados una plena autonomía; si se debiera transformarlos en verdaderos partidos nacionales de los comunistas en sus países respectivos quienes, evidentemente, guiados por un programa comunista pero que resolverían sus tareas concretas a su manera, correspondiendo a las condiciones de sus países y que serían responsables de sus decisiones y de su acción. En lugar del CEIC, un órgano de información y de apoyo ideológico y político de los partidos comunistas.Poco tiempo después Dimitrov lleva a buen fin con D.S. Manuilski y A.A. Jdanov otras consultas sobre esta cuestión:Ambos pensaban que era perfectamente justo plantear la cuestión y que ello correspondía totalmente a la situación actual del movimiento obrero internacional (pág. 375).
12.5.41: Discusión con D.S Manuilski sobre la forma de justificar la decisión de suspender la actividad del CEIC. Numerosas cuestiones, confusas e importantes, se encuentran ligadas a esa remodelación. En el CC (en casa de Jdanov). Hemos hablado de la Komintern.Como puede verse, seis semanas antes del ataque de la Alemania nazi contra la Unión Soviética, la disolución de la I.C. estaba, por así decirlo, decidida. El comienzo de la guerra patriótica contra la Alemania fascista pasaba, de forma comprensible, a un primer plano delante de las otras cuestiones.1°) La decisión debe justificarse en materia de principios, ya que tenemos que dar una explicación plausible al extranjero y a nuestros comunistas soviéticos. El Komintern tiene una gran historia y de repente, cesa de existir y de actuar como centro internacional homogéneo.
En la decisión se tendría que tener en consideración previamente, todos los posibles golpes del adversario, por ejemplo, que se trataría de una pretendida maniobra o que los comunistas habrían abjurado del internacionalismo proletario y de la revolución proletaria internacional. Nuestra argumentación debe ser tal que conduzca a un avance de los partidos comunistas y no que suscite la desmoralización y la incertidumbre.
Las ideas de la Internacional Comunista están profundamente enraizadas en las filas de las capas dirigentes de la clase obrera de los países capitalistas. En la etapa actual, es necesario que los partidos comunistas se desarrollen como partidos nacionales autónomos. Después del apogeo del movimiento comunista nacional en los países respectivos surgirá, en la próxima etapa, una organización comunista internacional sobre una base más amplia y más sólida.
Es necesario clarificar que la disolución del CEIC no significa ninguna renuncia a la solidaridad proletaria internacional. Al contrario, sólo cambian las formas en que se manifiesta, y los métodos se corresponden mejor a la etapa actual del movimiento obrero internacional.
2°) Esta gestión debe ser absolutamente seria y consecuente. No se debe cambiar de traje sino dejar todo lo demás en condiciones, es decir, que el CEIC, cierto, se disuelve pero continúa existiendo de hecho bajo otra forma, como centro internacional dirigente.
3°) La cuestión de por iniciativa de quién se produce esto, es muy importante: por propia iniciativa de la Dirección o por proposición de una serie de partidos comunistas. La última solución es realmente mejor.
4°) El tema no corre prisa. No se debería precipitarlo sino discutirlo y prepararlo seriamente.
Tres puntos necesitan discutirse:
a) ¿Cómo se debe justificar la decisión desde el punto de vista de los principios?
b) ¿Quién debe tomar la iniciativa de la decisión?
c) ¿Cómo proseguir la herencia de la IC?5°) En todo caso el movimiento comunista puede alcanzar grandes ventajas de esta cuestión. Todos los pactos Antikomintern pierden su fundamento. La baza mayor de la burguesía se convierte en caduca: a saber que los comunistas estarían a las órdenes de un centro extranjero y serían por tanto, unos ‘traidores’. El P.C. reforzará su autonomía en cada país y se transformará en un verdadero partido popular en su país. Se facilitará la entrada en el P.C. de esos militantes obreros que actualmente no quieren entrar porque son de la opinión que, de esa manera, se alejarían de sus pueblos (pag. 386).
