Ante la farsa electoral:
boicot y organización de la resistencia antifascista

Las elecciones municipales y autonómicas constituyen una nueva farsa electoral, una más, de la que vienen organizando los fascistas para aceitar su maquinaria represiva con los votos. No podía faltar que previamente se preocuparan de dejar fuera de los comicios, con toda solemnidad judicial, a las organizaciones que han considerado convenientes, con una aplicación de la ley fascista de partidos incluso a lo que no son partidos. Todo en nombre de su democracia, la misma que impusieron en 1939 a sangre y fuego.

Que no son las elecciones las que van a resolver sus problemas lo saben bien los trabajadores, de cuyo repunte en la lucha son buenos ejemplos, tanto las huelgas de la Bahía de Cádiz como, especialmente, la de los obreros de los astilleros en Vigo.

Eso quiere decir que da lo mismo a quién se vote y cuál sea el resultado de las elecciones: no va a cambiar nada porque no son ellos, unos u otrs farsantes, los que van a tomar las decisiones sino otros que no se aparecen nunca y que son los que manejan todos los hilos de este país desde hace mucho tiempo. Ya hemos advertido que, a pesar de sus aprentes rencillas, los psoístas y aznaristas se han repartido lo papeles y éstos tratan de meter miedo mientras los otros se aprovechan de ese mismo miedo. En unas elecciones libres es el voto del miedo lo que está en juego y los oportunistas de izquierda se han dado prisa, como en el 11-M, para llevar agua al molino del zapatitos y sus muchachos, o sea, a los socialfascistas.

Éstos son lo que su propio nombre indica: mucho talante y buenas palabras para terminar haciendo lo mismo que los rottweiler aznaristas. Si al pelele de Zapatero se le quita la banda sonora, sus promesas y demagogia, no queda nada de nada, el vacío absoluto y, tras él, lo mismo de siempre: represión, redadas, torturas, ilegalizaciones y el silencio forzoso para los antifascistas más consecuentes. Durante tres años ha tenido el apoyo de todos los demás grupos institucionales, incluso una tregua de la guerrilla, para emprender verdaderos cambios y ahí están los hechos... o mejor dicho, ahí no están los hechos.

Ésta es la esencia misma del fascismo. Con ellos no valen ni las palabras, ni los acuerdos firmados: es imprescindible hacerles frente con todos los medios a nuestro alcance, incluida la lucha armada, porque de lo contrario no hay manera. La tregua y las ilusiones, han paralizado momentánamente al movimiento de resistencia y eso les ha dado un pequeño respiro para ir tirando hasta el próximo estallido de la crisis... que no tardará mucho.

Por eso llamar a votar, a quien quiera que sea, en estas condiciones es una verdadera desfachatez. No es posible seguir llamando a votar con cientos de presos políticos pudriéndose en las cárceles y con las organizaciones revolucionarias clandestinas. Lo primero es la liberación de todos los antifascistas encarcelados y la derogación de la ley fascista de partidos.

Pero incluso tampoco es suficiente el llamamiento al boicot. Hay que dar un paso al frente que, en las condiciones actuales de persecución, deben ser claras y rotundas. Si no hay legalidad habrá ilegalidad y habrá que asegurar que esa ilegalidad persista hasta que el movimiento de resistencia alcance sus objetivos mínimos. La única manera de lograrlo es, pues, organizarse para la conquista de esos objetivos que están al alcance de la mano y cuya conquista necesita un empujón; necesita una verdadera campaña de hostigamiento, desobediencia y resistencia activa que empiece por hacer imposible la campaña electoral misma; hay que hacerles comprender que si los antifascistas no podemos hablar, tampoco nosotros les vamos a dejar hablar a los fascistas. Cada colectivo, grupo y movimiento debe impulsar esta campaña en la medida de sus posibilidades en sus centros de trabajo y en sus barrios.

Pero para que eso tenga continuidad, hay que pasarse decididamente a la resistencia, abandonar el legalismo y el pacifismo y reforzar las filas de nuestro Partido y de la guerrilla antifascista. Ésto es lo que realmente les hace temblar. Los obreros y antifascistas más conscientes deben demostrarlo con su incorporación a las filas de la vanguardia revolucionaria de la clase obrera: el PCE(r). Éso es lo que les da verdadero pánico: el fortalecimiento de la organización clandestina de los comunistas. Es el momento de dar el salto, de demostrar que los revolucionarios más conscientes se van agrupando en torno a una línea política consecuentemente revolucionaria y que estamos dispuestos a dar la batalla hasta el final. Con todas las consecuencias.

¡¡¡ No votes !!! ¡¡¡ Organízate para la lucha revolucionaria !!!
¡¡¡ Pásate a la resistencia !!!
¡¡¡ Únete a nuestro Partido !!!
¡¡¡ La resistencia antifascista está más viva que nunca !!!

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