El programa de la reconstrucción del Partido

Informe Político presentado por M.P.M. (Arenas) en el Congreso Reconstitutivo
Bandera Roja, julio de 1975

Las condiciones para la celebración de nuestro Congreso han madurado: la agravación de la crisis económica y política del régimen, la ofensiva de la lucha de masas encabezada por la clase obrera, la bancarrota del revisionismo y, sobre todo, el estado actual de nuestras fuerzas organizadas, su cohesión ideológica y política, el grado de extensión y de ligazón con las masas; todo eso hace posible y muy necesario la reconstrucción del Partido. Sin esta última condición, si no contásemos con la fuerza y la experiencia suficientes, por muy buenas condiciones que hubiera desde el punto de vista de la crisis general del régimen, todo intento de reconstruir el partido terminaría en un completo fracaso.

Por otra parte, el que demos por finalizada la etapa de trabajo encaminada a la reconstrucción del Partido, no nos lleva a pensar que ya lo hemos hecho todo en el terreno de la organización y en el de mayor esclarecimiento de nuestras fuerzas. Constituimos una Organización débil y nos falta experiencia. Estas son cosas que nosotros no ocultamos. Pero ha llegado el momento en que esos problemas sólo los resolveremos aplicando en nuestro trabajo el Programa y los Estatutos que resumen la experiencia de una larga actividad desplegada entre las masas y en nuestras propias filas. En esto se concreta la labor del Partido. Sólo con el Partido seguiremos marchando adelante y haremos avanzar al movimiento de masas. Si procediéramos de otra manera, en las actuales circunstancias, quedaríamos rezagados, haríamos el juego a la burguesía y caeríamos en el oportunismo.

Todo el mundo sabe que en España existió ese Partido, el cual fue degenerado y destruido por el revisionismo al tiempo que venían produciéndose importantes cambios en la estructura económica y social del país y en la situación internacional muy favorables a la revolución. Estos dos hechos, la destrucción del Partido y los importantes cambios que han tenido lugar, han marcado con su sello al nuevo movimiento comunista que resurge en España.

Durante algún tiempo la clase obrera y los otros sectores populares, en su resistencia al fascismo y a la explotación monopolista, han carecido de una orientación política justa y de la organización capaz de dirigirlas. Esta situación, debido a la gran agudización de las contradicciones de clase de nuestro país y a la crisis general del imperialismo, no podía durar mucho tiempo sin que diera paso a la aparición de una nueva vanguardia proletaria.

Nosotros siempre hemos hablado de reconstruir el Partido que encabezó José Díaz. Esto no es una pretensión gratuita. Aunque hoy nuestro Partido est¡ compuesto en su mayor parte por una nueva generación de revolucionarios, sin apenas vínculos con el pasado, y su programa ha de adaptarse a las nuevas condiciones, no partimos de cero ni actuaremos como si fuésemos gentes venidas de otro planeta o como quienes, enarbolando alguna teoría de moda, pretenden crear cosas nuevas, divorciadas de la historia, de la realidad actual y de las amplias masas. Nosotros no hemos obrado ni obraremos así.

Hace tiempo que rompimos con la cuadrilla carrillista, con los otros estafadores oportunistas y con su podrida ideología. Pero no hemos roto con la historia de lucha de los pueblos y del proletariado revolucionario de España. Esta historia es parte integrante de la historia del movimiento progresista y obrero internacional; est¡ fundida, como la parte al todo, con la lucha de los obreros de los demás países y, en particular, con la de los que lucharon bajo la bandera de la Internacional Comunista. Nosotros no renegamos de ese pasado glorioso y asumimos tanto sus aciertos como sus errores. Por ese motivo reivindicamos las tradiciones revolucionarias de la clase obrera de España y de su Partido, del mismo modo y con más motivos todavía, que el Partido encabezado por José Díaz reivindicó las tradiciones de los demócratas populares más consecuentes como Pi y Margall, Salvochea y otros muchos que lucharon por una España republicana, donde existiera el bienestar para el pueblo.

No, no podemos hacer, como quisieran algunos, borrón y cuenta nueva. Eso equivaldría a traicionarnos a nosotros mismos.

Así pues, ni en el pasado ni en las condiciones actuales encontramos nada que pueda justificar una ruptura con el Partido Comunista de España. La época que nos ha tocado vivir es la misma. El imperialismo, el fascismo, el revisionismo, siguen ahí; son nuestros peores enemigos y también los peores enemigos del pueblo. Nuestro Partido se basará en los mismos principios tácticos y organizativos, en el mismo espíritu leninista: Somos sus herederos y continuadores y esto nadie podrá regateárnoslo.

