Por este mismo motivo, el leninismo no es una teoría o doctrina especial, distinta o separada del marxismo, como dice justamente Stalin, es el marxismo que corresponde a la nueva época, un marxismo, por así decir, más actualizado y desarrollado. Sólo en este sentido cabe hablar del leninismo como una nueva etapa, de manera que en su interpretación no se puede llegar a romper la continuidad de la doctrina, la trabazón interna que vincula el leninismo con la teoría económica y la doctrina de Marx y Engels.
El leninismo está firmemente asentado sobre la dialéctica y la concepción materialista de la historia, sobre la economía política de Marx y su teoría de clases y la dictadura del proletariado. De Marx y Engels tomó Lenin también las ideas que le permitieron trazar la estrategia y la táctica para la revolución proletaria. Lenin desarrolla y actualiza el marxismo en todos esos campos, pero no crea, repetimos, ningún fundamento doctrinal nuevo, nada que pudiera suponer una negación o superación de los postulados del marxismo realizada como consecuencia de su propio desarrollo. Algo parecido cabe decir de las aportaciones teóricas y prácticas efectuadas por Mao al fondo de la teoría marxista-leninista, con la particularidad de que, en este caso, no existe ninguna que nos permita establecer una nueva etapa de desarrollo, distinta a la etapa leninista. La razón de ello estriba en que no se ha producido ningún cambio de época, es decir, aún estamos viviendo (y no se puede saber por cuanto tiempo) en la época del imperialismo y de la revolución proletaria, época para la cual Lenin ya elaboró los principios fundamentales de la táctica y la estrategia revolucionaria del proletariado.
No se podrá encontrar en las obras de Marx y Engels, como tampoco en las de Lenin y Stalin, nada que se parezca, ni de lejos, a esa división en etapas diferenciadas en el desarrollo del marxismo que hacen los maoístas, y menos aún se podrá encontrar en los clásicos ninguna idea o planteamiento teórico que pueda llevar a considerar ningún desarrollo del pasado, presente o futuro de la doctrina marxista, como algo que debería destacar, anteponiéndolo, a la obra fundamental de Marx y Engels. Pero... acaso se trate de algún aporte original de última hora. ¿Se puede atribuir ese aporte al propio Mao? Veamos lo que éste dice en relación con el problema que estamos estudiando: La teoría de Marx, Engels, Lenin y Stalin es aplicable universalmente. No hay que considerarla como un dogma, sino como una guía para la acción. Estudiar el marxismo-leninismo no es simplemente aprender su terminología, sino estudiarlo como ciencia de la revolución. No sólo hay que comprender las leyes generales establecidas por Marx, Engels, Lenin y Stalin como resultado de su estudio extensivo de la vida real y de la experiencía revolucionaria sino también aprender la posición y el método que adoptaban al examinar y resolver los problemas (1).
Considerar el pensamiento Mao como lo principal no sólo nos puede conducir a hacer tabla rasa de toda la herencia histórica del marxismo-leninismo, sino que nos obligaría a intentar llevar a cabo un transplante de la teoría de la revolución china a las condiciones de nuestro país, estableciendo al mismo tiempo para ello, como más principal, el pensamiento guía de ese transplante.
El precedente de una tal concepción lo podemos encontrar en China. Es sabido que durante la Gran Revolución Cultural Proletaria, el culto a Mao, espontáneo y sincero entre las masas populares, fue exaltado por Lin Piao y sus amigos hasta el extremo de llevarlo al absurdo. Lin Piao formuló una teoría especial sobre el genio, haciéndolo aparecer en la historia al azar, cada cierto número de años, desligado de los procesos económicos y científicos, de las clases y sus luchas, para establecer la regla (o el principio) según la cual sus pensamientos debían ser acatados de manera acrítica por todo el mundo. Consecuencia directa de esa teoría del genio fue considerar el pensamiento de Mao como el marxismo-leninismo de nuestra época. Esta idea errónea, completamente distorsionada del planteamiento que hizo Stalin respecto al leninismo, fue la que Lin Piao y sus partidarios consiguieron imponer durante algún tiempo en el PCCh. Mao, por descontado, nunca estuvo de acuerdo con ella. Por esta razón la combatió con la mayor energía, a la vez que ponía al descubierto la concepción revisionista y burocrática que encubría la teoría del genio. Esto dio lugar a un extenso debate que se prolongó hasta la celebración, en 1973, del X Congreso del PCCh, presidido por Mao, momento en el que quedó definitivamente zanjada esta cuestión, estableciéndose el verdadero alcance y el lugar que ocupan las aportaciones de Mao y su conexión indisoluble con el marxismo-leninismo: El presidente Mao nos enseña constantemente: vivimos aún en la época del imperialismo y la revolución proletaria. A la luz de las tesis fundamentales del marxismo, Lenin hizo un análisis científico del imperialismo [...] formuló las teorías y tácticas de la revolución proletaria en la época del imperialismo. Stalin decía: ‘El leninismo es el marxismo de la época del imperialismo y de la revolución proletaria’. Esto es completamente correcto. Desde la muerte de Lenin, la situación mundial ha experimentado grandes cambios, pero no ha cambiado la época. Los principios fundamentales del leninismo no se han hecho anticuados: siguen siendo la base teórica que guía hoy nuestro pensamiento (2).
