Sumario:
— Introducción
— Tomando posiciones y clarificando las alianzas
— Prepararse en todos los terrenos para afrontar la agresión imperialista y fascista
— La ruptura con el revisionismo debe ser radical
— Carta de la Comisión de Organización
— Profundizar en la reorganización llevada a cabo. Recuperar nuestro estilo colectivo de trabajo
Que tras el hundimiento del llamado bloque socialista, las contradicciones interimperialistas pasaban a un primer plano en el conjunto de contradicciones de nuestra época, es algo que venimos anunciando desde hace tiempo. Hoy ya es evidente que estas contradicciones están condicionando de forma directa la marcha de todos y cada uno de los países del mundo, hasta el punto de que nada escapa a la presión del enfrentamiento entre las grandes potencias, incluyendo, naturalmente, todo lo relacionado con nuestro Partido. Recordemos al respecto cómo Arenas relaciona en su Yo me acuso las detenciones de París y la actual crisis que sacude a la Unión Europea: Lógicamente, esa colaboración que le está prestando la gran burguesía francesa a los oligarcas y fascistas españoles ¡no es gratuita!, pues hay muchos intereses económicos, comerciales y geoestratégicos en juego, encubiertos bajo la marca de la Unión Europea [...] Es claro a todas luces que la burguesía monopolista francesa ha hecho muy mal sus cálculos en relación con los oligarcas y fascistas españoles, y desde luego se equivoca completamente si cree que colaborando con ellos en la lucha antiterrorista va a conseguir atraerlos a su propio campo o alianza. Esa es una política que está condenada de antemano al fracaso.
Este proceso de división y enfrentamiento entre los principales países capitalistas está sufriendo en los últimos meses una gran aceleración, donde lo más destacable es la cada vez más rápida definición de grandes bloques rivales, encabezados por las principales potencias imperialistas, y que empiezan a mostrarse abiertamente hostiles entre ellos a la hora de tomar decisiones que les permitan afrontar los problemas derivados de la crisis económica crónica que arrastran desde hace tres décadas; una crisis, por lo demás, para la que, como hemos dicho repetidas veces, los monopolistas no encuentran ni pueden encontrar una solución pacífica por más conciliábulos internacionales (Banco Mundial, FMI, G-8, etc.) que organicen.
Es necesario, por lo tanto, que nuestro Partido esté muy atento a la marcha de estas rivalidades imperialistas ya que su desarrollo está condicionando cada vez más esferas de nuestro trabajo e incluso de nuestra táctica; al mismo tiempo, todos los asuntos relacionados con el internacionalismo proletario pasan a un primer plano de nuestra actividad, eso sí, sin olvidar, como se ha dicho repetidas veces, que nuestra mejor contribución internacionalista es llevar adelante la revolución en nuestro propio país. En este contexto de internacionalización creciente de la lucha revolucionaria, tampoco es de extrañar que la actividad del Partido empiece a extenderse más allá de nuestras fronteras, como ha ocurrido con nuestra presencia el 1º de Mayo en París, o que nuestra Línea Política hace tiempo que reciba una especial atención por parte de los más diversos movimientos revolucionarios y grupos comunistas en todo el mundo. Por lo demás, hay que machacar una y otra vez con la idea de que sólo el socialismo puede salvar a las masas de todos los continentes. De la mano de la burguesía imperialista no puede venir ninguna solución a los problemas que ella misma ha generado con su insaciable sed de ganancias; su dominio económico sólo trae más miseria a cada vez más millones de personas en todo el mundo; su poder militar sólo genera sufrimientos a los pueblos ¡No hay ninguna reforma socialdemócrata o antiglobalizadora que proponer!
Miseria, represión, fascistización de la vida política, militarismo, formación de alianzas para la agresión y rapiña de los pueblos, preparación de una gran carniceríaé hay que mostrar claramente, como lo venimos haciendo, el panorama desolador que se abre ante los pueblos del mundo de la mano del poder sin trabas que hoy ejercen los grandes monopolios. Esta es una tendencia inevitable por cuanto el movimiento revolucionario mundial, el único capaz de ponerle freno, no está en condiciones actualmente de actuar para que la revolución impida la guerra. Es por eso por lo que ya hace tiempo que hicimos nuestra la consigna de ¡Prepararse para transformar la guerra imperialista en guerra civil revolucionaria! Y para conseguirlo sigue siendo válida la orientación que salió aprobada en el Congreso del Partido: Los comunistas celebramos ese desorden y no lo tememos, debiendo hacer todo lo que esté en nuestras manos por fomentarlo, por agravar las contradicciones de la sociedad burguesa, y no por atenuarlas, ya que sólo de esa manera dichas contradicciones podrán ser resueltas para dar paso a un verdadero orden, no al nuevo orden que habían prometido los imperialistas tras la caída del muro y del llamado bloque socialista ¿Vamos a meter la cabeza bajo tierra, como hacen los avestruces ante el peligro o vamos a proponer una reforma de este sistema para prolongar su agonía y los sufrimientos de los trabajadores? Cuanto antes se hunda, mejor, debiendo contribuir a ello aprovechando todas las posibilidades que la propia crisis del sistema nos ofrece. En unas recientes palabras de Arenas: ¡Que se atraganten todos de una puñetera vez! Y para eso nada mejor que la famosa nueva economía... No hay marcha atrás ¡¡Es la guerra, más madera!!
Es verdad que, tras la debacle de la URSS, la hegemonía del imperialismo USA en el mundo pareció algo incuestionable, pero sólo era eso, apariencia. Europa, de la mano de Alemania, y Japón y China en Asia, emergen como ejemplos más destacados de países dispuestos a discutirle dicha hegemonía; todos ellos son muy conscientes que la superioridad militar estratégica de los yanquis es el principal sustento de su poder económico y lo que determina que se lleve la parte del león en el reparto de las ganancias que aún deja la crisis. Es en este contexto de lucha abierta por los mercados como hay que situar, por ejemplo, las últimas refriegas fronterizas entre yanquis y chinos o el que una de las primeras propuestas del nuevo primer ministro japonés para sacar al país de la recesión haya sido el cambio constitucional y de los tratados de paz que le impiden desarrollar su propio ejército y su propia tecnología militar, así como el poder enviar tropas armadas en misiones de paz. Y qué decir de Alemania, cuyos tanques están ya de nuevo en los Balcanes y cuya competencia con los norteamericanos en el mercado del armamento ha quedado patente en el caso de la empresa española Santa Bárbara. Y, claro, frente a todos ellos, EE.UU. ha vuelto a hacer valer su poderío nuclear, resucitando la guerra de las galaxias. Esta es la dinámica de tendencia a los extremos que se está imponiendo en las relaciones entre los principales países capitalistas, cada uno a la espera del próximo movimiento del contrario para, a su vez, dar un paso más hacia la confrontación abierta.