El Partido no lo hemos puesto en pie en el aire ni en unos días ni al margen de la lucha de clases. Para reconstruirlo en medio de la confusión y el desorden provocado por la traición revisionista, hemos tenido que trabajar duro durante más de siete años; hemos tenido que enfrentarnos a diversos enemigos y vencer numerosas dificultades. El camino de la revolución no es un camino de rosas. Es escarpado y difícil; exige sacrificios. Es el camino de la lucha de clases y de la lucha entre las dos líneas. Para hacer la revolución hay que armarse de coraje y tomar ese camino. No existe otro. Nosotros lo hemos tomado no sin vencer antes numerosas vacilaciones; no sin derrotar, en nuestras propias filas, las tendencias oportunistas y sin arrojar de ellas a los traidores y cobardes. Todo eso ha contribuido a que nos fuéramos forjando, a que conociéramos a nuestros enemigos y asimiláramos mejor nuestra invencible doctrina científica marxista-leninista. Gracias a todo ello, hoy contamos con numerosos vínculos con nuestra clase, hemos participado en numerosas batallas y dirigido algunas muy importantes. Nuestra influencia crece de día en día. Se ha formado un núcleo dirigente y numerosos grupos comunistas en las principales zonas económico-políticas del país. Tenemos un aparato político bastante entrenado en todos los aspectos de la actividad. Gracias a la labor realizada durante los últimos años en todos los terrenos podemos asegurar que el sector más consciente y avanzado del proletariado est¡, sin lugar a dudas, de nuestra parte.

Comenzamos por crear un núcleo dirigente compenetrado por la misma idea: por la idea de poner de nuevo en pie al Partido Comunista. Para eso hemos tenido que trabajar entre las masas, contribuir a su educación y organización políticas; impulsar, en la medida de nuestras fuerzas, la lucha contra el fascismo y el imperialismo, desenmascarando al mismo tiempo al revisionismo y otros oportunismos. Ese ha sido el programa de la reconstrucción del Partido; lo que nos ha permitido crear su estructura, echar las bases de su línea política y de su funcionamiento centralizado-democrático y establecer los lazos indispensables con las masas, particularmente con el proletariado fabril.

La traición revisionista

Desde que el grupo encabezado por Carrillo comenzó a afianzarse en la dirección del Partido, hasta que se hicieron sentir los funestos resultados de su política de reconciliación nacional sobre el movimiento popular y revolucionario, medió un periodo de gran confusión que los carrillistas aprovecharon para llevar a cabo la eliminación de los cuadros y los militantes sanos de base del Partido.

Los viles ataques del revisionismo moderno a la obra y personalidad de Stalin, en que se concretó su ataque al marxismo-leninismo y a la dictadura del proletariado, y las tesis del XX y XXII Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética acerca de la coexistencia pacífica, transición pacífica, partido y Estado de todo el pueblo, etc., formaron la cobertura para el asalto de Carrillo y los suyos a la dirección del Partido y para su posterior destrucción. Mucho hemos hablado sobre este particular y no nos cansaremos de hacerlo hasta esclarecer a las masas toda la verdad. No obstante, hay dos aspectos de este problema que no han sido tratados suficientemente y que, sin lugar a dudas, son de gran importancia para clarificarlo mejor a fin de que no se repita en el futuro.

Carrillo y su banda encontraron en el revisionismo internacional, principalmente en la camarilla de Jruschov que usurpó el poder en la URSS, un poderoso punto de apoyo y una fuente de inspiración (por lo demás, bastante vieja). El revisionismo es un fenómeno internacional que tiene su origen en la influencia de la ideología burguesa en un sector de la aristocracia obrera y en la claudicación de ésta ante el imperialismo. Sin el respaldo de esta camarilla, a los carrillistas les habría resultado imposible apoderarse de la dirección del Partido y llevar a cabo sus planes. Mas, si bien es cierto que sin esta condición el Partido y la revolución en España no habrían sufrido golpes tan duros y, con toda probabilidad, el fascismo no estaría hoy en el poder, no es menos cierto el hecho de que, para que tales golpes pudieran ser asestados, los revisionistas hallaron también condiciones favorables dentro del mismo partido.

Otras veces hemos tratado de la labor general del Partido, del proceso de su formación y madurez, de su justa línea política, de su valentía para aplicarla. También hemos hablado de sus errores. ¿Qué marxista puede decir que un partido comunista y sus dirigentes no se equivocan nunca, no cometen errores? Sabemos que el más importante de los errores cometidos por el Partido consistió en el debilitamiento de la vigilancia y de la lucha ideológica dentro del Frente Popular.

