salir | A | B | C | Ch | D | E | F | G | H | I | J | K | L | M | N | O | P | Q | R | S | T | U | V | Y | Z
La mafia forma parte del Estado capitalista cuando éste llega a su fase monopolista y no le resulta suficiente el empleo de todas las formas legales de represión, por lo que debe acudir también a las formas ilegales (guerra sucia, escuadrones de la muerte, bandas parapoliciales), para la cuales utiliza a criminales y delincuentes.
La mafia y los métodos mafiosos de gobierno han alcanzado en los Estados Unidos y en Italia el carácter de instrumento de dominación terrorista por sus ataques contra los trabajadores en huelga y las organizaciones progresistas. Se han camuflado dentro los aparatos represivos de los Estados monopolistas, especialmente en el ejército y en la policía, en una relación muy estrecha con la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), el Vaticano, la masonería y otras asociaciones clandestinas de tipo fascista.
La transformación de los fenómenos cualitativos en cuantitativos, que es uno de los objetos de la matemática, es esencial para el progreso de cualquier ciencia. El análisis cuantitativo de la materia la reduce a una determinación cuantitativa abstracta y homogénea. El universo es infinito e infinitamente diverso pero, al mismo tiempo, es uniforme; es uno e infinito a la vez: materia en movimiento. Es por eso que todas las cosas se pueden relacionar entre sí, se pueden comparar, se pueden unir y se pueden separar.
Por otro lado, la magnitud matemática se expresa en el concepto de número, cuya principal característica es la infinitud porque son un reflejo de la infinitud del universo.
Es la política económica preconizada por el sacerdote reaccionario inglés Thomas Robert Malthus (1766-1834).
Perteneciente a la clase terrateniente, Malthus fundó la economía política vulgar que defendía el retorno al feudalismo en una época de consolidación del capitalismo. Para defender a los señores feudales intentó explicar la desigualdad económica, la miseria y la pobreza de las masas trabajadoras bajo el capitalismo recurriendo a supuestas leyes naturales y eternas. Afirmaba que la población crece en progresión geométrica, mientras que los medios de subsistencia, en el mejor de los casos, aumentan en progresión aritmética. De ahí infería Malthus que la miseria y la penosa situación de los trabajadores es consecuencia de la superpoblación absoluta, es decir, de que los trabajadores se reproducen más rápidamente que la cantidad de medios de subsistencia. Los trabajadores tenían más hijos de los que podían mantener y, en consecuencia, las epidemias, el hambre, las guerras, la renuncia al matrimonio y la limitación de la natalidad, contribuyen a frenar la discordancia entre el crecimiento demográfico y el de los medios de subsistencia.
Justificaba a los terratenientes sosteniendo que la ganancia se debe a que los precios de las mercancías superan a su valor, de donde deducía que se requiere un tipo especial de división del trabajo, de manera que el capitalista se ocupe de la producción y de la acumulación, mientras que el derroche de riqueza era propio de la aristocracia terrateniente.
En la época imperialista, el malthusianismo se impuso en la ideología burguesa bajo múltiples formas, incluso entre algunas tendencias aparentemente avanzadas y radicales, como el feminismo y el ecologismo. Pero especialmente estuvo en la raíz de todas las ideologías racistas y aún se utiliza para defender la desocupación masiva, para exaltar las guerras imperialistas y las medidas monopolistas contra el movimiento obrero.
Pero en la sociedad humana no existe ninguna ley eterna de la población; cada modo de producción tiene sus propias leyes demográficas, de modo que la existencia de una superpoblación relativa (pero no absoluta) bajo el capitalismo es una consecuencia de la ley general de la acumulación capitalista. El desarrollo de las fuerzas productivas y el progreso científico y técnico permiten asegurar la existencia acomodada de la población en la tierra y su incremento: si bajo el capitalismo las masas trabajadoras sufren duras privaciones, la responsabilidad reside en el capitalismo.
El fundador del maniqueísmo fue Mani o Manes, nacido en 216 en Babilonia. Su padre pertenecía a una secta cristiana, baptista, gnóstica y ascética, y Mani se inició en esta secta, pero rechazó ser bautizado en ella. En un viaje a la India tomó contacto con el budismo y, a partir de entonces fue configurando un sincretismo que consideró superación del zoroastrismo, el cristianismo y el budismo. Primero predicó en la India, luego por el sur de Persia y, finalmente, en Babilonia, donde fue detenido, muriendo 23 días después.
Mani se consideraba sucesor de Buda, Zoroastro y Jesucristo, el último de los profetas; mezclaba la mitología persa con representaciones gnósticas, dualismo zoroástrico (bien y mal), la noción popular persa de un gigante primigenio de cuyas partes se originó el mundo y la doctrina zoroástrica de Gayomart, el primer hombre, la transmigración de las almas, así como practicaba misas negras de carácer mágico.
La injusticia social favoreció la expansión del maniqueísmo que, como toda religión mágica, es una doctrina hermética que intentó el retorno a la primitiva pureza evangélica.
— 2. Es una empresa capitalista basada en la división del trabajo y en la técnica manual y artesanal.
Como forma de la producción capitalista, la manufactura surgió a mediados del siglo XVI y predominó hasta el último tercio del siglo XVIII. Lo característico de la primera forma de manufactura, la más simple, estriba en que los trabajadores, que trabajan en sus casas, son explotados por el capital comercial. La fase siguiente de la producción manufacturera es la manufactura centralizada; con ella, los obreros asalariados explotados por el capital se concentran en un lugar. La manufactura surge por dos caminos: 1) en el taller donde están concentrados obreros de especialidades diferentes, los cuales ejecutan hasta el fin todo el proceso de producción necesario para crear un determinado producto; 2) en el taller donde se concentran artesanos de la misma especialidad. La labor homogénea se descompone en diversas operaciones, que se convierten en función especial de cada obrero por separado.
La manufactura capitalista creó las premisas para la gran producción industrial, contribuyó a la ulterior división del trabajo, simplificó en gran manera muchas operaciones laborales, perfeccionó los instrumentos de trabajo, preparó obreros especialistas para pasar a la producción maquinizada. La división del trabajo en la producción manufacturera, por una parte, elevaba la productividad, por la otra, intensificaba el grado de explotación del obrero, lo convertía en un obrero parcial, condenado para toda la vida a ejecutar una determinada operación. La manufactura favorecía la concentración de los medios de producción en manos de los capitalistas y significaba la ruina para la mayoría de los artesanos.