Y si esta lucha por la hegemonía no es algo que venga de ahora, lo que podemos considerar como nuevo es que últimamente las diferentes potencias no se recatan en mostrar sus rivalidades y diferencias en público. Si hasta hace unos meses hablábamos de navajeos bajo la mesa en cada reunión de los grandes, ahora los desacuerdos son aireados y se imponen unilateralmente al resto según la fuerza, como ha ocurrido recientemente con los EE.UU. y el llamado Protocolo de Kyoto o la alianza de Alemania y Francia para imponer sus criterios en la Unión Europea.
El caso más reciente de las prisas que les han entrado a las principales potencias por poner en claro quiénes son los amigos y quiénes los enemigos, ha sido la visita de Bush a España antes de la cumbre europea de junio en Gotemburgo. Con ella, el patrón yanqui ha exigido a la oligarquía española que ponga fin a la política de ambigüedad en la que hasta ahora se había movido y que, por cierto, ha estado en el trasfondo de las peleas habidas entre el Gobierno del PP y el alemán. Este decantamiento político, económico y militar del Aznarín a favor de los yanquis era de esperar a poco que se observara el bloque oligárquico que le respalda y que salió ganando de la pasada crisis que enfrentó al PP y al PSOE. Como muy bien se recoge en Yo me acuso de Arenas: No obstante, nosotros sabemos muy bien que la oligarquía española, aparte de las ventajas y beneficios que está obteniendo de la intensificación de sus relaciones con Europa, no está realmente interesada en el proyecto europeo. Su interés fundamental está puesto en la reconquista o recolonización de Latinoamérica, donde ya tiene invertido la mayor parte de su capital excedente. Claro que para conseguir ese lugarcito al sol del nuevo imperialismo, tiene que contar con el permiso de su valedor, el gendarme yanqui, que además domina de forma casi absoluta en aquella zona. De ahí el sometimiento del Gobierno de Aznar a los dictados políticos y militares de los EE.UU.; de ahí también que esté actuando conjuntamente con el Gobierno de Inglaterra como el caballo de Troya de los yanquis en el seno de la Unión Europea y que no desaproveche ninguna oportunidad de sabotear las iniciativas de sus socios alemanes y franceses encaminadas a crear una gran potencia imperialista europea capaz de competir con los EE.UU. y disputarle el dominio mundial.
Las consecuencias principales de esta decisión de la oligarquía española son previsibles: Todos los intereses económicos que dependían de su fidelidad al europeísmo están en cuestión; el desmantelamiento del sector pesquero por el boicot franco-alemán a las negociaciones con Marruecos es un ejemplo de lo que puede seguir ocurriendo, en una cadena que va a suponer una tragedia para miles de trabajadores, con el sector agrícola, los fondos de cohesión, los proyectos industriales comunes, etc. También pensamos que, en un plazo no muy largo, este enfrentamiento va a afectar a las relaciones políticas del Estado fascista español con el resto de Europa; si el jefe de filas alemán quiere hacer valer su frase de que Aznar me va a pagar todas las que me ha hecho, ¡cuánto tiempo van a tardar los alemanes y sus socios franceses en explotar en su beneficio la crisis política del régimen fascista español y así, por lo menos, intentar neutralizar el desenfreno pro-yanqui de los aznaristas? Ahí está, por ejemplo, la propuesta germana de una Europa federal y que tanto ha encandilado a las burguesías vasca y catalana; para éstas, el encontrar valedores a escala internacional -como les ocurriera a las repúblicas bálticas o balcánicas- empieza a suponer la única posibilidad de sobrevivir como burguesías nacionales en unas condiciones en que el pacto constitucional salido de la Reforma del régimen de Franco ha quedado barrido por la crisis de Estado. Dicho pacto, hoy reducido a un PSOE derrotado en su guerra sucia y rendido a los fascistones del PP, se ha convertido en un dogal que cada vez se estrecha más en el cuello de las aspiraciones políticas y económicas de los nacionalistas. Todas estas son cuestiones que no debemos perder de vista en el desarrollo futuro de la Unión Europea.
Podría parecer que en el terreno financiero las cosas se presentan mucho mejor para la oligarquía española. Pero no olvidemos que en este terreno España no pasa de ser una potencia de segunda fila, y, como ha quedado de manifiesto, muy supeditada a los intereses yanquis. Esto quiere decir que cualquier vaivén en la economía de los EE.UU. -y ya vemos cómo la crisis reverdece en el país de Bush-, en especial en sus intereses en Latinoamérica, va a repercutir, en primer lugar, en las inversiones de España; por más ganancias inmediatas que esté sacando el gran capital financiero, esta política sólo puede traer consigo más debilidad, más inestabilidad y más dependencia del conjunto de la economía.
Otra consecuencia del carro agresivo al que se ha atado la oligarquía española es la militarización creciente de la economía. Mastodónticos proyectos de rearme salen aprobados del Ministerio de Defensa, sin que, por cierto, se cuente con medios para poder financiarlos. De hecho, ya se han comido el presupuesto de este año, parte del que viene y el de otros ministerios como Sanidad o Ciencia y Tecnología. ¡De dónde saldrá todo este chorro de billones? Está claro que de las pensiones, la sanidad, la educación, etc.; en definitiva, nuevos ataques a nuestros bolsillos nos esperan, con el complemento inevitable de la inflación desbocada.
Esta ofensiva en toda regla contra los derechos y condiciones de vida de los trabajadores, que supera ampliamente a las reconversiones del PSOE pues afecta a toda la población, no nos cabe la menor duda de que va a espolear la resistencia a todos los niveles de la clase obrera y otros sectores populares. Pues bien, ahora que el régimen se encuentra sin bazas reformistas que jugar entre el proletariado y, por tanto, no hay cauces que lo controlen ni diques demagógicos que lo frenen, los monopolistas sólo cuentan con el fascismo abierto para tratar, como hicieran en los años 40, que los trabajadores y sus familias traguen con el peso de la crisis, de la exportación de capitales, del armamentismo, de las aventuras militares, etc. Otra cosa es que esta vez consigan imponerse por medio del terror, porque también en estas décadas el movimiento obrero y popular ha ido desarrollándose y acumulando experiencias. Sesenta años de fascismo con y sin Franco han servido para que el proletariado vaya conociéndole, perdiéndole el miedo y devolviéndole algún que otro golpe; en este tiempo, se ha ido dotando de métodos de organización y de lucha acordes con las nuevas circunstancias -en especial, incorporando a su estrategia la lucha armada guerrillera-, se ha librado de ilusiones reformistas y ha generado en su seno las vanguardias políticas y militares capaces de conducirle a la victoria.