Pues bien, ese debilitamiento de la vigilancia y de la lucha ideológica en el Frente Popular sólo se explican por el debilitamiento de las mismas dentro del propio Partido. Un grave error que permitió a un puñado de aventureros, de arribistas e intrigantes tipo Carrillo, de gentes sin escrúpulos, ruines y cobardes, infiltrarse en el Partido, anidar en él y permanecer agazapados en su seno durante el tiempo en que la lucha era más favorable al pueblo. Y han sido esos mismos elementos los que, apoyados por el imperialismo y la reacción interna, comenzaron a apuñalar por la espalda al Partido, a sus mejores hombres, desde el momento en que aparecieron grandes dificultades que ellos mismos hacían todo lo posible por acrecentar. Basta con observar la trayectoria que han seguido para darse cuenta de su verdadera catadura.

Nosotros no podemos admitir que la destrucción del Partido haya sido un proceso espontáneo. Esto es algo que conviene destacar. El Partido tuvo y aplicó una línea general justa, por lo que en modo alguno se puede considerar que aquellos errores llevaban en sí mismos los gérmenes de su propia destrucción. Esto debe quedar bien claro: de no haber sido por la actividad criminal de la banda de Carrillo, el Partido habría corregido a tiempo los errores y hubiera marchado adelante cumpliendo fielmente su cometido.

Carrillo y su banda han asesinado a un sinnúmero de los mejores luchadores comunistas de España. A otros los han denunciado a la policía fascista, y a los más los enviaron a la cárcel, a una muerte asegurada de antemano empleando el engaño. Numerosos testimonios sobre estos crímenes se pueden hallar en los relatos que han ido haciendo algunos de sus comparsas y cómplices. Sabemos que los fascistas también han hecho acusaciones de este estilo para desacreditar al comunismo. Pero se han cuidado muy bien de no señalar que los verdaderos crímenes carrillistas han sido cometidos en las personas de los mejores hijos del pueblo, en las personas de los verdaderos revolucionarios. Ocultan que Carrillo y su reducido grupo han realizado lo que los fascistas no hubieran podido hacer jamás de manera directa. El carácter de provocadores, agentes del imperialismo y del fascismo de Carrillo y su banda, es manifiesto.

Eliminados los cuadros y la mayor parte de los militantes de base revolucionarios del Partido (que nunca estuvieron de acuerdo con la condena de Stalin ni con la nueva plataforma revisionista), la traición carrillista se hizo sentir muy tardíamente. El régimen de terror imperante en el país y la especulación que ha venido haciendo el grupo de Carrillo con las tradiciones revolucionarias y el merecido prestigio con que contaba el Partido entre las masas obreras y otros sectores populares, ayudaron a esos traidores a montar y a mantener en pie durante un tiempo un muro infranqueable de falsedades. Difícil se hacía entonces luchar contra las mentiras y deformaciones revisionistas, y había que guardarse para no caer en manos de la policía política víctimas de la chivatería carrillista. En todas partes los adeptos de Carrillo eran mayoría. Pero la verdad se abre siempre camino con fuerza irresistible, y aquella mayoría ha resultado ser ficticia.

El comunismo caló hondo en las masas obreras y populares de España. Los carrillistas, pese a las apariencias, nunca han tenido ni tendrán el apoyo de la clase obrera, que es la verdadera mayoría a la que apelamos los comunistas. Estas circunstancias y la gran agudización de las contradicciones y de la lucha de clases, tanto en nuestro país como a nivel mundial, han hecho particularmente difícil la labor del revisionismo en España, lo que, a su vez, ha permitido que en un periodo relativamente corto surgiera una fuerte corriente de crítica y oposición que, alentada por la lucha del movimiento comunista internacional contra el revisionismo moderno, habría de adquirir un gran desarrollo en el movimiento de izquierda [...]

Hay que aclarar que un fenómeno así, el que hayan aparecido tantos grupos de iguales o parecidas características, no es una casualidad. Con frecuencia esto se atribuye a la mala voluntad de algunas personas, o a la tendencia inherente a los ideólogos pequeño-burgueses a formar grupos y fracciones. Nosotros no vamos a negar la parte de razón que hay en ese segundo argumento. Pero esa corriente de izquierdas, que ha sido provocada por la traición revisionista, no se hubiera desarrollado tanto de no haber sido por el oportunismo en que han incurrido desde el principio los dos mencionados partidos [PCE(m-l) y PCE(i)] quienes la han fomentado con sus falsas concepciones y sus aspavientos. Además, hay otro aspecto a tener en cuenta: las condiciones en que se encuentra en nuestro país un amplio sector de la pequeña burguesía, privado de libertades y que est¡ siendo esquilmado continuamente por los monopolios. Ha sido con el resurgir de las luchas del proletariado cuando ese sector se ha animado y de sus filas han salido elementos que tratan de organizarse y de ganar influencia entre los obreros. Pero ¿acaso pueden presentarse ante los obreros con la carcomida ideología burguesa? Está claro que no. Tienen necesidad de ocultar la ideología burguesa de que son portadores. De ahí el que se haya puesto de moda entre algunos grupos pequeño-burgueses cubrirse con el manto del comunismo y la utilización de una terminología seudo-marxista.