Los dueños de las manufacturas explotaban duramente el trabajo asalariado. Aunque la división del trabajo en la manufactura hizo que la producción capitalista de mercancías se acrecentara y que el rendimiento del trabajo social se elevara sensiblemente, la manufactura no abarcó toda la producción social. La existencia de un inmenso número de empresas industriales pequeñas constituyó un rasgo característico del período manufacturero del capitalismo. Los mercados interior y exterior, en proceso de crecimiento, presentaban una demanda enorme de mercancías, demanda que la manufactura no estaba en condiciones de satisfacer. Se hizo necesario pasar a la producción maquinizada, a la que dio comienzo la revolución industrial.
Por su oposición a los jacobitas y a los musulmanes, se refugiaron en el Monte Líbano donde recibieron como liberadores a los Cruzados en el siglo XII y representan a una cuarta parte de la población. En 1551 una parte de los nestorianos aceptaron su reingreso en la Iglesia católica con el nombre de caldeos.
Sus creadores fueron Carlos Marx (1818-1883) y Federico Engels (1820-1895) quienes examinaron con espíritu crítico las doctrinas de sus antecesores y llevaron a cabo una revolución en la ciencia social poniéndola al servicio del proletariado. Marx coronó las tres corrientes ideológicas fundamentales del siglo XIX pertenecientes a los tres países entonces más avanzados: la filosofía clásica alemana, la economía política clásica inglesa y el socialismo francés. Después de reelaborar críticamente todos los elementos científicos precedentes, Marx y Engels efectuaron un cambio revolucionario en la filosofía y crearon el materialismo dialéctico, llegando a la conclusión de que el ser social determina la conciencia social. Demostraron que lo que determina la estructura de la sociedad son las relaciones económicas de producción entre los hombres que, a su vez, dependen del estado de las fuerzas productivas materiales. De ello infirieron que el análisis de las relaciones económicas y de las leyes económicas objetivas que les son propias, es de una importancia primordial. Marx y Engels analizaron brillantemente las leyes económicas del capitalismo. Imprimieron un viraje revolucionario a la teoría económica al crear la economía política proletaria, auténticamente científica. Marx elaboró su doctrina económica en lucha contra la economía política burguesa, partiendo de la asimilación crítica de todo cuanto había dado la historia precedente de las ciencias sociales. La doctrina económica de Marx constituye el contenido esencial del marxismo.
En el Manifiesto del Partido Comunista escrito en 1848 por los dos conjuntamente y por encargo de la Liga de los Comunistas se exponen de modo coherente, bajo la forma de conclusiones clásicas, los resultados de las investigaciones llevadas a cabo por los fundadores del marxismo en diversas esferas del conocimiento, en particular en el campo de la economía política; se ofrece una concepción científica integral y un programa de acción combativo del proletariado.
En 1867 vio la luz el primer tomo de El Capital, el principal trabajo científico de Marx. Con El Capital se llevó a su término la transformación revolucionaria de la economía política y se creó la economía política proletaria. En esta obra gigantesca Marx desentraña el problema cardinal del origen de la plusvalía que constituye la piedra angular de la ciencia económica proletaria. La investigación de las leyes de la producción capitalista permitió a Marx determinar el lugar de esta última en la historia del desarrollo de la sociedad humana, mostrar que es inevitable el hundimiento del capitalismo y su sustitución por el comunismo. Marx demostró que el capitalismo prepara todas las premisas materiales de la revolución socialista a la vez que crea a su propio sepulturero: el proletariado. La teoría de la revolución socialista y la doctrina sobre la dictadura del proletariado constituyen las conclusiones fundamentales de toda la actividad científica y revolucionaria de Marx y Engels.
Los imperialistas proclaman todos los días la muerte definitiva del marxismo, en la teoría y en la práctica, pero la realidad demuestra que el carácter fundamental del capitalismo no ha variado, no han desaparecido sus contradicciones básicas ni la explotación de los trabajadores: La doctrina de Marx es todopoderosa porque es verdadera, decía Lenin. También hoy las ideas directrices de Marx y Engels alientan a la clase obrera de todo el mundo en la lucha revolucionaria y ejercen un influjo inmenso sobre todo el curso de la historia mundial. En el marxismo no sólo está la explicación del pasado, sino, además, la previsión científica del futuro, la caracterización de la actividad revolucionaria de las masas trabajadoras que conduce al capitalismo a su inevitable hundimiento y a su sustitución por el comunismo.
La victoria del marxismo se manifestó en la Revolución de Octubre y en la creación de la primera sociedad socialista. Ninguna teoría ha desempeñado en la historia de la humanidad un papel semejante. Por eso constituye una grandiosa fuerza material. Después de la muerte de Marx y Engels, Lenin elevó el marxismo a un nuevo estadio, lo desarrolló en su aplicación a las nuevas condiciones surgidas bajo el imperialismo y la construcción del socialismo.
Es una corriente ideológica sectaria de origen medieval que adquirió su mayor protagonismo en la etapa de la revolución democrático burguesa.
En la época feudal la masonería representó posiciones ideológicas avanzadas que fueron perseguidas por la ideología religiosa dominante, debiendo recluirse en una clandestinidad estricta, en donde adoptó unas formas de organización sectarias, rigurosas e iniciáticas. No obstante, también incorporó viejas prácticas esotéricas y ocultistas.
Su momento de esplendor fue durante la revolución burguesa de 1848, que contribuyó a extender por toda Europa, especialmente en los países más reaccionarios que, a la vez, eran los de tradiciones religiosas más fuertes. En ese momento la masonería, y a través de ella la burguesía liberal, también influyó en los orígenes del movimiento obrero, especialmente en el blanquismo y el anarquismo.
Se fundamenta en el cálculo numérico, en la medición, prescindiendo del aspecto cualitativo de los fenómenos, lo que le otorga un carácter de universalidad que le permite aplicarse en distintas disciplinas científicas. Si todas las cosas del universo están en interacción recíproca, influyendo unas sobre otras y éstas sobre aquellas, corresponde a la matemática la formulación de la leyes correspondientes a ese fenómeno universal de la única forma que es posible, de manera cuantitativa.
La medición no es más que una relación entre dos fenómenos que se equiparan entre sí y, por tanto, es la unidad dialéctica de la identidad y de la diferencia, así como de lo discreto (números enteros) y lo continuo (números reales).
