Ciertamente no parece haber extrañado mucho una acción tan contundente de ETA, ya se esperaba desde el mismo Ministerio del Interior, no obstante ha desatado una vertiginosa tormenta política del Estado, precisamente después de tan fastuosas celebraciones.
El Gobierno, las instituciones y todos los partidos que se autodenominan democráticos se obcecan en eliminar las causas que han desembocado en esta situación y cierran filas entorno a las consignas policiacas de no ceder al chantaje, despreciando cualquier opción que tienda a rebajar la tensión. Están inflados con los resultados del bombardeo ideológico que lanzan a través de sus televisiones y sus ondas, desde donde jalean y aplauden el terrorismo de Estado y las métodos nazis de represión, así que su línea de actuación no puede estar más clara: machacar, impunemente además, a todo aquel que no comulgue con sus ruedas de molino.
Por nuestra parte, se hace necesario una vez más incidir en la esencia del problema, en el origen de este momento crítico que ha estallado con el secuestro y amenaza de ejecución de Blanco Garrido, que viene de lejos y que es responsabilidad exclusiva del régimen fascista e imperialista español, atrincherado en la guerra sucia y el terrorismo de Estado.
El ultimátum de ETA persigue la reunificación de todos los presos vascos en Euskadi. ¿Será posible que se tenga que llegar a este extremo para conseguir una reivindicación que responde al sentido más estricto del cumplimiento de los derechos humanos? Tal es la cerrazón del Gobierno que conculca hasta sus propias leyes, que pasa por encima de las constantes movilizaciones en Euskadi y en otros lugares en reivindicación de la reagrupación y un trato humano para los presos.
La obstinación de los Gobiernos del PSOE y del PP por mantener a los presos dispersos y aislados con el objetivo de arrepentirles y utilizarles como rehenes y moneda de cambio para chantajear a sus organizaciones con una supuesta negociación bajo la fórmula de paz por presos les ha llevado a esta límite que podían haber evitado con el mero cumplimiento de la ley. ¿Dónde está la barbarie de la que habla el monopolio desinformativo: en la tortura sistemática a la que se somete a los presos durante más de ¡20 años! en algunos casos o en la exigencia, por muy extremos que sean sus métodos, de unas condiciones de vida digna para las presas? ETA no está exigiendo la libertad de los presos y estaría en su derecho hacerlo, entre otras muchas razones, porque los verdaderos asesinos y torturadores de1 Estado del GAL, desde el Borbón al último sicario, siguen pavoneándose y cometiendo nuevos crímenes. Así pues, la reivindicación de ETA no puede ser más simple de cumplir, nadie quiere la muerte de Blanco Garrido, y en manos del gobierno está el evitarlo, sólo tiene que aplicar su propia normativa penitenciaria, y si no lo hace y ETA lleva a cabo su amenaza, la responsabilidad recaerá sobre el gobierno.
Los presos políticos, tanto abertzales como comunistas y antifascistas, permanecen secuestrados en las mazmorras del Régimen sometidos a la política de: O te arrepientes o te exterminamos . Ellos y ellas, que han estado en la vanguardia de la lucha por las auténticas libertades e intereses populares. no sólo tienen que resistir el aislamiento en cajones de hormigón y hierro, las vejaciones, los apaleamientos... sino que además para ser rescatados, el Estado que les ha secuestrado les exige que renuncien a sus principios y sus ideas, que se arrodillen los presos y sus organizaciones y pidamos clemencia por no haber sido tolerantes con la tiranía, con la explotación y la opresión contra e1 pueblo.
¡No, jamás vamos a ser tolerantes con tos explotadores y su leGALidad! ¿Acaso creen que pueden escapar impunemente de todos los asesinatos de los GAL, de la guerra sucia, del terrorismo de Estado o de la liquidación de todos los derechos sociales y laborales conquistador, por la clase obrera? Por mucho que vocifere el régimen sobre libertad, derechos humanos, democracia..., por mucho que intoxiquen a las masas populares, no conseguirán darle la vuelta a la realidad. Están consiguiendo, eso sí, imponer un estado de sitio, de terror, y de guerra civil sobre toda la población desorientada, su mayoría, por la avalancha demagógica y fascista de engaños y mentiras.
El Régimen está propiciando la formación de dos bandos en la guerra civil latente, según ellos en un lado están los demócratas y en el otro los violentos. Ya veremos hasta cuando les dura ese cuento. Efectivamente, existen dos bandos: el de la oligarquía financiera, los monopolios y la burguesía ávida de ganancias sin limite, con su aparato represor, manipulador, asesino y corrupto, es decir los demócratas de toda la vida, y enfrente, resistiendo con uñas y dientes, los que ellos llaman los violentos, es decir, las organizaciones de vanguardia de la clase obrera, las de las nacionalidades oprimidas por el Estado Español y todas las organizaciones auténticamente democráticas, los que no nos negamos a pasar por el aro de los intereses imperialistas y de la política fascista, los que nos negamos a ser pacificados a base de suicidios, tortura y cárcel y nos empeñamos en la defensa del derecho de autodeterminación y de los intereses de las masas obreras y populares.
La clase obrera y los pueblos oprimidos siempre ejercerán el derecho a la resistencia, y en las condiciones de explotación, represión y opresión que nos han impuesto es completamente legítimo emplear los métodos violentos de lucha, incluida la lucha armada. ¿Acaso ETA se va a limitar a convencer al Estado de sus justas reivindicaciones con palabras mientras que sus militantes y simpatizantes, dentro y fuera de las cárceles, están siendo masacrados?
Es hora de esforzarse por reagrupar todas las fuerzas dispuestas a resistir la avalancha fascista y a combatir por los objetivos democráticos comunes.