Además, la dirección de los partidos comunistas por el CEIC, en las condiciones completamente transformadas de la alianza de la Unión Soviética, de la Gran Bretaña y de los Estados Unidos por un cierto periodo de tiempo, cobró, una vez más, una gran importancia, como se mostrará en el próximo capítulo.
La primera alusión concerniente a la disolución de la Internacional Comunista, después del ataque fascista, sólo se encuentra en el diario de Dimitrov, en mayo 1943, después de la gran victoria del Ejército Rojo en la batalla de Stalingrado, batalla en la que los ejércitos de la Alemania fascista fueron conducidos definitivamente a la vía de la derrota:
8.5.43: De noche con Manuilski, en casa de Dimitrov, hablamos sobre el futuro de la Komintern. Llegamos a la conclusión de que la Komintern, como centro de dirección para los partidos comunistas en las condiciones actuales, es un obstáculo para su propio desarrollo y para la realización de sus tareas específicas. Se elabora un documento para la disolución del centro.Desde este 8 de mayo y hasta el 22 de mayo de 1943, no hay un solo día en el que no se inscriba en el diario de Dimitrov una nota sobre las deliberaciones a propósito de esta cuestión. El 11 de mayo del 43, un proyecto de declaración del Presidium del CEIC, redactado por Dimitrov y Manuilski es puesto en conocimiento de Stalin quien se muestra de acuerdo con él.
Este proyecto se deliberó varías veces en el Presidium del CEIC y se redactó en su versión definitiva el 20 de mayo de 1943; el 21 de mayo, es aceptado unánimemente por el Buró Político del P.C. de la URSS y publicado el 22 de mayo de 1943 en Pravda como Comunicado del presidium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista.
Tenía el siguiente contenido:
El papel histórico de la Internacional Comunista, surgida en 1919 como resultado del hundimiento político de la enorme mayoría de los viejos partidos obreros de antes de la guerra, consistía en la defensa de las enseñanzas del marxismo contra su aplastamiento y su distorsión por elementos oportunistas del movimiento obrero. Consistía en favorecer, en una serie de países, la fusión de la vanguardia de los obreros progresistas en verdaderos partidos obreros, en ayudarlos a movilizar las masas de trabajadores por la defensa de sus intereses políticos y económicos, para el combate contra el fascismo y la guerra que preparaba, en sostener a la Unión Soviética como principal apoyo contra el fascismo. La Internacional Comunista desveló en el momento oportuno la verdadera significación del pacto Antikomintern del que se servían los hitlerianos como instrumento de preparación para la guerra. Mucho antes, la Komintern denunciaba infatigablemente el vergonzoso trabajo de zapa de los hitlerianos en los otros Estados, que se justificaban con sus graznidos sobre la supuesta ingerencia de la Internacional Comunista. Mucho tiempo antes de la guerra se hizo cada vez más claro que la solución de las tareas del movimiento obrero de cada país, a través de las fuerzas de un centro internacional, tropezaría con dificultades insuperables debido a la complejidad creciente, tanto de la situación interior como exterior de los diferentes países. Esta diferencia de las vías históricas de desarrollo de los diferentes países del mundo, el carácter diferenciado, incluso el contraste de su estructura, la diferencia de nivel y ritmo de su evolución social y política, finalmente la diferencia del grado de conciencia y de organización de los trabajadores hacen que se impongan tareas diferentes a la clase obrera de cada país. Todo el desarrollo de los acontecimientos durante el pasado cuarto de siglo y la experiencia adquirida por la Internacional Comunista mostraron de manera convincente que la forma de organización escogida en el I Congreso de la Internacional Comunista para la unión de los trabajadores y que correspondía a las exigencias del periodo inicial del renacimiento del movimiento obrero en los diferentes países y la complejidad de sus tareas, se convertía incluso en un obstáculo para el fortalecimiento ulterior de los partidos obreros nacionales.Esta declaración fue dirigida a todas las Secciones de la Komintern para una toma de posición; todos los partidos, sin excepción, la aprobaron.La guerra mundial desencadenada por los hitlerianos acentuó aún más las diferencias en la situación de los diferentes países, cavó un profundo foso entre los países portadores de la tiranía hitleriana. Mientras