Dentro de la matemática Engels destacó en especial la importancia del cálculo infinitesimal, que permite introducir el movimiento, estudiar los fenómenos de forma dinámica. Es importante destacar que el cálculo infinitesimal opera con una precisión infinitamente grande, lo cual, desde otro punto de vista, como decía Lenin, no hace sino destacar su imprecisión, destruyendo el mito de la verdad absoluta y de una ciencia exacta, ninguna de la cuales existen ni puede existir.
La burguesía interpreta el concepto de materia de una manera simplista, confundiéndola con alguna de sus propiedades físicas, como la masa de los cuerpos. Sin embargo, la materia es pura indeterminación que, en el estudio de cada fenómeno, se manifiesta como naturaleza, como sociedad o como pensamiento.
Lo que habitualmente se entiende como espíritu, alma o conciencia, a los que el idealismo otorga un estatuto oscurantista, no son sino las formas más elevadas que la materia alcanza en su evolución y, por tanto, son tan objetivas como la materia misma e inseparables de ella. El espíritu no es más que la materia reflejándose a sí misma.
Como la ciencia ha demostrado, la materia es infinita y, en consecuencia, el tiempo y el espacio son también infinitos: no han sido creados por nadie sino que preexisten desde siempre, y tampoco pueden ser destruidos.
La materia sólo se puede concebir como movimiento, como un proceso continuo de cambio y de transformación que se rige por leyes objetivas. La energía es la medida del movimiento de la materia y, enconsecuencia, no se puede contraponer ella.
Se contrapone al idealismo, que sostiene precisamente la tesis contraria, lo que históricamente ha expresado la lucha de clases en el terreno filosófico.
Gracias al avance de la ciencias de la naturaleza, el materialismo alcanzó un notable impulso en los siglos XVII y XVIII y fue la filosofía de la burguesía revolucionaria de aquella época, el instrumento ideológico con el que desafió a la religión feudal, al oscurantismo y todas las formas de idealismo reaccionario. Pero aquel materialismo era limitado e insuficiente ya que no tomaba en consideración el movimiento y creía que los fenómenos eran estáticos e inmutables, no teniendo en consideración sus contradicciones internas y su movimiento.
Se opone a cualquier forma de idealismo demostrando que la materia es preexistente e independiente de la conciencia, cuyo papel es reflejarla, así como al mecanicismo metafísico, que estudia los fenómenos de forma estática e inmóvil.
No se trata de ideas dispersas sino de todo un sistema teórico general extraído del análisis científico de la naturaleza de la sociedad y del pensamiento. El núcleo central del materalismo dialéctico es el reconocimiento de todo lo existente como materia en movimiento. En consecuencia, el mundo forma una unidad que consiste su materialidad, si bien esa unidad no es uniformidad ni homogeneidad pues las formas de movimiento de la materia son infinitamente diversas. La unidad implica, además, que todas las cosas están interconectadas entre sí, que todos los fenómenos se influyen mutuamente siguiendo determinadas leyes objetivas. Esa interconexión de las cosas es una contradicción y es interna a la materia, por lo que su movimiento y su cambio no proviene de fuerzas exteriores misteriosas.
La epistemología materialista parte del reconocimiento de la verdad objetiva y, en consecuencia, de que no existen ideas innatas ni ninguna forma de conocimiento a priori sino que el intelecto refleja la realidad circundante, que es primaria e independiente. Además, el materialismo dialéctico demuestra que el conocimiento evoluciona a través del antagonismo entre la verdad absoluta y la verdad relativa. El reflejo de los feómenos externos en el pensamiento no es exacto ni está dado de una vez para siempre sino que cambia, aproximándose cada vez con una mayor precisión hacia un conocimiento más profundo y más preciso. Por eso el pensamiento tampoco es estático sino que evoluciona a lo largo de la historia en un proceso ininterrumpido de perfeccionamiento.
Por vez primera, Marx y Engels quienes crearon una manera científica de estudiar los fenómenos sociales, acabando con el idealismo histórico. Hasta entonce se pensaba que eran las ideas las que movían a los hombres y a las sociedades, principios abstractos como la justicia, la igualdad o la libertad. Marx y Engels, por el contrario, descubrieron que esas ideas y esos principios no son más que reflejos en la conciencia social de la situación material de la sociedad. Esta fue una de sus mayores aportaciones científicas porque si bien el materialismo ya existía antes en las ciencias de la naturaleza, en las ciencias sociales predominaba de manera casi absoluta el idealismo.
Además demostraron que las sociedades no permanecen estáticas sino que están en permanente cambio, que tienen una naturaleza esencialmente histórica y cambiante. La historia presenta una evolución progresiva que nunca se detiene. Esa evolución está sometida a determinadas leyes objetivas y dialécticas que ellos describieron. No menos genial fue su descubrimiento que la historia no la hacen los grandes héroes, los personajes legendarios, sino las masas, que es la lucha de clases el motor de la historia y de todos los cambios sociales.
Marx y Engels subrayaron la importancia de las fuerzas productivas y las relaciones de producción en el avance progresivo de la historia de la humanidad. La burguesía, incapaz de comprender científicamente los acontecimintos sociales, reduce la comprensión histórica a un supuesto factor económico y, además, entiende por ello nociones vacías tales como el dinero, las mercancías o las exportaciones. Por el contrario, Marx y Engels, al aludir a los fenómenos económicos, destacaron su contenido práctico: la actividad económica no son objetos materiales sino una actividad que relaciona al hombre con la naturaleza y consigo mismo. En consecuencia, tampoco se trata de actividades individuales sino colectivas. Al mismo tiempo, la causalidad social, como toda causalidad, no es lineal sino dialéctica: ese tipo de relaciones sociales, a su vez, están influidas por las superestructuras políticas, ideológicas y morales.
Es la versión originaria de la religión zoroástrica.
A mediados del siglo XIX se había impuesto en física el carácter ondulatorio de la luz, refrendado por el electromagnetismo de Maxwell. Con Max Planck la antigua idea atomística de discontinuidad, entonces abandonada, volvía a penentrar física, lo que supuso un duro golpe para las teorías que destacaban únicamente el aspecto ondulatorio o continuo de la luz, excluyendo el corpuscular. Estalló la crisis de la física, teniendo como resultado el rechazo del determinismo clásico -mecánico- y la adopción del concepto de causalidad -en su forma estadística- como inherente a las partículas subatómicas. Pero muchos físicos interpretaron estos hechos creyendo que se derrumbaba la objetividad y el determinismo.
