A pocos kilómetros de Madrid, en Retamar, se está constituyendo a marchas forzadas un cuartel general de la OTAN, dirigido por generales españoles. Mucho más lejos, en las devastadas poblaciones de Kosovo, otro generalote, esta vez desde el Eurocuerpo (1), ostenta el mando de todas las tropas de la OTAN estacionadas en esa zona y entre las que se encuentran más de mil soldados del ejército español. En el Mediterráneo, en aguas próximas a los Balcanes, un almirante acaba de estrenar el mando de las operaciones de la Fuerza Marítima Europea, EUROMARFOR (2). De vuelta a España, nos encontramos con que la economía empieza a desprender un tufo militarista, cada vez más intenso, después de los últimos acuerdos con otras potencias imperialistas sobre la fabricación conjunta de armas y del gran incremento de los presupuestos dedicados a gastos militares; se prevé que en los próximos cinco años las inversiones en armamento van a superar a las realizadas en los 20 años anteriores.
Esta escalada militarista del nuevo imperialismo español no ha surgido por sí sola, ni de la noche a la mañana, es el resultado de los cambios económicos que han venido operándose en la sociedad española en los últimos años y que han desembocado en la enorme acumulación y concentración de riqueza por parte de los grupos monopolistas industriales y financieros (constantemente estamos asistiendo al imparable baile de fusiones, adquisiciones y acuerdos entre bancos, empresas energéticas, de comunicaciones, de contenidos mediáticos...), lo que ha acentuado extraordinariamente los rasgos parasitarios, fascistas e imperialistas de la oligarquía financiera que detenta el poder. Una concentración a la que también han contribuido esas oleadas sucesivas de privatizaciones (sin comparación con ningún país de la Europa comunitaria) de las empresas y consorcios públicos que han ido a parar a manos de los grandes monopolios a precios de verdadera ganga. Y, como colofón de esa enorme acumulación, están las billonarias ganancias que cada año, y a través de las exportaciones de capital a numerosos países, obtienen los grupos financieros e industriales; en la actualidad el 53'2 por ciento de las grandes empresas industriales españolas tienen inversiones en el exterior y, por regla general, cada una de ellas, así como los grandes bancos, actúan en más de 12 países al mismo tiempo.
Pero este militarismo también se sustenta sobre la esquilmación y el arrasamiento de las conquistas de los trabajadores de nuestro país, hasta tal punto que ningún Estado de los más de 40 que integran la OCDE ha dictado en el último decenio tantas normativas y decretos antiobreros como el español. Un militarismo que, en el terreno de la represión, se asienta en el Estado policiaco, relanza constantemente el terrorismo de Estado e incrementa la participación del ejército en tareas contrainsurgentes. Y es que el militarismo moderno -como decía Lenin- es el resultado del monopolismo. Es, en sus dos formas, una manifestación vital del capitalismo: como fuerza militar utilizada en sus choques externos y como instrumento utilizado por las clases dominantes para aplastar todo género de movimientos (económicos, políticos) del proletariado (3).
Ha sido sobre estas bases como el imperialismo español ha ido incrementando paulatinamente su presencia militar en el exterior. Desde su intervención humanitaria en Bosnia y Albania hasta su participación en la guerra de Kosovo y en la ocupación militar de ese territorio que aún continúa, pasando por las numerosas expediciones a otros países de Centroamérica y de Africa en tareas de protección y adiestramiento militar y policíaco, se han utilizado decenas de miles de efectivos (4). El gasto de todo esto ha sobrepasado con mucho el billón y medio de pesetas.
Como se ve, el ejército imperialista español cabalga de nuevo. No se sabe cuánto tiempo les ha de durar a estos matarifes su andadura y cuántos crímenes cometerán, pero lo que sí se sabe es que sus ansias de botín y sus proyectos de conquista no son precisamente modestos, porque, como declaraba el espadón español destacado en Kosovo, cuando hay tanto en juego, cuando hay tantos intereses económicos, políticos y geográficos en liza, se necesita un ejército poderoso que nos permita estar con fuerza no sólo en Europa, sino también en el mundo. Y todo esto dentro de un marco de rivalidades y contradicciones interimperialistas que no cesan de aumentar; con dos bloques (EEUU-Gran Bretaña y Alemania-Francia) que continúan perfilándose a medida que se van enseñando los dientes; con una OTAN en crisis y una Unión Europea que, atenazada por las divisiones y las disputas, se ha embarcado en la formación de su propio ejército y en una desbocada carrera armamentista.