De la mano de los peperos y con la colaboración de los galosos, la vuelta a los orígenes del régimen ya no puede ser más completa, abarcando todos los terrenos de la política, la economía, lo cultural, etc.; al mismo tiempo, en nuestro país se va configurando un Movimiento de Resistencia Antifascista que ya ha hecho retroceder a los fascistas en alguna ocasión y que, a buen seguro, será capaz de hacerlo de nuevo si combate con decisión, arrojo y una dirección política justa. En estas condiciones en que crisis política y económica se entrelazan y en que los campos entre la reacción y la revolución se van deslindando cada vez con más claridad, todo aboca al estallido de una crisis revolucionaria abierta para la cual debemos estar preparados.
Descartada toda posibilidad de retomar la iniciativa frente al imperialismo desde un 'saneamiento' de las viejas posiciones ocupadas por el movimiento socialista, hoy ya prácticamente barridas en todos los países, lo que se nos plantea no es otra cosa que 'un repliegue ordenado' que podrá ser más o menos prolongado dependiendo principalmente de la línea ideológica y política que apliquen las nuevas fuerzas revolucionarias que están surgiendo en todo el mundo, de su capacidad para recuperar y analizar críticamente la experiencia histórica, para unirse en un frente único antimperialista y adaptar su táctica a las condiciones de la lucha contra la burguesía imperialista en cada país. En cualquier caso, todo esto habrá de ser realizado sobre las sólidas bases revolucionarias e internacionalistas del marxismo-leninismo. La ruptura con el revisionismo tiene que ser radical; esto no ha de suponer una renuncia al legado histórico y a las tradiciones del movimiento comunista internacional [...] De lo que no cabe duda es que la crisis del movimiento obrero y comunista ha 'tocado fondo' hace ya algún tiempo, y lo que ahora se nos plantea no es otra cosa que remontar la cuesta bajo el fuego cruzado del enemigo.Destacamos esta cita de Arenas, perteneciente a El punto de partida de la revolución internacional, publicado en Antorcha núm. 8, porque pensamos que sintetiza muy bien las tareas que tenemos por delante los comunistas de todo el mundo; al mismo tiempo, sirve para comprender mejor la orientación que en los últimos tiempos se está dando a nuestro trabajo partidista y en el que habrá que seguir persistiendo en un futuro próximo. En definitiva, se trata de que los revolucionarios también tenemos que ir tomando posiciones para estar en las mejores condiciones de aprovechar la crisis general que, de manera inevitable, va a provocar el enfrentamiento abierto entre las potencias imperialistas. Y, como no puede ser de otra manera, ese repliegue ordenado sólo se puede dar librando combates contra los enemigos internos y externos del proletariado y sin dejar de cumplir en todo momento con nuestro papel de vanguardia del movimiento obrero y popular.
Si tenemos en cuenta el actual estado de desorganización y desorientación en que se encuentra el movimiento comunista internacional, las tareas que se nos presentan por delante a los comunistas parecen poco menos que imposibles de llevar a la práctica, por lo menos en un plazo relativamente corto. Pero no olvidemos que, como recoge el Informe Político al IV Congreso, difícilmente podríamos encontrar un aliado o auxiliar más poderoso y eficaz de nuestro movimiento, que las propias contradicciones en desarrollo del sistema capitalista, así como las rivalidades y la misma guerra imperialista que preparan. Se establecen planes de dominio, reparto y esquilmación de pueblos enteros, caen las máscaras democráticas, se burlan los tratados internacionales, fracasan uno tras otro todos los proyectos de paz trazados en las décadas pasadas, se enquistan los conflictos armados, arrecian los controles y toques de queda para las poblaciones, se refuerzan los ejércitos mercenarios, aumentan el hambre y las enfermedades, no se pueden consentir ni las protestas más pacíficas o cargadas de reformismoé la burguesía no es que no tenga nada que ofrecer, por más de izquierdas que se presente, es que ya empiezan a pegarse dentelladas entre ellos. Los de arriba ya no pueden gobernar como antes y el camino queda, así, despejado para las ideas, las propuestas y la actividad de los comunistas.
Sin embargo, resulta impensable plantearse cualquier tarea revolucionaria seria ni hacer frente a la avalancha reaccionaria del imperialismo sin la dirección de un Partido Comunista. De ahí que la falta de auténticas vanguardias comunistas en los principales países capitalistas, destruidas a manos de los revisionistas, sea la principal carencia con que hoy cuenta el movimiento revolucionario y comunista internacional. Los efectos de esta ausencia se dejan sentir en todos los terrenos de la resistencia, pero en especial en dos: en la debilidad y la desorganización de los combates de la clase obrera en los países capitalistas y en la imposibilidad actual de ofrecer un frente revolucionario fuerte y unido capaz de frenar la desbocada carrera hacia el enfrentamiento abierto y la guerra de las principales potencias y bloques imperialistas. La reconstrucción del Partido es, por tanto, el principal objetivo estratégico de los revolucionarios en los principales países capitalistas.
Es responsabilidad de todos los comunistas, y de nuestro Partido en especial ya que vamos por delante de otros países de nuestro entorno en algunas cosillas y tenemos bastantes experiencias acumuladas en este terreno, el apoyar con todas nuestras fuerzas todos aquellos intentos serios y honrados que conozcamos para poner en pie la vanguardia comunista. Es cierto que no hay muchas personas o grupos resueltos a hincarle el diente de verdad a esta labor; tampoco faltan los reformistas y aventureros que se aprovechan de este vacío para colarse de rondón en el movimiento revolucionario de la clase obrera, como ha ocurrido recientemente en Italia con el caso de los CARC. Pero nada de esto nos debe desanimar en nuestra labor de apoyo ni debe desalentar a aquellos comunistas que estén dispuestos a llevar adelante tan honrosa y necesaria tarea sobre unas bases verdaderamente marxistas-leninistas.
Al mismo tiempo, seguimos pensando que son los obreros de los pueblos que antes formaron parte de la URSS los que en mejor posición están para asaltar de nuevo el poder que les han arrebatado los capitalistas. Las condiciones económicas, políticas y sociales en que se encuentra el Estado ruso, convertido, además, en botín de la rapacidad imperialista, demandan urgentemente el socialismo. Por otro lado, las condiciones subjetivas para la revolución en Rusia maduran a marchas forzadas. La situación de las masas es desesperada y el recuerdo de las conquistas del socialismo y la necesidad de su restauración se hacen cada día más presentes. Además, una vez desaparecido el tapón revisionista, la clase obrera rusa y su vanguardia comunista tienen una perspectiva para permitirles ver con claridad los errores y desviaciones que propiciaron el ascenso al poder del revisionismo y los medios para prevenirse de su influencia.
Todo lo que nosotros podamos hacer desde nuestras limitadas fuerzas para ayudar al proletariado soviético a ocupar el lugar de vanguardia que tuvo en el movimiento comunista internacional, hay que hacerlo. De ahí, por ejemplo, nuestra activa participación en la formación del Congreso Internacional para la Amistad y la Solidaridad con el Pueblo Soviético en Canadá, y desde aquí hacemos un llamamiento a todos los trabajadores y demócratas de nuestro país para que le apoyen y pongan a su disposición todo tipo de fuerzas y recursos.