El revisionismo ha dado alas a esos grupos enmascarados de marxistas porque eso sirve a sus planes, a los fines de la burguesía monopolista. Pero nosotros no podemos permitir que introduzcan en nuestra clase sus baratijas demagógicas.

La conspiración del silencio

En las condiciones creadas en el movimiento obrero de nuestro país tras la degeneración del Partido, la nueva vanguardia marxista-leninista sólo podía surgir del reagrupamiento de los militantes del Partido, que durante algún tiempo se vieron aislados, junto a los elementos sanos procedentes del movimiento de izquierda. El modo solapado en que el revisionismo ha llevado a cabo la destrucción del Partido, el oportunismo en que cayeron desde el principio las dos escisiones más importantes del partido revisionista, el aislamiento que hemos padecido, ésas han sido las causas principales de este proceso que venimos tratando. Otro factor que ha concurrido, y que explica en parte la confusión que ha reinado, consiste en los cambios que han tenido lugar en la estructura económica y en la composición social de España, cambios que sólo más tarde se han podido apreciar en su verdadera importancia para establecer la estrategia y la táctica de lucha del proletariado revolucionario.

La Organización de Marxistas-Leninistas de España ha jugado un papel de primer orden en la preparación de las condiciones para la reconstrucción del Partido; ha jugado un gran papel en la difusión del marxismo-leninismo dentro de la clase obrera, en la lucha contra el revisionismo y contra las demás corrientes ideológicas y políticas burguesas, contribuyendo al mismo tiempo en el desarrollo de la lucha contra el fascismo y el imperialismo, en el esclarecimiento de numerosos problemas históricos y de la realidad actual (política, económica y social) de nuestro país. Se puede decir que la Organización de Marxistas-Leninistas de España ha sido el embrión de donde nace de nuevo el Partido de la clase obrera de España. Este es el mérito que, en justicia, nadie podrá quitarnos.

No es éste lugar para entrar en detalles acerca de la amplitud y la riqueza del trabajo realizado, sobre el enorme esfuerzo que hemos tenido que hacer para levantar el Partido de sus propias cenizas. Ahora sólo se pretende llamar la atención sobre un hecho, por lo demás bien conocido de todos. Se trata de la conspiración del silencio urdida contra el nuevo movimiento marxista-leninista y contra nuestro Congreso por la burguesía en general y, particularmente, por los llamados partidos comunistas que sirven o le hacen el juego a la burguesía y al imperialismo en España.

¿Será posible que nadie se haya enterado de nuestro trabajo? Al parecer sólo las masas y, naturalmente, la policía política están enteradas de la existencia de nuestra Organización y de los preparativos de nuestro Congreso. No hablar en público ni una palabra, no escribir ni una sola línea acerca de nuestra actividad, ni siquiera para criticarnos, se ha convertido en una consigna entre la burguesía. No parece sino que toda ella ha enmudecido ante la sola presencia nuestra, que se ha conjurado contra nosotros y que obedece a una misma batuta. A decir verdad, no es que el enemigo de clase no nos ataque. Por el contrario: siempre que tiene oportunidad la aprovecha para golpearnos y ensuciarnos de barro. Lo que demuestra palpablemente que está muy pendiente de lo que hacemos y sigue de cerca nuestros pasos buscando destruirnos. Pero eso quiere hacerlo silenciosamente, sin hacernos propaganda. En esto se puede ver el miedo que tienen y que no están muy seguros de conseguir sus propósitos. ¿Cuántos camaradas nuestros han caído? ¿Cuántas de nuestras organizaciones han sido diezmadas? ¿Qué decir de los tratos a que han sido sometidos en las comisarías algunos de nuestros militantes? Nadie se digna hablar de ellos. Se ha impuesto el silencio más absoluto. Esto, que en el caso del régimen es un claro síntoma de su temor y debilidad, se convierte en un crimen en quienes se llaman demócratas y dicen defender la causa del pueblo. A nosotros no nos causa la menor amargura esa conspiración de silencio. Sabemos que es el temor de la burguesía a que aparezca de nuevo el Partido, que son sus siniestros planes para asfixiarlo cuando todavía esté en mantillas, que es el miedo cerval que tienen todos los oportunistas a la lucha franca y abierta con el marxismo-leninismo, que son ésos, y no otros, los motivos de tanto silencio.

Pero ya no les va a ser posible mantenerlo por más tiempo.

¿Qué dirán ahora? ¿Que hemos caído de las nubes? Allá la burguesía y sus lacayos con sus cuentos. Nosotros proseguiremos nuestro trabajo.

