¿Replanteamiento estratégico o liquidación?

Comité Central del Partido Comunista de España (reconstituido)
junio de 1992

En una declaración suscrita el 10 del pasado mes de abril, la organización alemana Fracción del Ejército Rojo (RAF) anunciaba el cese de su actividad armada en los siguientes términos: Suspenderemos los ataques contra representantes destacados de la economía y del Estado en beneficio del proceso ahora necesario. De esta forma, esta organización se hacía eco de la propuesta, lanzada en enero de este año por el Ministerio de Justicia, de poner en libertad a los presos políticos gravemente enfermos y a los que llevan más tiempo en prisión (bajo la condición -no manifestada de forma pública y abierta- de que renuncien, expresamente al uso de la violencia y se ponga fin a la lucha armada), y exigía la inmediata excarcelación de los mencionados presos y el agrupamiento del resto hasta su total liberación.

La RAF se pregunta en su comunicado si el Estado va a permitir un espacio para soluciones políticas al problema de la violencia y a los demás conflictos sociales surgidos en Alemania. Y añade: por nuestra parte, hemos dado ahora un paso con el cese de la escalada del conflicto para abrir este espacio político. Ahora queda saber cómo procederá la parte estatal. La declaración concluye con la amenaza de reanudar las acciones armadas si él Estado prosigue con la misma política represiva: Si aplastan con su apisonadora de represión y exterminio a los que cogen en sus manos este proceso, por tanto, si siguen apostando por la guerra contra los de abajo, consideraremos terminada la fase de cese de la escalada y no contemplaremos esto pasivamente. Si no nos dejan vivir, por consiguiente, a todos los que luchan por una sociedad más humana, entonces deben saber que sus elites tampoco podrán vivir. Aunque no está en nuestro interés, la guerra sólo puede ser respondida con la guerra.

Este nuevo posicionamiento de la RAF se fundamenta en que su línea de actuación, basada en el llamado Frente de la guerrilla de Europa occidental, ha fracasado. Estábamos confrontados -afirman- con que la idea de crear una brecha para la liberación en la lucha común internacional no se ha abierto paso. Su reflexión autocrítica se extiende a otros aspectos que más han caracterizado su actividad político-militar: haciendo política como la hacíamos antes del 89 -año en el que, según sus manifestaciones, dio comienzo el proceso que ha conducido a esta nueva toma de posición- no nos fortalecíamos sino que nos debilitábamos [...] Valoramos como un error central que nos hemos dirigido demasiado poco hacia otros que también se han alzado aquí y nada hacia los que no se habían alzado [...] Hemos visto claramente [...] que las cosas no pueden seguir así [...] Habíamos reducido nuestra política casi exclusivamente a ataques contra las estrategias de los imperialistas, y ha faltado la búsqueda de objetivos reales inmediatos y de cómo puede empezar aquí y ahora un alternativa social [...] Por nuestras experiencias y por las discusiones con los compañeros/as sobre todas estas cuestiones, para nosotros hoy está claro que la guerrilla no puede ser el centro de este proceso de construcción. Por todas esta razones llega a la conclusión de que es necesario reflexionar sobre lo que hemos hecho incorrectamente y buscar nuevas definiciones políticas.

La declaración de la RAF ha causado cierta confusión en el movimiento revolucionario europeo y muy particularmente en Alemania. A ello ha contribuido sin duda la forma expositiva tan enmarañada -ya habitual en los comunicados de la RAF- de dicha declaración, que pretende ser ambigua, pero que para nosotros no lo es en absoluto. Como es bien sabido, ya desde hace tiempo veníamos manteniendo una polémica, en la que, por nuestra parte, hemos criticado sus concepciones erróneas y su forma equivocada de plantear el combate contra el imperialismo, lo que ahora la RAF en su balance autocrítico en cierto modo reconoce. Por todo esto, al igual que durante el debate que mantuvimos en su día, consideramos como un deber internacionalista -en primer lugar hacia los camaradas alemanes-, el pronunciarnos de nuevo ante este paso en falso que acaban de dar.