que en los países del bloque hitleriano la tarea principal de los trabajadores, de los obreros y de todos los hombres honestos consiste en colaborar en todas partes a la derrota de este bloque, minando la máquina de guerra hitleriana, en contribuir a la caída de los gobiernos responsables de la guerra, en los países de la coalición antihitleriana, es un deber sagrado de las amplias masas populares y ante todo de los trabajadores progresistas, apoyar por todas partes los esfuerzos de guerra de los gobiernos de estos países para hacer fracasar rápidamente el bloque hitleriano y asegurar la colaboración de las naciones sobre la base de la igualdad de derechos. En esto es necesario no perder de vista que algunos países aliados de la coalición antihitleriana tienen sus propias tareas. Así, por ejemplo, en los países ocupados por los hitlerianos y privados de sus independencia estatal, la tarea principal de los trabajadores progresistas y de las amplias masas populares consiste en el desarrollo de la lucha armada para transformarla en guerra de liberación nacional contra la Alemania de Hitler. Conjuntamente, la guerra de liberación nacional de los pueblos ansiosos de libertad contra la tiranía hitleriana, puso en movimiento a las más amplias masas populares que sin distinción de partidos o creencia religiosa, engrosaron las filas de la poderosa coalición antihitleriana, y mostró visiblemente que el impulso nacional y la movilización de masas pueden ser realizadas por la vanguardia del movimiento obrero de cada país, de la forma mejor, más fértil, en el marco de su Estado, para la victoria más rápida sobre el enemigo.
El VII Congreso de la Internacional Comunista ya había tenido en cuenta los cambios que se habían producido ante él, tanto en la situación internacional como en el movimiento obrero y que exigían una gran movilidad y autonomía de las Secciones de la Internacional Comunista, y señalaba la necesidad de que el Ejecutivo de la Internacional Comunista, en el momento de redactar la resolución concerniente a todas las cuestiones del movimiento obrero, debiera partir de las condiciones concretas y de las particularidades de cada país respectivo y evitar toda intervención directa en los asuntos organizativos internos de los partidos comunistas.
Estas consideraciones fueron tomadas en cuenta por la Internacional Comunista cuando tuvo conocimiento de la decisión del Partido Comunista de los EE.UU. en noviembre de 1940 y la aprobó. Los comunistas, guiados por las enseñanzas de los fundamentos del marxismo-leninismo, jamás han sido partidarios del mantenimiento de formas de organización obsoletas. Siempre han sometido las formas de organización y los métodos de trabajo de estas organizaciones a los intereses políticos fundamentales del movimiento obrero en su conjunto, a las particularidades de la situación histórica concreta dada y a las tareas que emanaban directamente de esta situación. Ellos recuerdan las enseñanzas del gran Marx, que unió a los trabajadores progresistas en las filas de la Asociación Internacional de los Trabajadores, y que, después del cumplimiento de su tarea histórica por la Internacional, creó los fundamentos del desarrollo del partido obrero en los países de Europa y América. En consecuencia, de la necesidad llegada a maduración, la creación de los partidos obreros nacionales de masas, fue necesario pasar a la disolución de la Primera Internacional puesto que este arma de organización ya no correspondía a las necesidades.
Partiendo de las consideraciones presentes, tomando en cuenta el crecimiento y la madurez política de los partidos comunistas y de sus cuadros dirigentes en sus respectivos países tanto lo mismo que, en consideración del hecho de que, durante el desarrollo de la presente guerra, una serie de Secciones han planteado la cuestión de la disolución de la Internacional Comunista como centro dirigente del movimiento obrero internacional, el Presidium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista autoriza -puesto que en las condiciones de guerra mundial ya no existe la posibilidad de convocar el Congreso de la Internacional Comunista- a someter la proposición siguiente a las Secciones de la Internacional Comunista para su aprobación:
‘Disolver la Internacional Comunista como centro dirigente del movimiento obrero internacional y desligar las Secciones de la Internacional Comunista de las obligaciones resultantes de su status y de las decisiones de ésta’.