Otro proyecto internacionalista en el que estamos empeñados es la reconstrucción del Socorro Rojo Internacional. Cuando la fascistización avanza imparable en todos los regímenes dominados por la burguesía, cuando la represión se internacionaliza y las cárceles, especialmente las europeas, se van llenando de presos políticos procedentes de los más variados lugares del mundo, la organización de la solidaridad internacional con los represaliados políticos es una necesidad que no puede ser aplazada por más tiempo. Para llevarla a cabo hemos avanzado el proyecto de la revista Solidaridad y, además, contamos con que ya existen otras organizaciones y partidos, entre los que destacamos el DHKP-C turco, dispuestos a trabajar en un mismo proyecto en el que, a buen seguro y como ya ocurriera en los años 30, no faltará la ayuda de otros muchos demócratas y antifascistas.
Como hemos apuntado más arriba, es claro que nada de esto podría hacerse sin contar con un Partido Comunista lo más fuerte y esclarecido posible. Esto también lo sabe la reacción, al igual que es consciente de la destacada contribución que el PCE(r) está haciendo al objetivo de poner en pie partidos comunistas en los principales países europeos, en crear lazos internacionalistas y en clarificar y proponer líneas generales de actuación marxistas-leninistas para el movimiento revolucionario. Es natural, por tanto, que el enemigo de clase burgués esté descargando contra nosotros el grueso de su artillería, como lo demuestra la detención de parte de nuestra Dirección en París y el acoso a que somete a otros militantes y simpatizantes que están trabajando en la semilegalidad. Por eso tiene tanta importancia el que, en un tiempo récord, inferior incluso al que nos habíamos propuesto, hayamos podido recomponer e incluso reforzar los organismos centrales del Partido, incrementando al mismo tiempo nuestra labor de esclarecimiento y dirección entre el movimiento obrero y popular. Podemos decir que, a pesar de los zarpazos de la represión, seguimos en buenas condiciones para proseguir nuestro trabajo en todos los terrenos, incluyendo el de atender nuestros compromisos internacionalistas. Aun así, habrá que seguir profundizando en las tareas de reorganización; no podemos olvidar la inexperiencia de muchos de nuestros cuadros y que vamos a seguir aún durante bastante tiempo aquejados del famoso raquitismo, por lo que habrá que afinar al máximo, trabajando con iniciativa, entrega y profesionalidad, para sacar el mayor partido de nuestras fuerzas organizadas.
Ya dentro de nuestro país, ahora es el momento de prestar atención preferente a ese movimiento obrero que, estamos seguros, va a resurgir, está ya resurgiendo, sobre todo de la mano de ese proletariado joven que recién se está incorporando en las peores condiciones imaginables al mercado de trabajo y sin que ello suponga olvidar a los obreros ya maduros y con callos en el alma. Como se ha dicho repetidas veces, ¡debemos ir a su encuentro sin vacilaciones, ofreciéndoles nuestra experiencia y nuestra Línea Política como una guía segura para su enfrentamiento contra el enemigo de clase burgués! Desde luego que debemos recordarles una y otra vez la necesidad de la lucha sindical independiente, unos métodos de lucha y organización que, al fin y al cabo, han sido creados por esos mismos obreros; pero, en especial, debemos ser persistentes en hacerles ver la necesidad de supeditar esa lucha al enfrentamiento frontal contra un sistema cada vez más podrido y caduco que no ya es que no tenga nada que ofrecerles, sino que va a acabar con los últimos residuos de bienestar y de democracia que aún les puedan quedar. En definitiva, hay que hacer que los trabajadores asuman que los de abajo ya no pueden seguir viviendo como hasta ahora e impulsarles a que actúen con consecuencia revolucionaria.
Como este asunto de centrar nuestra actividad en la clase obrera es algo que venimos tratando últimamente en nuestra propaganda, no vamos a extendernos ahora mucho más. Es verdad que, dado el estado de desorganización, división y escasa conciencia política de la mayoría del proletariado de nuestro país y lo dificultoso y poco gratificante que era trabajar entre él, y llevados también por nuestra propia debilidad orgánica, hemos tendido en los últimos años hacia los sectores juveniles a la hora de desplegar nuestro trabajo. Pero ahora, cuando todo apunta a una reactivación del movimiento obrero y una vez que otras fuentes han dado de sí todo lo que podían dar, ha llegado la hora de volcarnos de nuevo en él, con la redoblada confianza de que, como se decía en el Informe que venimos citando: El proletariado de todos los países está obligado a combatir y combatirá de forma revolucionaria, consciente, como ya lo ha hecho otras veces, para resistir a la explotación, para derrocar a la burguesía y adueñarse del poder.
Y va a ser así, sobre la base de una potente organización obrera que actúe de forma independiente, siguiendo una línea verdaderamente revolucionaria, como vamos a ir avanzando en la tarea de organizar y dirigir, por este orden, el conjunto del Movimiento de Resistencia en nuestro país; es sobre esta base como podremos desplegar una labor amplia de educación y orientación entre otros sectores populares como los jóvenes, el nacionalismo radical y democrático, el campesinado, etc., en la línea de reagrupar fuerzas que lanzara el IV Pleno del Comité Central de 1997, previo al Congreso; esta consigna quedó más concretada en el Pleno de primeros de 2000 al proponer una serie de reivindicaciones (libertades democráticas, los derechos sociales y sindicales de los trabajadores, el derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas, la liberación de los presos políticos, el apoyo a la lucha armada de resistencia o a los movimientos revolucionarios y antiimperialistas en otros países, etc.) alrededor de las cuales se puede ir articulando un amplísimo movimiento popular.
Naturalmente que dentro de este Movimiento de Resistencia debemos seguir prestando una atención especial a todo lo relacionado con la lucha armada guerrillera, cuya contribución al desarrollo del movimiento obrero y popular ha sido y seguirá siendo decisiva; su papel de punta de lanza de dicho movimiento, no nos quepa ninguna duda, se va a acrecentar a medida que aumente la ofensiva terrorista del régimen de los monopolios. Debemos, por tanto, seguir prestando orientación y apoyo a las organizaciones guerrilleras al tiempo que animamos a que hagan lo mismo y se incorporen a sus filas a los obreros avanzados, a los jóvenes combativos y a todos los antifascistas y antiimperialistas.