Es evidente que en la iniciativa del Ministerio de Justicia subyace el interés de la gran burguesía alemana por acabar cuanto antes, no ya sólo con más de 20 años de lucha armada, sino con toda alternativa de resistencia que pueda ser susceptible de convertirse en un punto de referencia para las masas en la actual situación de crisis general del sistema capitalista. A este interés no son ajenos los problemas económicos, sociales y políticos a los que se enfrentan los monopolistas alemanes ni más concretamente, el aumento del descontento popular -sobre todo en los lander de la ex-RDA-, los cuales se pueden ver agravados aún más a muy corto plazo como consecuencia de la profundización de la crisis económica, el creciente intervencionismo del Estado alemán en el plano internacional y el más que probable enfrentamiento interimperialista. No es nada extraño, pues, que ante tales perspectivas el gobierno, alemán haya echado el anzuelo a la RAF, aprovechando su actual debilidad, el callejón sin salida en que se encuentra y el papel central que asigna a los presos en el movimiento. Por eso nos parece un tremendo error la tregua declarada por la RAF, ya que, dados los términos en los que está planteada y la ausencia de una línea política e ideológica realmente revolucionarias en las que sustentarse, no hace más que facilitar las maniobras del Gobierno encaminadas a conseguir la liquidación y derrota del movimiento y demostrar la inutilidad de la resistencia armada contra el Estado. Por las mismas razones, resulta cuanto menos ridícula la amenaza, de reanudar las acciones armadas si no son atendidas las reivindicaciones que plantea.

En las actuales condiciones de debilidad y desorientación de la RAF, pensamos que es una vana ilusión creer que el gran capital alemán -o un sector del mismo- puede tener interés en estos momentos en abrir un espacio para soluciones políticas a los conflictos que afectan a la clase obrera y a otros sectores populares de Alemania. Y menos aún ante el problema de la violencia. Tras la iniciativa del Ministerio de Justicia, con la que el Estado policiaco alemán trata de mostrarse humano, no se esconde otro propósito que el de crear falsas ilusiones y expectativas y acentuar la represión. En nuestra opinión, lo único que cabe esperar del Estado ahora mismo, a la vista de las nuevas ideas y planteamientos que ha adelantado la RAF, es una política de reinserción pura y simple, lo que va a conllevar un aumento de la represión sobre los presos; es decir, la aplicación de la política del palo y la zanahoria: mano tendida para los que se arrepientan y endurecimiento de las medidas de aislamiento y tortura con los irreductibles. Que ésta es la vía por la que apuesta el gobierno alemán lo pone de manifiesto el hecho de que, después de tan generosa oferta, la fiscalía haya comenzado a utilizar las declaraciones de los ex-militantes arrepentidos, detenidos en la antigua RDA, para incoar nuevos procesos a los presos que están próximos a cumplir largas condenas. Como la experiencia demuestra, no es plegándose al chantaje de la reinserción como se va a conseguir la liberación de los presos y menos aún rebajar la repesión que el Estado ejerza sobre ellos. Por el contrario, de esa manera se contribuye a agravar aún más su situación.

Ciertamente, no se trata de renunciar a la negociación como arma de lucha política, que en determinadas condiciones puede permitir arrancar del Estado algunas mejoras, incluida la liberación de los presos políticos. Pero plantearla desde una posición de debilidad o entreguismo, como lo ha hecho la RAF, renunciando a toda resistencia armada, haciendo todo tipo de concesiones políticas e ideológicas y reconociendo, no ya la debilidad y el aislamiento del movimiento y sus falsas concepciones, sino la imposibilidad de toda salida que no suponga la previa capitulación, no es precisamente lo que puede conducir a una solución que beneficie al movimiento revolucionario.

En su declaración, la R.AF trata de justificar la suspensión de sus acciones armadas con la necesidad de favorecer el proceso de debate interno y la construcción de un contrapoder desde abajo. Pero tales argumentos son tan débiles que se caen por su propio peso. En primer lugar, porque se parte del hecho consumado de declarar una tregua que ata de pies y manos al movimiento y que, en todo caso, debía haber sido una de las consecuencias de ese debate. De esta forma, la RAF -o más concretamente sus dirigentes- sigue incurriendo en el mismo error que afirma querer corregir: es decir, que ellos toman las decisiones y los demás tienen que seguirlas. En segundo lugar, porque es un disparate pretender construir un contrapoder desde abajo frente a un Estado policiaco armado hasta los dientes y presto a extirpar de raíz cualquier brote organizativo de carácter revolucionario, tal como la misma historia de los últimos años ha demostrado. Con más razón aún si se prescinde de una estrategia de lucha por el comunismo, que incluya -como un componente esencial de la misma- la lucha armada, no sólo para hacer frente a la violencia contrarrevolucionaria, sino sobre todo para la toma del poder. El Estado imperialista alemán no va a renunciar a seguir explotando y oprimiendo a los de abajo, ni va a dejar vivir a los que luchan por una sociedad más humana. Pretender que pueda hacer otra cosa -a parte de lo descabellado que resulta suponer que la burguesía como clase puede llegar a hacerse algún día el harakiri- sólo puede encubrir la falta de una voluntad real de proseguir el combate contra las injusticias y el terrorismo del Estado.