Reorganizar el Partido

M.P.M. (Arenas)
Resistencia núm. 1, mayo 1985

En todas partes y en los distintos sectores sociales nos encontramos a menudo con hombres y mujeres (jóvenes y menos jóvenes) dispuestos a hacer su contribución a la causa [...] Ahora bien, si no sabemos qué hacer con estas personas -muchas de ellas comunistas convencidos-, poniéndoles un límite infranqueable a su ingreso en el Partido, podemos seguir insistiendo todo lo que queramos en las consignas de resistencia y lucha armada, pero con esto sólo habremos demostrado, una y otra vez, nuestra incompetencia.

Hay que lograr que cada colaborador o simpatizante del Partido dé de sí todo lo que esté dispuesto a dar. Y no sólo eso. Además, debemos 'tirar' de ellos para adelante, hasta que puedan asumir las responsabilidades que exige la militancia partidista. Hay que estudiar en concreto la situación de cada organismo y militante y consultarles continuamente a fin de llevar a cabo un trabajo conjunto. Especial atención merece en estos momentos la recomposición de los comités nacionales, regionales y locales del Partido, situando a su frente a los camaradas más capaces, que sepan realizar eficazmente su trabajo y que mantengan un estrecho vínculo con la dirección. Hemos de lograr en el menor tiempo posible un funcionamiento estable, regular y clandestino del Partido, de manera que podamos enfrentar la represión y asegurar la organización y dirección de los grandes combates de la lucha de clases que se avecinan en España.

Este largo pasaje, que hemos extraído del Informe de septiembre, nos emplaza ante uno de los problemas de más palpitante actualidad para nosotros.

Hubo un tiempo en que la atención del Partido estuvo centrada en romper el cerco que el gobierno de la UCD nos había tendido para hacernos claudicar. Nuestra situación en aquellos momentos era realmente crítica, pero no lo era menos la del propio gobierno, como vino a demostrarlo la dimisión de Suárez y la asonada del 23-F. En tales condiciones, proseguir en el esfuerzo político-militar, en la forma como lo venía haciendo nuestro movimiento, resultaba ser la única táctica acertada. Después llegaron los señoritos del PSOE y sostuvimos que, si el gobierno proseguía la represión y el asesinato de nuestros militantes, nosotros lucharíamos hasta el último hombre y militarizaríamos el Partido, pero que nada ni nadie nos haría renunciar a nuestros principios comunistas. Era el momento en que los socialfascistas del PSOE no se habían desenmascarado como tales y aún abogábamos por una salida política.

Pues bien, de esta compleja situación algunos camaradas dedujeron la tesis según la cual el Partido ya no era necesario para hacer la revolución y, consiguientemente, decidieron sacrificarlo todo en aras del fortalecimiento de la guerrilla: ¡Todo para la guerrilla! fue su consigna. La guerrilla lo es todo, el Partido no es nada. Esta idea ultraizquierdista se asemeja mucho a la idea revisionista que proclama: ¡el movimiento lo es todo, los objetivos no son nada!, que hizo célebre Bernstein. Se comprenderá que un movimiento desprovisto de objetivos, de un programa claro y de una fuerza política organizada, ligada a las masas y férreamente disciplinada -capaz por ello de llevarlo a cabo-, será siempre como un globo de oxígeno de ésos que revientan al sólo roce con el aire. No digamos del futuro que puede tener (si llega a tenerlo alguna vez) un movimiento que se pretende sea guerrillero, sin el respaldo y la dirección que sólo puede brindarle un partido comunista militante y aguerrido como el nuestro.

Pero no; los partidarios del todo para la guerrilla (incluido, claro está, el propio Partido, que de esta manera tan revolucionaria debía ser sacrificado) argumentaban que el Partido estaba siendo duramente reprimido y que no resistiría, de modo que, en lugar de las células y comités clandestinos, integrados por hombres y mujeres enteramente entregados a la causa y bien pertrechados política e ideológicamente, debíamos dedicarnos a crear comandos armados, cuyos integrantes, como es lógico suponer, carecerían de la formación política, de los hábitos y los rudimentos mínimos del trabajo clandestino y conspirativo. Se sobreentiende que las armas por sí solas, cual talismán maravilloso, pondrían a los comandos a cubierto de la represión.

