III
Lo que nosotros hacemos en China, ¿convendrá a las leyes económicas que imperan en el país? Este problema merece ser estudiado. Según mi parecer, basta con que el modelo chino esté conforme en lo esencial a las leyes económicas de China. Este comentario de Mao, que hemos recogido de sus Apuntes a los Problemas económicos del socialismo en la URSS (*), obra de J. Stalin, resume la posición que ya hemos estudiado, sólo que esta vez referida a la construcción económica del socialismo.
¿Significa esto, acaso, que las leyes de la construcción socialista deberán ser distintas en cada país? Por lo que hemos leído poco más arriba, acerca de la coincidencia, en lo esencial, del modelo chino con las leyes económicas chinas, parece que no debemos albergar ninguna duda respecto a este problema. Mas ¿cuáles son esas leyes económicas chinas? Mao alude a la necesidad de estudiar este problema, pero de momento sólo se refiere en el mismo texto a algunas leyes económicas muy conocidas y bastante comunes.
Mao cita la obra de Stalin: Se dice que la necesidad de un desarrollo armónico (proporcional) de la economía de nuestro país permite al poder soviético destruir las leyes económicas existentes y crear otras nuevas. Esto es completamente erróneo. No se puede confundir nuestros planes anuales y quinquenales con la ley económica objetiva del desarrollo armónico, proporcional, de la economía del país [...] Este pasaje -indica Mao- es el centro del problema (**). Eso quiere decir [Mao prosigue con el pasaje de la obra de Stalin] que la ley del desarrollo armónico de la economía da a nuestros organismos correspondientes la posibilidad de planificar con acierto la producción social. Pero no se puede confundir la posibilidad con la realidad. Son dos cosas diferentes. Para convertir la posibilidad en realidad, hay que estudiar esa ley económica, hay que dominarla, hay que aprender a aprovecharla con entero conocimiento de causa, hay que confeccionar planes que reflejen con total plenitud las exigencias de esa ley. No puede decirse que nuestros planes anuales y quinquenales reflejen plenamente las exigencias de esa ley económica. Mao comenta esta cita para concluir: Teóricamente, lo que Stalin dijo en ese pasaje es correcto. Pero no estudió minuciosamente el problema ni desarrolló sus ideas de manera clara. En la Unión Soviética no hay desarrollo simultáneo de las grandes, medianas y pequeñas empresas, como tampoco desarrollo simultáneo de las regiones y del poder central, o de la industria y de la agricultura. En todos esos dominios, los soviéticos no caminan con las dos piernas [...] Nosotros tampoco hemos estudiado suficientemente las leyes objetivas como para adueñarnos de ellas, y por ende nuestros planes tampoco reflejan perfectamente esas leyes.
Repárese en que Stalin está señalando, y no por casualidad, esa confusión que consiste en identificar la ley económica del desarrollo armónico o proporcional de la economía, con los planes anuales y quinquenales; es decir, la posibilidad de planificación que ofrece el socialismo, con los resultados reales, ya que, evidentemente, son dos cosas diferentes. Por esta razón Stalin llama a estudiar dicha ley para dominarla y aprender a aprovecharla así como a confeccionar planes que reflejen con plenitud las exigencias de esa ley. Stalin no habla de otra cosa en ese pasaje más que de la ley de la economía planificada socialista, del desconocimiento de esa ley, de la necesidad de confeccionar planes que la reflejen, etc. ¿Podría haber estudiado más minuciosamente este problema y desarrollar sus ideas de manera más clara? Eso lo vamos a comprobar más adelante; ahora de lo que no tenemos ninguna duda es que Mao no comparte, no obstante haberlo señalado (y si repara en él es para mostrar su desacuerdo) que sea ése, precisamente, el centro del problema,de ahí que haya desviado nuestra atención hacia otras cuestiones secundarias, como el llamado desarrollo simultáneo (que, de hecho, entra dentro de lo que debe ser un plan correcto de planificación, que es a lo que se refiere Stalin), para concluir que nosotros tampoco hemos estudiado suficientemente las leyes objetivas como para adueñarnos de ellas, y por ende nuestros planes de trabajo tampoco reflejan perfectamente esas leyes. ¿Cómo se puede afirmar que Stalin no estudió minuciosamente el problema y reconocer a continuación que nosotros tampoco hemos estudiado suficientemente...? Aquí caben dos interpretaciones. Primera: que no lo hemos estudiado suficientemente, pero sí más minuciosamente que Stalin, lo que nos autoriza para criticar sus ideas poco desarrolladas y, desde luego, nada claras; y segunda interpretación: si bien Mao reconoce al principio que el centro del problema está en la confusión entre los planes anuales y quinquenales con la ley económica objetiva del desarrollo armónico, él considera que son otros los problemas o las leyes objetivas y, por ende los planes que se deben realizar. Esta es la clave para entender este pequeño embrollo.