En el origen de su nuevo posicionamiento, según la RAF, se encuentra su valoración dé que se ha producido una situación completamente nueva en la correlación de fuerzas a nivel mundial, a consecuencia de lo que califica como derrota de los Estados socialistas, por lo que, a falta de una explicación más clara, sólo cabe interpretar abandono de sus anteriores posiciones como resultado de los cambios sobrevenidos en la situación internacional. Por ello mismo, a la vista de la trascendencia que parecen tener para la RAF dichos cambios, no se entiende cómo la declaración no se ha detenido más en profundizar en este importante problema. De haberlo hecho, probablemente hubiese caído en la cuenta de que la nueva situación que se ha creado ha contribuido decisivamente a desatar las rivalidades interimperialistas y en particular la que enfrenta a los EEUU con el Estado imperialista alemán. De esta forma, la RAF hubiese encontrado una explicación de fondo al fracaso de su estrategia antimperialista, basada en la pretendida integración de los Estados capitalistas y de su dominio universal. Por lo demás, no es este el momento de entrar a polemizar sobre esa presunta derrota del socialismo a la que se refiere la RAF, haciéndose eco de la propaganda con la que la burguesía trata de ocultar la crisis de su propio sistema de explotación y la bancarrota completa de las concepciones revisionistas.

Para comprender en toda su complejidad cómo la RAF ha podido llegar a tal grado de confusión y errar hasta estos extremos, pensamos que habría que remontarse a su primera etapa y tener en cuenta el contexto histórico en él que urgió y dio sus primeros pasos. De ahí que nos haya llamado la atención el que declaración no haga la más mínima referencia a ese período, aunque sólo fuese por asumir su propia historia y recapitular con la suficiente perspectiva sobre su trayectoria. Esto hubiese contribuido a centrar y clarificar el debate y a despejar muchas de las incógnitas a las que se enfrentan en estos momentos los revolucionarios alemanes. Por esta razones importante recordar que desde los comienzos de la RAF sus dirigentes reivindicaban el marxismo y reconocían la necesidad del Partido, si bien sus análisis, consideraban que, en la Alemania de finales de los 60 y comienzos de los 70, era imposible su constitución debido a la situación creada tras la II Guerra Mundial y a las características del Estado de la RFA. No obstante, pensaban que dentro del movimiento que generaría la lucha armada de la RAF se irían creando las condiciones para ello. Sin embargo, a causa le factores adversos, tanto internacionales (auge del revisionismo) como de la propia Alemania (desorientación del movimiento obrero, influencia de las corrientes revisionistas, el despegue económico, etc.), dichos planteamientos se fueron relegando a un segundo plano. Si a esto se añade el apresamiento y eliminación física de la mayor parte de los dirigentes históricos, así como la incorporación a la dirección de jóvenes militantes con poca experiencia y mal pertrechados ideológicamente, se puede explicar mejor el que se fuesen abriendo paso las ideas espontaneístas, dando lugar al desarrollo de teorías, como la del Frente Antimperialista, que ya estaba en germen.

Que ahora la RAF ponga en cuestión la línea que ha seguido en esta ultima etapa supone, a nuestro juicio, un paso importante para abandonar las concepciones espontaneístas y subjetivistas y replantearse su estrategia. De este reconocimiento, independientemente del rumbo que finalmente tome la RAF, el movimiento de resistencia sólo puede salir fortalecido, ya que, de esta forma, se crean condiciones favorables para poder profundizar en el debate y el proceso de rectificación de las ideas erróneas, avanzar en el terreno de la organización y laborar una estrategia y un programa revolucionarios que sinteticen las experiencias de lucha de la clase obrera y del pueblo alemán. En buena lógica, de ser consecuentes con su autocrítica, éstas son -entre otras- las tareas que deberían asumir los camaradas alemanes. No obstante, expresamos nuestra preocupación por lo que parece apuntar hacia la búsqueda de esas nuevas definiciones, y de ese espacio para soluciones políticas en un reformismo disfrazado con ropajes radicales y a la sombra de la legalidad del sistema, siguiendo los pasos de los movimientos guerrilleros latinoamericanos apadrinados por la socialdemocracia. Por eso sería de lamentar que, una vez más, la RAF errase el camino y se dejase prender la red que le ha tendido el Estado. Pese a todo, confiamos en que el movimiento sea capaz de superar este difícil momento y que de su seno surjan las personas y las fuerzas capaces de crear una organización verdaderamente revolucionaria y dé formular la estrategia de lucha por el comunismo en Alemania.

Partido Comunista de España (reconstituido)