Se hacía necesario, por lo tanto, lograr una concepción única que incluyera estos dos aspectos contradictorios.
En 1912 en su modelo atómico, Niels Bohr combinó las ideas cuánticas de Planck con el modelo atómico de Rutherford y la teoría de los fotones de Einstein. La teoría de Bohr permitía explicar las principales leyes de la radiación térmica y la espectroscopia. Con estos éxitos, la naturaleza cuántica de la luz y el carácter cuántico de los procesos que tienen lugar en los átomos, se volvieron incontestables: las propiedades de todo lo que nos rodea se manifiestan de forma discontinua, es decir, en cuantos o cantidades discretas.
Pero esta discontinuidad del modelo de Bohr es sólo un aspecto de la realidad ya que no tenía en cuenta las propiedades ondulatorias de las partículas atómicas, resultado de su propio movimiento e interrelaciones.
En 1925 De Broglie planteó que todos los cuerpos emiten en su movimiento ondas que para propagarse no necesitan de ningún medio, como el ya olvidado éter. Los físicos postularon la doble esencia corpuscular y a la vez ondulatoria de todas las micropartículas, lo que invalidó hasta cierto punto el modelo atómico de Bohr, pues el carácter ondulatorio del electrón impedía representarlo mediante órbitas sencillas y planetarias.
La dialéctica entraba de nuevo en la física pero los físicos aún mantenían concepciones idealistas cuyo resultado fue el resurgimiento de las más absurdas teorías positivistas. Para unos, los dos aspectos contradictorios se excluían mutuamente, de manera que sólo podían tratarse por separado. Para otros, no se trataba ni de una onda ni de una partícula, sino de una tercera cosa: su síntesis. Por último, también hubo quienes dijeron que la partícula desaparece por completo y sólo queda la onda.
Era, pues, necesario unificar en la misma teoría la hipótesis de Planck sobre los cuantos y la de De Broglie sobre las ondas de materia, si es que se quería reflejar los dos aspectos opuestos del mundo de las micropartículas. La mecánica cuántica, impulsada por Schrödinger y Heisenberg, fue ese primer intento de unificación. De la ecuación de Schrödinger se deduce que los electrones sólo se pueden hallar en el átomo en los estados de energía permitida (nubes de probabilidades), estados donde la probabilidad de encontrar el electrón es muy diferente de cero. Por lo tanto, cuando un electrón salta de una órbita a otra, su energía no cambia arbitrariamente, sino en una magnitud exactamente determinada, igual a la diferencia energética que existe entre los dos niveles en que tiene lugar el salto.
A pesar del avance que supone, la mecánica cuántica no considera la naturaleza contradictoria interna de las partículas elementales (como electrones y protones), su movimiento característico, sus leyes, etc., sino únicamente las manifestaciones exteriores de aquellos procesos internos (la carga eléctrica, la masa gravitatoria, el espín, los tiempos de desintegración, etc.). Es una teoría de las leyes de interacción de las partículas que conforman los átomos y, por extensión, de las moléculas y los cristales, aunque aclara muy pocas de las características del núcleo atómico, donde se revela muy débil.
La insuficiencia actual de esta parte de la física para explicar en profundidad numerosos fenómenos subatómicos, que destaca el límite temporal al que ha llegado la ciencia, dio lugar a que la Escuela de Copenhague y el positivismo desataran todo tipo de conjeturas idealistas y místicas.
Al negar la dialéctica, el mecanicismo conduce a la metafísica y, por tanto, a importantes errores teóricos. Prevaleció en el pensamiento filosófico burgués del siglo XVIII y condujo a una concepción unilateral tanto del determinismo como de la discontinuidad de la materia.
La expresión proviene del extraordinario desarrollo de la mecánica, que fue adoptado como prototipo de todas la ciencias.
Son medios de trabajo las cosas con que el hombre actúa sobre la naturaleza y sobre los objetos de trabajo con el fin de producir bienes materiales. Así, son medios de trabajo las máquinas, las máquinas-herramientas, el utillaje, los motores, diferentes aparatos, los edificios e instalaciones destinados a la producción, los medios de transporte y de comunicación y la tierra. La función determinante tanto en el proceso productivo como en el desarrollo de las relaciones sociales, corresponde a los instrumentos de producción (maquinaria e instalaciones, fundamentalmente). Es objeto de trabajo todo aquello a que se aplica el trabajo humano, todo lo que es objeto de elaboración con el fin de adaptarlo al consumo personal y productivo: hulla, minas, petróleo, gas natural, algodón, lino, lana, etc. Algunos objetos de trabajo los proporciona directamente la naturaleza, otros son productos del trabajo (materiales en bruto o materias primas).
Bajo el capitalismo, los medios de producción son propiedad privada de los capitalistas o de los monopolios y constituyen un capital, es decir, un medio de explotar el trabajo asalariado. Los trabajadores carecen de tales medios y se ven obligados a vender su fuerza de trabajo a los capitalistas y a crear para éstos plusvalía.
Los medios de trabajo se dividen en dos clases. El más importante es el de los instrumentos de trabajo (instalaciones, maquinaria, motores, herramientas, dispositivos, etc.). Asimismo forman parte de los medios de trabajo los edificios y las construcciones destinados a la producción, los ferrocarriles y carreteras, tuberías, líneas de electricidad, canales, etc. También son medios de trabajo los utilizados para el transporte de carga (vagones, plataformas, camiones, furgonetas, carretillas, etc.) y recipientes de diverso tipo para conservar objetos de trabajo (carboneras, tubos, barricas, cestas, envases, matraces, balones, etc.). La tierra sirve de medio universal de trabajo.
Es la teología del antiguo Egipto que explica la creación del mundo por dios.
Es la esfera de la circulación de mercancías que abarca el comercio interior de un determinado país y la interconexión de todos ellos en un único mercado mundial.
El mercado surgió con la división social del trabajo y la separación de los productores en calidad de propietarios de los medios de producción. El desenvolvimiento acelerado del mercado se inicia al consolidarse las relaciones capitalistas. El desarrollo del mercado en un país está determinado por el desarrollo de la producción de mercancías. Bajo el capitalismo, el aumento de la producción se lleva a cabo en presencia de contradicciones antagónicas entre ésta y el consumo de los trabajadores; ello hace que el incremento del mercado vaya a la zaga del incremento de la producción. En el período imperialista, el problema del mercado se agudiza ya que el dominio del capital monopolista lleva al extremo las contradicciones entre el carácter social de la producción y la forma privada de apropiación. Los estrechos límites del mercado obligan a los monopolios a buscar y conquistar mercados exteriores.
