Fortalecer el PCE(r) para organizar la lucha antifascista y antimperialista

Declaración del Comité Central
26 de marzo de 2003

Una nueva batalla de la III Guerra Mundial está en marcha. Tal como habían decidido desde hace tiempo los estrategas de los negocios petroleros, las tropas imperialistas proceden al despiece y posterior reparto de Iraq. Poco antes de desatarse esta nueva agresión contra el pueblo iraquí, se ha extendido por todo el mundo un vasto movimiento de masas con vistas a impedirla; en España millones de trabajadores, jóvenes, intelectuales, etc. han salido a la calle para expresar su rechazo a la guerra. Sin embargo, y como era de prever, dadas las profundas raíces económicas y políticas que tiene el presente conflicto, todo este derroche de fuerzas ha sido insuficiente para frenar este nuevo crimen del imperialismo.

Debemos señalar cómo los aznaristas se han destacado por su defensa cerril de la guerra y de los intereses estadounidenses, hasta el extremo de no temer aparecer ante todo el mundo como sus mamporreros y correveidiles. Contrariamente a como nos lo vienen presentando los oportunistas, este verdadero salto adelante de la oligarquía española en sus aspiraciones imperialistas no nace del ardor guerrero del caudillín y sus acólitos, sino que es la consecuencia lógica de la crisis económica y política que atenaza al capitalismo monopolista español, a lo que se une la agudización hasta el extremo de todas las contradicciones a escala internacional, en especial, entre los diferentes bloques imperialistas.

Tal como viene sosteniendo nuestro Partido desde hace años, el aislamiento y debilidad crónicos del régimen fascista, incapaz de controlar al movimiento obrero y popular ni de acabar con el movimiento guerrillero a pesar de la feroz represión, lo condenaban al regreso político a sus más negros orígenes franquistas y a colocarse bajo el amparo del gran fascismo que hoy representan los Estados Unidos y su cruzada antiterrorista; al mismo tiempo, sólo el padrinazgo de una potencia fuerte le puede poner a salvo de la disgregación territorial ante las demandas de las burguesías nacionalistas. Por último, bloqueados o limitados los mercados bajo control del imperialismo europeo, la suerte de la oligarquía española está atada al bloque imperialista agresivo liderado por los yanquis en la misma medida que los intereses de la Banca española en Latinoamérica se entremezclan con los de las petroleras y multinacionales yanquis; de esta manera espera compartir el saqueo a otros pueblos para mantener al capital financiero en medio de la crisis económica.

Como se comprenderá, la entrada de España en la guerra sólo va a acelerar esta crisis del estado fascista. Como ya ha ocurrido, nada más empezar los bombardeos de Iraq, las movilizaciones populares contra la guerra y sus consecuencias desastrosas para las condiciones de vida de los trabajadores van a incrementarse, creciendo también en violencia y radicalidad. Al mismo tiempo, se está acentuando la división entre la propia burguesía española; la brecha que separa a la oligarquía centralista de la burguesías periféricas no va a hacer más que agrandarse a poco que aparezcan padrinos internacionales que les respalden y, como ya hemos dicho repetidas veces, España acabará siendo territorio a disputar y repartir, una especie de Yugoeslavia de Occidente. Por otro lado, las débiles soldaduras que se establecieron entre los dos grandes bloques oligárquicos tras aupar en el poder a los peperos han saltado por los aires en cuanto ha comenzado en enfrentamiento interimperialista por el reparto del botín y se han formado bloques a escala internacional. A estas peleas de buitres responde la reciente y repentina conversión al pacifismo del PSOE, representante político del sector del gran capital español ligado a los intereses franco-alemanes.

Organizarse sí, pero ¿para qué?

Da asco observar a los GALosos del PSOE, los bufones de Izquierda Unida y los mafiosos de CCOO y UGT subidos al carro de las movilizaciones contra la guerra. Estos bandidos se visten con la piel de pacifistas para, como siempre, tratar de controlarnos y domesticarnos; con ello están preparando las condiciones para mañana intentar llevarnos dócilmente y bajo otras banderas a la gran carnicería imperialista que se está gestando y de la que la agresión a Iraq apenes es una escaramuza. Y como ocurriera en las otras dos guerras mundiales, ese llamamiento a morir por los intereses de los imperialistas lo harán en nombre de la "defensa de la patria, de la democracia, de la legalidad internacional, argumentos que ya esgrimen en su confrontación actual con el bloque imperialista liderado por los yanquis.

Para lograr estos infames propósitos los GALosos y vendeobreros cuentan con que el movimiento obrero y popular siga en su actual estado de desorganización y, sobre todo, sin objetivos políticos y sin dirección. Un movimiento espontáneo como el que ahora mismo se ha levando en España y en todo el mundo, es una mar donde pescan todo tipo de oportunistas y reformistas, que, de imponerse, acaban por controlarlo, desviarlo, manipularlo o, en último extremo, ponerlo bajo los tanques. Naturalmente, que dotar a este movimiento de unos objetivos políticos, de una estrategia y tácticas revolucionarias y de una organización a salvo de las arremetidas de la represión no es algo que caiga del cielo; hacen falta vanguardias revolucionarias, en especial, hace falta que la clase obrera esté organizada alrededor de su Partido Comunista. El intentar conseguir que esas vanguardias no se desarrollen y no se liguen a los sectores avanzados de la sociedad, es lo que explica que estos canallas del PSOE e IU, al mismo tiempo que desvían la atención del odio popular contra los peperos, colaboren con ellos, aplaudan o amparen con su silencio el cierre de periódicos, la persecución de partidos políticos como Batasuna o el PCE(r), el encarcelamiento y la tortura de sus militantes o la cadena perpetua para los presos políticos.