Stalin habla de la ley económica objetiva del desarrollo armónico, proporcional, de la economía del país, en tanto que Mao dando ese extraño rodeo, nos sitúa ante las leyes objetivas, sin referirse para nada al desarrollo armónico, planificado. Y si habla de nuestros planes,es tan sólo para decir que tampoco reflejan perfectamente esas leyes. Es sabido que en China se comenzó imitando el modelo soviético. De lo que se trata, pues, es de desechar dicho modelo,incluso como inservible para la URSS, para adoptar un modelo chino de desarrollo basado, no en planes justos según la ley objetiva económica del desarrollo armónico, proporcional, de la economía socialista, sino en unos planes que reflejan unas leyes que, desde luego, no son socialistas.
Mao critica que en la Unión Soviética no hubiera desarrollo simultáneo de las grandes, medianas y pequeñas empresas, como tampoco desarrollo simultáneo de las regiones y el poder central, o de la industria y de la agricultura. Ese sería el modelo chino de desarrollo. Pero a poco que analicemos las condiciones reales, tanto económicas y sociales como políticas e internacionales del país de los soviets tras la revolución, nos daremos cuenta inmediatamente de la imposibilidad de simultanear el desarrollo de todos esos sectores, por lo que el poder soviético se vio obligado a tener que elegir entre el desarrollo de los sectores claves de la economía y el fortalecimiento del poder central, o la muerte de la revolución. Para los trabajadores de la Unión Soviética no existía otro modelo que no fuera ése, ya que no sólo debían tener en cuenta su atraso, sino que no podían contar con la ayuda técnica y financiera que sólo la revolución proletaria triunfante en los países más adelantados de occidente les podría haber proporcionado. ¿Cómo simultanear el desarrollo de las grandes, medianas y pequeñas empresas, sin permitir al mismo tiempo el desarrollo de la burguesía y las inversiones de capital extranjero? ¿Cómo simultanear el desarrollo de la industria y la agricultura sin contar con los medios que sólo podía proporcionarles la agricultura colectiva de los trabajadores del campo? ¿Cómo simultanear el desarrollo de las regiones y del poder central ante la debilidad de dicho poder y en una época de guerra civil casi permanente, de acoso y agresiones imperialistas? En este aspecto, China, ciertamente, se encontraba ante una situación diferente, ya que, entre otras cosas, contaba con la ayuda y el apoyo de la Unión Soviética. No obstante, el problema que se planteaba no era muy diferente, hasta se puede asegurar que es un problema que habrá de presentársele a otros países y para lo cual se hace indispensable tener las ideas medianamente claras.