Estas nuevas líneas se hallan contenidas en lo que se califica de Planes para la defensa de los intereses nacionales de seguridad y aparecen ramificadas en tres niveles:
En el primero, y catalogado como principal, se encuentra el plan de preservación de los intereses vitales, que comprenden la defensa del territorio peninsular y el de las islas. Aunque este primer plan incide en el control y la lucha contra el enemigo interno con el fin de garantizar el orden político institucional y frente al riesgo de secesión de las nacionalidades, también lleva implícita la agresión militar en el exterior, ya que defender los intereses vitales significa asegurar la continuidad de los mercados y bases de rapiña que la oligarquía tiene en otros países. Es así como el régimen español, para no ser menos que los demás Estados imperialistas, sobre todo los más poderosos, se arroga el derecho de intervenir militarmente en cualquier parte del mundo donde sus intereses se viesen afectados.
El segundo plan comprende los llamados intereses estratégicos, aquellos que aportan seguridad a nuestro entorno y cuya protección contribuye decisivamente a la defensa de los intereses vitales. Con él, la oligarquía intenta tejerse una especie de cordón sanitario dentro del marco de Europa que le asegure la preservación de esos intereses vitales; de ahí que este plan remarque la necesidad de asegurar su presencia en las organizaciones militares y programas de fabricación conjunta de armas establecidos por diversos Estados de la Unión Europea y consolidar su papel en la OTAN.
En cuanto al tercero, clasificado como de otros intereses nacionales de seguridad, está dedicado a misiones de mantenimiento e imposición de la paz. Este plan no sólo incluye la agresión militar coaligada en el marco europeo y en su entorno más inmediato, sino también en cualquier parte, en clara alusión a su compromiso de participar en las llamadas intervenciones fuera de zona (exteriores al área euro-atlántica) establecidas por la nueva OTAN. De esta manera, podrían participar tanto en el reparto del botín europeísta como en el otanista y revalorizar el papel del Estado español entre las grandes potencias.
Dentro de todos estos planes se aprecia también claramente la tendencia de la oligarquía a elevar el grado de autonomía política del ejército; por ello, a partir de ahora, el estamento militar tendrá libertad de acción en combinación con el gobierno para decidir las intervenciones militares, la política de armamentos, las alianzas y otros temas de seguridad sin necesidad de recabar la aprobación del parlamento, ni siquiera hará falta que se le mantenga informado. La fusión en un centro neurálgico único, como en los tiempos de Franco, del Ministerio de Defensa y los Estados Mayores de los tres ejércitos es el epílogo de ese memorándum de guerra.
Poco después, sería el titular de Exteriores, Piqué, el que pasaría a exponer los planes de esa estrategia. Comenzó por el viejo continente, en el que el régimen fascista, para que no hubiera dudas de sus aspiraciones a gran potencia, manifestaba las intenciones de España de poner encima de la mesa comunitaria sus irrenunciables aspiraciones a socio de primer nivel, lo que incluía incrementar su presencia en los centros dirigentes de las instituciones políticas y económicas de la Unión Europea, elevando el número y la calidad de sus competencias; todo ello con el fin no sólo de preservar los intereses españoles en Europa, sino también de disputar las mejores tajadas a los grandes gerifaltes de la UE.