Si hay algo que temen todos los burgueses -declarados o encubiertos- es el peligro de la revolución socialista, única capaz de acabar con todos ellos, como estuvo a punto de ocurrir tras la Segunda Guerra Mundial. Por eso estos que ahora vienen de pacifistas ocultan cuidadosamente el hecho de que la guerra es inherente al sistema capitalista, que mientras exista el monopolismo y el imperialismo tendremos fascismo y tendremos guerra. No estamos ante un conflicto que hayan creado los Aznar y Bush de turno, sino que es el imperialismo en su conjunto quien pretende utilizar a sus pueblos en sus peleas por el reparto de los mercados, materias primas y zonas de influencia; y si ese pueblo no se deja, como es normal que ocurra, no duda en descargar el fuego fascista sobre él para convencerlo.

Al contrario de aquellos oportunistas que pretenden que permanezcamos ciegos a las raíces de la guerra, el fascismo y la explotación y no las combatamos, nosotros sostenemos abiertamente que sólo acabando con el capitalismo podremos acabar con la guerra. Y para acabar con él, resulta evidente que hace falta mucho más que manifestaciones y huelgas, por muy numerosas y combativas que sean.

El movimiento obrero y popular en España se viene enfrentando desde hace décadas a un serio problema de organización y dirección frente al que se han probado mil y una fórmulas alternativas sin lograr por ello salir de su semi-espontaneísmo. Pues bien, nosotros decimos claramente que mientras no exista un partido comunista fuerte y esclarecido al frente del proletariado ni pensar podremos en reorganizar el movimiento obrero que, a su vez, es la espina dorsal del Movimiento de Resistencia Antifascista. Y eso también lo saben los fascistas, que no dudan en descargar todo el peso de su aparato represivo contra nuestro Partido, en un vano intento de acabar con nosotros.

El PCE(r) encarna en nuestro país desde hace más de 25 años el derecho de la clase obrera a tener su propia organización política independiente de la burguesía; los obreros más conscientes deben tener claro este papel de vanguardia que venimos ejerciendo a pesar de los golpes recibidos por la represión y nuestra ya crónica debilidad. Y es su responsabilidad estrechar lazos con su partido e integrarse en él; al mismo tiempo, se hace preciso que todos los trabajadores colaboren activamente con nuestros simpatizantes y militantes en la difusión de nuestra propaganda, que se solidaricen con nuestros militantes encarcelados y enjuiciados en Francia y España, etc. Estas son, entre otras, algunas de la tareas prioritarias que hoy proponemos al proletariado. En lo que respecta a nuestra propia responsabilidad, debemos ligarnos a los problemas y movilizaciones de los trabajadores y educar ante todo a los elementos avanzados del movimiento obrero y popular, aplicando una justa política de repliegue que preserve, combatiendo, las fuerzas revolucionarias.

Sobre esta base sólida y verdaderamente estratégica es como la clase obrera puede ponerse decididamente al frente de las movilizaciones populares contra el fascismo y la guerra, un movimiento que, como ya está ocurriendo, va a crecer, complementándose con todo tipo de huelgas, sabotajes y la desobediencia civil. Al mismo tiempo, debemos apoyar activamente la lucha por los derechos democráticos pisoteados por los fascistas, en especial, el derecho a la autodeterminación de todas las nacionalidades oprimidas, empezando por el pueblo vasco; también debemos prestar todo tipo de ayuda a la guerrilla antifascista, verdadera garantía de que los crímenes del fascismo no quedarán impunes y crear un poderoso movimiento de solidaridad con todos los represaliados por la guerra y la represión fascista, sosteniendo a las organizaciones que lo impulsan, como el Socorro Rojo Internacional. Por último, no debemos olvidar que hay que proseguir el aislamiento del régimen, sus partidos e instituciones, boicoteando activamente la próxima farsa electoral del 25 de mayo.

Sólo agrupando las fuerzas del proletariado alrededor de su vanguardia comunista, luchando consecuentemente en nuestro propio país contra nuestro propio fascismo y, sobre esta base, estrechando los lazos con el proletariado internacional y con el resto de sectores del Movimiento de Resistencia, el movimiento obrero revolucionario puede avanzar en la tarea de acabar de una vez por todas con el sistema capitalista, fuente de toda explotación, de toda opresión política, nacional o social, fuente de todo fascismo, de todas las guerras.

¡ Abajo el estado terrorista e imperialista !
¡Viva el PCE(r) !

Partido Comunista de España (reconstituido)

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