Se trata, como lo analiza Stalin y el mismo Mao recoge en sus apuntes, del problema de la división en dos categorías de los medios de producción. Una parte de esos medios son de propiedad estatal o de todo el pueblo; la otra parte pertenece a los colectivos de trabajadores. Esto implica la producción y el intercambio de mercancías a un cierto nivel así como la propiedad individual o privada de los objetos de consumo personal y familiar, de manera que en el socialismo los medios deproducción no nueden ser considerados como mercancías; es decir, no pueden pasar a ser propiedad privada individual ni utilizados, por tanto, para la explotación del trabajo. Esto plantea el problema de la actuación de la ley del valor y de la fijación de los precios en el socialismo. No nos vamos a detener aquí a estudiar este problema, porque nos llevaría muy lejos. Tan sólo nos vamos a limitar a exponer la concepción de Stalin:
En nuestro régimen de producción -escribe Stalin- Los medios de producción no pueden ser, en modo alguno, considerados como mercancías. ¿Por qué se habla, pues, del valor de los medios de producción, de sus costes, de sus precios, etc.?Este es el mismo problema que se planteó también en Cuba en 1963, en la polémica que enfrentó a Ernesto Che Guevara con los revisionistas en el ministerio de economía en relación con los costos de producción como base del análisis económico de las empresas sujetas a sistema presupuestario,polémica en la que el Che se muestra mucho más stalinista que maoísta y,desde luego, nada fidelista: Nuestra concepción -escribe el Che- que no está implantada sino en determinadas ramas de la economía, considera el producto como un largo proceso de flujo interno durante el transcurso de todos los pasos que debe dar en el sector socialista hasta su transformación en mercancía, lo que ocurre solamente cuando hay traspaso de propiedad. Este traspaso se realiza en el momento en que sale del sector estatal y pasa a ser propiedad de algún usuario (8).Por dos causas:
Primera. Porque es indispensable para el cálculo, para la contabilidad, para determinar si las empresas son rentables [...]
Segundo: porque es indispensable para efectuar, en interés del comercio exterior, la venta de los medios de producción a los Estados extranjeros. Aquí en la esfera del comercio exterior, pero sólo en esta esfera, nuestros medios de producción son en realidad mercancías y en realidad se venden (7).
El Che no está proponiendo aquí que los medios de producción pasen a ser propiedad privada; se está refiriendo a los usuarios,no como a productores de mercancías, sino como consumidores; se está refiriendo al valor de uso de las mercancías, y no a su valor de cambio, ya que en el socialismo el sector de la economía de propiedad estatal, dominante, no sólo no es regulado por la ley del valor, sino que como indica Stalin, dicha ley resulta, a su vez regulada por la planificación. El error fundamental de los camaradas Sanina y Venzher consiste en que no comprenden el papel y el significado de la circulación mercantil en el socialismo, no comprenden que es incompatible con la perspectiva del paso del socialismo al comunismo. Piensan, por lo visto sión del marxismo es que la circulación mercantil no es óbice para pasar del socialismo al comunismo, que la circulación mercantil no puede impedir esa transición. Es éste un profundo error nacido de la incomprensión del marxismo (9).
Ese profundo error y esa incomprensión que muestra Mao en sus anotaciones críticas de estas cartas de Stalin, lo que resulta doblemente significativo si se considera la defensa que hace de ellos después de haber leído lo que había escrito Stalin. Claro que aquí se podía objetar que en la situación de China que describe Mao, no se puede pretender pasar inmediatamente al comunismo. Pero tampoco en la URSS de principios de los años 50, ni posteriormente en Cuba, se está proponiendo un paso tan inmediato. Se trata, evidentemente, de la línea a seguir en la etapa del socialismo, una línea que persigue acabar con la propiedad privada sobre los medios de producción, con la producción de mercancías, etc. y para lo cual se propone dar los primeros pasos de una manera firme y consecuente. ¿Se puede dejar, en estas circunstancias, de defender la concepción del marxismo cuando es objeto de ataques o tergiversaciones por los revisionistas y adoptar una posición ecléctica, intermedia o pragmática, en nombre de unas supuestas particularidades nacionales o contradicciones y esencias propias, específicas?
Mao no está de acuerdo con esta ley económica del socialismo que defiende Stalin y propone, por el contrario, que algunos medios de producción pasen a ser propiedad privada. La existencia de dos sistemas de propiedad constituye, efectivamente, tal como argumenta Mao, la principal premisa de la producción mercantil y, si bien es cierto igualmente que a fin de cuentas, ésta última también tiene nexos con las fuerzas productivas,no se puede perder de vista en ningún momento la ley de la planificación socialista basada en la existencia de los nuevos tipos de propiedad, los cuales no tienen nada que ver y entran en abierta contradicción con las viejas relaciones de producción capitalistas. Esto hace que, contrariamente a lo que afirma Mao en sus Apuntes, los intercambios no seguirán efectuándose a través de las mercancías sino, en todo caso, en áreas restringidas y por poco tiempo. Lo que desde luego no se puede admitir es que dichos intercambios puedan realizarse en las regiones o sectores donde el sistema socialista de propiedad de todo el pueblo se haya realizado íntegramente ya que admitir esta posibilidad equivaldría a dejar la puerta abierta para la restauración capitalista bajo una supuesta economía socialista de mercado. Esta fue, como se sabe, la tesis que defendiera Bujarin en los años 30 en la Unión Soviética y que aún hoy siguen defendiendo los bordiguistas; tesis que puso en práctica Jruschov nada más usurpar el poder en la URSS y que han hecho suyas los denguistas chinos bajo la misma consigna bujarinista de ¡enriqueceos!