Queremos, por último, destacar una tarea que es la que ha ocupado buena parte de nuestra atención en los últimos meses y que habrá que seguir desarrollando hasta el final; nos referimos a la campaña para la libertad de los siete de París, centrada, como se sabe, en la figura de nuestro Secretario General, Arenas. Pensamos que los efectos de esta campaña se dejan y se dejarán sentir en todos los terrenos de nuestra actividad presente y futura: Defendiendo políticamente a nuestro Partido, defendemos el derecho del proletariado internacional a tener su propia vanguardia política; denunciando el encarcelamiento de nuestra Dirección, desenmascaramos las pretendidas democracias capitalistas y denunciamos el fascismo que no permite el más mínimo asomo de resistencia organizada; difundiendo las ideas por las que mantienen encarcelado a Arenas, difundimos la teoría y práctica consecuentes del comunismo y del internacionalismo proletario. El movimiento de solidaridad con los siete de París, trasciende ya nuestras fronteras, y hoy es una plataforma sólida para establecer lazos internacionalistas. Por último, y como ha ocurrido con la primera batalla, la de la toma de la Bastilla el Primero de Mayo, la campaña ha servido para que muchos jóvenes obreros y antifascistas den un paso al frente en su compromiso con el Partido y el Movimiento de Resistencia. Es, pues, una batalla que, repetimos, habrá que seguir librando en los próximos meses, proponiéndonos cada vez una meta un poco más alta, hasta culminar con la toma de la Cité y la puesta en libertad de nuestros camaradas encarcelados.
Estas corrientes de pensamiento se reflejan también en nuestro país, por ejemplo, en los restos del naufragio revisionista de Izquierda Unida, en esos jóvenes criados a los pechos del populismo anguitista y amantes del folklore tipo zapatista que no están dispuestos a romper clara y definitivamente con el reformismo y ponerse a trabajar seriamente por el comunismo. Desde luego, si algo hemos aprendido de nuestro trabajo entre ellos es que no hay que hacer ni una sola concesión a su crianza revisionista.
Otro germen de ideología reformista se viste con los ropajes más izquierdistas de la lucha radical contra la globalización e incluso de la solidaridad con los presos políticos. Es, a escala internacional, por ejemplo, lo que ocurre con los CARC italianos y afines, que se han agarrado a la bandera del Socorro Rojo Internacional para medrar a costa de nuestros presos y de los presos turcos y seguir difundiendo su basura trotskista y reformista. Es el caso también de esos organizadores de revoluciones virtuales que convocan a los jóvenes a todos los lugares del mundo donde se reúnen los monopolistas para acabar proponiendo salidas socialdemócratas u onegeras al feroz dominio imperialista.
Es verdad que, como viene ocurriendo con el movimiento antiglobalización o determinados organismos de solidaridad con los presos, hay un buen número de jóvenes que van a estas convocatorias cargados de mucho odio contra los fascistas e imperialistas y con unas sanas ganas de barrer con todos ellos. Pero no podemos dejarnos deslumbrar por ese estallido y pensar que la revolución pasa por estas movidas cargadas de espontaneísmo. Al igual que ocurriera a finales de los años sesenta con el Mayo francés, a lo sumo estos movimientos no dejan de ser el reflejo de lo podridas que andan las cosas en nuestra sociedad y de cómo los monopolios condenan a cada vez más amplios sectores de la población, en especial de la pequeña burguesía, al paro, a la explotación del trabajo asalariado, a la miseria, etc. Son estos sectores no proletarios, que ven cortadas en seco sus aspiraciones dentro del sistema y se ven despojados de su parcelita, los que terminan por caer en una radicalidad cargada de desesperación y sin perspectivas verdaderamente revolucionarias, siendo presa fácil de todo tipo de aventureros y reformistas.
Naturalmente que habrá que prestar atención a lo que de sana rebeldía encierran algunos de estos jóvenes y educarlos para tratar de llevarlos al terreno del enfrentamiento político organizado contra el régimen fascista. Pero nunca debemos olvidar que va a ser la clase obrera, cuando los cientos de miles y millones de obreros paralicen la producción y se pongan en marcha arrastrando tras de sí a toda la población, a todos los explotados, desposeídos y oprimidos, los que con su inmensa fuerza abrirán de par en par las puertas de ese futuro que el capitalismo nos niega a todos. Por lo demás, basta que el fascismo muestre sus armas para que cunda la desbandada en todos estos movimientos y el panorama quede despejado, separando la paja del trigo; pero esto no nos debe llevar a bajar la guardia. En unos casos, hay que denunciar claramente a los matuteros y, en otros, revelar las insuficiencias ideológicas y el espontaneísmo de que adolecen buena parte de estos antiglobalizadores. ¡No hay que dejar ni un resquicio para que la burguesía cuele su podrida ideología en el movimiento obrero y popular! De no hacerlo así, el propio Partido, como reflejo de lo que ocurre en el conjunto de la sociedad y del movimiento, no tardaría en verse minado desde dentro.
Es precisamente en este contexto de avalancha pequeño-burguesa en el movimiento obrero donde hay que situar la batalla que hemos venido librando contra el reformismo dentro de nuestras filas, una batalla que viene ya desde que, antes del IV Congreso, se lanzara la campaña de rectificación y que, tras la puesta en fuga de los papones, ha presentado unos flecos -los problemillas de que hablaba Pedro (Arenas) en una de sus primeras cartas- de los que sólo nos hemos logrado librar recientemente y que, por desgracia, ha tenido como consecuencia más negativa las detenciones de París.
Queremos recordar lo que se decía en el Resistencia núm. 47 al reseñar la reunión del C.C. de enero de 2000: Partiendo de un balance positivo de la labor realizada hasta ahora por el Partido, se destacó la necesidad que hay de profundizar aún más en los resultados de la campaña de rectificación emprendida en el Pleno de 1997 para desprendernos de defectos y errores en el trabajo. Pues bien, lo que aún no sabíamos entonces es que esa necesidad de profundizar en los resultados de la campaña para desprendernos de defectos y errores, iba a resultar, en la práctica, una prolongación de la campaña de rectificación, debido, principalmente, a que las concepciones reformistas habían calado hondo en algunos miembros de la Comisión de Organización, en especial en su responsable en el interior. Sólo cuando esta Comisión, precisamente la encargada de dirigir toda la labor práctica del Partido, empezó a presentar toda clase de resistencias a desprenderse del lastre que habíamos acumulado en el tiempo de los papones, pudimos darnos cuenta de la verdadera envergadura del problema a que nos enfrentábamos y tomar medidas acordes con ella.
En fin, no hace falta entrar en detalles sobre cómo hemos librado esta batalla porque ya hay abundante documentación circulando (cartas de los camaradas de París, Circular del C.C., artículos en el Resistencia) para que todos estemos informados de cómo ha sido. Naturalmente, faltaba nuestra propia visión, la del conjunto del C.C., pero en este sentido hemos optado por hacer nuestro el análisis que de esta etapa hace la Comisión de Organización, ya depurada y reforzada con nuevos cuadros. Es, por tanto, este análisis un documento que se puede considerar como integrante de este informe y que reproducimos tal cual, salvo con algunos retoques menores de redacción. Queremos aprovechar la ocasión para hacer un llamamiento al conjunto de las organizaciones del Partido para que reflexionen sobre toda la etapa pasada, llena de experiencias; no vendría nada mal echar un repaso a todo lo publicado durante la campaña de rectificación y, desde luego y tal como nosotros venimos haciendo en este Informe, profundizar en el estudio de los últimos Informes de Arenas, el del IV Pleno (junio de 1997), el del IV Congreso (septiembre de 1998) y el del Pleno de enero del 2000. Estamos seguros de que todos sacaremos valiosas enseñanzas y sabremos entender muchas de las advertencias que Pedro nos hacía acerca de las posibles desviaciones en el trabajo y sus orientaciones para corregirlas.