Los mercados interiores de los distintos países están ligados entre sí por el comercio exterior y por otras formas de relaciones económicas basadas en la división capitalista internacional del trabajo.
Su origen va unido a la descomposición del feudalismo, al desarrollo de las relaciones monetario-mercantiles, al nacimiento de la manufactura capitalista. El mercado capitalista mundial contribuyó a la expansión del capitalismo por todo el mundo. La formación de un mercado que abarca todo el mundo ha llegado a su término en la fase del imperialismo, cuando las economías nacionales autosuficientes se convierten en eslabones de una cadena única de la economía mundial y las crsis del comercio exterior ahondan los problemas del mercado interior.
En el mercado mundial actúan las leyes económicas del capitalismo. Los rasgos y particularidades esenciales del mercado capitalista mundial, así como las vías de su desarrollo están determinados por el carácter de la producción capitalista, cuyo fin único es el logro de la ganancia.
El mercado mundial se caracteriza por las relaciones de subordinación económica de los países débilmente desarrollados hacia las grandes potencias imperialistas. Recurriendo al intercambio no equivalente y a otras formas de opresión económica y política, los países imperialistas explotan a los Estados que van a la zaga en el sentido económico. En el mercado mundial rige la ley económica de la anarquía y de la competencia, se sostiene una encarnizada lucha entre los Estados y monopolios imperialistas por las esferas de inversión del capital, los mercados y las fuentes de materias primas. La acentuación del carácter espontáneo e inestable de la economía capitalista mundial se debe a que la tendencia al irrefrenable incremento de los volúmenes de producción choca con los estrechos límites de la demanda solvente de la población. En este conflicto entre el crecimiento de las posibilidades productivas y la limitada capacidad del mercado se manifiesta la contradicción fundamental del capitalismo: la contradicción entre el carácter social de la producción y la forma capitalista privada de la apropiación. Al acentuarse la desigualdad del desarrollo económico y político de los países capitalistas en la época imperialista, al agravarse el problema de los mercados, se hace más enconada la lucha competitiva por un nuevo reparto de los mercados y de las esferas de influencia.
La mercancía es una categoría histórica. Los productos del trabajo se convierten en mercancías tan sólo cuando aparece la división social del trabajo y cuando existen determinadas formas de propiedad sobre los medios de producción y los frutos del trabajo. En los modos de producción esclavista y feudal, la gran masa de los productos del trabajo se obtienen en un régimen de economía natural y no se presentan en calidad de mercancías. Sólo en la producción capitalista todos los frutos del trabajo se convierten en mercancías y también se convierte en mercancía -esto es lo más característico del capitalismo- la fuerza de trabajo.
Toda mercancía posee dos propiedades, tiene un doble carácter. En primer lugar, la mercancia ha de satisfacer alguna necesidad humana, ha de ser útil al hombre, y dicha propiedad constituye el valor de uso de la mercancía. Como quiera que la mercancía es un producto destinado al cambio, su valor de uso es portador del valor, es decir, del trabajo social invertido en su producción y materializado en la mercancía. Estas dos propiedades de la mercancía son una consecuencia del doble carácter del trabajo. El gasto de trabajo concreto crea el valor de uso de la mercancía, y el trabajo abstracto crea el valor de la misma. Como valores de uso, las mercancías son cualitativamente heterogéneas y, en consecuencia, no conmensurables entre sí desde el punto de vista cuantitativo. Como valores, las mercancías constituyen condensaciones de trabajo social homogéneo de los productores.
La magnitud del valor de las mercancías está determinada por la cantidad de trabajo socialmente necesario. En la mercancía producida en las condiciones de la propiedad privada, se encierran en germen todas las contradicciones fundamentales de la producción mercantil simple y de la producción mercantil capitalista. En la economía mercantil de propiedad privada, el doble carácter del trabajo materializado en la mercancía refleja las contradicciones entre el trabajo privado y el trabajo social de los productores, entre el valor de uso y el valor. En la sociedad en que domina la propiedad privada capitalista sobre los medios de producción, estas contradicciones de la mercancía se reflejan en las dificultades que existen para realizar la mercancía dada, en las crisis de superproducción que se repiten periódicamente y que estremecen la economía capitalista, en la lucha competitiva de los productores de mercancías, lucha que conduce, en último término, a la ruina de los pequeños productores y al enriquecimiento de unos pocos, los más fuertes económicamente, y en las condiciones actuales, al enriquecimiento de la gran burguesía monopolista.
Los mercantilistas consideraban que la ganancia se crea en la esfera de la circulación y que la riqueza de las naciones se cifra en el dinero. De ahí que la política mercantilista pretendiera a atraer al país la mayor cantidad posible de oro y plata. Los primeros mercantilistas insistían en que se prohibiera toda exportación de dinero del país para acumular dinero, exportando mercancías al mercado exterior. Con el crecimiento de las formas capitalistas de economía y la ampliación del comercio exterior, se hizo cada vez más evidente la inconsistencia de la política que veía su objetivo en retener el dinero de la circulación.
Frente a la política de la balanza monetaria activa, se presentó la política de la balanza comercial. Sus partidarios eran mercantilistas posteriores. Según ellos, el Estado ha de poseer un saldo activo en la balanza comercial, la importación de mercancías no debe superar a la exportación. Para que así fuese, se estimulaba el desarrollo de la industria que producía para exportar. El mercantilismo consideraba que la fuente de la riqueza radica en el comercio exterior, y como quiera que eran los artesanos quienes suministraban las mercancías que se exportaban, se llegaba a la conclusión de que era indispensable fomentar la producción artesanal. La producción capitalista estaba en sus comienzos y las ideas de los mercantilistas se hallaban condicionadas por el nivel del desarrollo económico de aquella época.
El mercantilismo empieza a descomponerse a mediados del siglo XVII dado que, a medida que el capitalismo progresa, la forma principal de aumentar las riquezas va siendo la producción capitalista. El mercantilismo, según caracterización de Marx, fue la prehistoria de la economía política: La verdadera ciencia económica moderna empieza tan sólo cuando la investigación teórica pasa del proceso de circulación al proceso de producción. En su tiempo, el mercantilismo fue progresivo, contribuyó a desarrollar las primeras grandes empresas capitalistas: las manufacturas; facilitó el progreso de las fuerzas productivas, la victoria del capitalismo sobre el feudalismo. Al mercantilismo como corriente del pensamiento económico de la burguesía, le sucede la teoría de los fisiócratas.