Esta concepción se basa en el supuesto de que es posible mantener el poder en manos de la clase obrera y algunos sectores claves de la economía socialista, en un islote rodeado por la pequeña y mediana economía privada y en un mercado mundial dominado por las grandes potencias imperialistas, sin que éstas acaben infectándolo todo y socavando el poder obrero para terminar poniendo la llamada economía socialista de mercado al servicio de la restauración capitalista y de los monopolios capitalistas internacionales.
Para reforzar sus argumentos, los oportunistas siempre han recurrido a Lenin de una manera fraudulenta, intentando convertir la Nueva Política Económica (NEP) preconizada por él, así como la necesidad del comercio y el capitalismo de Estado, en argumento a favor de la propiedad privada capitalista y el libre comercio en el socialismo. De esta manera, lo que para Lenin venía a suponer un paso atrás obligado que debía permitir mantener la alianza obrero-campesina, al mismo tiempo que un mayor desarrollo de la producción y su concentración en manos del Estado proletario (como paso previo al establecimiento de una verdadera economía socialista), para los bujarinistas, jruschovistas y denguistas, de lo que se trata no es de otra cosa sino de un retorno hacia la pequeña y mediana producción que sirva de base a la concentración y restauración capitalista. Este es el modelo o la vía de desarrollo que nos ofrecen, contrapuesto al modelo stalinista soviético ovía comunista de Marx, Engels y Lenin.
Mao recoge un pasaje de la obra de Stalin donde este problema aparece expuesto de una forma bastante clara: De aquí se desprende -escribe Stalin- que Engels se refiere a países donde el capitalismo y la concentración de la producción están bastante desarrollados, no sólo en la industria, sino también en la agricultura, para que se puedan expropiar todos los medios de producción del país y hacer de ellos patrimonio del pueblo entero. Por consiguiente, Engels considera que en esos países se debería, paralelamente a la socialización de todos los medios de producción, suprimir la producción mercantil. Y eso, naturalmente, es acertado (10). Stalin, en aplicación de los principios marxistas-leninistas, aboga por la supresión de la propiedad privada capitalista sobre los medios de producción en los países poco desarrollados, no así por la supresión de la producción mercantil, que deberá permanecer en ellos, pero de una producción mercantil sin propiedad privada sobre los medios de producción, sin explotadores y sin mercaderes capitalistas. Es decir, que no se trata de la supresión de la producción mercantil, sino de la producción mercantil capitalista a fin de que, entre otras cosas, los intercambios no puedan continuar efectuándose a través de las mercancías sino conforme a un plan dirigido a servir a las masas populares. Esta es la ley del socialismo, lo que diferencia esencialmente al sistema socialista del sistema capitalista basado en la propiedad privada, en la anarquía de la producción y en las demás leyes de la explotación del trabajo por el capital.
Mao no entendió este problema e interpretó mal a Lenin y Stalin. Dice en sus comentarios a la obra de Stalin: algunos no quieren la producción mercantil. Se equivocan. En lo concerniente a este problema, aún debemos seguir remitiéndonos a Stalin, quien, a su vez, se remite a Lenin. Este último dijo que habría que concentrar todos los esfuerzos en el desarrollo del comercio. En cuanto a nosotros decimos que hay que desarrollar con todas nuestras fuerzas la industria, la agricultura y el comercio. ¿Porqué se limitan Lenin y Stalin a hablar sólo del comercio y no dicen ni una palabra del desarrollo dela industria y la agricultura? (¿Es qué este desarrollo no es el centro de toda la atención y el esfuerzo de la construcción económica del socialismo?). Evidentemente, porque separan la producción y el comercio de mercancías de la propiedad de los medios de producción, en tanto que Mao está aludiendo al desarrollo de la industria, la agricultura y el comercio como todo un sistema de relaciones económicas que no excluye la propiedad privada y el intercambio a través de las mercancías.