Es a partir de ahí cuando el ministro pepero enfoca la artillería conquistadora hacia Latinoamérica, donde la presencia de España debía de dar un salto cualitativo. Se trata de consolidar, más abiertamente que nunca, un patio trasero, aunque lejano, que garantice a los grupos financieros e industriales españoles lo que allí han conquistado -y que piensan seguir ampliando-, y frenar al mismo tiempo las incursiones de otros competidores. Por eso avanzó la necesidad de construir cuanto antes un Espacio Iberoamericano bajo la dirección de España, que contará con los correspondientes organismos políticos, económicos y de cooperación militar entre los distintos Estados que se adhieran a él. Como avanzadilla de estos planes ya se han aumentado los créditos a determinados Estados, se han acordado nuevas inversiones y se han enviado más fuerzas militares y policiales humanitarias a países como Guatemala.
Si los planes imperialistas con relación a Latinoamérica fueron descarados, aún lo serían más los reservados al Magreb. No cabe duda que a la oligarquía española le urge ampliar su presencia en la ribera sur del Mediterráneo, a la que considera su zona natural de expansión; de ahí que este tema venga siendo tratado frecuentemente por el gobierno no sólo en relación a la preservación de los enclaves coloniales de Ceuta y Melilla y para reforzar el dispositivo militar Baleares-Estrecho-Canarias que considera estratégico para la seguridad nacional, sino también para cubrirse las espaldas teniendo como aliados a esos Estados. La misma especial atención viene prestando a los intereses económicos, no en vano las inversiones y los intercambios comerciales han crecido tanto en los últimos años que en este terreno el Estado español sólo es aventajado por Francia. Si a esto le unimos el lucrativo negocio de la venta de armas, sobre todo a Marruecos, del que es su principal proveedor, se comprenderá el interés cada vez mayor del régimen fascista en este área. De momento, en lo que va de año se han duplicado los créditos a Marruecos y Argelia, a la vez que se han realizado nuevas maniobras militares conjuntas con ambos países y se ha reforzado la ayuda para el adiestramiento militar y policial a Mauritania.
A renglón seguido, y para demostrar que las intenciones son globales, también expuso los planes de expansión en el área subsahariana y sobre todo en Asia, donde se encargó de señalar que las inversiones españolas han sido más elevadas en los últimos diez años que en los cien anteriores.
La envergadura de esta nueva estrategia imperialista de la oligarquía española, calificada por algunos medios de comunicación europeos de muy ambiciosa y agresiva, amenaza con desencadenar no pocos contenciosos. Por lo pronto, ya han surgido las primeras tensiones con respecto al Magreb. Y es que esa zona, considerada como de fricción y alto riesgo, tiene demasiados pretendientes que se la disputan. Por una parte está el gendarme yanqui, que hace tiempo que ha clavado allí sus garras a través de la DMO, una organización político-militar dependiente de la OTAN, a la que se une un Tratado de Libre cambio para extender su influencia económica; por otra, se encuentra el eje franco-alemán, que está estableciendo, vía-UE, otra organización político-militar del mismo corte que la de los yanquis, la Carta de Seguridad Común, al tiempo que, en el terreno económico, está bastante avanzado el llamado Plan de Cooperación Euromediterránea. Dados los intereses en pugna, podemos prever que los imperialistas españoles no lo tienen nada fácil si piensan ir por libre y, por lo tanto y con bastante probabilidad, tendrán que asociarse con unos o con otros si realmente no quieren entrar en colisión.
Esta tendencia comenzó a manifestarse tiempo después de iniciada la Reforma Política, cuando la oligarquía se lanzó a una carrera contrarreloj para ir recortando su desventaja histórica dentro del concierto internacional y ante la necesidad de apuntalar el régimen para hacer frente a su crisis política crónica y al Movimiento de Resistencia Antifascista.
Pero esta carrera de incoherencias, incluso de doble juego -como llegó a ser catalogada-, le ha ido trayendo no pocos problemas a la oligarquía. El incremento de las contradicciones y rivalidades interimperialistas ha ido delimitando la frontera que separa el atlantismo del europeísmo, lo que dificulta, y cada vez más, toda posición ambigua; de ahí las insistencias de unos y de otros para que el Estado español decida de qué lado de la trinchera quiere colocarse.