— 2. En el feudalismo, funcionario público, similar al alcalde, nombrado por el rey con jurisdicción sobre uno o varios pueblos.
— 2. En el materialismo dialéctico, es toda concepción filosófica mecanicista y antidialéctica.
Las concepciones metafísicas niegan el movimiento, o lo conciben como un mero cambio cuantitativo, como un puro desplazamiento. Es una ideología propia de la clases dominantes, que conciben la naturaleza, la sociedad o el pensamiento como eternos y estáticos, establecidos de una vez y para siempre. Es su forma de justificar filosóficamente su dominación y negarse el cambio, a la evolución.
Un aspecto singularmente negativo de la metafísica es la consideración lineal de la causalidad, que sólo considera a un fenómeno (causa) influyendo sobre otro (efecto), sin tener en cuenta su interrelación mutua, esto es, que los efectos se convierten en causa y, a su vez, influyen sobre sus causas, convertidas en efectos.
Es la identificación de un objeto real con su imagen.
Es la parte de la lógica que estudia los procedimientos por medio de los cuales avanza el conocimiento científico.
Comprende tanto el estudio de los métodos de investigación como de los de exposición. Los primeros son aquellos que analizan la producción del saber, mientras que los otros analizan su reproducción o su divulgación.
Lo mismo que la lógica, la metodología tampoco es un saber puramente formal o independiente de la materia concreta de cada disciplina científica concreta sino que depende de ella.
El método científico sigue tres fases. Comienza en la percepción empírica de lo concreto tal como se manifiesta en la práctica, continúa con la elaboración teórica abstracta, para volver de nuevo a la práctica concreta. Por tanto, el conocimiento empieza y termina en la práctica y en la experimentación. Sin embargo, la práctica no es espontánea ya que está orientada por la teoría. Cada vez con más contundencia, la experimentación científica está conscientemente planificada, por lo que antes de ella se plantean las hipótesis que se pretenden confirmar o rechazar. Esta planificación ha reforzado la importancia de la metodología en la ciencia contemporánea, demostrando la inconsistencia del empirismo y su teoría de la tabla rasa.
Es la alusión al todo con la sola mención de una parte, a una parte refiriéndose al todo, o una parte nombrando otra parte del mismo todo.
El militarismo está estrechamente ligado al fascismo, a la ocupación del poder en los países capitalistas por un puñado de monopolistas que imponen una política exterior belicosa combinada con una política interior de reacción brutal y liquidación de todas las libertades y derechos a las masas.
El modo de producción constituye la unidad de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción. El cambio del modo de producción origina cambios del régimen social, sirve de base al desarrollo de las fuerzas productivas y de las relaciones de producción, de toda la producción social. Gracias a los conocimientos adquiridos, a la experiencia y a los hábitos de trabajo, los hombres producen los bienes materiales, desarrollan las fuerzas productivas, que muestran el grado en que el hombre domina a la naturaleza. El nivel de desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas determina el carácter de las relaciones de producción. Las relaciones de producción o relaciones económicas, es decir, las que se establecen entre los hombres en el proceso de producción de los bienes materiales, influyen a su vez activamente sobre las fuerzas productivas, facilitando u obstaculizando su desarrollo. Si las relaciones de producción corresponden al nivel de desarrollo de las fuerzas productivas éstas se desarrollan sin obstáculos. En cambio, cuando las relaciones de producción dejan de corresponder al nivel de las fuerzas productivas, como es el caso en el capitalismo, frenan el progreso de dichas fuerzas, se convierten en una traba, y se hace necesario sustituir el modo de producción caduco por otro nuevo, que corresponda al nivel más elevado de las fuerzas productivas. Este cambio de un modo de producción por otro se efectúa por vía revolucionaria. El fundamento económico de las revoluciones sociales se pone al descubierto gracias a una ley económica general: la ley de la correspondencia entre las relaciones de producción y el carácter de las fuerzas productivas, descubierta por Marx. El papel decisivo en el sistema de las condiciones materiales de vida de la sociedad corresponde al modo de producción de los bienes materiales. Según sea el modo de producción, tal será en lo fundamental la sociedad misma, sus ideas, sus teorías, las concepciones y las instituciones políticas.
La historia conoce cinco modos de producción, que se han sucedido desde el nacimiento de la sociedad humana: el de la comunidad primitiva, el esclavista, el feudal, el capitalista y el comunista. Éste es el más progresivo de la historia. El que se sustituya un viejo modo de producción por otro nuevo es resultado inevitable de la agudización de las contradicciones entre las fuerzas productivas en desarrollo y las relaciones de producción rezagadas. Tales contradicciones, cuando impera la propiedad privada sobre los medios de producción, poseen carácter antagónico y se manifiestan en la lucha de clases. En esta lucha alcanza la victoria la parte de la sociedad que se halla vinculada al modo de producción más avanzado y progresivo. Bajo el socialismo, las contradicciones en el desarrollo del modo de producción no presentan carácter antagónico y la sociedad las supera mediante el perfeccionamiento consciente de las relaciones de producción, a las que adecúa el nivel de las fuerzas productivas. Del modo de producción hay que distinguir la base económica de la sociedad, que es el conjunto de las relaciones de producción dominantes en tal o cual sociedad humana. La unidad del modo de producción y de la superestructura ideológica y política que corresponde a la base de una sociedad dada constituye una formación económico-social.
No obstante su idealismo objetivo y sus concesiones al teísmo, Leibniz (1646-1716) es uno de los más grandes filósofos de la historia, un sabio que aportó conocimientos a muchas ramas de la ciencia, además de introducir los primeros esbozos de la dialéctica. En su pensamiento filosófico, las mónadas eran una especie de átomos espirituales diferentes entre sí pero interrelacionados, diferenciando la mónada no creada (dios) de las creadas, éstas a su vez divididas en conscientes y no conscientes.
Aunque su tesis idealista sobre las mónadas carece de todo fundamento, le permitió a Leibniz avanzar algunos principios dialécticos, como el movimiento, el infinito y la interrrelación causal de todos los fenómenos.