Stalin rechaza esta concepción como contraria al socialismo; y en cuanto al papel de la producción mercantil en general, he aquí lo que dice: no puede considerarse la producción mercantil como algo independiente que se basta a sí mismo, como algo independiente de las condiciones circundantes. La producción mercantil es más vieja que la producción capitalista. Existió en el feudalismo y sirvió a ese régimen y, a pesar de que preparó ciertas condiciones para la producción capitalista, no condujo al capitalismo (11). Esta afirmación -apostilla Mao- es un poco forzada. La producción mercantil no conduce al capitalismo.
Esta aparente contradicción entre el texto de Stalin y la observación que hace Mao (parece querer decir lo mismo), revela que éste no ha comprendido las tesis de Stalin y de Lenin. La producción de mercancías es más vieja que la producción capitalista, y no obstante, a pesar de preparar ciertas condiciones para la producción capitalista, no condujo al capitalismo. Esto lo dice Stalin porque sabe positivamente que, para que se pueda establecer el régimen capitalista de producción, se tienen que dar, junto a determinadas condiciones técnicas de la producción, dos condiciones básicas: la posesión de los medios de producción y de vida por parte de los propietarios capitalistas (el capital pre-industrial) y la existencia de un proletariado numeroso que carezca de ellos y se vea obligado a tener que vender su fuerza de trabajo a los poseedores de los medios de producción. Bajo estas condiciones, y es de lo que aquí se trata, la producción mercantil sí conduce al capitalismo; es decir, que la tesis de Stalin no resulta nada forzada. Pero Stalin va mucho más lejos y pregunta: ¿porqué no puede también la producción mercantil servir por cierto tiempo a nuestra sociedad socialista sin conducir al capitalismo? Esta es la clave del asunto. Se trata, como ya hemos señalado, de una producción mercantil sin propiedad privada de los medios de producción y sin intervención de los capitalistas, para un cierto periodo de nuestra sociedad socialista. A Mao esto le parece perfectamente justo,e incluso llega a afirmar que si se elimina a los capitalistas se puede desarrollar enormemente la producción mercantil, lo que no casa por ningún lado con su propuesta de convertir una parte de los medios de producción en mercancías y que los cambios continúen efectuándose a través de las mercancías.
En el primer caso, utilizamos la producción mercantil para avanzar hacia el comunismo, es decir, para la supresión de la mercancía y de todo lo que va ligado a ella, particularmente la ley del valor, de los intercambios según el coste de producción, de la competencia, etc., en tanto que en el segundo nos encaminamos hacia la restauración del capitalismo con todas sus leyes económicas y relaciones sociales. Por consiguiente -concluye Stalin- nuestra producción mercantil no es una producción mercantil habitual, sino una producción mercantil sin capitalista, que en lo fundamental tiene que vérselas con las mercancías de productores socialistas unificados (el Estado, los koljoses y las cooperativas), una producción cuya esfera de acción está circunscrita a los objetos de consumo personal y que -es evidente- no puede de ningún modo transformarse en producción capitalista y está llamada a contribuir, con su 'economía monetaria', al desarrollo y al fortalecimiento de la producción socialista (12).
Pero Mao se muestra en desacuerdo con esta conclusión, y lleva la polémica al terreno del problema de las transformaciones del sistema de la propiedad, con el que está estrechamente relacionado, para decir que Stalin evita responder a este problema, cuando, en realidad, ésa es la única respuesta socialista, marxista, que cabe darle: la del desarrollo de la producción y su concentración en manos del Estado (de toda la sociedad), a fin de que se pueda cumplir de forma efectiva la ley socialista de la planificación económica, social, cultural, etc. Si, por el contrario, partimos de la concepción de que la esfera de la producción mercantil no está circunscrita a los objetos de consumo personal y que ciertos medios de producción también pertenecen a la categoría de mercancías ¿no estaremos con ello fomentando un modelo de desarrollo capitalista?