Si observamos sus relaciones con EEUU, vemos que éstas hace tiempo que no gozan de la preponderancia que tuvieron en la época de Franco y en los primeros años de la transición, cuando el amigo americano alardeaba de ser su mayor aliado y de acaparar todos sus apoyos. Estas relaciones fueron decayendo en la medida en que la oligarquía iba abriendo el campo de sus vínculos y alianzas con las potencias europeas; aun así los gerifaltes del Pentágono nunca han desistido en su objetivo de lograr del Estado español un posicionamiento claramente atlantista que contribuya a fortalecer y extender sus posiciones en el viejo continente, lo que con frecuencia ha sido aprovechado por el régimen fascista para elevar el volumen de sus contrapartidas.
Por su parte, las relaciones con los europeístas han ido de menos a más. Esta realidad comenzó a darse con los sucesivos gobiernos felipistas y ha sido continuada, en sus líneas fundamentales, por los peperos. Se trataba de afianzar la presencia de España en la UE, tanto en el terreno político como en el económico (en la actualidad es con quien mantiene la mayor parte de sus intercambios comerciales), a lo que habría que añadir las tajadas provenientes de los Fondos de Cohesión y de otras partidas presupuestarias y por su papel de interlocutor de Europa con Latinoamérica. Su entrada en el Club de los países del euro contribuiría a aumentar el peso de sus decisiones y a jugar un papel cercano, muy propio de Estados lugartenientes, al de las grandes potencias comunitarias.
Si nos detenemos en el terreno militar, el régimen fascista español se ha ido incorporando a la práctica totalidad de las organizaciones existentes y a los acuerdos de fabricación conjunta de armamento; hoy es el único Estado de la UE que puede alardear de ello. Lo mismo sucede en materia de represión política, control de la población y espionaje militar. Con el PP, España se ha hecho grande en Europa, declararía Aznar en una de sus habituales fanfarronadas imperiales.
Quedaba la entrada del ejército español en la estructura militar de la OTAN, uno de los mayores proyectos de la oligarquía. Pero cuando todo el mundo esperaba que EEUU, con el fin de estrechar las relaciones entre ambos, revalorizara el papel militar de España, dándole un puesto destacado en el organigrama de mandos operacionales, resulta que ésta se vio relegada a ostentar un mando subregional, con competencias sólo para el territorio peninsular y las Islas Canarias. El fracaso político y geoestratégico que eso supuso para la oligarquía española y sus milicos no fue pequeño. Se habían esfumado sus aspiraciones de obtener la jefatura otanista para el Mediterráneo occidental y de poder ejercer así un papel de gendarme en el Magreb; además, había perdido, en favor de Portugal, el mando sobre el estratégico pasillo entre la península y Canarias. La oposición de los Estados proatlantistas, sobre todo de Gran Bretaña y de Portugal, reacios a entregar tanto poder a España, junto a las desconfianzas de EEUU por los sucesivos bandazos europeístas de la oligarquía, la habían situado en el pelotón de los aliados menores, lugar donde han ido a parar, después de la última reforma otanista, todos los Estados que integran las filas del europeísmo. A causa de esto, EEUU reconocería el enfriamiento de las relaciones con España, a la que acusaba de que su fe aliancista no se corresponde con la de un país que tanto ha buscado la integración en la OTAN.
Este distanciamiento de EEUU se acentúa, sobre todo, después de celebrarse la famosa Cumbre de Washington (abril de 1999), que tanta escalada de rivalidades interimperialistas ha desatado, y de que la UE anunciara, también por aquellas fechas, la formación de su propia organización militar (el Euroejército). El gobierno no solamente apoya este proyecto, sino que incluso espolea a sus socios comunitarios para acelerar los preparativos con el fin de poder sustituir a la OTAN en la ocupación de Kosovo y para que la Unión Europea pueda, en el futuro, resolver por sí misma las crisis que estallen en el viejo continente. En el terreno de las instituciones políticas y económicas, el gobierno pepero se convierte en el mayor agitador de las reformas de la UE, encaminadas a avanzar hacia una más elevada integración, y desata las hostilidades contra los que promueven una Europa de mínimos (los proatlantistas), basada solamente en el libre cambio de mercancías y capitales. Como colofón de este bandazo, se firma la entrada de España en el gigante de la industria militar europea EADS (5); Aznar, Jospin y el canciller alemán Schröder sellan un pacto que significa el mayor desafío a la industria armamentista estadounidense conocido hasta la fecha y un claro menosprecio a los programas de armamento otanistas. Es entonces cuando el régimen español alcanza su mayor nivel de compromiso europeísta.