El sistema monetario comprende: 1) la mercancía que desempeña la función de equivalente general; 2) la unidad monetaria o patrón de precios; 3) los medios legales de circulación y los medios de pago (dinero metálico, papel moneda, moneda fiduciaria: billetes de banco); 4) el sistema de acuñación de las monedas (de pleno contenido: de oro; subsidiarias -moneda de cambio- de plata y cobre); 5) el tipo de emisión de los billetes de banco y de los valores del Estado) o papel dinero.
La forma en que se organiza la círculación del dinero no es único para todos los países capitalistas. La base del sistema es la mercancía que desempeña la función de dinero: el oro, la plata o ambos metales a la vez. En un principio, el sistema monetario dominante fue el bimetálico con el cual la plata y el oro cumplían simultáneamente la función de medidas de valor. A finales del siglo XIX, la mayor parte de los países adoptaron el sistema monometalista, basado en el oro. La acuñacián de las monedas de oro era libre, como eran asimismo libres el cambio de los otros signos monetarios en monedas de oro y el movimiento del oro entre los países. Durante la I Guerra Mundial, la mayor parte de los países capitalistas adoptaron el sistema del papel moneda con el cual el oro cumple la función de medida de valor, mientras que la función de medio de circulación y de pago la cumplen los billetes de banco y los títulos de valor, que no se cambian por el oro y, en consecuencia, pueden desvalorizarse. En el período de la crisis general del capitalismo, se da una circulación inflacionaria del dinero papel en los países capitalistas.
Tuvo gran importancia en al Mediterráneo oriental, en Armenia, Siria, Líbano y Egito, donde desde el siglo IV se venía manteniendo un árido debate cerca de la cuestión trinitaria que encubría una batalla por la hegemonía entre las tres principales ciudades de la región: Alejandría (Egipto), Antioquía (Siria) y Constantinopla (Bizancio).
La discusión se planteó, fundamentalmente, entre Nestorio, obispo de Constantinopla y Cirilo, obispo de Alejandría, quien logró el apoyo del papa Celestino, que nada sabía de sutilezas teológicas, logró en el concilio de Efeso de 431 la condena como herejía del nestorianismo y la consagración del monofisismo, ratificado en Efeso en 449.
Pero la lucha no cesó aquí. En 451 un nuevo concilio ecuménico, esta vez en Calcedonia se decantó definitivamente por la trinidad, al tiempo que puso la primera piedra del futuro cisma entre las iglesias de Roma y de Constantinopla. La guerra entre los diversos fracciones eclesiales de Oriente se hicieron más agudos, mezclándose la política imperial con las ambiciones descentralizadoras de Siria y Egipto.
En los países del Mediterráneo oriental aún se conservan las iglesias monofisistas, aunque escindidos a partir del siglo XVII entre quienes se mantienen en sus tesis y quienes se aproximan a la Iglesia católica. De este modo las iglesias monofisistas se han duplicado, surgiendo de cada rito una tradicional y otra católica. En Egipto el monofisismo fue adoptado para diferenciarse de los griegos bizantinos y dio origen a la Iglesia Copta.
Los cristianos que vivían dentro del Imperio persa se vieron influidos por Nestorio a partir de 484. La Iglesia nestoriana tiene el siriaco como lengua litúrgica y debido tras la expansión islámica, crearon comunidades en China, India y Mongolia. Los cristianos de cultura griega fueron denominados melquitas y mantuvieron siempre su unión con Constantinopla, como cuando en 1054 se separaron las Iglesias Ortodoxas de la Católica Romana.
La expansión del Islam fue sentida como una liberación por parte de la población cristiana monofisista que era perseguida por los bizantinos griegos.
Surge el monopolio cuando la producción y el capital alcanzan un elevado nivel de concentración. Expresa el grado de socialización de las fuerzas productivas alcanzado bajo el capitalismo. Sigue existiendo la propiedad privada de los medios de producción, pero no en su forma individual, sino en su forma social. Se separa, además, la propiedad de la gestión de las empresas, generando una casta de rentistas y parásitos que viven de los dividendos de las acciones, mientras las tareas prácticas de dirección las asumen técnicos y gestores especializados. A su vez, estos gestores representan a los sectores más fuertes de la corporación, en detrimento de los pequeños accionistas, cuyos intereses se ven defraudados. Es una forma velada de separación de determinados propietarios de sus medios de producción y, al tiempo, una forma abierta de separación entre la propiedad y la posesión del capital.
El monopolio no es una única empresa que domina totalmente un mercado o sector económico sino una alianza entre varias empresas sobre determinados aspectos de la producción o la distribución. Por eso, existen varias formas de monopolio, normalmente intermedias entre la independencia completa de la empresas y su fusión. Esa alianza puede ser más o menos estable, puede afectar a un solo aspecto común entre ellos, como los precios, o a varios, de manera que la competencia subsiste siempre entre los monopolistas en los puntos que no están sujetos a acuerdo. El pool, por ejemplo, es un acuerdo de los monopolios sobre los precios a largo plazo o para el reparto territorial del mercado. El cártel consiste en el agrupamiento de empresas a través de una comisión de enlace con capacacidad disciplinaria que impone modos de operar a cada una de ellas, habitualmente unificando las compras y ventas de todos ellos. El trust es un depósito de acciones que efectuan socios de diversas empresas para votar en las juntas, reservándose el cobro del dividendo y consiguiendo de ese modo la coordinación de todas las políticas empresariales y el mantenimiento de la ficción de la independencia de todas ellas. El holding, llamado konzern en Alemania, es una sociedad participada por empresas que tiene objeto controlar financieramente a una gran número de ellas adquiriendo sólo una mínima parte de las acciones.
Los monopolios, por tanto, pueden adoptar las más variadas formas, siempre que entre ellos se establezca alguna forma de colaboración que les exima de algunos perjuicios de la competencia. Incluso esta colaboración puede dejar de ser mutua para presentar aspectos de dominación y control de una empresa sobre otra. Esa colaboración puede mantenerse secreta o, por el contrario, puede sancionarse legalmente con intervención del Estado. En todo caso, su objeto es el dominio, bien horizontal, bien vertical, del mercado. Es horizontal cuando se unen varias empresas que fabrican el mismo producto o que pertenecen al mismo sector; es vertical cuando pretende integrar todo el proceso productivo, desde la elaboración de la materia prima hasta la venta del producto elaborado.