Esta tesis absurda, que ya había sido criticada por nosotros en varias ocasiones, ha tenido oportunidad de probar su consistencia en la práctica con los resultados de todos conocidos. La conclusión que hemos extraído de esta experiencia es bien sencilla: la organización guerrillera y la lucha armada de resistencia se hacen cada día más necesarias en las condiciones económicas, sociales y políticas de España, pero éstas sólo pueden subsistir y desarrollarse en estrecha relación con el movimiento de masas y dirigidas por el Partido. Dicha dirección se efectúa en dos planos diferentes: a un nivel general (político e ideológico) y a nivel de los militantes comunistas que combaten codo a codo con los demás luchadores antifascistas, predican con el ejemplo, hacen su labor ideológica e impiden que más de uno (y la organización armada en su conjunto) se desmadre. Este mismo planteamiento es válido para otro tipo de organizaciones no partidistas (como pueden ser las organizaciones sindicales, las asociaciones, los clubs, etc.) con las que el Partido mantiene relaciones y trata de dirigir por el camino justo.

Ni que decir tiene que para eso es absolutamente necesario crear el Partido en todas partes y fortalecerlo. El Partido es la clave que permite ir resolviendo paso a paso todos los problemas a que nos venimos enfrentando. Sin un partido con un programa claro de actuación y compuesto por los hombres y las mujeres más abnegados y esclarecidos salidos del seno de la clase obrera -lo hemos dicho centenares de veces y jamás nos cansaremos de repetirlo- el movimiento, cualquiera que sea, no será nunca nada: una masa amorfa, fácilmente manipulable por la gran burguesía o, en todo caso, un conglomerado de grupos y personas de lo más heterogéneo, incapaz de resistir por sí mismo la represión y mucho menos de avanzar en ninguna dirección. Sólo en la medida en que se implante el Partido en todos los sectores populares (particularmente dentro de la clase obrera) y ejerza su función, sólo entonces las distintas organizaciones democrático-populares estarán en condiciones de poder desarrollarse, desplegarán su fuerza, desafiarán la represión y podrán avanzar con paso seguro. De otra forma no.

El problema más urgente

La reorganización del Partido en las actuales circunstancias no va a resultar tarea fácil. Partimos de una situación de debilitamiento orgánico que de nada serviría tratar de ocultar. Este es un factor adverso, no cabe duda, pero que muy bien puede ser transformado en su contrario si sabemos aprovechar los factores favorables que también existen. Creemos que no hace falta detenernos en esto último. Basta señalar la profundización de la crisis general del régimen y de los partidos que lo sostienen, su creciente aislamiento y el nuevo auge del movimiento revolucionario de masas que se observa en todas partes. Junto a esto está el ejemplo de nuestra lucha de todos estos años y el permanente testimonio de denuncia y honestidad revolucionaria de nuestros camaradas (hombres y mujeres) prisioneros.

De modo que ahora sólo hace falta abordar los problemas más urgentes que ya fueron planteados en septiembre y que posteriormente fueron dejados de lado, o sobre los que se hizo muy poco (y desde luego de muy mala manera) para resolverlos. Es decir, el Partido ha de ser reorganizado en todas partes, y esta labor tiene que realizarse sobre la base de su programa político y sus estatutos, encuadrando preferentemente a los camaradas obreros más capaces. Si esta labor había sufrido un considerable retraso y ya entonces no podía esperar más tiempo, en este momento la urgencia se hace mucho más perentoria. De manera que toda nuestra atención y los esfuerzos que despleguemos en los próximos meses en cualquier campo de actividad han de estar encaminados a lograr ese objetivo en el menor tiempo posible.

Para ello debemos proceder con método, sin precipitaciones, midiendo bien cada paso que demos a fin de poder seleccionar bien a los camaradas responsables y preservar en todo momento su seguridad y la labor que realicen. Medir cada paso significa, ante todo, conocer bien el terreno que pisamos. Es imprescindible disponer de la información más completa y detallada posible y ponerla a buen recaudo. A este respecto, el centro del Partido en el extranjero ha de jugar un papel esencial, debiendo dedicar para ello todos los militantes y medios necesarios. Hay que decir que éste es un viejo proyecto que intentamos realizar más de una vez en el pasado y que, por una u otra circunstancia, nunca logramos llevar a cabo. El origen de muchos de los problemas a que nos hemos venido enfrentando se encuentra ahí, precisamente, al estar expuesta la dirección a repetidas detenciones e imposibilitada, por tanto, de dar continuidad al trabajo. Pero esta vez tiene que ser resuelto este serio problema, si es que de verdad queremos seguir adelante cumpliendo nuestro cometido.

La policía ha acumulado en estos años una ingente cantidad de informes sobre los miembros de nuestro Partido y tiene fichadas a numerosas personas relacionadas con nosotros. Este hecho nos obliga a tener que prescindir de la ayuda directa que puedan prestarnos la mayor parte de esas personas (por no decir todas) en el caso de que no estén decididas a pasar a la clandestinidad. Nuestras propuestas deben ir orientadas en ese sentido, pero, aun así, la selección deberemos hacerla entre los que no estén fichados por la policía. Esto nos va a llevar algún tiempo, pues no existe ninguna otra forma de alcanzar nuestro propósito.