Volviendo al informe de la Comisión de Organización, hacemos la matización de que, al establecer las conclusiones de por qué las contradicciones que había en el seno de la Comisión no llegaron a hacerse antagónicas, el documento incide en exceso en el protagonismo de su anterior responsable y olvida lo que para nosotros ha sido el factor principal: precisamente gracias a la campaña de rectificación que se había venido librando contra el reformismo de los papones, era imposible que de nuevo, y teniendo tan reciente su caso, estas tendencias reformistas tomaran cuerpo y se constituyeran en corriente de pensamiento o en línea. Bastó, por tanto, una presión clara y firme por parte de la Comisión Política, para que todo quedara al descubierto y se pusiera a cada uno en su sitio, aunque resultara algo tarde para cerrar la puerta al ejército de sabuesos que los fachas nos habían puesto detrás.
Creemos que hemos aprendido la lección y, al abordar las tareas de recomposición de la Dirección, no hemos vacilado en tomar algunas medidas que, efectivamente, se podrían calificar de choque. Pero pensamos que tales urgencias y hasta excepcionalidades estaban más que justificadas si tenemos en cuenta que el mal del reformismo estaba instalado en una organización del Partido, la Comisión de Organización, que es ni más ni menos que la encargada de dirigir toda la actividad práctica partidista en el interior. De no hacerlo así, el desastre podría haber tenido consecuencias mucho mayores y más trascendentes.
Para terminar, recalcamos que en la lucha contra el reformismo no puede haber ninguna fisura, ninguna concesión de principio, ni siquiera para combatirlo. No cabe, por tanto, plantear la lucha ideológica dentro del movimiento comunista contra las ideas que la burguesía intenta colarnos de matute en términos de la eterna lucha entre las dos líneas y de apoyarse en el ala derecha para combatir a la izquierda o viceversa. Estas formas de pensamiento, tan de moda en algunos medios maoístas, son del todo ajenas al proletariado y a los principios del marxismo-leninismo. Esta es la vieja cantinela de los centristas dentro del movimiento comunista; unas veces movemos el ala derecha, otras la izquierda y así volamos hacia el pantano. ¿Cuántas veces tendremos que decir que una y otra línea son las dos caras de una misma falsa moneda? ¿Acaso no es el izquierdismo quien prepara el terreno para que, visto el fracaso previsible de sus planteamientos, abrir claramente la espita del reformismo? ¿No es eso lo que ocurrió con los papones?
No, nosotros no podemos permitirnos el lujo de hacer ninguna concesión a derecha o a izquierda, porque a la postre son una misma cosa. Efectivamente, la lucha entre las dos líneas está ahí, es algo que no podemos evitar, mientras vivamos en una sociedad burguesa que nos bombardea continuamente con su podrida ideología; pero esas dos líneas son siempre la proletaria, la de los principios del marxismo-leninismo, y la burguesa, la del reformismo y la claudicación. Y a esta última, hay que irle a degüello allí donde aparezca, se vista con ropajes derechistas o izquierdistas. No hay más lucha ideológica que ésta.
Queridos camaradas:
Recientemente la Comisión de Organización del Partido ha celebrado una reunión en la que además de constituirse como tal (por una parte ampliándose y por otra, supliendo la deserción del anterior responsable), se han discutido diversas cuestiones. Las más importantes sin duda, las vinculadas tanto a trazar las líneas generales del trabajo que se nos plantea para los próximos meses (fundamentalmente continuar con la reorganización y fortalecimiento del Partido e impulsar la campaña por la libertad de Arenas entre los obreros y las masas) como a analizar los errores y experiencias de lucha de esta última etapa.
Pues bien, de esto último es de lo que os vamos a informar ahora al hilo de la discusión de la Circular del Comité Central de marzo que hemos mantenido y que, de entrada, hemos considerado muy oportuna; sobre todo porque va a servir, está sirviendo ya, para abrir el debate entre los militantes, amigos y simpatizantes del Partido y, en última instancia, contribuir a que todos participemos de una manera práctica en el proceso de reorganización abierto. Ciertamente es en esa participación de todos donde reside nuestra fuerza y por ende, donde habremos de basarnos, hoy si cabe con más ímpetu que nunca, para avanzar en esa reorganización y particularmente en la consolidación de una nueva Dirección que pueda cohesionar al Partido y al conjunto del Movimiento de Resistencia.
La salida de la Circular es, en consecuencia, un acontecimiento que valoramos como un paso importante en esta dirección. Además, el hecho de que esté firmada por el Comité Central no deja de tener su importancia, tanto en lo referente a la continuidad de la Dirección como en lo que atañe a que los nuevos asumimos la tarea con todas sus consecuencias, al margen de que sepamos que todavía es pronto para hablar de una nueva Dirección como tal, sobre todo si la comparamos con la anterior y tenemos en cuenta las ausencias. De todas formas, para nosotros está claro que buena parte de la Dirección sigue estando en su puesto a pesar de que esté entre rejas; esto está fuera de toda duda y ni siquiera lo mencionaríamos si no fuera por los precedentes, porque en su día (caída del C.C. en 1977) no se tuvo en cuenta el gran papel de dirección ideológica que debían seguir jugando los ausentes y, en vez de continuar con la línea trazada, se condujo al Partido por derroteros ajenos a su línea.
En todo caso, hay que decir claramente que en la Comisión este problema no se ha planteado, que no hemos percibido esa lejanía y que nos hemos sentido respaldados en todo momento por todos nuestros dirigentes y por una única Dirección, conforme a la que creemos haber actuado para resolver las cuestiones que nos han salido al paso en estos últimos meses. A partir de ahí es cierto que hemos obrado de una manera muy autónoma y con mucha iniciativa, mas hay que reconocer igualmente que fueron los camaradas responsables los que nos instaron a actuar de esta forma para romper con la inercia anterior en la que estábamos instalados los miembros de la antigua Comisión tras la caída.
Es en buena parte por esto, es decir, porque en general la nueva Dirección actuó con mucho atrevimiento (acuñando alguna consigna como la de poner el Partido en manos de los jóvenes que, a la postre, se ha comprobado como muy justa y acertada), por lo que nos chocó bastante el aire contemporizador que adoptaba la Circular del C.C. a la hora de hablar de los problemas que habíamos tenido en la Comisión. Desde luego se podía haber pecado por el otro lado, por tender a exagerar los problemas, a sacarlos de quicio, y ello hubiera sido igualmente un fallo, pero quizás hubiera sido un fallo menor que además se entendería perfectamente dada la gravedad de los acontecimientos y también teniendo en cuenta que en la última etapa de lo que más se ha venido pecando ha sido de tender a adoptar posturas conciliadoras y no al revés.