Mao cree haber encontrado una contradicción en el planteamiento de Stalin: si se considera como mercancías los productos agrícolas, pero no los productos industriales, ¿cómo se los puede intercambiar entonces? Pero la respuesta a esta pregunta es muy sencilla: Stalin sólo considera como no comercializables los medios de producción, no los objetos de consumo personal producidos por la industria. ¿0 es que los campesinos no tienen necesidad de esos productos, entre los que se encuentran los aperos y otras herramientas de trabajo? Además, entre los productos agrícolas, no todos entran en la categoría de mercancías, y de hecho son intercambiados directamente, o a través del Estado, para su utilización como medios de producción industriales.
Este intercambio es la base sobre la que se asienta la alianza obrera y campesina y lo que permite incrementar la producción y el establecimiento de nuevas relaciones sociales más acordes con el desarrollo de las fuerzas productivas hasta alcanzar, a través de la incesante lucha de clases y las transformaciones en el ámbito de la superestructura, la etapa del comunismo en que habrán desaparecido todas las formas de propiedad privada y colectivas, para dar paso a una sola propiedad de todo el pueblo. Con ello desaparecerá también la producción de mercancías y la división en clases de la sociedad, en tanto que el Estado se habrá extinguido como órgano especial de represión de una clase sobre las otras, quedando tan sólo en pie su función administrativa. Este es el modelo y la vía universal del comunismo, no existe ningún otro modelo ni ninguna otra vía.
Reconocer la universalidad de esa vía no quiere decir que todos los países deban transitarla de la misma e idéntica manera. Admitir la identidad de los rasgos principales y fundamentales de la revolución proletaria en todos los países significa, para nosotros, oponerse al revisionismo en todas sus formas nacionales. Sobre este particular, en sus Notas de lectura del 'Manual de economía política de la Unión Soviética' Mao hace una pregunta que nos parece muy oportuna: ¿Por qué el proletariado triunfó primero en Rusia? y he aquí su respuesta: A comienzos del siglo XX, el centro de la revolución se desplazó hacia Rusia y nacía el leninismo, desarrollo del marxismo. Sin el leninismo, no habría habido victoria de la revolución rusa [...] Si no hubiera habido lucha entre los bolcheviques y los mencheviques; si no hubiera habido lucha contra el revisionismo de la II Internacional, le habría sido imposible triunfar a la revolución de Octubre. Esta es una observación que nos parece absolutamente correcta. Lo es igualmente la opinión que expresa poco más abajo Mao en el sentido de que la victoria de la revolución proletaria no se obtiene forzosamente en los países de muy alto nivel de desarrollo capitalista. Otra consideración merece lo que Mao dice a continuación: Es muy dificil hacer la revolución y construir el socialismo en los países occidentales, porque en esos países la influencia perniciosa de la burguesía es muy profunda y ya se infiltró por doquier. En China la burguesía sólo existe desde hace tres generaciones, mientras que en países como en Inglaterra y Francia existe desde hace decenas de generaciones [...] por eso la clase obrera inglesa no sigue al Partido Comunista, sino al Partido Laborista. Lenin dijo: 'cuanto más atrasado es un país, tanto más difícil es su paso del capitalismo al socialismo'. Vista desde hoy, esta tesis no es correcta. En realidad, cuanto más económicamente atrasado es un país, tanto más fácil -y no difícil- resulta su paso del capitalismo al socialismo. En realidad, cuanto más pobre es un hombre, tanto más quiere la revolución. Claro que esto no explica por qué países como la India, o como la inmensa mayoría de los países dependientes, aún habiendo en ellos cientos de millones de pobres que quieren la revolución, todavía no la han llevado a cabo, e incluso en la misma China a pesar de la corta existencia de la burguesía, la revolución socialista tampoco haya podido llegar muy lejos. La cuestión, pues, continúa siendo la misma de antes: es más fácil comenzar la revolución socialista en los países atrasados, pero más difícil terminarla, en tanto que en los países más desarrollados, debido a la circunstancia a que se refiere Mao, la revolución socialista resulta más difícil comenzarla, pero cuando se produzca, lo más probable es que no haya marcha atrás y con ello puedan prestar una importante ayuda a los otros países.