El Presisdium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista llama a todos los miembros a concentrar todas sus fuerzas en el apoyo unilateral y en la participación activa en la guerra de liberación de los pueblos y de los Estados de la coalición antihitleriana para aplastar lo más rápidamente posible al enemigo mortal de los trabajadores: el fascismo alemán, sus aliados y vasallos.
Con fecha del 29.5.43 Dimitrov anotó el contenido de la declaración de aprobación de los partidos comunistas de Gran Bretaña, Australia y de Yugoslavia; y el contenido de una entrevista que Stalin había ofrecido a propósito de la disolución de la Komintern a King, corresponsal de la Agencia Reuter en Moscú:
8.6.43: Hemos celebrado la última sesión del Presidium del CEIC.Así pues, tanto la documentación, como las notas de Dimitrov en su diario, sobre la historia de la disolución de la Komintern echan por tierra de forma fundamental la leyenda de la la brusca disolución de la Internacional Comunista por único decreto de Stalin.1. Hemos constatado que todas las Secciones han saludado unánimemente la proposición de disolución de la Komintern y que ninguna Sección ha planteado objeciones a esta proposición.
2. Hemos declarado la disolución del Comité Ejecutivo de la Komintern, de su Presidium y del Secretariado así como la de la Comisión de Control Internacional.
10.6.43: Ha sido publicado en el Pravda nuestro comunicado sobre la decisión del Presidium de 8 de junio de 1943.
La verdad es: fue la ley americana de octubre de 1940 que amenazaba con la prohibición del PC de los EE.UU. -en el caso que continuase siendo una Sección de la Komintern- lo que impulsó una reflexión sobre la disolución. El primer paso hacia la disolución fue, entonces, la supresión consiguiente del lazo del PC de los EE.UU. con la Internacional Comunista.
La razón decisiva de la disolución de la Komintern era, por un lado, el cambio en las condiciones objetivas, entre ellas, que la prosecución de una dirección central del trabajo de los partidos comunistas se había convertido en un obstáculo para la continuación de su crecimiento y para la profundización de sus vínculos con los trabajadores de sus países respectivos, y, por el otro, la convicción de que mientras tanto los partidos comunistas hubiesen madurado para convertirse en partidos marxistas-leninistas no teniendo ya necesidad de la dirección de un centro.
La disolución se produjo después de una consulta de un año del Presidium del CEIC y con aprobación de todas las Secciones de la I.C. de forma innegablemente democrática. La disolución de la I.C. no fue, pues, de ninguna manera, una falta al internacionalismo puesto que el internacionalismo fue un componente esencial de cada partido marxista-leninista verdadero, independientemente de la forma organizativa respectiva de su colaboración. Además, la creación, en condiciones nuevas, de una organización internacional de los partidos comunistas en la forma que correspondiese entonces a la situación existente, fue expresamente proyectada de cara al futuro tanto por Stalin como por el Presidium del CEIC.
Como es sabido, el Buró de Información de los partidos comunistas y obreros fue fundado en una conferencia, en Varsovia, en septiembre de 1947 porque -como se decía en el comunicado de prensa de la Conferencia- la falta de contacto entre los partidos representados en la conferencia había suscitado fenómenos negativos. Este Buró de Información tenía por misión la organización de intercambios de experiencia entre los partidos y, en caso de necesidad, la coordinación de sus actividades sobre la base de un acuerdo recíproco.
Los participantes en la conferencia, miembros de la agrupación, llamada en abreviatura Buró de Información, eran representantes de partidos comunistas en el poder: P.C. de la URSS, P.C. de Bulgaria, P.C. de Yugoslavia, Partido Obrero Polaco, P.C. de Rumania, P.C. de Checoslovaquia, P.C. de Hungría, y de dos partidos comunistas de Europa del Oeste, el P.C. de Francia y el P.C. de Italia.