Pero ¿cuáles eran y qué carácter tenían esos problemas? Esta es la pregunta clave que la Circular, aunque contesta, lo hace con tanto tiento que al final de su lectura no queda muy claro si estamos hablando de problemas en torno a una cuestión de aplicación de la línea, de método y estilo de trabajo o si en realidad hablamos de un problema de tipo ideológico mucho más serio que es el que al final condiciona, ya de una manera clara, esos métodos.
Desde luego, desde nuestro punto de vista, los problemas que se venían arrastrando en la Comisión tenían un importante trasfondo ideológico de tipo reformista. De todos son conocidas las tendencias vacilantes y espontaneístas que desde hacía años predominaban en la Comisión de Organización y que se manifestaban de manera muy clara sobre todo a la hora de tratar los problemas y dificultades que inevitablemente surgen en el trabajo. La falta de reflejos y de autoridad, el espíritu apocado y la poca firmeza a la hora de tomar decisiones, etc., eran el pan nuestro de cada día, lo que hacía que la Comisión Política tuviera que intervenir una y otra vez para ventilar las cada vez más frecuentes disputas internas y otros asuntos referentes al curso del trabajo de organización que en realidad no eran, no podían ser, competencia suya.
Estas tendencias se justificaban, por lo general, aludiendo a las dificultades y la complejidad del trabajo de organización, a las adversas condiciones en las que se encuentra el movimiento obrero y popular, etc., que aconsejaban ser muy pacientes y flexibles y nada esquemáticos. Que en buena parte todo esto era una realidad está fuera de toda discusión, mas lo que se perdía paulatinamente de vista es que ésta, como todas las cosas, está sometida a cambios constantes que nos obligan a tener que ser muy flexibles y dialécticos pero también muy firmes, audaces y decididos y, sobre todo, a tener que adoptar unos métodos, un estilo de trabajo y un funcionamiento justos, pues sin esto estaremos siempre incapacitados para abordar esa complejas tareas de forma eficaz, lo que, evidentemente, pasa por hacerlo colectivamente y en base a los principios marxistas-leninistas.
Y es aquí, cuando queremos dar estos pasos organizativos o, mejor dicho, cuando las condiciones por un lado y la Comisión Política por otro nos exigen darlos, cuando nos encontramos con una resistencia en la Comisión de Organización, conque no se ve la necesidad de esos métodos y ese funcionamiento, y conque, además, algunas de las medidas que se toman desde la Dirección comienzan ya a cuestionarse abiertamente, encadenándose una tras otra toda una serie de incomprensiones que afectan de lleno al centralismo democrático. Es aquí cuando empieza a sonar la alarma, al evidenciarse que en realidad esa tendencia espontaneísta (personificada en el camarada responsable de la Comisión) comienza a tomar cuerpo, que no se admiten las críticas y, lo peor, que se empiezan a repeler acusando a la Dirección de voluntarismo y subjetivismo. Esto es lo que está en la base de ese distanciamiento al que se alude en la Circular entre la Comisión y el conjunto del Comité Central y lo que llevaría a la Comisión Política a enviar un delegado y destituir al responsable de la Comisión de Organización en el interior que, a partir de ahí, no sólo sigue sin rectificar sino que comienza (ya en solitario) a afilar sus críticas contra el voluntarismo y los métodos expeditivos, achacando incluso, de manera más o menos velada, las caídas de París a esos mismos errores y no a los nuestros propios.
Que en la Circular no se hable de línea reformista y sí de tendencias nos parece muy acertado, aunque, como ya señalamos, restringir los problemas a cuestiones de método o estilo es un tanto exagerado por defecto. Y lo es, sobre todo, porque esa resistencia a la que más arriba aludíamos, así como el anunciado deseo de abandonar del responsable de la Comisión de Organización, evidenciaban que últimamente había algo más que toda una serie de diferencias menores. Ahora está claro que el susodicho responsable lo que buscaba era encontrar la justificación de turno que le sirviera para taparse las vergüenzas y abandonar todas sus responsabilidades como si tal cosa; pero lo grave es que esto ya se estaba dejando notar en el trabajo de este último año (sobre todo en las relaciones internas) sin que, a pesar de todo, se tomasen medidas más que al final y ello por la insistencia del propio Arenas quien después asume (en nombre de la Dirección) la responsabilidad política de las caídas por intentar convencernos pacientemente cuando la situación exigía haber tomado medidas drásticas hace ya mucho tiempo.
Así pues, hay que dejar muy claro que en este último periodo sí se venían manifestando unas contradicciones que comenzaban a trascender de las no antagónicas, y que si no se tornaron en línea fue: 1) por las medidas que, aunque tarde, se toman desde la Comisión Política; 2) porque el principal valedor de esta tendencia, el responsable, se queda solo y sin apoyos en la propia Comisión, y 3) porque, en realidad, y como ya comentamos, más que buscar una escisión u algo parecido, lo que el ya ex-camarada buscaba era, como al final él mismo reconoce, una salida para abandonar el Partido porque estaba cansado. Es obvio que este último punto condiciona todos los demás.
Detenernos ahora en las manifestaciones prácticas de esas tendencias derechistas no nos parece fundamental. Con relación a este último periodo tampoco creemos que sea clave el analizar si se ha pecado más o menos de esto o aquello, pues en general esta última etapa ha estado marcada por los bandazos a izquierda y derecha lo cual, aparte de haber provocado un importante retroceso en el trabajo, nos dificulta para hacer un balance sin esperar un tiempo y ponernos a trabajar sobre bases correctas. En todo caso sí es justo definir la tendencia dominante en este último periodo como de tipo reformista. Prueba de ello ha sido, por ejemplo, el hecho de que en esta etapa, más que en la clandestinidad, la Comisión de Organización se hallaba instalada en una semilegalidad (vigilada) o que la última incorporación se remonte a hace más de dos años cuando la práctica de estos dos últimos meses nos ha demostrado que sí había posibilidades para haber impulsado una política de fortalecimiento de la Comisión y de su trabajo de organización mucho más decidida.