Guiándonos por este criterio, en cuanto hayamos creado todas las condiciones necesarias, habrá que proceder a la formación en el interior de un centro dirigente del trabajo práctico. Esta será la tarea más importante que deberemos acometer en un futuro próximo. No hace falta comentar el riguroso secreto que debe rodear esta labor, debiéndose evitar el liberalismo que había acompañado lo poco que se había hecho en este sentido últimamente.

En el aspecto práctico inmediato, todos los camaradas y simpatizantes del Partido han de poner manos a la obra para facilitar el trabajo de reorganización poniendo en conocimiento de la dirección, sin intermediarios, todos aquellos datos personales, direcciones, etc., que nos permitirán entrar en relación con aquellas personas no fichadas por la policía y que estén dispuestas a militar en el Partido o a realizar cualquier tipo de labor. En cuanto a las relaciones entre camaradas que se hallan en la legalidad, éstas pueden establecerse de manera que no afecten a este trabajo esencial sino que, por el contrario, coadyuven a él en las más diversas formas. Ahora más que nunca hay que ponerse a trabajar de forma que la legalidad fortalezca la clandestinidad.

Sobre la organización del Partido

M.P.M. (Arenas)
Resistencia núm. 3, octubre 1985

Desde distintos sectores y zonas geográficas de España nos llegan noticias del cambio de actitud que se observa en la gente con respecto al Partido, de la receptividad que encuentra nuestra propaganda, de la buena predisposición a colaborar con nosotros. Una prueba palpable de todo eso la tenemos en la actividad desplegada por numerosas personas y colectivos con motivo del proceso a Pepe Balmón y a los demás camaradas. Esa actividad ha supuesto un resurgimiento de la labor del Partido en varias localidades, pero especialmente en Madrid; resurgimiento que ni el gobierno ni la policía esperaban que tuviera lugar tan pronto, apenas transcurridos unos meses de las últimas detenciones.

No obstante hay que hacer notar la falta de iniciativa que se ha observado a la hora de aprovechar ese ambiente tan favorable para llegar directamente a muchas personas, para hablarles de viva voz, para hacerles partícipes de los problemas a que se viene enfrentando nuestro movimiento y llevarles a actuar de una manera más activa, más consciente y organizada.

Los camaradas y amigos del Partido se pierden a veces en generalidades, no aciertan a concretar una tarea en sus relaciones. Este es un defecto bastante extendido, para nuestra desgracia. Se tiende a hacer depender todo (o casi todo) de la dirección del Partido; existe la creencia de que la solución a los problemas vendrá dada de alguna parte (de arriba, como llovida del cielo); todavía no se ha comprendido muy bien que el Partido somos todos, que nada se nos dará hecho, por lo que nadie debe esperar a hacer lo que sólo depende de él mismo. En otras palabras: hace falta más energía, más imaginación, desplegar todas las iniciativas de que seamos capaces.

El problema de organización -lo hemos señalado repetidas veces- es el más importante de cuantos tenemos que abordar en estos momentos. Esta es la clave, el eslabón principal de la cadena que debemos asir firmemente si es que de verdad queremos dar solución a todos los demás problemas pendientes. Pero sucede que no todos los camaradas tienen las ideas claras a este respecto. Por ejemplo, se discute muy frecuentemente sobre las condiciones de la militancia. Este asunto est¡ relacionado con la noción misma de organización, dado que la organización, o las organizaciones del Partido, no son un ente abstracto, algo difuso e impersonal. La organización está compuesta por personas comprometidas con la causa, por militantes del Partido. De lo que se trata, precisamente, es de eso: de reorganizar el Partido en todos los lugares con aquellas personas que estén dispuestas a ello, decididas a organizarse, a pagar la cuota, a aplicar la línea Política, a trabajar activa y disciplinadamente, con iniciativa. De esto se deduce que una organización de Partido no puede improvisarse, no se puede crear de la noche a la mañana ni puede formar parte de ella el primer charlatán que nos encontremos en la calle. Las condiciones de la militancia están fijadas con claridad y precisión en los Estatutos del Partido de modo que no haya lugar a la confusión.

Si se estudian con detenimiento los Estatutos y el Programa del Partido se reparará en que en ningún lugar se exige como condición de la militancia el trabajo clandestino de todos sus miembros. La clandestinidad es una exigencia que viene impuesta por el régimen policíaco imperante en España. De modo que, para poder realizar su labor entre las masas, el Partido, su aparato político y su dirección han de permanecer en la clandestinidad y velar por la aplicación y el perfeccionamiento de las normas de seguridad. Pero la clandestinidad no puede abarcar a la totalidad de los militantes del Partido por la muy sencilla razón de que semejante posición, de llevarse a la práctica, nos aislaría completamente de las masas, nos llevaría a abandonar el terreno de la lucha de clases a la reacción y a sus lacayos socialfascistas, y todo ello nos incapacitaría para lo que no fuera una agitación estéril. Es por eso por lo que ya Lenin definió los dos tipos de organizaciones partidistas:

→ la organización estrictamente clandestina de los profesionales, que centraliza y dirige toda la labor, el conjunto de las actividades del movimiento; y

→ las organizaciones más abiertas y dedicadas al trabajo de masas.

