Que podrían ocurrir hechos tan sangrientos como los del 11 de marzo era algo previsible dada la destacada participación del Estado español y su Ejército en los innumerables crímenes, devastaciones y saqueos cometidos contra los pueblos árabes. Por tanto, el verdadero culpable de la matanza sucedida en Madrid no es otro que el Estado terrorista e imperialista español.
No obstante, y aunque esta vez el ataque ha venido por parte de los pueblos avasallados, no está lejano el día en el que serán los Estados imperialistas que se encuentren situados en el campo contrario al del Estado español, los que tomen a nuestro territorio como blanco de sus ataques. Y no debemos sorprendernos, pues, como venimos diciendo desde hace bastante tiempo, la III Guerra Mundial, desencadenada por las potencias imperialistas para repartirse de nuevo el mundo y en la que la oligarquía fascista está metida hasta el cuello, nos ha de alcanzar de lleno.
El régimen español lleva años participando en esta guerra, y eso se viene manifestando no sólo a través de las agresiones coaligadas con otros matarifes imperialistas contra países y pueblos indefensos, sino también por el saqueo a que está sometiendo a los propios trabajadores de nuestro país para que paguen los gastos de sus correrías militares, de la escalada armamentista y de la formación del nuevo ejército imperial español, e igualmente por las medidas represivas cada vez más intensas y por un proceso de militarización que va a afectar a toda la sociedad. De ahí que la estrategia del Estado español sea la misma que la del resto de los Estados implicados en la guerra imperialista: la combinación del fascismo cada vez más desenfrenado, dirigido a asegurarse una retaguardia estable y pacificada en el interior, con la imperialista de conquista y rapiña en el exterior.
Y para demostrarlo, Zapatero ya ha declarado sus intenciones de estrechar las relaciones con el bloque europeísta que, comandado por Francia y Alemania, está enfrentado al que dirigen los EEUU y del que los peperos han venido siendo un fiel y servil aliado. Los europeístas, bajo el estandarte del acatamiento a la legalidad internacional, de los manoseados mandatos de la ONU y de las guerras humanitarias, son otra banda de Estados tan terroristas e imperialistas como sus oponentes yanquis y atlantistas, no en vano han desencadenado o participado de lleno en unas cuantas guerras de agresión, entre ellas la de Afganistán o la que llevó a la desmembración de la ex-Yugoslavia. De ahí que la división entre belicistas y partidarios de la legalidad internacional -división acuñada en los prolegómenos de la invasión de Irak-, no signifique más que dos formas diferentes de desarrollar la estrategia imperialista de toma de posiciones, establecimiento de alianzas y de guerra de conquista.
Por tanto, con el PP en el gobierno, o ahora con Zapatero y sus secuaces, o con otros que vengan, mientras los monopolistas tengan el poder en España va a haber guerra imperialista para largo; porque, como ya dijimos en 1990 durante la Guerra del Golfo, aquella primera gran batalla de esta III Guerra Mundial, la guerra imperialista no es producto de una determinada política que puede, por tanto, ser modificada o sustituida por otra política distinta. Quienes plantean las cosas de este modo no saben lo que dicen o engañan conscientemente a los trabajadores. La guerra imperialista es consecuencia del sistema de explotación capitalista, está vinculada al monopolismo financiero, a las crisis económicas, a las contradicciones y convulsiones que genera dicho sistema por lo que, mientras no sea destruido desde su misma raíz, seguirán siendo inevitables.
En primer lugar, todo lo sucedido va a agravar mucho más la crisis del Estado español. El mismo resultado de las elecciones generales, que ha vuelto a llevar al gobierno al partido de los GALosos cuando nadie lo esperaba y cuando estaba condenado a hacer el papel de segundón bajo la mano de hierro de los falangistas del PP, no va a suponer ningún balón de oxígeno, y mucho menos una salida política a la profunda crisis que atenaza al régimen fascista e imperialista español; lo que va a hacer, en realidad, es manifestarse como un nuevo y poderoso elemento de desestabilización para el conjunto del régimen, acentuando, por una parte, el descrédito y el aislamiento de las instituciones del Estado e incrementando, por otra, las peleas y rivalidades que mantienen entre sí, y desde hace bastante tiempo, los principales sectores oligárquicos. A todo esto habrá que sumar el aumento de los contenciosos que vienen enfrentando a las burguesías nacionalistas con el Estado centralista español.