De ahí que el gendarme yanqui, a finales del pasado año y ante el peligroso escoramiento europeísta del régimen fascista, lanzara sus amenazas y chantajes. Sabe que cuenta todavía con los suficientes resortes, tanto en el terreno económico -siempre le queda el recurso de buscarle las vueltas a los florecientes negocios españoles en Latinoamérica y en otras latitudes-, como en el político y militar para ponerles las cosas difíciles a los anti-atlantistas. Además, el España tiene muchos flancos débiles (la desestabilización del Estado vía-nacionalidades es el más repetido), podría volver a sonar en los oídos de los fascistas españoles, lo mismo que sonó hace años durante el curso de las duras negociaciones sobre las condiciones de permanencia de las bases yanquis en territorio español.
Pero, a renglón seguido, Washington, decidido a meterse de lleno en la puja por España, aparca las amenazas y recurre otra vez a su aliado británico para que rebaje la tensión de viejos contenciosos con el régimen español y promueva cuantos más acuerdos mejor; por eso Londres decide retirar sus planes de hacer de Gibraltar una zona competente para establecer relaciones económicas autónomas con la Unión Europea, asunto que venía siendo motivo de no pocas fricciones entre ambos Estados; y es que los conocidos encuentros Blair-Aznar, propiciados sobre todo por el jefe del gobierno laborista, siempre han tenido como objetivo restarle aliados al europeísmo. Y mientras Gran Bretaña hace su trabajo, EEUU hace el suyo, poniendo encima de la mesa, a modo de golpe de efecto, una revisión de las competencias del cuartel general de la OTAN que le fue asignado en jefatura a España después de la integración en su estructura militar, lo que volvió a reavivar las aspiraciones de los gerifaltes españoles de incrementar su papel en la organización atlantista. Los primeros resultados de esta maniobra de acercamiento no se hicieron esperar: la jefatura otanista del estrecho de Gibraltar pasaba a quedar bajo el mando de los generales españoles; a esto se unía el pago casi completo -a través de los presupuestos de la OTAN-, de los planes de modernización y ampliación de las bases de utilización conjunta hispano-yanquis de Rota y Morón. Otras concesiones, sobre todo económicas y armamentísticas, irían llegando según el comportamiento del Estado español.
Ante esta situación, el gobierno pepero no sólo se deja querer, sino que además comienza a hacer públicas sus discrepancias con el proyecto europeísta y sobre todo con Alemania, a la que acusa de infravalorar el papel de España en la construcción Europea, al negarla un puesto de igual a igual entre las grandes potencias comunitarias. El consumado negociante Serra, ministro de Defensa del primer gobierno Aznar, declararía por aquel entonces que si un país como el nuestro no recibe las debidas atenciones que corresponden a su rango, no le debe de extrañar a nadie que esté dispuesto a escuchar otras proposiciones de más allá del Atlántico. Al parecer, EEUU sí le había prometido el rango que se le negaba en Europa, por lo menos el de aliado estratégico, como calificó al régimen fascista el Secretario de Estado norteamericano en una de las últimas reuniones bilaterales.