Necesitamos crear esos dos tipos de organizaciones partidistas, teniendo siempre presente que cuanto más cerrada y segura se encuentre la organización clandestina, tanto más fácil y más posibilidades tendrán de desarrollar su trabajo las organizaciones dedicadas al trabajo abierto, más respaldadas se sentirán, más difícil le resultará a la policía llegar a la organización clandestina y tanto mayor será la afluencia de militantes a ésta última. De nosotros depende el que estos dos tipos de organizaciones puedan funcionar de una manera correcta y armónica, cumpliendo cada una de ellas su cometido y preservando en todo momento la seguridad del Partido.

La seguridad del Partido no es, como la interpretan algunos, la clandestinidad para todos, sino, fundamentalmente, el trabajo desplegado entre las masas, la vinculación del Partido, a todos los niveles, con los obreros y los elementos más avanzados. Sin esta condición, no ya la seguridad, lo que no existirá nunca es el mismo Partido.

No proponemos el trabajo legal tal como lo conciben los oportunistas, o sea, el trabajo realizado en la legalidad del régimen, desprovisto de todo principio organizativo y de toda perspectiva revolucionaria, el trabajo legal concebido como un fin en sí mismo y para liquidar la organización clandestina. Por el contrario, de lo que se trata es de fortalecer la organización clandestina y de ampliar la envergadura y extensión de su trabajo. ¿Cuántas veces hemos afirmado que la legalidad debe fortalecer la clandestinidad? Bueno, pues ésa es la forma concreta de hacerlo. A nadie en su sano juicio se le ocurriría pensar que esa labor pueda ser realizada por organizaciones o personas que no pertenezcan al Partido, que no se hallen vinculadas a su dirección ni cumplan sus tareas.

Así pues, desde la legalidad, o por mejor decir, en base a un trabajo semiclandestino, en unos casos, y más abierto en otros, es como vamos a fortalecer la organización clandestina del Partido y dotarla de los cuadros y medios necesarios para desarrollar su trabajo. Es cierto: resultaría erróneo y muy perjudicial exagerar las posibilidades reales de una labor más abierta, de que esta labor pueda influir ahora de manera decisiva en los acontecimientos políticos; mas tampoco debemos subestimarla desde el punto de vista de su importancia para la obra de fortalecimiento en que estamos empeñados. Esta obra, repetimos, no se puede confiar sino a camaradas, a militantes, a comunistas convencidos, convenientemente organizados, y con una forma especial de relación con la dirección del Partido. Debemos insistir, tal como se viene haciendo, en la organización y en el trabajo clandestino, y, más que eso, poner especial atención en la selección y preparación de los camaradas dispuestos a pasar a la clandestinidad. Esta labor reviste una extraordinaria importancia, particularmente en estos momentos. Por lo demás, debe quedar igualmente claro que no se trata de conceder el título de militante del Partido a cualquier persona que se nos acerque. Antes que nada hay que observar el cumplimiento de las condiciones de militancia.

Por su parte, apenas si hace falta decirlo, es indudable que el Estado no va a permitir esa actuación abierta del Partido, va a proseguir la represión y a tratar de impedir nuestro trabajo por todos los medios. Pero eso no es una condición impuesta por el propio Partido. El Partido deberá llevar a cabo su trabajo entre las masas afrontando decididamente la represión y todos los obstáculos que nos impongan para impedirlo. Esta es una responsabilidad que tendrán que afrontar los camaradas dedicados a esa parte tan importante de nuestra labor.

Sobre esta línea de demarcación, los camaradas, las células, los comités, deberán planificar su trabajo de manera que puedan llevar a cabo una labor amplia con los obreros y con todos aquellos simpatizantes y demócratas que estén dispuestos a desarrollar una actividad conjunta. En las fábricas, en las obras, en las minas, en los barrios, en los pueblos, debemos promover la formación de comités y círculos a fin de hacer frente a la explotación y a la represión y promover todo tipo de acciones y actividades. No rechazamos ningún contacto ni relación que resulte beneficiosa para el Partido y la causa obrera y popular. Y en cuanto a las actividades y campañas conjuntas siempre seremos los primeros en proponerlas y en llevarlas a cabo, predicando con el ejemplo.

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