Debemos destacar que para nosotros la gran lección de todo lo ocurrido es la necesidad de un funcionamiento correcto en base al centralismo democrático y de una constante vigilancia revolucionaria para proseguir la lucha más consecuente contra el revisionismo tanto fuera como, sobre todo, dentro de nuestras propias filas. Que ha habido fallos personales y que las condiciones (sobre todo la ausencia de detenciones durante un largo periodo de tiempo) han propiciado alguno de ellos es cierto; mas en nuestra opinión toda esta suma de fallos se hubiera podido evitar de haber estado funcionando en la Comisión como un bloque y no como varios camaradas desligados y, muchas veces, hasta enfrentados por cuestiones menores, lo que no nos ha dejado ver el fondo del problema y el debilitamiento ideológico que a todos nos estaba afectando. Imponer el estilo y métodos de trabajo y funcionamiento marxistas-leninistas es, en consecuencia, uno de nuestros primeros objetivos. De lo contrario, nos podremos volver a ver más temprano que tarde con la mierda al cuello y, la verdad, con dos pasadas ya hemos tenido bastante.
Bueno, camaradas, estas son nuestras impresiones acerca de la batalla contra el reformismo que acabamos de librar y de la que se puede decir que hemos salido vencedores. En cuanto a las demás cuestiones relacionadas con el trabajo pendiente, solamente queremos decir que aquí estamos dispuestos a dar ese salto que nos demanda el movimiento obrero y popular y que, como se dice en la Circular, va a exigirnos un mayor compromiso (é) y un mayor grado de integración con el Partido a todos y todas. Por lo demás, no se trata ahora de iniciar una purga ni nada por el estilo, como tampoco de jubilar al que venga trabajando con entrega y dedicación, conforme lo exigen los Estatutos, el Programa y las orientaciones de la Dirección; aunque sí es cierto -y necesario- que debemos promocionar a los jóvenes pues en ellos está el futuro del Partido y, también, en buena parte, el mismo presente.
Con saludos comunistas
En cierto sentido, se puede decir que estamos de nuevo en el punto de partida, pero a un nivel superior. Superados los primeros momentos de desconcierto y falta de reacción por parte de algunas organizaciones del Partido, debidos a las mismas causas que estuvieron en el origen de la caída, nos hemos limpiado en profundidad de la roña que se nos había pegado. Los militantes y organizaciones del Partido en la clandestinidad están nuevamente en bases seguras. Asimismo, la tendencia al reformismo y al legalismo que había anidado en el seno de la Comisión de Organización, lastrando e, incluso, impidiendo el normal desarrollo de los planes aprobados en el IV Congreso, fue primero frenada en su desarrollo y luego barrida de nuestras filas mediante la lucha ideológica. El Partido se ha depurado de los elementos que la personificaban. Y los jóvenes militantes y cuadros han respondido, como cabía esperar, a la llamada que se les hizo a tomar en sus manos la dirección del trabajo práctico, lo que ha permitido ir rellenando los huecos vacíos y, más allá, reforzar los organismos de dirección.
Todo ello lo hemos llevado a cabo, además, en paralelo a una intensificación del conjunto de la actividad partidista entre las masas, tanto en el terreno de la agitación y la propaganda como en el de organización. La trascendencia política de la detención de nuestro Secretario General y los demás camaradas exigía de nosotros una respuesta inmediata, firme y sostenida en el tiempo. Había que denunciar la escalada represiva de los fascistas del PP y romper el cerco de silencio que querían tender sobre su procesamiento. Estos seis meses han sido también seis meses de campaña por la libertad de los Siete de París. Una primera fase de la misma -así la concebimos- la culminamos con éxito el 1º de Mayo en París con la toma de la Bastilla. Al tiempo, llevamos a cabo una amplia actividad de solidaridad con los presos políticos turcos en huelga de hambre contra las celdas tipo F y de denuncia del régimen fascista turco y del imperialismo que le sustenta. Pusimos en marcha el proyecto internacionalista de Solidaridad por un Socorro Rojo Internacional. Y no dejamos de atender al resurgir del movimiento obrero que, aunque muy lentamente, sigue dando nuevos pasos; en la medida de nuestras fuerzas, participamos en sus luchas, les llevamos nuestra alternativa y denunciamos el enésimo ataque de la troica sindicatos-patronal-gobierno contra sus conquistas históricas: la nueva Reforma Laboral.
Todo este despliegue ha hecho que muchos obreros, jóvenes, antifascistas y demócratas consecuentes se hayan acercado al Partido y se hayan movilizado bajo sus consignas. También ha sido la base para establecer relaciones de unidad frente al enemigo común, el fascismo y el imperialismo, con otras organizaciones políticas (comunistas, nacionalistas, anarquistas...) de dentro y de fuera del Estado. Sin duda, podemos afirmar que con él hemos extendido la influencia política del Partido y que hemos dado importantes pasos en la línea de estrechar lazos con las masas. Por otra parte, dadas las difíciles condiciones en que tuvimos que llevarlo a cabo, ha puesto a prueba nuestras fuerzas y, en esta medida, nos ha forjado un poco a todos en las nuevas responsabilidades adquiridas, especialmente, a los militantes y cuadros más jóvenes. Ha reforzado la confianza y seguridad en nosotros mismos, en nuestras potencialidades revolucionarias y en la capacidad de organización y movilización del Partido. Ha quedado patente que, desde la firmeza revolucionaria, con espíritu de partido, trabajo duro, constante y sistemático, con arreglo a un plan, sin precipitaciones ni atolondramientos, pero con iniciativa y audacia, se puede avanzar aun ante las mayores dificultades. Y por lo mismo no ha dejado piedra sobre piedra de los muritos del no se puede, las condiciones objetivas no dan para más, hay que ir suave, suave porque si no la gente se asusta, hay que esperar a que maduren por sí solos, etc., que habían levantado los afectados por el virus del reformismo y el legalismo, dejando claro que los mismos no estaban sino en sus cabezas, que no eran sino un producto de su timoratería y ánimo conciliador y, en algún caso, derrotista, claudicador.
En general, el balance de estos seis meses no puede ser más positivo. Sólo lo ennegrece el alto precio que hemos tenido que pagar: los Siete de París. Ahora podemos afirmar que estamos en las mejores condiciones para dar un nuevo impulso a todo el trabajo partidista, para profundizar y extender la labor del Partido entre nuestra clase y las masas populares en general y hacer frente a los retos que la situación política nacional e internacional nos plantean, así como a las necesidades de nuestro movimiento. El camino, en lo que estaba en nuestras manos, ha quedado expedito. Evidentemente, las condiciones generales que condicionan el desarrollo del Partido y del movimiento de resistencia en su conjunto, y que lo hacen necesariamente lento y dificultoso, siguen ahí. El análisis que se hacía al respecto en el Informe al IV Congreso sigue siendo enteramente válido. Pero, dentro de este marco general, no hay nada que nos impida avanzar, siempre que nos mantengamos firmes en los principios marxistas-leninistas y en la línea trazada en el IV Congreso; siempre que reforcemos el espíritu partidista, afiancemos nuestro estilo de trabajo colectivo, basado en el centralismo democrático, la crítica y la autocrítica, la división de responsabilidades, funciones y tareas; y siempre que, sin precipitaciones ni atolondramientos, sigamos haciendo gala de la iniciativa y audacia que nos han permitido remontar la cuesta hasta aquí.