Sobre el internacionalismo proletario

Mate Zalka
Comisión de Relaciones Internacionales

El internacionalismo proletario no es algo genérico, sino que concierne, ante todo, al propio desarrollo de la revolución en cada país. El socialismo sólo vencerá definitivamente al imperialismo a escala internacional, pero las revoluciones proletarias, mientras trabajan por la preparación de la revolución mundial, no deben postergar la acción revolucionaria inmediata del proletariado en su propio país. Sólo hay un internacionalismo efectivo -explica Lenin- que consiste en entregarse al desarrollo del movimiento revolucionario y de la lucha revolucionaria dentro del propio país y en apoyar (por medio de la propaganda, con la ayuda moral y material) esta lucha, esta línea de conducta y sólo ésta en todos los países sin excepción (Lenin: Las tareas del proletariado en nuestra revolución).

Hacer la revolución en su propio país es la mayor aportación que puede hacer el proletariado de un país a la causa del proletariado internacional. Al derrocar a la burguesía el proletariado asesta una grave derrota al imperialismo, contribuyendo a su debilitamiento y hundimiento ente en todo el mundo. Esto no descarta, sino que presupone las formas de organización o cooperación internacionalista, tan necesaria hoy día para el proletariado revolucionario.

A escala mundial el imperialismo es el enemigo principal del proletariado y de los pueblos del mundo. Sin embargo, a nivel local y regional la lucha antimperialista pasa a ocupar otro plano. Considerar como enemigo principal al imperialismo, en abstracto, sin tener en cuenta la necesidad de derrocar primero a la burguesía de cada país, no favorece el desarrollo de la revolución socialista, no facilita la necesaria ligazón de los revolucionarios con las masas obreras y populares de cada país. Poner el acento en la lucha contra el imperialismo en abstracto y, particularmente, contra los Estados Unidos, desvía la atención de las masas de la lucha contra la burguesía del propio país que las oprime y explota.

Sólo luchando contra la propia burguesía podremos asestar una derrota tras otra al imperialismo e instaurar el socialismo en todo el mundo. En la medida en que el imperialismo se vea acosado en distintos frentes, no podrá centrarse en un solo país, pues cada burguesía estará ocupada en extirpar el cáncer en su propia casa. De esa forma podremos dividir sus fuerzas y derrotarlo.

Un estallido revolucionario en cualquier país, desata la respuesta feroz del imperialismo. Tenemos la experiencia de lo que sucedió en España durante la Guerra Civil Revolucionaria de l936. De una u otra forma todos los países imperialistas so volcaron en ahogar y aplastar la revolución en España. Y ahora harán lo mismo, con nuestro país o con cualquier otro.

La única manera de combatir al imperialismo consiste en desarrollar la lucha revolucionaria en cada país; en unos casos, contra la explotación, el pillaje y la agresión de los imperialistas y sus títeres internos; en otros, contra la propia burguesía, de tal manera que se combinen y apoyen mutuamente ambas partes del movimiento en una lucha revolucionaria única.

Esto significa que el enemigo principal cambia según los países o zonas. Tanto la clase obrera como los pueblos y naciones oprimidas de todo el mundo tienen ante sí, en el plano internacional, a un único enemigo principal, el imperialismo, contra el que deben unir sus fuerzas para derrotarlo, pero al mismo tiempo cuentan con otro enemigo en el interior de cada país, que es su enemigo principal. Y la forma de derrotar al primero consiste en desarrollar la lucha contra el segundo, no existe otra.

El internacionalismo proletario adquiere un especial relieve ahora que la desesperada pugna entre las potencias imperialistas conduce a una nueva guerra de grandes proporciones, en la que sin duda la burguesía de cada país llamará demagógicamente a sus obreros a dar la vida por la patria común. De hecho, ya vienen desatando furiosas campañas de chovinismo y racismo que apuntan en esa línea. Frente a ello, los comunistas hemos de recordar, una vez más, que el proletariado no tiene patria y que nuestro único enemigo es la burguesía y los imperialistas de cualquier especie. Pero especialmente que, por encima de todo, tenemos que combatir a nuestra propia burguesía.

La posición de nuestro Partido en relación a la reconstrucción del socialismo en los países de la antigua Unión Soviética es ésa justamente. Nuestra mejor aportación a ese objetivo, que es también el nuestro, es la de continuar en la lucha de resistencia que venimos manteniendo contra el fascismo en España, y apoyar a los camaradas rusos y de los demás países de la antigua Unión Soviética en su lucha revolucionaria en la medida de nuestras fuerzas.

En estos momentos este deber internacionalista tiene para nosotros una importancia extraordinaria. Los imperialistas han puesto sus ojos sobre Rusia pretendiendo repartirse el patrimonio conquistado por los obreros de los pueblos de la antigua Unión Soviética con enorme sacrificio y tratando de evitar que se reorganicen de nuevo para reconstruir el socialismo. Si Rusia centra el interés de los imperialistas, también debe centrar el nuestro: debemos prestar el máximo apoyo posible a los camaradas rusos en su lucha revolucionaria, debemos estrechar nuestros lazos con ellos y solidarizarnos con sus objetivos comunistas.

Pero todo eso no serviría de nada si nosotros no continuáramos nuestro combate revolucionario en España. Lo que nos une es una misma lucha, por unos mismos objetivos, aunque en países diferentes. Para que nuestros camaradas rudos no se queden aislados, debemos extender la resistencia por todas partes, demostrando al imperialismo que esas luchas dispersas por todo el mundo son los pilares de un mismo edificio. Así no podrán aislarnos a ninguno para derrotarnos, y si continuamos desarrollando la revolución en cada país, todos avanzaremos más rápido.

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