Pero lo que estaría propiciando este acercamiento, no son sólo las concesiones yanquis, ni tampoco el malestar del gobierno pepero con los capos comunitarios por no haberle permitido ascender en el escalafón europeísta, a pesar de haberse metido de lleno en su cruzada. Hay otras causas que apuntan a un nuevo enfoque de las intenciones de la oligarquía, especialmente de su sector hegemónico, el capital financiero, que barrunta que el proyecto europeísta, atenazado por las divisiones, va a atravesar por tiempos de crisis, lo mismo que la economía europea que, al contrario que la de su competidor estadounidense, es incapaz de levantar el vuelo. Es por eso que, sin renunciar a mantener lo conquistado en el viejo continente, e incluso a aumentarlo si puede, todo aconseja dirigir nuevos y mayores esfuerzos hacia otras latitudes que vienen siendo más rentables, sobre todo, como hemos visto, a Latinoamérica y al Magreb, y esto tiene mucho que ver con estrechar las relaciones con EEUU.
A partir de aquí son los europeístas los que empiezan a tener serias dudas sobre el futuro de la alianza con España. Por eso, Alemania, siguiendo con la tónica de réplicas y contrarréplicas por ver quién se lleva el gato al agua, vuelve a desplegar una campaña de mayor acercamiento político, económico y militar con el régimen español. De hecho, se firman nuevas inversiones y acuerdos económicos, mientras que, en el terreno del armamento, consiguen que el futuro fusil de asalto del ejército español sea de fabricación alemana, lo mismo que buena parte de los vehículos blindados y la totalidad de los carros de combate. Sin embargo, Alemania, aunque es apoyada abiertamente por otros Estados europeístas, sobre todo por Francia, no consigue frenar esa renovada aproximación al gendarme yanqui.
La España de 1999, la que proclamó, por boca de Aznar, la necesidad de transformar Europa en una potencia mundial capaz de competir con EEUU, se convierte en la oveja descarriada del europeísmo en el año 2000. Junto con el gobierno británico no cesa de agitar el turbulento y dividido panorama comunitario, apoyando ahora un modelo de construcción de la futura Unión, después otro e incluso varios a la vez; eso cuando no despotrica contra los gerifaltes de Bruselas por su incompetencia y su errónea estrategia económica, al tiempo que hace campaña del modelo de reformas ultraliberales que está aplicando EEUU. Con el gobierno alemán, las relaciones no dejan de ponerse cada vez más tirantes; desde su cancillería se acusa al gobierno pepero de hacer campaña del euroescepticismo y de estar jugando con el futuro europeísta.
Pero lo que iba a subir de grados la disputa, ese mano a mano entre Alemania y EEUU, es lo que se ha dado en llamar la tormenta de Santa Bárbara. Todo comenzó cuando el SEPI (organismo gestor de las empresas del Estado y sustituto del desaparecido INI) realizó un acuerdo de preventa, en abril de este año, de la empresa pública de armamento Santa Bárbara a la multinacional yanqui General Dynamics, rechazando, sin previo aviso, la oferta de los monopolios alemanes. Berlín, que no se esperaba este golpe bajo, no da crédito a lo que está sucediendo, ya que Santa Bárbara no sólo es una empresa que tiene en sus manos la tecnología alemana sobre la fabricación del famoso carro de combate Leopard II y que dispone de todos los acondicionamientos técnicos, igualmente alemanes, para su producción en serie, sino que es también una puerta de entrada al complejo militar-industrial que Alemania ha comenzado a edificar bajo el manto de la UE; de hecho, de las factorías de Santa Bárbara, iban a salir más del 80 por ciento de los carros de combate destinados a una gran parte de los ejércitos europeos. Ni que decir tiene que por esta puerta se colaría la industria yanqui del armamento; de ahí que los portavoces del gobierno alemán, en respuesta al gobierno de Aznar, que argumentaba que su decisión estaba motivada solamente porque la oferta estadounidense era superior, respondieran que el problema no es económico, sino político, dirigido a sabotear la industria militar europea.