Al convertirse el capitalismo premonopolista en imperialismo, a finales del siglo XIX, los monopolios empezaron a influir de manera decisiva en la economía y en la política de los países capitalistas. Con el fin de obtener elevadas ganancias, los monopolios utilizan al Estado burgués, convertido en comité de administración de la burguesía monopolista. En el seno de los monopolios y entre ellos, se sostiene una encarnizada lucha competitiva por obtener elevadas ganancias. Con frecuencia ello conduce a la desintegración de las agrupaciones monopolistas y la absorción de los débiles por los monopolistas más fuertes. El dominio de los monopolios acentúa la anarquía de la producción capitalista, destaca más aun el parasitismo y la descomposición del capitalismo, ahonda las crisis económicas y agudiza la lucha de clases en la sociedad burguesa. Por otra parte, los monopolios socializan el trabajo y la producción en el marco de la propiedad privada capitalista sobre los medios de producción con lo cual preparan las premisas objetivas de la revolución socialista.
Es una muchedumbre insurgente que se manifiesta por las calles o forma partidas guerrilleras.
Las cosas no permanecen estáticas sino que evolucionan y se transforman en virtud de sus contradicciones internas y bajo el influjo de circunstancias externas, de su interrrelación con las demás cosas. En ningún objeto existen límites espaciales ni temporales; el movimiento de la materia es inagotable porque sólo existe como movimiento, de manera que ni ha sido creado por ningún ser superior ni tampoco tiene fin.
El movimiento es la propiedad fundamental e inherente a la materia. No existe materia sin movimiento como tampoco movimiento sin materia. La metafísica, el mecanicismo y el materalismo vulgar niegan el movimiento o lo conciben como un mero desplazamiento o cambio de lugar, o bien de manera mecánica o cuantitativa o debida a causas externas. El movimiento, por el contrario, es un desarrollo, una transformación causada por las propias contradicciones internas y la interrelación de los fenómenos entre sí.
Ahora bien, el movimiento no niega el reposo sino que lo incluye como un momento temporal y relativo, mientras que él mismo es absoluto. Un estado de reposo es una fase transitoria de equilibrio aparente que preludia la proximidad del cambio. Sin su existencia, decía Engels, no podría diferenciarse la materia. Si ésta se presenta de manera diversa y puede aprehenderse es gracias al reposo relativo. La negación del reposo relativo (que se presenta a veces bajo fórmulas como todo es y no es al mismo tiempo) conduce al error del relativismo, a considerar los fenómenos como un cambio continuo, cuando el movimiento es una unidad contradictoria del cambio y el reposo.
El concepto físico de energía una medida de algunas formas de movimiento de la materia, presidida por la ley fundamental de que ni sea crea ni se destruye, sino que sólo se transforma, de manera que el movimiento físico se convierte en químico, éste en eléctrico, calorífico, biológico o fisiológico, etc. Estas distintas formas de movimiento están graduadas de manera que las formas superiores (sociales, por ejemplo) no pueden reducirse a las inferiores (mecánicas o físicas) como es corriente en determinadas ideologías burguesas.
Dado que la materia se mueve incesantemente, el pensamiento que la refleja, las ciencias, evolucionan igualmente de forma continua, lo que hace que todo saber sea histórico, transitorio, resultando periódicamente superadas las viejas teorías por otras nuevas, más precisas y profundas.
Frente a Lenin, Kautski sostenía que el imperialismo no era la última fase del capitalismo sino que, tras ella, existía aún una fase posterior ultraimperialista en la que las grandes potencias imperialistas cesaban en su lucha por la hegemonía y se ponían de acuerdo. Las contradicciones interimperialistas no eran inherentes a la nueva fase sino que podían superarse y, de esa manera, evitar las guerras y las crisis internacionales.
Las tesis antimundialistas tienen razón, sin embargo, en un aspecto concreto: la creciente internacionalización de las fuerzas productivas que, por lo demás, no ha cambiado desde el siglo XVI.
Sobre las mismas premisas kautskistas, cien años después se creó un variopinto movimiento que contó con el apoyo de la socialdemocracia y los imperialistas europeos, ya que dentro de la confusión que caracterizó a todas estas tesis, un aspecto fundamental fue la confusión del imperialismo con el imperialismo estadounidense. La tesis de la mundialización dibuja un mundo piramidal con los Estados Unidos como gran superpotencia ante la que se arrodillan unos países europeos que, según ellos, están reducidos a la condición de meros vasallos. Los Estados europeos han perdido su cuota de soberanía frente a Washington que dicta unilateralmente la política mundial. Por eso, en lugar de enfrentarse con ellos, llaman a apoyar a sus propios capitalistas para formar una especie de frente antiestadounidense. Así, uno de los rasgos fundamentales del imperialismo, las contradicciones entre las grandes potencias imperialistas, desaparece, como si sólo quedara un país imperialista; es el mejor favor que los antimundialistas hacen a las demás potencias imperialistas, que quedan así bien camufladas.
Otro de los rasgos característicos que sobresalen entre los antimundialistas es la sobrevaloración de las instituciones internacionales (OTAN, Unión Europea, OMC, FMI, trilateral, G-7) ya que al no tener en cuenta las contradicciones internas, enfatizan sus acuerdos que, en las condiciones de la rivalidad imperialista, sólo pueden ser transitorios y cambiantes. Pero el imperialismo no se puede analizar desde la perspectiva de una sola superpotencia hegemónica, ni tampoco desde ninguno de los aspectos concretos, militares o financieros, que lo caracterizan porque se trata de toda una nueva fase del capitalismo que involucra aspectos económicos, políticos, ideológicos y militares.
La verdadera tendencia dominante hoy día no es la mundialización sino la regionalización, la dispersión y la multipolaridad. Bajo el imperialismo es consustancial la tendencia de las potencias imperialistas a crear bloques (económicos, políticos y militares) que se disputan la hegemonía, lo que conduce a un agravamiento de sus contradicciones internas, cuya consecuencia inevitable es la guerra. Lo mismo que la II Internacional en 1914, los antimundialistas hoy quieren que en ese enfrentamiento nos pongamos del lado de uno de los bandos imperialistas, precisamente en el bando de nuestros propios imperialistas. El partido comunista, por el contrario, ha sostenido siempre la línea de que la lucha contra el imperialismo no es abstracta sino que empieza luchando contra nuestros propios imperialistas, contra la burguesía del propio país y que toda alianza con ella frente a terceros es una traición al proletariado.
A | B | C | Ch | D | E | F | G | H | I | J | K | L | M | N | O | P | Q | R | S | T | U | V | Y | Z | salir