Al mismo tiempo, el futuro gobierno va a provocar el incremento de las luchas obreras y populares contra el régimen fascista; y no sólo porque los GALosos piensen proseguir con la política imperialista de agresión a otros pueblos, sino también porque estos expertos en terrorismo de Estado y en liquidación a sangre y fuego de las conquistas de los trabajadores ya se han apresurado a señalar su compromiso de continuar la política de Estado de los aznaristas en relación a los planes de sobreexplotación de los trabajadores, en la defensa de la unidad de la patria frente a los derechos de las nacionalidades y en intensificar la represión sin escatimar medios ni esfuerzos; en esto es en lo que se va a concretar el cambio del que viene hablando Zapatero. Estos GALosos, por tanto, no van a hacer otra cosa que seguir profundizando en el regreso a los orígenes fascistas más negros del régimen que en su día fue iniciado por el PP.
En segundo lugar, la subida de los socialfascistas al gobierno va a acelerar el proceso de balcanización de España. Si durante años el Estado español ha venido siendo un agresor y saqueador de pueblos, también su territorio, debido a su importancia geoestratégica y a su capacidad y recursos, entra dentro de los botines a conquistar por las grandes potencias imperialistas que, para llevar adelante sus planes, se están aprovechando de las divisiones y peleas en el seno de la propia oligarquía, de la inestabilidad política del Estado español y de su cada vez más agrietado mosaico territorial. De ahí que, tanto los europeístas como los yanquis y su aliado británico, no hayan perdido el tiempo y se hayan presentado ante Zapatero y los dirigentes de su partido no sólo con ofrecimientos de alianzas políticas y militares, sino también con su correspondiente lista de presiones y chantajes; unas presiones que vienen sobre todo por parte de los EEUU y que están dirigidas a conservar todas y cada una de sus posiciones conseguidas en España de la mano del PP. Así es que el mercado de las alianzas y contraalianzas, maniobras e intrigas de todo tipo va a seguir transformando el codiciado botín español en un campo de batalla interimperialista cada vez más recrudecido.
Y, como marco de fondo, estos acontecimientos están sirviendo para impulsar la toma de posiciones cada vez más beligerantes de las principales potencias imperialistas. Eso ya se está viendo en las expectativas de relanzamiento del bloque europeísta, de su Constitución y de otros planes políticos y militares como consecuencia de las intenciones pro-europeístas manifestadas por los GALosos; lo mismo están haciendo los imperialistas yanquis que tratan de amarrar sus posiciones en el viejo continente resentidas por la derrota electoral de un gobierno que, como el del PP, venía jugando el papel de saboteador en el proceso de formación del bloque europeísta, reforzando a toda prisa sus lazos con los nuevos Estados del Este de Europa incorporados a la OTAN, a la vez que tratan de resucitar el arbitraje de la ONU en la pacificación de Irak con el fin de encubrir mejor sus planes hegemonistas.
Pero si incrementar la resistencia en todos los terrenos es fundamental, no menos decisivo para todos los trabajadores es fortalecer nuestro Partido, incorporándose a sus filas y desplegando en torno a él todo tipo de apoyo. Sin un Partido Comunista fuerte y extendido, los trabajadores no podremos alcanzar la capacidad de organización y de movilización necesaria para llevar adelante los combates contra el enemigo fascista e imperialista, ya que el Partido Comunista, como Estado Mayor de la clase obrera, es imprescindible para el desarrollo de nuestro proceso revolucionario. Y eso lo sabe muy bien el régimen fascista, por eso nos tiene como blanco de su actividad represora en sus intentos por destruirnos.
Al mismo tiempo hay que tener muy presente que si la guerrilla popular ha venido desempeñando un papel fundamental en el debilitamiento del régimen de los monopolios y en el avance del conjunto del Movimiento de Resistencia Antifascista, dada la existencia de una contrarrevolución desatada y de la guerra imperialista en ascenso, el papel de la lucha armada revolucionarla es cada vez más determinante. De ahí que sea completamente necesario incrementar el apoyo de los trabajadores a la guerrilla y reforzarla con nuevos combatientes con el fin no sólo de responder a los crímenes de los capitalistas y su Estado, sino también de ir construyendo el futuro ejército popular que necesita la revolución.
Sólo así, no dando tregua a los fascistas e imperialistas, fortaleciendo el Partido de la clase obrera y desarrollando la guerrilla popular es como vamos a crear las bases para hacer realidad la consigna leninista de transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria, único camino, en las actuales circunstancias históricas, para llegar a la revolución socialista; sólo esta revolución, como también señalara Lenin, puede sacar a la humanidad del atolladero creado por el imperialismo y por las guerras imperialistas.