Mao no tiene en cuenta para nadaquela revolución en los países semicoloniales y semifeudales es una revolución que está pendiente desde hace muchas décadas, incluso siglos; y que por eso están relativamente preparados para ella. Pero esta revolución a la que aspiran los pobres, no es, precisamente, la revolución proletaria, sino en todo caso una revolución democrática que les saque de la miseria, la opresión y el oprobio en que se encuentran, cosa que el capitalismo ya no puede hacer. Se trata, en definitiva, de continuar un camino ya trazado por la historia sin grandes rupturas en su continuidad. Por eso resulta más sencillo en esos países la revolución democrática. En tanto que la verdadera consolidación del proceso revolucionario y su marcha ininterrumpida hacia la meta del comunismo... eso es ya otra historia, para la que se precisa, necesariamente, de la revolución en los países capitalistas más desarrollados. Esto es lo verdaderamente difícil, pero, de nuevo, ésta es la vía... no existe otra.
La teoría de Mao sobre las particularidades de la contradicción responde a una visión de una realidad y un momento muy concreto del proceso revolucionario de China que, si bien pudo tener éxito y ser aceptada en ese momento, escondía una gran contradicción que con el tiempo se iría agravando hasta hacerse antagónica, irreconciliable con los postulados socialistas y comunistas. De ahí que haya sido utilizada por el revisionismo chino para asentar sobre ella sus tesis contrarrevolucionarias y restauracionistas. Esto quiere decir que al comienzo, durante la etapa de revolución democrática popular, dicha teoría, no obstante su ambigüedad y eclecticismo, era revolucionaria (al menos, en un aspecto), lo que le permitió a Mao hacer importantes contribuciones teóricas y prácticas. Sería más tarde, en el proceso de transición y construccion del socialismo, cuando esa teoría comenzó a mostrar sus lagunas y sus grandes errores. Sin embargo, esos errores nunca serían rectificados por Mao ni por el Partido Comunista de China (PCCH). Así se explican las improvisaciones, los continuos giros a derecha e izquierda del propio Mao y el hecho de que, al final, sus partidarios se vieran desarmados frente a los derechistas, los cuales supieron utilizar aquellos errores, improvisaciones y virajes para imponerse y llevar a cabo sus planes contrarrevolucionarios. De ahí también esa continuidad de la que hablan los denguistas de su línea respecto a la de Mao, una vez depurada ésta de sus errores izquierdistas.
A todo esto contribuyeron indudablemente, tanto las equivocaciones y la posición rígida de Stalin como, sobre todo, los atropellos, las intromisiones y la política que pretendieron imponerles a los comunistas chinos los revisionistas soviéticos encabezados por Jruschov y Breznev. Mao criticó y no aceptó nunca esa línea revisionista y la denunció como lo que realmente era: una línea de capitulación ante el imperialismo y de restauración capitalista. Mao también salió en defensa de Stalin y de la revolución soviética, cuyas principales experiencias trató de aplicar a las condiciones de China, después de analizarlas, a la vez que impulsaba la Gran Revolución Cultural Proletaria. Este fue un movimiento fundamentalmente político e ideológico que tenía como principal objetivo criticar el revisionismo y prevenir la restauración del capitalismo en China, destacando como uno de los mayores méritos de Mao.
Pero ni siquiera este importante movimiento revolucionario de masas y las enseñanzas que proporcionó, pudieron suprimir o contrarrestar el lastre político e ideológico que desde tiempo atrás venía arrastrando el PCCh. Esto se demuestra, entre otras cosas, en el hecho de que la restauración del capitalismo en China no ha podido ser evitada. Que este fenómeno se debe a numerosos factores históricos, económicos, políticos, ideológicos, culturales, etc., no cabe dudarlo. No obstante, los más importantes de ellos, en nuestra opinión, son los de tipo ideológico. Además Mao no sólo cometió el gran error que ya hemos analizado, sino que no supo corregirlo a tiempo; hasta se puede asegurar que él mismo fue prisionero de este error, lo que ha permitido a los revisionistas servirse de Mao, de una parte de su obra, para emborronar la otra parte calificada por ellos de izquierdista. Esta circunstancia desarmó a sus seguidores, e hizo que muchos de ellos, incluso en vida de Mao, quedaran desautorizados y aislados, a merced de los contrarrevolucionarios derechistas chinos.