El Buró de Información tuvo una vida de 9 años. Su final se diferencia de forma fundamental del fin de la I.C. Se presentó, claro, la forma exterior: la disolución se justificó en el comunicado de información sobre la suspensión de la actividad del Buró de Información de los partidos comunistas y obreros, por las nuevas condiciones para la actividad de los partidos comunistas y obreros, y se formula: El Comité Central de los partidos comunistas y obreros pertenecientes al Buró de Información ha realizado un intercambio de opiniones sobre las cuestiones de su actividad y ha reconocido que el Buró de Información creado por ellos en 1947 ha agotado su función; en este contexto ha tomado, de común acuerdo, la decisión de suspender la actividad del Buró de Información... y de suspender la publicación de su órgano, el periódico ‘Por una paz duradera y por la democracia popular’.
La pregunta que hoy se plantea es: ¿Qué ha cambiado tan fundamentalmente, desde el 14 de diciembre de 1945 al 17 de abril de 1956, para pasar de la defensa de la existencia del Buró de Información a la opinión de que éste habría agotado su función?
En efecto, el 14 de diciembre de 1955 Jruschov y Bulganin dieron una conferencia de prensa conjunta en Nueva Delhi, en el transcurso de la cual Bulganin toma la siguiente posición:
A veces se plantea la pregunta de si no se podría liquidar de una manera u otra el Komintern. ¿Por qué razón los partidos comunistas deberían renunciar a una forma universalmente reconocida de relación y de colaboración internacionales? ¿Por qué aquellos que han planteado la cuestión de la liquidación de la Komintern no tienen nada contra la actividad de la Internacional Socialista, que une a los partidos socialdemócratas? ¿Por qué les parece natural y justificativo que los capitalistas se reúnan y tengan conferencias regularmente para realizar sus negocios comunes mientras que se exige a la clase obrera que renuncie a la gran divisa de la solidaridad internacional pronunciada ya por Marx y Engels ‘¡Proletarios de todos los países, unios!’ que corresponde a los intereses más personales de todos los trabajadores?¡Fue por tanto una derrota perfecta para esas señorías occidentales para quienes la Kominform -la terminología usual en el Oeste del Buró de Información- había sido durante tanto tiempo una espina en el pie! ¿Por qué eso ya no era válido cuatro meses más tarde? ¿Qué había cambiado tan profundamente?
Sólo hay una respuesta: el XX Congreso del PC de la URSS se había celebrado entre tanto y había dado un giro alejándose de la política leninista de lucha contra el imperialismo con el fin de triunfar por medio de la política de reconciliación y de coexistencia duradera y pacífica con el imperialismo, un alejamiento, pues de la política revolucionaria de lucha de clases intransigente en el espíritu del Manifiesto Comunista: una política revisionista de conciliación de clases.
El Buró de Información de los partidos comunistas y obreros estaba constituido de tal manera que podía convertirse en un centro de resistencia contra la aplicación de ese giro en el movimiento comunista mundial. La influencia que también ejercía el Buró de Información sobre la dirección del PC de la URSS para armonizar sus propias decisiones con sus aliados en un órgano de decisión colectivo, he ahí la función designada como agotada. ¡Ese órgano debía pues desaparecer! Jruschov necesitaba tener la vía libre para su reconciliación con Tito, en 1955 y después para su táctica sorpresa, utilizada con éxito durante el XX Congreso, de situar a los otros partidos comunistas ante el hecho consumado y también ante la alternativa: ¡Obediencia o ruptura con el P.C. de la URSS! Lo que el rechazo a obedecer tendría como consecuencia se les presentó a todos en 1960, con el ejemplo de la ruptura de Albania y China. Pero eso no fue posible para la dirección revisionista porque ya no existía ningún órgano colectivo del movimiento comunista...