Más claro no podía haber sido redactado: Mao enseña que vivimos aún la época del imperialismo y de la revolución proletaria de manera que no existe ninguna contradicción o cambio, por importante que éste haya sido en la situación mundial que nos pueda llevar a considerar que vivimos en otra época. La conclusión que se desprende de esto es igualmente clara: todas las ideas y tesis que Mao ha desarrollado han partido o tienen su base en las tesis e ideas de Marx, Engels, Lenin y Stalin. Lo que le ha permitido hacerlo no ha sido otra concepción ni otro método que el que él mismo ha explicado en el pasaje que anteriormente hemos citado. Pero por lo que ya hemos visto, estas enseñanzas y otras no menos importantes de Mao no les sirven a los lin-piaoístas o como queramos llamarles (en modo alguno maoístas, por más que ellos se empeñen en calificarse de tales). Estos, en su afán por enmendarle la plana a su maestro, en hacer de él un genio realmente inigualable, separado de la historia, del Partido y de las masas, acaban rematando su obra, sus ideas, con la consideración del pensamiento de Mao como una etapa distinta y separada del desarrollo del marxismo-leninismo. Sólo así, claro está, es posible situar el maoísmo como la etapa principal del marxismo.
Esta es una aberración que conduce por el camino más recto y más sencillo a la vulgarización y al abandono de los fundamentos y de los principios de la doctrina marxista-leninista, para acabar abrazando alguna teoría burguesa o pequeño-burguesa de moda. Desde luego, no seremos nosotros los que neguemos valor o dejemos de tener muy en cuenta las aportaciones de Mao al desarrollo del marxismo-leninismo, realizadas en base a su aplicación o integración a las condiciones concretas de la revolución china. La cuestión consiste en que en ningún caso, y por muy originales o geniales que se quieran presentar, dicho desarrollo o aportaciones no pueden ser ni siquiera equiparados con la obra fundamental del marxismo, con la etapa primera o fundacional en que fueron sentadas las bases científicas de la doctrina revolucionaria del proletariado internacional, su concepción del mundo y de la historia, sus tesis, principios e ideas rectoras, etc., todo aquello que, a decir de Lenin, hace del marxismo una doctrina completa y armónica. Los tergiversadores del pensamiento de Mao parecen ignorar que, en esa etapa, Marx y Engels no trataron solamente de los problemas y contradicciones que correspondían a su época, a un determinado periodo de desarrollo social y a unos cuantos países desarrollados, sino que sus teorías y principios abarcan todas las épocas y países y tienen, por consiguiente, carácter universal: Marx profundizó y desarrolló totalmente el materialismo filosófico, e hizo extensivo el conocimiento de la naturaleza al conocimiento de la sociedad humana. El materialismo histórico de Marx es una enorme conquista del pensamiento científico. Al caos y la arbitrariedad que imperaban hasta entonces en los puntos de vista sobre la historia y la política sucedió una teoría científica asombrosamente completa y armónica que muestra cómo en virtud del desarrollo de las fuerzas productivas, de un sistema de vida social surge otro más elevado; cómo del feudalismo, por ejemplo, nace el capitalismo [...] La filosofía de Marx es un materialismo filosófico acabado que ha proporcionado a la humanidad y sobre todo a la clase obrera, la poderosa arma del saber (3).
El marxismo contiene, informa, de las leyes que determinan, tanto el proceso de aparición y desarrollo del capitalismo, como su superación por el comunismo, y en él están implícitos todos los posibles cambios, añadidos, rectificaciones y desarrollos teóricos de sus postulados, cosa que, por demás, sólo se puede llevar a cabo sobre sus mismas bases, aplicándolo en cada situación histórica y en cada país concreto. Para que dejara de ser así tendría que ser descubierto un nuevo mundo y una nueva realidad social, distinta de la que conocemos, con nuevas contradicciones y leyes, nuevas categorías económicas, sociales, políticas, filosóficas, etc., de manera que fuera posible trasladarnos a otra época de desarrollo, lo que no es posible hacer ni siquiera con la imaginación, ni en las obras de ciencia-ficción. De ahí que resulten todas ellas tan malas, tan faltas de lógica, de sentido de la realidad y de la historia. La explicación de esa imposibilidad es muy simple: el mundo objetivo y la sociedad no se pueden inventar, las teorías que expresan ese mundo objetivo en toda su complejidad no pueden ser creadas por la imaginación, por mucho que nos esforcemos, ya que todo ello no es más que el resultado de un largo proceso de desarrollo. Lo único que puede hacer la inteligencia humana es representarla, una vez captada a través de los sentidos y con su capacidad de abstracción, de tal manera que pueda hacer planes para influir en su desarrollo. Esto es, precisamente, lo que hace el marxismo-leninismo. Sobre esta base ya establecida sólo son posibles nuevos desarrollos de tal o cual aspecto particular de la doctrina, de algunas ideas y principios, pero este desarrollo jamás podrá anular ni situar en segundo, tercer o cuarto lugar (según se trate del plano nacional o internacional) lo que siempre lo precede como concepción y guía de toda práctica verdaderamente revolucionaria en no importa qué época o tramo de la historia que nos ha tocado vivir ni en qué país conocido de esta galaxia. No plantear la cuestión de esta manera sólo puede conducir a negar la vigencia del marxismo-leninismo como teoría y programa del movimiento obrero de todos los países, a negar lo que contiene de verdad universal, para ir a refugiarse, como ya indicamos anteriormente, en alguna teoría de moda o bien en lo particular o nacional; en una concepción estrecha, unilateral, limitada, que se viene abajo al primer roce con la realidad.
Notas:
(1) Mao Zedong: El papel del Partido Comunista de China en la guerra nacional.
(2) Documentos del X Congreso del PCCh.
(3) Lenin: Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo.