¡POR EL DERECHO A LA AUTODETERMINACIÓN
DE LAS NACIONALIDADES OPRIMIDAS!

Comité General en el interior
abril 2005

El Estado de las Autonomías está patas arriba. Las ataduras políticas que ligaron a las burguesías nacionales con el fascismo reformado tras la muerte de Franco, han saltado bajo el fuego combinado de la crisis económica, la crisis política y el aislamiento del régimen y la permanente resistencia de los pueblos de Catalunya, Euskal Herria y Galicia a dejarse arrebatar sus legítimos derechos nacionales. Este es el rasgo más sobresaliente de las circunstancias que rodean las próximas elecciones al parlamento autonómico vasco y el que nos permite entender, más allá del baile de planes y contraplanes de los políticos, que dicha convocatoria se produzca bajo la amenaza de intervención de los tanques para salvaguardar la unidad de la patria y en medio de una ofensiva policial, judicial y mediática generalizada contra las personas y organizaciones que componen el Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV), que ha quedado excluido de las elecciones.

Como ocurre con la explotación, la guerra y otros muchos problemas y contradicciones generados por el sistema capitalista, la que enfrenta a los pueblos de las nacionalidades con el Estado fascista e imperialista español es una contradicción de hondas raíces históricas y que se ha visto agravada por la existencia durante las últimas décadas de un régimen político de represión constante y violenta de todos los derechos y libertades. Esta es una contradicción que sólo podrá ser resuelta cuando los pueblos de las naciones oprimidas puedan ejercer libremente el derecho a su autodeterminación; es decir, reconociendo que Euskal Herria, Catalunya y Galicia tienen derecho a separarse del Estado español para formar un Estado aparte si así lo deciden sus respectivos pueblos y creando las condiciones políticas que permitan ejercerlo libremente.

Naturalmente que un régimen fascista como el español, que se impuso a sangre y fuego para mantener los privilegios de un puñado de financieros, empresarios y terratenientes, y que en los últimos años ha ido eliminando los escasos derechos que se vio obligado a reconocer tras la muerte de Franco, no puede consentir la separación de una parte de lo que considera su territorio histórico. Y menos todavía la oligarquía española va a aceptar que lo troceen y la debiliten en unos momentos como los actuales, en los que precisa todos sus recursos humanos y económicos para sostener sus aventuras militares imperialistas y para estar en las mejores condiciones para enfrentarse a la competencia feroz de los demás buitres imperialistas, que le miran como codiciado botín a repartir.

No hay que extrañarse, por tanto, de que el régimen monopolista tenga declarada la guerra a muerte a todo aquel que se oponga o estorbe sus planes centralistas, militaristas e imperialistas, y de que se vea obligado a emplear una y otra vez el recurso de la fuerza de su Estado para tener sometidos a los trabajadores y a los pueblos de las naciones que oprime. Sólo en el marco de este sistema de represión permanente y de enfrentamiento continuo del Estado con la resistencia obrera y popular es como podemos entender que en Euskal Herria siga existiendo la organización armada vasca ETA y que esa nacionalidad viva hoy bajo un estado de excepción, con la ocupación asfixiante de diferentes fuerzas policiales y militares, centenares de presos políticos, periódicos cerrados, partidos y organizaciones abertzales prohibidos, etc.; una situación, por lo demás, que en algunos de sus aspectos ya se vive en el resto de España y que tiende a aumentar y generalizarse en la medida que aumente la resistencia organizada.

Esta es una estrategia que ni ha cambiado antes con el PP ni va a cambiar ahora con el PSOE, porque el Estado español no puede perder la esencia fascista que le vio nacer. El año que lleva en el poder el Gobierno Zapatero así lo demuestra: reconversiones en astilleros, pacto social para imponer el despido libre, protagonismo creciente del ejército en la represión, mantenimiento de centenares de presos políticos comunistas y nacionalistas, anulación de libertades fundamentales como las de expresión o asociación, pactos internacionales para la guerra, envío de tropas para la agresión y el saqueo de otros pueblos, etc. En cuanto a las crecientes demandas de los pueblos de las nacionalidades, al margen de algunas concesiones de detalle (cosmética para el senado, algo más de dinero, más policías autonómicos, etc.), lo que define la política de Estado de los neo-GALosos es el pacto sellado entre la Corona, el ejército, el PSOE y el PP para blindar la unidad de la patria española, las repetidas alusiones de Bono y del mismo monarca al papel del ejército como garante de dicha unidad y la constante persecución a que someten al MLNV. En estas condiciones, resulta ridículo ver a Zapatero repartir promesas a troche y moche, tratando de nuevo jugar la carta de un ilusorio cambio, como un remedo de aquella máxima de la transición: hacer algo para que todo siga igual.

Frente a esta estrategia belicista y terrorista del Estado español, el proletariado revolucionario y las fuerzas políticas verdaderamente democráticas no podemos andarnos con medias tintas, so pena de convertirnos en cómplices del juego criminal que se traen Zapatero y sus acólitos, entre los que se encuentran algunos que se llaman nacionalistas. Estos son unos momentos en los que hay que mostrarse más firmes que nunca en exigir clara y contundentemente esos derechos democráticos que nos vienen siendo negados desde hace décadas y en persistir en la lucha de resistencia para imponerlos.

En consecuencia, las fuerzas nacionalistas deben dejar de jugar con el derecho a la autodeterminación, un derecho que no les pertenece a ellos, sino a sus respectivos pueblos. Cualquier nacionalista que en las circunstancias actuales no plantee claramente el ejercicio de ese derecho y luche consecuentemente por imponerlo, cualquier político nacionalista que vele esta justa reivindicación bajo pasos intermedios, consultas aproximativas, reformas estatutarias y demás palabrería, y que oculte el hecho de que aquellos que de verdad están por la conquista de esos derechos nacionales son perseguidos, detenidos, torturados y encarcelados, no hace más que seguir el juego de los representantes del régimen fascista, dar aire a sus mentiras y, a la postre, desenmascararse como cipayos que a lo único que aspiran es a aumentar su cuota de reparto del pastel de la explotación y la esquilmación de sus pueblos y los ajenos.

Para el proletariado, la lucha contra la opresión nacional forma parte de la lucha general por las libertades democráticas y por el socialismo, ya que, como hemos visto, el fascismo y el imperialismo en España hunden sus raíces en la supresión de toda libertad y en el sojuzgamiento de los pueblos. Es por ello que los comunistas en todo el Estado, pero sobre todo en cada una de las nacionalidades oprimidas, debemos tomar con fuerza en nuestras manos la bandera de los derechos nacionales, en especial el de la autodeterminación. Además, y teniendo en cuenta los intereses futuros e históricos del propio proletariado, es decir, la revolución socialista, debemos valorar también si beneficia al proceso revolucionario en nuestro país el que en las circunstancias actuales se lograra que una o más nacionalidades opten por la segregación. Nosotros pensamos que sí, que debilita al enemigo principal de la causa del socialismo, el Estado fascista e imperialista, facilitando, así, su derrocamiento; es por ello que, tal como se dice en nuestro Programa, el Partido, consecuentemente con su defensa del derecho a la autodeterminación y a fin de debilitar al Estado fascista, no dudará en prestar apoyo a estos pueblos en el caso de que decidan separarse del estado y proclamar su independencia.

Hacemos, por tanto, un llamamiento a la clase obrera para que luche unida en el conjunto del Estado para conquistar las libertades y derechos que nos vienen siendo negados sistemáticamente por un puñado de monopolistas e imperialistas, empezando por exigir la libertad de todos los presos políticos, y siguiendo por la imposición de una verdadera libertad de expresión y de asociación, por el cese de las agresiones militares a otros pueblos, por el ejercicio libre del derecho a la autodeterminación por parte de los pueblos oprimidos, etc. Todo ello, desde el convencimiento de que estos derechos democráticos pisoteados por el régimen fascista español sólo podrán ser conquistados quebrándole el espinazo político, represivo y militar al Estado español; es decir, que hay que seguir oponiéndole la más resuelta resistencia por todos los medios, incluyendo el recurso a la lucha armada revolucionaria.

¡ABAJO EL ESTADO FASCISTA E IMPERIALISTA!
¡POR LA CONQUISTA DE LOS DERECHOS DEMOCRÁTICOS, RESISTENCIA ACTIVA AL FASCISMO!

Partido Comunista de España (reconstituido)