Por otro lado, es bien conocida la crítica que realizara Mao a la concepción de Stalin sobre el problema de la identidad o de la unidad y la lucha de los contrarios, la ley más importante de la dialéctica, en la que aparecen desconectados ambos aspectos. Esta crítica, que nosotros siempre hemos considerado justa, habrá de ser analizada de nuevo. Igualmente son conocidas las referencias que hace Mao en distintos textos a la desconfianza de Stalin respecto a la política del PCCH. Todo esto lo explica Mao como una consecuencia de la rigidez del pensamiento de Stalin, y es verdad que hay mucho de cierto en esa observación. Sin embargo, una cosa es la rigidez de pensamiento, que puede conducir a cometer incluso graves errores, y otra muy distinta los errores de principios que cometió Mao y que están en la base de la desconfianza de Stalin respecto del proceso revolucionario chino. El mismo hecho de que, como reconoce Mao, esa desconfianza de Stalin no desapareciera hasta que China se enfrentó directamente a la agresión del imperialismo yanki en Corea en 1950, es un claro indicador del motivo fundamental de aquella desconfianza, lo que, por demás, se ha visto posteriormente confirmado por la política que está aplicando el revisionismo chino tanto con los EEUU como en relación con el nuevo Estado de la burguesía rusa.
Por supuesto que no se le puede atribuir a Mao esta política y menos aún la que ha conducido a la restauración capitalista en China, de la misma manera que no se le puede atribuir a Stalin la política de traición al socialismo y al internacionalismo que practicaron Jruschev, Breznev y compañía. El problema que nosotros planteamos es otro muy distinto: se trata de la existencia de un desacuerdo en el seno del movimiento comunista, desacuerdo debido, fundamentalmente, a la diversidad de condiciones y al distinto grado de comprensión de la teoría marxista-leninista, aunque también es verdad que, como casi siempre sucede, fueron sus enemigos revisionistas e imperialistas los que, a fin de cuentas, lo utilizaron en su propio beneficio.
Notas:
(7) Stalin: Respuesta al camarada Alexandr Ilich Notkin.
(8) Ernesto Guevara: Consideraciones sobre los costos.
(9) Stalin: Respuesta a los camaradas A.V. Sanina y V.G. Venzher.
(10) Stalin: Problemas económicos del socialismo en la URSS.
(11) Stalin: Problemas económicos del socialismo en la URSS.
(12) Stalin: Problemas económicos del socialismo en la URSS.
(*) El texto de Mao Apuntes a los 'Problemas económicos del socialismo en la URSS', nunca fue publicado oficialmente en China. Hay que tener en cuenta que el tomo V de las obras escogidas de Mao, en el que se recogen sus escritos de 1949 a 1957, no apareció hasta 1977. La Comisión del CC encargada de publicar la obra del dirigente chino, anuncia en el prólogo a ese tomo que seguirían editando sucesivamente los tomos siguientes, cosa que, naturalmente, no han hecho los denguistas. Todo lo que Mao pudiera escribir desde 1957 hasta su muerte en 1976 ha sido ocultado por los revisionistas chinos. Sin embargo, algunos de esos textos, particularmente aquellos que tenían un carácter interno han podido escapar a la quema de los contrarrevolucionarios por haber sido recopilados y publicados por los Guardias Rojos en 1967 y 1969 bajo el título ¡Viva el pensamiento de Mao Tse-Tung!. El texto que comentamos está incluido en una de esas recopilaciones de las que se han hecho numerosas traducciones; nuestras citas provienen del libro titulado La construcción del socialismo en China, editado por Siglo XXI Argentina Editores, enero de 1976.