Después de meses de disputa, y ante el aluvión de amenazas alemanas, el gobierno español ha establecido una tregua y ha congelado, por el momento, la venta de esa empresa pública. La situación no es para menos, ya que no sólo se pueden ver paralizados una gran parte de los planes de rearme del ejército de tierra firmados con Alemania, sino que también podrían quedar gravemente afectados los acuerdos sobre la fabricación conjunta de armamento establecidos con diversos Estados de la UE y que mueven billones de pesetas; eso por no extendernos en la precaria situación en la que quedaría el Estado español -calificado ya de topo por los medios de comunicación alemanes- dentro de las distintas organizaciones militares europeas en las que está metido. Nunca la incoherencia de los gobernantes españoles había llegado tan alto, declaraban los mismos portavoces de Bruselas que ya han exigido al gobierno español que lleve adelante las reformas estructurales (una avalancha de reconversiones) que tiene pendientes desde hace tiempo, y que le meta mano cuanto antes a su inflación y a su cada vez más elevado déficit público si no quiere ver que las partidas que obtiene de los Fondos de Cohesión se queden en una menudencia.
Como consecuencia de todo esto, la desconfianza y los recelos hacia España aumentan, a pesar de que Aznar y sus ministros, en un alarde de malabarismo y con el fin de rebajar la tensión, no pierden la ocasión para hacer pública profesión de fe europeísta. En principio, las relaciones hispano-germanas han quedado especialmente tocadas, ya que el régimen español se ha atrevido a alterar los planes de rearme para Europa tan cuidadosamente diseñados por los militaristas alemanes, demostrando así que con él no se puede considerar definitivamente establecida ninguna alianza ni tratado que no pueda rebajarse o, llegado el caso, convertirse en papel mojado. De ahí que los gerifaltes de Berlín hayan vuelto a presionar al gobierno pepero para que se decante de una vez: que digan qué quieren hacer con Europa y en Europa.
Por si estos problemas no fueran suficientes para los europeístas, desde el ministerio de exteriores español se acaban de hacer públicos los últimos acuerdos del gobierno con el gendarme yanqui. Se trata de establecer, parece ser que como en los viejos tiempos, unas relaciones privilegiadas entre ambos y de crear nuevos mecanismos para una más estrecha cooperación no sólo en el terreno militar, sino también en el económico, lo que se vería reforzado con una cumbre anual al más alto nivel. Pero todo esto, según hemos visto, no le va a salir gratis al tío Sam ni a su aliado británico. Los imperialistas españoles ya han avisado a Londres que quieren compartir las infraestructuras militares navales y aéreas establecidas en Gibraltar, y a EEUU le reclaman el status de socio preferente en materia de seguridad internacional, con el fin de que apoyen nada menos que su ingreso en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Pero la disputa por España está lejos de haber concluido. El gran mercado de las alianzas y contraalianzas, estrategias y programas militares que preceden a las grandes confrontaciones sigue abierto. Ni Alemania va a renunciar a su socio del flanco sur, ya que eso afectaría a sus proyectos de convertir a Europa en su feudo, ni EEUU va a dejar de estrechar sus relaciones con España, con el fin de ir socavando las filas del europeísmo y reforzar sus posiciones en un continente del que, desde hace tiempo, se le quiere desalojar. Mientras tanto, la oligarquía fascista continuará aprovechándose de la posición de España como pieza codiciada para seguir sacando tajada de unos y de otros, al mismo tiempo que alimenta sus delirantes aspiraciones imperialistas.
Notas:
(1) Fue creado en 1996 y está integrado por Alemania, Francia, España, Bélgica y Luxemburgo. Cuenta con 60.000 efectivos y su estructura es independiente de la OTAN. Actualmente, su jefatura corre a cargo del ejército español.
(2) Está integrada por Francia, Italia, Portugal y España.
(3) Lenin: El militarismo belicoso y la táctica antimilitarista.
(4) Sólo en Bosnia han intervenido más de 15.000 soldados y oficiales españoles.
(5) EADS (Empresa Europea Aeroespacial y de Defensa). Es el mayor fabricante mundial de helicópteros y cohetes espaciales, uno de los dos mayores de aviones de transporte militar, uno de los más importantes de satélites, aviones de combate y eléctrónica de defensa. Cuenta con 96.000 trabajadores de las empresas Daimler Aerospace (Alemania), Aerospatial-Matra (Francia) y de la empresa española CASA. Recientemente Italia se ha unido también a este proyecto.